FEMINISMO, TELURISMO Y SATANISMO

.. Reflexione varias horas.. antes de publicar este artículo… oks.. fue escrito antes del cambio de milenio.. pero despues de una charla un toque intensa.. me hizo recordar que tenia este artículo sepultado.. bueno… Para los que me han seguido con los artículos anteriores, este tema demuestra como las personas intentan Re Programar el Sistema Ortodoxo Social, no es malo, pero al menos sepan que no es imposible lograrlo.

Written By : Jano 

 

 

FEMINISMO

El próximo milenio anuncia la hora de la hembra. Pero lo que, en principio, parece justo, adquiere pronto carácteres problemáticos. Entre los años 70 y 90 el feminismo se combinó con el telurismo y el satanismo, dando lugar a un cocktail tan preocupante como explosivo. El punto de arranque del nuevo satanismo, como hemosvisto, es el movimiento contestatario de los años sesenta; éste terminó reconvirtiéndose en el movimiento de la “New Age”. Lo que en el primero fue satanismo puro y duro, en el segundo adquiere formas atenuadas de telurismo. El satanismo siguió existiendo, independientemente del entorno cultural en el que había nacido; a principios de los años setenta, la contestación y el undergound habían desaparecido prácticamente, pero el satanismo logró sobrevivirles.

En ese período -entre 1966 y 1972- confluyen fenómenos de índole muy distinto. Algo parecido había ocurrido a finales del siglo pasado cuando “el Espiritismo, echadas sus raíces en América, colonió Europa con rapidez. En la estela del fracaso de las revoluciones políticas de 1848 se convirtió enseguida en parte de una síntesis “alternativa” en la que estaban el vegetarianismo, el feminismo, la reforma del vestido, la homeopatía y toda la variedad de disidencias sociales y religiosas”. Cámbiese espiritismo con “channeling”, “disidencias sociales” por movimientos de liberación sexual, homeopatía por medicinas alternativas, feminismo por telurismo y se tendrá reproducido el cuadro que compone hoy la “New Age”. Resulta curioso constatar que en el siglo pasado el feminismo cabalgaba sobre doctrinas místicas y sectas masónicas y ocultistas, de la misma forma que cien años después, un sector seguía teniendo la misma inspiración. Eso ocurría con en 1968. En los años siguientes, ese feminismo radical y místico, reconvertido, se transformó en la componente “neopagana” de la New Age e impregnó con su telurismo a la totalidad de éste movimiento. Por curioso que pueda parecer, el satanismo militante, abordó también la temática feminista haciéndola confluir con cierto concepto de brujería y dándole un virage sorprendente. Tal es el recorrido que nos hemos fijado en las páginas siguientes.

LA NATURALEZA DEL TELURISMO

El telurismo es, sin duda, la característica más acusada y reiterativa en toda la “New Age”. La presencia de la mujer en este movimiento es masiva y no solo su presencia, sino la cantidad de temas que remiten a lo femenino, está hasta tal punto saturada que se diría que en el fondo de la Nueva Era lo que existe es una desvalorización de lo viril.

