Lou Andreas Salome

 

Hubo un tiempo en que a las mujeres de Europa del Este no sólo se les conocía y admiraba por su belleza, sino también y principalmente por su inteligencia.
Incluso, hay quienes piensan que a partir de aquella circunstancia se acuñó esa frase que en la hora actual resulta políticamente incorrecto pronunciar: detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Sin embargo, a mediados del siglo XIX, que bullía de ideas filosóficas, utopías políticas y propuestas artísticas innovadoras, esa máxima era más bien metafórica porque hubo grandes mujeres compartiendo e impulsando los ideales progresistas a lado de los grandes hombres que la historia ha puesto en primer plano.

Por supuesto que la presencia intelectual de esas mujeres no anuló en modo alguno su feminidad, pero lo que sí sucedió es que ésta se enfrascó en una batalla con la propia inteligencia a fin de poder dominar sobre la voluntad.

Hubo mujeres que supieron librar muy bien esa batalla y se conservaron siempre por el sendero de la inteligencia y la sensatez, como Rosa de Luxemburgo. En cambio, hubo otras que, derrotadas por la parte más impulsiva de la feminidad, terminaron convertidas en una suerte de presidentas del club de fans del filósofo o pensador del momento, como Bettina von Arnmin, que se convirtió en un dolor de cabeza permanente para Goethe.

Sin embargo, de entre todas esas mujeres hubo una que descubrió el punto exacto de equilibrio entre la feminidad y el ejercicio de la inteligencia. Esa mujer fue Lou Salomé.

Lou Salomé, que posteriormente sería conocida con el apellido de su esposo, Carl Freiderich Andreas, fue una mujer fascinante, seductora y cruel, según la opinión que se quiera tomar por buena, de parte de los grandes personajes de la intelectualidad que tuvieron la fortuna de conocerla: Nietzsche, Reé, Rilke, Freud o Tausk.

De ascendencia judía y nacionalidad rusa, Lou se sintió fuertemente atraída por la filosofía y la literatura desde muy pequeña. Y también desde muy pequeña comenzó a ejercer esa extraña influencia en la inteligencia de los hombres que la rodeaban, que los hacía perder la compostura y las buenas formas adquiridas en el cultivo permanente de espíritu, hasta parecer adolescentes imberbes rebosantes de actividad hormonal.

A los 21 años, estando en Roma, Lou conoció a Paul Reé, un psicológo alemán amigo de Nietzsche, con quien rápidamente entabló una relación sentimental. Sin embargo, y si hemos de creer a Fernando di Fidio en La bruja de Hainberg, muy pronto Nietzsche cayó rendido ante la compleja y seductora personalidad de la ¡mujer de su mejor amigo!

Lou Andreas Salomé, Paul Reé y Friederich Nietzsche

Con el paso del tiempo la relación entre Lou, Reé y Nietzsche se fue tornando compleja; una especie de triángulo amoroso en el que el único no correspondido era el pequeño bigoton; mientras que Lou si bien se podía decir que mantenía estable su relación con Reé, ya estaba en amoríos con Rainer María Rilke, que era quince años menor que ella.

El enano bigoton, posiblemente influido por sus propios complejos, no pudo soportar más las pasiones que le provocaba la admirable Lou -que por lo demás la verdad no sé qué le veían, porque en honor a la verdad estaba muy fea- y decidió declararle su amor.

Ella, que no era mujer de un sólo hombre, y mucho menos de uno tan feo como Nietzsche, lo rechazó, y gracias en gran medida a ese rechazo, es que ahora conocemos Así habló Zaratustra. Uno de los libros más célebres del filósofo de Roecken, en donde además de tirarle a todo lo que se mueva, Nietzsche aprovecha para ventilar su misoginia, derivada o acentuada a partir del rechazo del que fue víctima, de parte de Lou Andreas Salomé.

En fin, quisé escribir este comentario un poco para curarme en salud, luego de que en una reciente charla de café me tildaron de intelectualoide porque, hablando precisamente de Nietzsche, olvidé el nombre de Lou y sólo la identiqué como “la novia de Nietzsche”.

Además de que esta sucinta historia sirve para ilustrar el hecho innegable e inocultable de que los intelectuales también tienen corazón y por ende, cometen las mismas estupideces que el resto de los mortales.

A propósito, en otra ocasión escribiré de la relación entre Hannah Arendt y Martin Heidegger, esa sí es para sacar los pañuelos y llorar amargamente.

LOU ANDREAS SALOME – La mujer que amó Nietzsche

Federico Nietzsche ha pasado a la historia como el “gran misógino”. Pero no siempre fue así: Nietzsche amó a una sola mujer. Su poema filosófico, “Así habló Zarathustra” puede considerarse como el producto de éste amor frustrado.

La mujer de la que se enamoró una personalidad tan particular como Nietzsche debía ser, así mismo, particular. En efecto, esta es la historia, singular, de una mujer especializada en seducir solo a genios: Lou Salomé.