Para Julius Evola, la historia de las religiones podría resumirse en dos grandes líneas de espiritualidad, la que hace del Sol su arquetipo y la que tiene en la Luna su modelo. La primera desemboca en religiones olímpicas, masculinas, viriles y patriarcales; la segunda nos conduce a sistemas en los que lo telúrico, femenino, cambiante y matriarcal están en la base. Evola explica y documenta abundamente la confrontación entre los dos sistemas a lo largo de la historia; la realidad objetiva del choque se percibe en distintos momentos de la historia, uno de los más evidentes y dramáticos fue la lucha de Roma contra Cartago; los adoradores de Apolo y del Júpiter Capitolino no podían entender a aquellos “sudistas” que inclinaban la cabeza ante la “gran diosa” Tanit. Unos quemaban los cuerpos de sus muertos para que al alzarse las llamas sobre la pira el alma del difundo vaya a su residencia solar; los otros los sepultaron en la madre tierra. Claro está que todo sistema religioso a lo largo de la historia ha caído en inevitables sincretismos. Cuando los aqueos y dorios arruinaron los centros de la cultura micénica, no pudieron evitar que algunos temas propios de la religiosidad mediterrénea se incorporaran a su panteón. Con Roma ocurrió otro tanto; y es así como penetraron las diosas femeninas en el mundo clásico, o los temas viriles originarios quedaron alterados. El mito de Apolo, el Sol inmóvil y magestuoso, sereno y estable, encontró en Helios un competidor; era el Sol sometido a la ley de ascensos y descensos que cada noche, agotado, se refugiaba en el seno de la madre tierra para adquirir nuevas fuerzas y renacer al día siguiente. El héroe típicamente indo-europeo, Hércules, es a la postre un héroe antifemenino que se enfrenta y vence a las Amazonas, roba las manzanas custodiadas por las Hespérides, es enemigo de Hera, roba el cinturón de Afrodita, etc.

Podríamos seguir nuestro recorrido por los dos tipos de espiritualidad pero esto nos llevaría más de quinientos folios; tarea inútil por que el barón Julius Evola, aprovechando los trabajos de Bachofen y algún otro, ya la ha sintetizado en su libro “Revuelta contra el mundo moderno” al que remitimos a los interesados. Vayamos directamente a la Nueva Era entendida como la era de la revalorización de lo femenino.

TELURISMO EN LA NEW AGE

La incorporación masiva de la mujer a toda la temática de Nueva Era podía intuirse ya desde el último cuarto del siglo XIX. Fijémonos en la teosofía: la Blavatsky, su sucesora Anni Bessant, su financiadora, la duquesa de Pomar, sus disidentes Alice Ann Bailey que fundaría “Lucis Trust”, Dolores Aschroft-Nowicki que se haría cargo de la escuela “Servidores de la Luz”, Evelin Underhill, introducida en este ambiente a través de la Golden Dawn, Violet Mary Firth, más conocida como “Dion Fortune”, etc.; si hemos elegido estos nombres es por que todos tienen mucho que ver y han influido extraordinariamente en la formación de la “espiritualidad” de los “newagers” y “acuarianos”.

Y en cuando a los movimientos nacidos específicamente en los últimos tiempos, la presencia femenina es tan masiva como influyente: desde Louise Hay y sus consejos para “sanar tu vida”, hasta Marilyn Ferguson o Shirley Mac Laine y sus best-sellers, pasando por Ida Rolf, fundadora del método Rolfing, Eileen Caddy y Dorothy MacLean cofundadoras de la Comunidad de Findhorn, Helen Schucman autora de un “Curso de Milagros”, texto canalizado por una “entidad desconocida”; o una Vicky Wall fundadora de una de las muchas terapias de la Nueva Era -la aurasomaterapia que utiliza tanto terapias del color, que une a la aplicación de estractos de hierbas y aceites- o Bridey Murphy, de verdadero nombre Virginia Tighe, que inició todo el movimiento de regresiones hipnóticas para conocer reencarnaciones anteriores; Lynn Andrews, réplica femenina de Carlos Castaneda, las tres discípulas y herederas de éste y las tres discípulas de éstas abocadas a impartir frenéticamente cursos de “tensigrity” y un largo, muy largo etcétera…

A esto hay que añadir que la mayor parte de técnicas de la “New Age” que han sido teorizadas o creadas por varones encuentran en mujeres a sus mejores difusores. Pero además, más allá de estos datos necesariamente subjetivos y estadísticamente incompletos, es que la espiritualidad global de la Nueva Era es una espiritualidad fundamentalmente femenina.

Es significativo el lugar que ocupan el chamanismo y en animismo entre las técnicas de la Nueva Era: en ambos casos se trata de extraer las fuerzas telúricas, directamente o a través del chamán, para utilizarlas en beneficio propio. Lo “solar” cuando aparece es solo una coreografía adicional, nunca constituye el elemento central de ninguna teoría de la Nueva Era.

El porqué esto es así y no de otra manera tiene su explicación. La temática “new age” tiene su origen inmediato en la “contracultura” de los años 60; especialmente en su formulación californiana. Allí ya estaban presenten movimientos feministas, la mayoría de carácter exclusivamente socio-político; otros veían en las brujas un precedente de su movimiento.

El día de Halloween de 1968 es el punto de partida de un sector radical del movimiento feminista norteamericano: sus siglas deliberadamente significaban “BRUJA”, esto es, WITCH, en inglés: Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell, Conspiración Internacional de Mujeres para el Infierno, nombre poco tranquilizador… su aspecto y acciones lo eran todavía menos.

En la ceremonia de elección de Miss America de 1969 se despojaron en público de sus sujetadores y los quemaron despues de tirar todo tipo de objetos sobre el auditorio y las modelos. Expulsaban de su movimiento a aquellas mujeres que se depilaban las piernas o deseaban manifestar su feminidad cuidando su aspecto físico. No se declaraban colectivamente lesbianas, pero aceptaban que muchas de ellas lo eran; apenas disimulaban su hostilidad hacia el varón. Sus lemas eran: “Teatro, revolución, magia, terror, alegría, ajos, flores, alquimia”; aceptaban su condición de “brujas”: “Las brujas fueron las primeras mujeres liberadas. Si te atreves a mirar dentro de ti y reirte, eres libre y hermosa. Eres una bruja. La rebelión es signo de brujería”.

Cuando remitió el impulso de la contracultura y de los movimientos socio-políticos adicionados, lo único que quedó fue esta componente telúrica, mágica y, evidentemente, brujeril. Esta orientación, fue adquiriendo, progresivamente, a lo largo de los años setenta una coherencia interior cada vez mayor en dos líneas: de un lado la componente chamánico-brujeril-animista, y de otro en lo que se ha dado en llamar “espiritualidad feminista” que une ecología, psicoanálisis, feminismo propiamente dicho y técnicas de autoayuda. Versión “heavy” y “soft” del mismo tema telúrico.

En el momento que los discípulos de Alice Ann Bailey se planteaban dotar a la “nueva religión mundial” de festividades, no se les ocurrió otra cosa que celebrar lo que llaman “Festivales Mayores, en relación con la Luna (…) que producirán un robustecimiento del espíritu de invocación”. Estas tres festividades son “El Festival de Pascua”, festival de Cristo Resucitado, “instructor de toda la humanidad y guía de la jerarquía espiritual”, en la Luna Llena de Primavera. El segundo es el Festival de Wesak, festividad de Buda, el intermediario entre el más alto centro espiritual: Shambala y la Jerarquía; tiene lugar en la Luna Llena de Mayo. El primero es el festival de Occidente, el segundo de Oriente. Queda el festival de la síntesis, el llamado de la Buena Voluntad Mundial, fijado en la Luna Llena de Junio. Las tres festividades forman parte de lo que los discípulos de la Bailey llaman “Acercamiento Espiritual de la Humanidad”, necesario para alcanzar el consenso en la marcha hacia la “nueva religión mundial”. Las otras festividades serán los Festivales Menores celebrados en cada una de las restantes lunas llenas. Si el culto lunar define a la espiritualidad femenina, lo que nos definen los discípulos de A.A.B. es su quintaesencia.