LA BRUJA DE HAMBERG

En 1937 a la edad de 76 años moría en Gottingen, Lou Andreas Salomé, un destino excepcional. Sus paisanos la tenían por una mujer extraña; su marido, el doctor Andreas, practicaba técnicas aprendidas en Oriente y tenía en su esposa a la principal colaboradora. La llamaban “la bruja de Hamberg”.

Conocía a la perfección las grandes religiones orientales, dubismo, hinduísmo e islam, incluso en su exoterismo; su marido fue uno de los introductores del orientalismo en Europa y conocía todas estas tradiciones desde el interior.

Quienes conocieron a Lou Salomé nos la describen como alta, de ojos azules, “muy luminosos”; con los años su pelo había adquirido un tono platino. Con nariz respingona y boca suave, había conservado un aspecto atractivo a pesar de su edad.

Sin embargo el retrato de su juventud era muy diferente. Su mirada era dura, sus facciones y carácter agresivos; poco femenina, en definitiva. Solamente dulcificó sus rasgos tras casarse con el doctor Andreas.

Cuando apenas tenía veinte años logró conquistar el corazón de Federico Nietzsche; sería la única mujer de la que lograría enamorarse en su vida. Pero también el filósofo Paul Ree, el poeta Rainer Maria Rilke y el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, el sociólogo Ferdinand Tonnier, el psicólogo experimental Herman Ebbnghaus y otros muchos se sintieron atraidos por Lou Salomé. En los círculos intelectuales centroeuropeos de principios de siglo se decía que quien conocía a Lou Salomé, a los 9 meses traía un libro al mundo.

Ella prefirió siempre el contacto espiritual e intelectual antes que el físico. Era indiferente a los sentimientos que despertaba en los hombres que conocía;prefirió siempre el pensamiento al hombre que lo encarnaba, el contacto espiritual antes que el físico.

Permaneció virgen hasta los treinta años y jamás mantuvo relaciones sexuales con su marido, el doctor Andreas. Tras su ruptura, Nietzsche dijo de ella que sufría “atrofia sexual”. Sus biógrafos cuentan que por esas fechas -entre los 20 y los 30 años- “le faltaba calor y vida a su rostro”. Su complicada vida erótica y sentimental explica el interés desmesurado que sintió por la obra de Freud.

EL PARTO DE ZARATHUSTRA

Fue a través de Paul Ree que Lou Salomé conoció a Federico Nietzsche. Lou era la eterna amiga de Ree, intelectualmente sintonizaban, pero ella sentía repugnancia física hacia él. En 1901 se suicidó justo en el lugar en donde Lou Salomé le había rechazado veinte años antes; el tiempo jamás consiguió disolver todo el amor que sintió por ella.

Otro tanto ocurrió con Nietzsche, si bien el poeta-filósofo logró sublimar la atracción que sentía en una obra singular, “Así habló Zarathustra”. Hoy, tras la publicación de la correspondencia con Paul Ree, se sabe lo que sentía Nietzsche en aquella época: “Sino encuentro la piedra filosofal para convertir esta mierda en oro, estoy perdido”.

Cuando Nietzsche conoció a aquella jovencita que daba muestras de una singular madurez e inteligencia, y que, por lo demás era excepcionalmente atractiva, se sintió inmediatamente seducido por ella. Pero Lou solo amaba el pensamiento de Nietzsche, en absoluto al hombre. Lo rechazó una y otra vez. Finalmente en 1982, el filósofo perdió toda esperanza. Unas semanas después se encerró en su pequeña habitaciíon; era el mes de febrero de 1883. En pocos días, Nietzsche compuso su gran poema filosófico que nació como fruto del desengaño y la frustración por un amor imposible.

Su gran amigo primero y posteriormente su mayor adversario, Richard Wagner, siguió un itinerario parecido. Su gran ópera, “Tristan e Isolda” es fruto del dolor que le produjo su ruptura con Matilde Wesendonck. El mayor poema musical de amor que jamás se haya escrito, tiene su paralelismo en el “Zarathustra” de Nietzsche, donde el filósofo rechazado se envuelve en una coraza invulnerable contra sus propios sentimientos. Sublimación del amor en el desengaño de Wagner, misoginia y rechazo a toda forma de amor en el caso de Nietzsche; puede entenderse que las dos grandes personalidades de la cultura occidental del siglo XIX, terminaran enfrentados.

“Zarathustra” salvó de la locura a Nietzsche durante unos años. Tras la ruptura con Lou, habló de suicidarse; sacó fuerzas de flaqueza, rechazó la posibilidad de cualquier otro amor e intentó transmutar en fuerza interior su soledad. Seis años después se derrumbaría. A partir de 1889 su locura sería irreversible. moriría dos años después.

EL EXTRAÑO DOCTOR ANDREAS

Friedrich Carl Andreas no era un hombre atractivo, ni recibió honores y gloria en vida como Rilke o Freud; ni siquiera, como Nietzsche; tampoco se reconoció su valor después de muerto. Fue un hombre tan gris y reservado como sorprendente.

Era bajo y rechoncho. Su abuelo se instaló en la India a principios del siglo XIX y esposó a una mujer malaya. Tras morir su marido, la mujer casó con un noble persa de estirpe regia, pero conservó el nombre de su primer esposo. En 1875, cuando Andreas contaba ya 30 años, la familia regresó a la Alemania de sus antepasados.

Andreas tenía por entonces una sólida formación en historia, ciencias naturales y arqueología y gozaba de una excepcional reputación como médico; pero sus técnicas no eran ortodoxas, había traído consigo los conocimientos de medicina natural de las tradiciones orientales. Le preocupaba el estudio de las costumbres de los animales más fieros y las técnicas totémicas a través de las cuales los brujos captaban las energías y potencia de los animales. Hablaba varios idiomas y estaba familiarizado con las culturas orientales a las que conocía en profundidad y desde dentro: no en vano, una parte de su personalidad, pertenecía al misterioso oriente.

En 1888, cuando era catedrático del Instituto de Lenguas Orientales de Berlín, conoció a Lou Salomé. Logró que le dijera el ansiado “si” intentando suicidarse ante los ojos de su amada; es ella quien nos describe la escena: “con ademán pausado, cogió la navaja y se la clavó en el pecho”. Aquella sangre derramada los unió para siempre.

Permanecieron casados cerca de 43 años, durante ese tiempo, el doctor Andreas jamás la poseyó físicamente, pero nunca la perdió del todo. Si bien es cierto que mantuvo relaciones con otros hombres, íntimas en algunos casos, no es menos cierto que siempre, antes o después, volvió con “herr doktor”.

Por las noches, Andreas daba clases particulares en su domicilio de Gottingen a un grupo seleccionado de alumnos. Estos y sus colegas de facultad jamás dudaron de que realizaba lo que calificaron como “estudios ocultos” y que suscitaron rumores entre sus colegas. Era capaz de inducir alucinaciones en sus discípulos, conocía perfectamente las técnicas de hipnosis y sugestión y fue uno de los primeros europeos en estar familiarizado con los distintos yogas hindúes.

Le atraía particularmente la tradición irania. Realizó la primera traducción completa del “Zend Avesta” como tributo a la sangre real persa que fluía por su venas.

La pareja llamó la atención de sus vecinos por su extraordinaria conservación física. El doctor aparentaba apenas 50 años cuando en realidad tenía 80 y estaba convencido de que viviría otro medio siglo más. Lou Salomé, hasta los 65 años tenía aspecto de no superar los 40. Los discípulos y quienes les conocieron no albergaban la menor duda de que los “estudios ocultos” del doctor eran el secreto de su “eterna juventud”.

EN LA CONSULTA DEL DOCTOR FREUD

En 1911, cuando contaba 50 años, conoció a Sigmund Freud. Visitó al psiquiatra vienés con la esperanza de que éste pudiera revelarle algo sobre los misterios de su personalidad.

Fue la primera “grouppie”, la primera mujer que tuvo acceso a tertulias hasta entonces vedadas al género femenino. Conoció bien la bohemia de París, Berlín y Viena. Tuvo como pretendientes a las más grandes inteligencias de su tiempo. Pero, sobre todo, fue una mujer de sexualidad anómala. No se sintió jamás madre ni amante, probablemente tampoco mujer sino hasta muy avanzada su madurez…

Nietzsche ya lo había percibido, pero también Paul Ree; y, por supuesto, su marido, que obtuvo de ella la promesa de matrimonio a cambio de no mantener jamás relaciones sexuales con ella.

Freud procuró utilizar sus investigaciones sobre la psiquiatría analítica para materializar su voluntad de conocerse mejor a sí mismo. Freud, tras haber abusado de la cocaina en sus años jóvenes, se preguntaba en qué oscura parte de su cerebro radicaban los fantasmas eróticos que le acosaban después de inyectarse la droga. Se sorprendía de las obscenidades de acudían a su cerebro y quiso descubrir cuál era el origen de lo que consideraba perversiones.

Hay que suponer que Lou Salomé siguió idéntica trayectoria; también ella desconocía los porqués de sus inhibiciones eróticas, los motivos de su “atrofia sexual”. Y creyó que el doctor Freud tenía las respuestas. Desgraciadamente no era así. La vida de Lou no mejoró tras compartir las más atrevidas teorías de Freud y siempre regresó en compañía del doctor Andreas y de sus experimentos alternativos.

Por entonces Lou ya había adquirido fama mundial. No en vano había sido la primera psicoanalista distinguida y la única mujer que Freud aceptó en él “círculo interno” de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Lo cual no era poco.

[RECUADROS FUERA DE TEXTO]

LOU SALOME:

¿vas con hombres? no olvides el látigo

En el verano de 1880, Paul Ree, Federico Nietzsche y Lou Salomé se encontraron en Lucerna, Suiza. Animados como estaban y en un ambiente de franca y cordial camaradería, fueron a visitar al fotógrafo Jules Bonet. Este tenía en su plató un pequeño carro para decorar escenas campestres. Contrariamente a la opinión del fotógrano, Lou se subió sobre el carro y pidió que Nietzsche y Ree hicieran ademán de tirar de él. Ella, entre tanto, blandía amenazadora un látigo.