En estas fiestas se medita. A.A.B. decía que “el trabajo de meditación es más eficaz cuando se hace en forma grupal durante la Luna Llena”, “estas reniones de Luna Llena contribuyen a preparar la conciencia humana para el acercamiento de la Jerarquía y la reaparición de Cristo”. Cada mes, la “Escuela Arcana”, una de las tres fundaciones creadas por A.A.B., se reune para la “meditación de la Luna Llena”, a la misma hora y en todo el mundo, reunidos por grupos y según un ritual definido por la propia A.A.B. En la práctica consiste en que el sujeto se sumerja en el grupo de meditadores y realicen una serie de ejercicios de visualización que les hará ver como entra la “luz” en cada uno de ellos, en el grupo, en la Escuela y en la Humanidad. Por Luz entienden un estado de vibración cósmica que emana de la naturaleza íntima de Dios y llega a los hombres cuando estos están dispuestos para recibirla. Recitan, así mismo, un poema creado por A.A.B., “La gran invocación”. Otro tanto hacen los miembros de los “Grupos de Meditación de Buena Voluntad Mundial”, que “al menos una vez por semana tratan de sincronizar sus meditaciones y trabajar los miércoles a las 12 del mediodía. El mediodía del miércoles -el punto medio de la semana- es el punto focal de toda la tarea grupal”.

Todas las referencias lunares son significativas del telurismo de esta corriente que ha pesado extraordinariamente en las formulaciones ocultistas de la Nueva Era. La Luna, evoca la mujer, lo cambiante, la plata, lo que carece de luz propia, aquello cuya luz procede de otro, lo sacerdotal, la mediación; no somos nosotros quienes lo decimos sino la tradición esotérica y exotérica y que hoy sostienen los partidarios de lo que hemos llamado “tercera vía”, basádose en los textos del esoterismo occidental.

LA ECOLOGIA COMO EJEMPLO: “HIPOTESIS GAIA”

Otra corriente de la Nueva Era, la ecología, tiene poco que ver con todo esto, responde a una necesidad objetiva de impedir el deterioro de la biósfera; no hay en ella nada de religioso. Sin embargo, uno de sus linajes, implícitamente tiene mucho de mítico-religioso. Nos referimos a la “hipótesis Gaia”.

Gaía está presente en la Nueva Era como pocos otros temas. Existen librerías Gaia, movimientos Gaia, cursos sobre Gaia, todo parte del libro de James Lovelock, “La hipótesis Gaia”, escrito en 1974. La Tierra, para Lovelock, es un ser vivo. La biósfera y la atmósfera, el mundo viviente y el no-viviente, forman un conjunto indisoluble y autocontrolado, un Todo al que Lovelock llama Gaia. Y como el personaje mitológico, cuando es agredida responde a los ataques de manera devastadora; ayuda, por contrario, a quienes le son fieles. Este planteamiento lo intenta encarrilar por los cauces del pensamiento científico, si bien muchos de sus partidarios tienen veleidades místico religiosas.

Lovelock es muy conocido en los medios ecologistas influenciados por el misticismo edulcorado e ingenuo de la “New Age”. En estos ambientes interesa más la vertiente mística que la científica. Con el tiempo Lovelock ha ido acumulando inquina contra este tipo de gentes y de planteamientos: “Los ecologistas tienen el corazón bien puesto pero la cabeza mal hecha”. Y no duda en denunciar la visión romántica que tienen de la naturaleza: “las vacas producen más residuos y gases que cualquier fábrica”. Considera que el agujero de la capa de ozono es un procedimiento de Gaia para defenderse: gracias a él, Gaia evita que el efecto invernadero provoque una subida de las temperaturas suficiente para deshelar los casquetes polares e inundar las tierras bajas. No cree que sean los aerosoles y los gases CFC los culpables del deterioro del ozono, sino Gaia que ha estimulado la acumulación de algas en los océanos que producen de forma natural ese yodo que, una vez en la naturaleza, encoge la capa de ozono. Gaia, por este y por otros ejemplos que Lovelock comenta, se autorregula; no está dispuesta a perecer y puestos a morir, prefiere que sean los humanos que la amenazan antes que ella.

Por mucho que Lovelock quiera conducirnos por los senderos de la ciencia, es inevitable caer en un planteamiento místico que remite al panorama de la espiritualidad hace ahora 4.000 años, cuando en todo el mundo proliferaron los cultos a la Gran Madre y a las diosas esteatopígicas en las que se veía la fuente de toda vida, el destino de los humanos y el camino de la salvación de los hombres. El “retorno de lo sagrado” que daba título al famoso libro de David Spangler es el retorno a la espiritualidad femenina.