La foto ha tardado años en conocerse y resulta, cuando menos curioso que el filósofo misógino que escribiera las mayores diatribas contra el espíritu femenino, consintiera en fotografiarse en aquella situación que tanto contrastaba con sus opiniones posterioes: “¿vas con mujeres? ¡¡No olvides el látigo!!”…

NIETZSCHE Y LAS MUJERES

A partir de su frustrado amor con Lou Andreas Salomé, los escritos de Nietzsche se vieron salpicados de frases de contenidos misóginos. Tal fue el dolor y la frustración de Nietzsche, para quien el rechazo de una mujer hizo que rechazara a todas las mujeres:

“El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer: el más peligroso de los juegos”

(Así hablaba Zarathustra).

“Pocos hombres hay aquí: por esto se masculinizan las mujeres. Pues sólo el que sea bastante hombre podrá “redimir” a la mujer en la “mujer”

(Así hablaba Zarathustra).

“Hasta aquí hemos sido muy corteses con las mujeres. Pero !ay!, llegará un tiempo en que para tratar con una mujer habrá primero que pegarle en la boca”

(Filosofía general).

“Cuando una mujer tiene virtudes viriles, hay que huir de ella; si no las tiene, ella misma huye”

(El ocaso de los ídolos).

“A veces basta con unas lentes de más alta graduación para curar al enamorado” (Humano, demasiado humano).

“Las mujeres notan fácilmente cuando se han apoderado del alma de un hombre; quieren ser amadas sin rivales (…) esperan, enlazándose amorosamente con él, acrecentar al mismo siempo su propio esplendor”

(Humano, demasiado humano).

“Hay mujeres que, por mucho que en ellas se busque, no tienen interior, no son más que máscaras. Hay que compadecer al hombre que se abandona a estos seres casi fantasmales, necesariamente incapaces de satisfacer”

(Humano, demasiado humano).

“En la venganza como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre”

(Más allá del bien y del mal).

“Para contemplar bien la belleza de esta mujer hay que mirarla con ojos de poco alcance; más para apreciar su espíritu totalmente hay que emplear las lentes de mayor potencia, porque lo oculta por vanidad; el espíritu hace vieja a la mujer”

(Tratados filosóficos).

Es evidente que, en muchas de estas frases, Nietzsche está pensando en Lou Andreas Salomé.

 

LA LEYENDA DE LA MUERTE DE HIRAM Y LA REGULARIDAD MASONICA

De entre todas las leyendas que circulan en los medios masónicos a efectos didácticos e iniciáticos, la figura y la muerte de Hiram ocupa un papel central. Revisar el contenido, las implicaciones y el nacimiento de este tema, son fundamentales para encuadrar el papel histórico e ideológico de la masonería.

A pesar de unos pocos testimonios que remontan la leyenda de Hiram al siglo XVII (1), se acepta unánimemente que ésta se incorporó a la masonería especulativa entre 1720 y 1723 y lo hizo, no sin suscitar ciertas resistencias (2). En una rama de la masonería operativa francesa, los “Hijos del Maître Jacques”, se cita al legendario arquitecto del Templo de Salomón que resulta asesinado por unos rivales; pero no se llama Hirám, sino “Maître Jacques” y, por lo demás, nace y muere en Francia y, en absoluto, resucita.

No hay duda que el pastor Anderson cuando recibió el encargo de compilar los antiguos usos y costumbres de la masonería operativa, destruyó muchos documentos en lo que se ha calificado como auténtico auto de fe. A partir de ese momento se hizo muy difícil reconstruir cuales eran las leyendas y tradiciones del período anterior. Es posible que Anderson y Desaguliers aprovecharan algunos residuos que encontraron en estos documentos y con ellos construyeron la leyenda de Hiram, o es posible incluso que, tomaran a este personaje secundario en la mitología de los masones “operativos” y lo magnificaran a efectos didácticos.

La masonería actual utiliza la leyenda de Himan en la ceremonia de iniciación al tercer grado, el de Maestro. Como mínimo hasta 1730 esta iniciación no era obligatoria. Prichard -un famoso autor masónico- escribió ese año: “No hay un masón de cada cien que pague los gastos exigidos por “The Master’s Part” [el grado de maestro], si no es por interés”(3). En 1738, la leyenda ya se había extendido por las logias y algunas la representaban; de ésta forma, poco a poco, fue difundiéndose por la nueva masonería especulativa. Tras conocer como llegó la leyenda de Hiram al acervo masónico, veamos ahora la importancia que tiene en la doctrina de la sociedad.