“NEW AGE” ¿UN INICIO O UN FINAL?

Ahora bien, si la Nueva Era es la era de Acuario, éste signo no tiene nada de femenino; es masculino, fijo y aéreo según la tradición astrológica. Para colmo, su complementario es Leo, signo masculino, viril y solar por excelencia. Así que, desde el punto de vista de la ortodoxia astrológica, la “Era de Acuario” no tiene nada que ver con el telurismo, los cultos a la luna, la presencia femenina, hipótesis Gaia, etc. A menos, naturalmente, que la Nueva Era de la que hablan los “newagers” y “acuarianos”, no sea la “Era de Acuario” sino un apéndice terminal de la Era de Piscis, la “última semana” del “gran mes” de Piscis en el cual sus valores (signo femenino y de agua y cuyo opuesto es Virgo, signo femenino por excelencia) se encuentran sumamente atenuados.

Marx decía que si la historia se repite, primero lo hace como drama, luego como parodia. Buena parte de las “prácticas” de la “New Age” tienen algo de paródico, desde la “terapia de la risa” hasta las distintas formas de chamanismo. La espiritualidad de la Nueva Era puede calificarse de “soft” (blanda) pretendendo obtener resultados que escuelas sapienciales de todos los tiempos han alcanzado solo siguiendo una senda espiritual está hecha con esfuerzo, entrega, constancia y rigor. La “New Age” es la era de los vendedores de aparatos de Biofeedback, burbujas de aislamiento sensorial, cachivaches que ofrecen la felicidad espiritual y el éxito sin otro sacrificio que el de la cuenta corriente y meditadores de luna llena. Un poeta sufí decía que quien promete la felicidad sin hablar del rigor, ese es un falso profeta. La “New Age” ha provocado una inflación de falsos profetas.

Y lo que profetizan -sean hombres o mujeres- es una espiritualidad femenina.

Buena parte de lo que hemos visto hasta aquí parece ingenuo y poco inquietante. Ciertamente lo que los discípulos de Alice Ann Bailey proponían -reunirse a meditar en las noches de luna llena- lo hacían también las brujas renacentistas y sus epígonos. La luna llena jamás ha tenido buena prensa, más bien se le ha considerado como un factor de alteración del carácter. Alguna estadística confirma lo que se temía: que en las noches de luna llena existe un crecimiento anómalo de la agresividad. En las salas de urgencia de los hospitales coinciden con esta apreciación. No es raro que otras sectas ocultistas hayan achacado a Buena Voluntad Mundial utilizar técnica “vampíricas” para “robar energía” a los miembros de sus círculos de meditación”… justo lo mismo que ellos acusan a los otros grupos. Pero ciertamente hay un poso inquietante en todo esto.

LA GUINDA EN LA “BIBLIA SATANICA”

Más aun, si fijamos nuestra atención en el sector específicamente satanista, veremos otra variante del mismo tema telúrico: el venusiano, es decir, la mujer “fatal”, como fuerza atractiva y cautivadora del elemento masculina. Sandor LaVey dedicó un capitulo de su “Biblia Satánica” a glosar lo que llamaba la “sexualidad satánica”. En otros escritos posteriores completaba el orden de ideas expuesto en este libro. LaVey publicó un pequeño libro en donde desarrollaba las tesis expuestas en su “Biblia Satánica”. “La Bruja Satánica” es, al decir de su autor, “básicamente un libro de Magia Menor”. Su contenido es decepcionante para quien busca encantamientos y fórmulas mágicas, es apenas un manual de seducción femenina destinado a la norteamericana media. LaVey no engaña, desde el principio se preocupa por establecer su concepto de “bruja”: “La palabra “bruja” se utiliza simplemente porque históricamente cualquier mujer que pudiera hacer que un hombre hiciera lo que ella le pidiera, era acusada de utilizar brujería para manejarlo como un perrito faldero” (…) “Una Bruja Satánica (o Bruja Completa) sabe cómo utilizar sus poderes efectivamente, y eso es lo que en el satanismo se denomina Magia Menor”, una magia al alcance de cualquier norteamericana media: “Una chica gorda y fea no conseguirá nada de los hombres con sólo sonreir y bajarse el escote. Lo más probable es que el tipo vomite de asco. En vez de eso, utiliza tu encanto, tu aire misterioso, así como otras aptitudes que tengas, para alcanzar tus deseos. Los hombres terminarán por sucumbir, así que no dejes de intentar si piensas que no tienes el toque necesario”. La introducción no puede ser más decepcionante, en cuanto a los conjuros son, visiblemente, un acompañamiento dramático necesario para completar el texto, que en el fondo es un pretencioso manual de seducción.

Blanche Barton, describía en un curioso artículo cómo debía ser el “uniforme de la bruja satánica”, dicho artículo, en la práctica, viene a ser un resumen de lo esencial de “La Bruja Satánica”. Al igual que hizo LaVey, su esposa no puede ocultar cierta hostilidad hacia el movimiento feminista. Y no es raro, mientras que las feministas de aquella época quemaban sus sujetadores en público y se negaban a depilarse, Blanche Barton aconsejaba técnicas de seducción tan elementales e ingenuas como una falda o vestido, de buen corte, por encima de las rodillas, telas suaves y pegadas diseñadas para centuar las curvas de la mujer, escotes en forma de V, tacones altos, ropa interior blanca, crema, rosa, panties suaves, medias con costura, ligueros, rojo claro para uñas y labios, sombra de ojos, nada de perfumes fuertes ni joyas excesivas y nada de tatuajes ni piercing, pues como el propio LaVey había dicho “Una mujer debe ser una obra de arte por sí misma, no debería tener arte tatuado en ella”. Blanche Barton lo que nos ha definido en el artículo es a una mujer norteamericana convencional que intenta seducir por todos los medios y agradar al varón.

Por si uno tuviera dudas sobre lo convencional de estas afirmaciones, la “Biblia Satánica” se las disipa. LaVey se ha inspirado en lo esencial de la filosofía de Aleister Crowley “Haz lo que quieras” traducido a su particular forma de ver la vida: “El amor libre significa exactamente eso: libertad de ser fiel a una persona o de satisfacer los deseos sxuales con tantas personas como uno considere necesario para satisfacer sus necesidades particulares”, y más adelante se preocupa por desmentir a todos aquellos que ven en el satanismo algo promiscuo y orgiástico: “El satanismo no alienta la actividad orgiástica o las aventuras extramaritales. El “satanismo erótico” de LaVey es aquel en el que las partes aceptan relaciones libres, sin limitaciones y sin ser presa de inhibiciones de ningún tipo. Seguimos en el terreno de lo convencional. La psicología de LaVey se delata cundo se refiere al “travestimo, sadismo, masoquismo o exhibicionismo” como “desviaciones más importantes”, como haría cualquier sexólogo conservador. Solo que tales “desviaciones” son admisibles siempre y cuando no obliguen a nadie a aceptar algo contra su voluntad. Si el convencionalismo es, más o menos, el primer rasgo de la “sexualidad satánica”, el segundo no es menos significativo. La lectura de los textos de LaVey muestra hasta qué punto sus concepciones de la sexualidad están extraídas de las categorías freudianas. Lo esencial en su concepción es que, sea cual sea la actitud del sujeto, éste no se vea limitado por ningún tipo de represión. La masturbación es defendida por LaVey con la misma fuerza que Crowley logró imponerla como “práctica” en el VIII? grado de la O.T.O.: “Satánicamente hablando es mucho mejor entregarse a una fantasía perfecta que participar con otra persona en una vacua experiencia. Con la masturbación, uno domina plenamente la situación”.