A lo largo del siglo XVIII se fue elaborando la doctrina masónica. Los tres primeros grados -a decir verdad, los únicos importantes- “aprendiz”, “compañero” y “maestro”, corresponden a los “tres mundos”, el mundo físico, el mundo intermedio y el mundo espiritual. Los dos primeros grados, son una preparación para la verdadera e importante iniciación conferida en el tercer grado, el de maestro. La iniciación al grado de Aprendiz confiere el dominio sobre el mundo material y en cuestiones de realidad corporal. El grado de maestro, da acceso al mundo espiritual y supraindividual y, finalmente, el de compañero debería de dar el dominio sobre el plano psíquico (4). Sin embargo, en la actualidad el grado de “compañero” está reducido a un mero trámite entre el grado de “aprendiz” y el de “maestro” y se encuentra vaciado de contenidos. Se trata, sin embargo de un grado en el que el adepto debería aprender a controlar su propio mundo interior y su psiquismo. A nadie se le escapa que se trata de un grado conflictivo; la propia leyenda de Hiram hace que éste sea muerto, precisamente, por tres “malos compañeros”, es decir por tres compañeros que no han logrado dominar ese mundo psíquico o astral. La leyenda es como sigue.

Contrariamente a la visión bíblica que quiere que el verdadero arquitecto del Templo de Salomón fue Dios y que El comunicó directamente a David los planos y dimensiones a través del profeta Natán, la leyenda masónica sostiene que Salomón recurrió al Rey de Tiro, el cual le envió a Hiram, un maestro fundidor. Hiram separó a los obreros en tres clases a fin de que cada uno pudiera recibir una paga proporcionada a su mérito y a sus talentos; cada categoría recibió signos, palabras y toques diferentes y se reunían en tres puntos concretos del Templo. Los aprendices recibían el salario en la Columna Jakin, los compañeros en la Columna Boaz y los maestros en la Cámara Media. Tres compañeros descontentos quisieron forzar a Hiram para que les diera la palabra y el signo de los maestros. Uno le golpeó con un martillo en el hombro izquierdo, el segundo con un nivel en el hombro derecho y el tercero le propinó un mazazo sobre la frente. Los tres compañeros escondieron el cadáver; al cabo de siete días Salomón ordenó a nueve maestros que lo buscaran. Quienes inspeccionaron las tierras de Occidente vislumbraron un resplandor en lo alto de una colina. Allí encontraron el cadáver de Hiram; plantaron una rama de Acacia para impedir que se perdiera; cuando fueron a enterrar el cadáver, tras tocar dos dedos y la muñeca, vieron que estaba corrompido, entonces un maestro grito “!Mak Benah!” palabra que pasó, a partir de ese momento, a ser la palabra sagrada del tercer grado (5).

En el Rito de Emulación se insiste en que “El Grado de Maestro os invita a reflexionar sobre el terrible tema y os enseña a concebir que para el hombre justo y virtuoso la muerte es menos temible que la mentira y el deshonor”. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado interpreta el mito de la muerte de Hirám en términos morales: el maestro Hiram simboliza la Justicia, el Genio y el Arte, mientras los tres malos compañeros constituyen la perífrasis simbólica de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición (6).

En la iniciación al grado de Maestro, el candidato representa a Hiram. Está móvil y silencioso, tendido sobre un féretro. Cerca de él la coreografía masónica sitúa la rama de acacia y el triángulo de oro Está cubierto por un tapiz negro y una tela ensangrentada. El Venerable de logia que oficia la ceremonia rememora el descubrimiento del cadáver de Hiram por los nueve maestros masones. Deposita la rama de acacia sobre la tela. Luego, dirigiéndose a la asamblea, explica la necesidad de abandonar las antiguas palabras y signos de reconocimientos y propone difundirla entre los maestros. El Venerable, ayudado por los vigilantes levanta la tela ensangrentada y el tapiz negro. El Segundo Vigilante toma al candidato por el dedo índice de la mano derecha rememorando el descarnamiento de la mano del arquitecto legendario; pronuncia la palabra “Jakin”, el Primer Vigilante hace otro tanto, tomando el dedo medio y diciendo “Boaz”. El Venerable toma la muñeca derecha, pasa la mano izquierda bajo el hombro derecho, manteniendo el pie derecho junto al pie derecho del candidato, rodilla contra rodilla y pecho ocntra pecho; lo levanta ayudado por los Vigilantes y dice: “Ha recibido la Vida en el seno de la Muerte”. Es entonces cuando el aspirante recibe la palabra del Maestro, “Mak Benah”, la primera parte en un oido y la segundo en el otro. Ya en su sitial, el Venerable termina: “Hermanos, que nuestra alegría sea grande en este día; aquel que era parecido a los muertos ha renunciado a los vicios que podían corromperle y ha recibido una vida nueva”.

Se trata de un psicodrama susceptible de muchas lecturas. La moralista es la que parece más evidente y la más aceptada en el interior de las logias. La dualidad muerte-resurrección se tiene como una renuncia a los vicios que corrompen la naturaleza humana. La interpretación espiritualista, que sostienen algunos sectores masónicos surgidos de los medios esotéricos del siglo XVIII u ocultistas del XIX, apenas se vislumbra por ningún sitio. El tema iniciático central -muerte del hombre viejo y resurrección de un ser renovado- solamente es lícito si antes, los dos primeros grados, han cumplido su función: dominio y control sobre el cuerpo y dominio y control sobre el psiquismo. A partir de este punto, alcanzado durante la iniciación como Compañero, se abre la puerta a la comprensión del tercer grado: de lo contrario, la representación de la tragedia de Hiram no deja de ser una representación teatral necesaria para escalar los más altos grados de la masonería, pero desprovisto de un contenido objetivo de apertura de la conciencia a niveles más profundos. Y si esto es así, la masonería dista mucho de ser una organización iniciática, sino que apenas es otra cosa hoy que un club adaptado a un cierto tipo de necesidades sociales. Y esto lleva, dramáticamente, a otro punto: la cuestión de la regularidad masónica.