Para quienes pudieran escandalizarse con la “sexualidad satánica”, LaVey les lanza unas frases tranquilizadoras: nada de orgías, nada de sacrificios sexuales, ni aberraciones de ningún tipo, “el satanismo no aprueba la violacion, ni la corrupción de menores, ni la profanación sexual de animales, ni cualquier otra forma de actividad sexual que entrañe la participación de aquellos que no estén dispuestos a acceder a nuestros deseos”.

Todas estas teorías más que serias son significativas de un estado de espíritu que solo puede desarrollarse en la cultura norteamericana en la que el moralismo, el reclamo a la libertad, el merchandising e incluso los hábitos alimenticios que se traducen en tipos físicos concretos y los estereotipos eróticos, están ampliamente arraigados. LaVey, como cualquier autor literario, no pretende otra cosa que vender sus obras; hábilmente, no se dirije a pequeñas minorías atraídas por el culto al diablo, sino a la gran masa de mujeres medias norteamericanas. Vende la idea de transformar a toda mujer americana en “bruja satánica”, capaz de alcanzar cualquier propósito a través de la utilización de sus recursos eróticos. La otra línea de pensamiento de LaVey es vivir una sexualidad carente de represiones e inhibiciones. Ambos temas inducen a meditar.

La “Biblia Satánica” fue escrita en 1969, en aquella época, la “revolución sexual” había iniciado su andadura en EE.UU. y quizás algunas de las afirmaciones de LaVey pudieran representar una novedad o, en cualquier caso, un planteamiento original. Treinta años después, apenas llaman la atención en la medida en que han sido aceptadas por buena parte de la población. Lo cual no quiere decir que sean de sentido común. En el terreno de las inhibiciones LaVey no va mucho más allá de Freud. En el de la sexualidad convencional, los criterios de LaVey coinciden con el sentir mayoritario en la sociedad occidental, ciertamente no por LaVey cuyos libros siguen, a pesar de todo, ignorados por el gran público, sino por que la marcha de la sociedad los ha impuesto como normales. Parece normal que si un sádico y un masoquista tienen relaciones libremente consentidas, no haya en ello nada de reprobable o que la masturbación parezca algo absolutamente banal e inofensivo. A menos que se adopte otro punto de vista.

LaVey, de hecho, no se sitúa por encima de Aleister Crowley, no es su “genial continuador”, sino que presenta rasgos regresivos en relación a su maestro inglés. El “Haz lo que quieras” crowleyano tenía implicaciones muy precisas, sobre todo si se tiene en cuenta su segundo principio “El amor es la ley, el amor sometido a la voluntad”. Julius Evola en dos obras fundamentales aborda esta problemática desde otro punto de vista. Un hombre en una isla desierta, sin leyes, sin normas, sin estructuras de poder, ?sería necesariamente libre? No, si no sabe controlar sus pulsiones e instintos. Luego el problema no es ni la moral, ni las normas sociales, ni las represiones, sino que el problema es uno mismo. Y no se trata tanto de “ser libre” como de “liberarse”, tener capacidad de autocontrol. LaVey en esto calla, su “sexualidad satánica” es apenas un dejarse llevar que no encuentre obstáculos (inhibiciones) y cuyo cauce sea la mutua aceptación de las partes a realizar lo que la otra le solicita. Crowley por el contrario había dicho algo muy diferente -que Evola expresa con más propiedad en sus obras- la sexualidad, como cualquier otra pulsión o actividad humana, debe estar “sometida a la voluntad”. La ausencia de voluntad, el “dejarse llevar” por la propia sexualidad instintiva, nos convierte en títeres de nosotros mismos. Nietzsche, uno de los maestros de pensamiento de LaVey experimentó este problema en sus propias carnes. Tras haber escrito el provocativo “Vas con mujeres, llévate el látigo”, no dudó en fotografiarse tirando un carro en el que estaba subida Lou Andreas Salomé, ella misma manejando un látigo… y, el filósofo del superhombre, no pudo soportar las “calabazas” dadas por Lou Salomé, que se sitúan en el origen de su locura trágica.

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