Todo esto plantea una cuestión sorprendente y decisiva para juzgar a la masonería. La iniciación -virtual o efectiva, si hemos de aceptar la discusión en los términos planteados por René Guenon- que transmite una organización es válida, si la organización es “regular”. La regularidad queda definida por los ritos, organización y origen. Para que una organización sea regular sus ritos no deben haber sido alterados, desde su fundación, al menos en lo esencial. Para ser válidos, los ritos contienen un elemento “no-humano”, que los hace indiscutibles y, por lo mismo, intocables. El rito no es una creación consciente de la naturaleza humana, sino algo que trasciende a esa misma naturaleza humana y que, por tanto, no puede haber surgido de ella. De aquí deriva la eficacia del rito: el rito es considerado por las organizaciones iniciáticas como inefable, comparable a la de una ley física o una fórmula química, tal que si se cumplen todas las condiciones normales requeridas en la experiencia, se produce el efecto esperado. Si se altera alguno de los elementos, el resultado varía. En la cuestión de los ritos, cualquier alteración ha sido considerada, desde la más remota antigüedad, como un sacrilegio. Los sacerdotes romanos si cometían un error, aun involuntario, en el desarrollo de un rito, debían realizar sacrificios expiatorios extremadametne complejos. En la actualidad, la iglesia tradicionalista y conservadora sostiene un contencioso con el Vaticano a raíz de la reforma litúrgica posterior al concilio. Si para el Vaticano se trata solo de una simple reforma, para los sectores conservadores, la reforma ha alterado hasta tal punto los contenidos del rito que lo ha hecho ineficaz.

Y hay que plantearse hasta qué punto, la alteración de los ritos de la masonería operativa, la invención de nuevos temas, la creación de una superestructura de grados (33 en el Rito Escocés, 95 en el Rito de Menphis), la aparición constante de nuevos ritos (especialmente a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX) y, finalmente la alteración misma de los mismos, no los ha convertido en ineficaces y las organizaciones que los impartes, en irregulares. Robert Ambelain lo plantea descarnadamente: “A fuerza de distribuir certificados de regularidad o de negarlos, la Gran Logia Unida de Inglaterra, sucesora de la Gran Logia de Inglaterra, la cual había nacido a su vez de la Gran Logia de Londres y de Westminster, que fue inicialmente la Gran Logia de Londres, ha terminado por creerse la única regular” (7).

El razonamiento de Ambelain se basa, no solo en la alteración evidente de los ritos de la antigua franc-masonería operativa, sino en la condición de Anderson y Desaguliers como profanos que no habían recibido ninguna iniciación y, por tanto, no tenían autoridad para conferirla. Tanto Anderson como Desaguliers eran clérigos protestantes y ocupaban en la logia el cargo de capellanes que, como los médicos, solamente asistían a las tenidas cuando sus servicios eran requeridos, estaban allí en razón de su cargo y no en virtud de una admisión regular. De los ocho primeros masones que constituyeron cuatro logias en 1714 ni uno solo parece haber sido iniciado regularmente. “La nueva Gran Logia de Londres se otorgó, como él mismo subraya, la autoridad que no poseía, sobre todo teniendo en cuenta que había sido fundada por profanos, no iniciados en las formas rituales y regulares” (8). En septiembre de 1715, algunos masones operativos pretendieron asistir a una asamblea de la Logia constituida por Anderson y Desaguliers y sus siete compañeros. Tras serles impedido el acceso a la reunión, dieron cuenta de los hechos a la Logia operativa de Londres. Esta declaró ilegal la nueva formación que cambió inmediatamente de nombre pasando a llamarse “Logia Antigüedad”, expandiéndose por otros barrios londinenses hasta la fusión de 1717 (9).

Luego, todo lo que deriva de este histórico arranque de la masonería especulativa, a excepción de las logias estuardistas que se habían formado en los regimientos exiliados en Saint Germain en Laye en torno al pretendiente, tienen un carácter irregular y sus ritos de iniciación son inválidos… El hecho de que la masonería fundada en 1717 y cuyas bases se habían establecido en 1714 y aprobado finalmente en 1723, consiguiera imponer su autoridad y criterio sobre las antiguas hermandades operativas, se basó solo en una cuestión de número, más que de autoridad de origen. La virulencia con que Ambelain carga contra la masonería inglesa le lleva incluso a decir que “ni siquiera se trata de una obediencia bastarda, puesto que los bastardos poseen la sangre y la raza que les reconocían las leyes de la nobleza”… palabras muy duras para alguién que ostenta una alta dignidad masónica y martinista.

NOTAS

(1) Goblet d’Alviella en su estudio sobre “Los orígenes del grado de Maestro en la Franc-masonería” (Edicomunicación, Barcelona, 1991, pág. 69-70) reconoce que “la leyenda de Hiram, tal como se representa en nuestras Cámaras del Centro, parece haber sido ignorada por la francmasonería operativa”. Alviella cita el manuscritu “Regius” (1390), uno de los documentos más importantes, que se disponen sobre la masonería operativa, no habla ni de Hiram, ni del Templo de Salomón. El manuscrito “Dowland” menciona solo al rey de Tiro y el “Cooke” lo considera hijo del Rey de Tiro. Alviella reconoce que que, durante el siglo XVII, el personaje de Hiram se situaba completamente en segundo plano: “Si Hiram Abif hubiese figurado, en ese período en las ceremonias o las tradiciones del oficio, las Constituciones manuscritas de la época no guardarían como lo hacen un silencio uniforme e ininterrumpido sobre la existencia real o legendaria de un personaje tan preminente en la historia y la leyenda posteriores de la Orden”.

(2) En 1725 en uno de los anexos publicados al texto “The Grand Mystery discovered” se denunciaba que en algunas logias londinenses “se cuentan extrañas y necias historias a propósito de un árbol que habría salido de la tumba de Hiram, con hojas maravillosas y un fruto de una calidad asombrosa, a pesar de ignorar cuándo ni dónde falleció y sin saber sobre su tumba más que sobre la de Pompeya” (citado por Goblet d’Alviella, op. cit., pag. 72).

(3) Goblet d’Alviela, op. cit., pág. 71.

(4) Este tema ha sido brillantemente desarrollado por nuestro amigo Alexander Duguin en su libro “Rossia, zagadka Evrazii”, traducido con el título “Rusia, el misterio de Euro-asia”, Editorial Grupo Libro 88, SA, Madrid 1992, traducción de Arturo Marián Llanos, págs. 190-2

(5) Existen múltiples versiones detalladas de esa leyenda, nosotros hemos seguido la expuesta por Pierre Mariel en su libro “Rituales e iniciaciones en las sociedades secretas”, Espasa Calpe, SA, Madrid 1978, págs. 35-42. También puede encontrarse una versión más detallada en “El Secreto Masónico”, Robert Ambelain, Editorial Martínez Roca, Barcelona 1987, págs. 39-51. Si se desea consultar un texto masónico, puede recurrirse a “Francmaçonnerie, Ritual du Grade de Maûtre” por J.-M. Ragon, edición original Teissier, París 1859, págs. 9-15, recientemente reeditado en edición facsímil por Les Rouyat, Ventabren 1976.

(6) “Dictionnaire de la Franc-maçonnerie”, elaborado bajo la dirección de Daniel Ligou, Presses Universitaires de France, París 1987, vocablo “Hiram”, pág. 577.

(7) Robert Ambelain, “El secreto masónico”, op. cit., pág. 219.

(8) Op. cit., pág. 222.

(9) Ambelain, op. cit., pág. 121-122.

 

Mis Frases Celebres XI

Tres principios:

– Sé tu mismo… si es que vale la pena que seas tu mismo

Como decía Séneca: si no quieres combatir, retírare; nadie te impide morir. Un buen morir redime toda una vida

– No esperes nada de donde no haya nada que esperar

No creas en un Papa Nöel enviado por los gestores del pensamiento único, practica la duda y el escepticismo ante todo lo que procede del Desorden establecido.

– Disiente y confórtate con tu disidencia por que tuyo será el reino de la crítica

Si no tienes más arma que la crítica ( argumentada y fundamentada ), utilízala, y si no lee “Rebelión en la granja” y a ver con que animal te identificas.

Será de las cenizas de la crítica de donde nazca un Mundo Nuevo

JÖRG LANZ VON LIEBENFELS y OSTARA

 

Los escritos de un hombre extraño y enigmático, Guido von List -de quien hablaremos más adelante- fueron leídos ávidamente por alguien más joven que él, que los asumiría íntegramente, yendo todavía más lejos en la formulación de la gnosis racista- teosófica. Se trataba de Jörg Lanz von Liebenfels. Había nacido el 1 de mayo de 1872 y conoció las teorías teosóficas poco después de publicarse; a los diecinueve años tomó el hábito cisterciense, de ahí que en sus escritos demostrase un conocimiento profundo de la Biblia y los Evangelios y estuviera familiarizado -y atraído- por los movimientos sectarios del cristianismo -gnósticos, dualistas, templarios, rosacrucianos, etc.-. Lanz introdujo, con posterioridad a su abandono del Císter, un elemento nuevo en la gnosis racista: la veta cristiana, según la cual Cristo –Frauja, en nombre germánico antiguo- era un iniciado ario que se opuso a las fuerzas oscuras repesentadas por la sinagoga. A estos y a otros muchos movimientos sociales Lanz les otorgaba un grado de biológico- existencial inferior al humano: mientras los arios eran los descendientes de los dioses, los pueblos “inferiores” eran los descendientes de los monos; con esta pirueta Lanz incorporaba de un solo golpe la temática evolucionista a sus delirios místico- teosóficos, de un lado, y de otro introducía la antropología y la zoología como ciencias de apoyo a su welstanchaaung. El producto de todo esto sería la “teozoología” y su biblia un libro de título ampuloso y enigmático: “La teozoología o los Simios de Sodoma y el Electrón de los Dioses”, nombre que ya de por sí constituye todo un programa.

El 27 de abril de 1899 abandona el monasterio de Heiligenkreuz, apenas ha resistido tres años la austeridad del monacato y el dogma católico, años que ha aprovechado para algo más que para piadosas plegarias: ha formado sus opiniones doctrinarias -al menos en lo esencial- en la biblioteca del monasterio. No queda claro en qué momento se ha hecho racista, pero lo cierto es que proclama que el Císter ha traicionado su doctrina originaria: una doctrina en la que Lanz advierte elementos simbólicos que encubren una componente racista. Para el prior del monasterio el motivo del abandono es sensiblemente diferente: Lanz no ha soportado el voto de castidad. Y efectivamente, la teorización de Lanz evidencia la existencia de una obsesión enfermiza por la sexualidad.

En torno a 1903 empieza a escribir en publicaciones völkisch y darwinistas. Parece que hacia 1905 ya había completado lo esencial de su formación intelectual. Publica un artículo en uno de estos boletines völkisch titulado “Antropozoon bíblico” en el que defiende como tesis central la existencia de prácticas esotéricas relacionadas con el sexo que se encuentran presentes en los pueblos de origen ario: serán las orgías en Grecia y Roma, serán los misterios sexuales del tantrismo y la presencia de esculturas y relieves de inspiración sexual en las antiguas culturas indo-arias del medio oriente, lo que le dará la pista de tales ritos. Pero, al mismo tiempo, el hecho de que en algunas representaciones iconográficas se incluyan figuras animales le confirmará en una intuición: la “caída” del estado edénico primordial se habrá producido por que los “hijos de los dioses” se unirán con las “hijas de los hombres”,

 

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de qué hombres puede tratarse?: de especies animalescas, se responde, poco evolucionadas. Estos “hijos de los dioses” serán los arios, y a esta raza la llamará Teozoa. Del producto de este mestizaje nacerán cultos satánicos y demoníacos, especies inferiores en estatura -pigmeos- y en capacidades éticas y morales, se tratará de una especia con características animales y, solo accesoriamente humanas: los Antropozoa. Y se tratará de una especie biológicamente condicionada hacia la práctica desenfrenada de la sexualidad, en la medida en que através de la misma se podía corromper a los “hijos de los Dioses”. El Antiguo Testamento es una guía para el pueblo ario -atención, no para el pueblo elegido hebreo- sobre como evitar la tentación de los animalescos seres inferiores.

Lanz evidencia dos carencias: una de carácter psicológica, probablemente fruto de sus años conventuales; una sexualidad mal asumida o asumida junto a un complejo de culpabilidad que la hace nociva; producto de dicho complejo de culpabilidad es la fijación de Lanz contra aquellos que han cometido el mayor pecado, un pecado mucho más grave que sus deseos sexuales execrados por la Iglesia, un pecado, en definitiva, contra la raza; se trata de las razas inferiores, animalescas, de entre las que los judíos destacan de forma señera.

La otra carencia es doctrinal: en los escritos teosofistas la sexualidad ocupa un discreto lugar secundario. Parece como si la Blavatsky apenas concediera mucho interés a aquello que otros han calificado como la “fuerza más grande de la naturaleza”. Así pues para la Blavatsky -y por extensión los teosofistas- en cuya concepción del mundo había mucho de moralismo victoriano, la sexualidad era algo que, en principio podía desviar de la verdadera espiritualidad: la suya. No es raro que Lanz ignorara todo lo relativo a una “metafísica del sexo” y a la posibilidad de una práctica espiritual centrada en el dominio, control y reorientación de la energía sexual.

Tal metafísica tiene su plasmación no solo en el tantrismo (yoga sexual), sino, en toda la tradición alquímica y rosacruz que frecuentemente utiliza el símbolo sexual para indicar la unión entre un principio masculino, activo e ígneo y un principio femenino, pasivo y acuoso: se trata de la imagen del Rebis, de la “cópula regia”, etc. Y si hemos de remontarnos a la antigüedad, la orgía misma y las bacanales eran cultos telúricos y dionisíacos propios de los pueblos mediterráneos y asiático-mediterráneos. Lanz, por el contrario, no elude la problemática sexual, ni tampoco la coloca en segundo plano de su sistema: por el contrario, le da una máxima trascendencia y la sitúa como infraestructura de la lucha racial: Teozoa contra Antropozoa, hijos de los hombres (seres animalescos degenerados, razas inferiores) contra hijos de los dioses (arios).

Lanz escribe sus libros en momentos en los que la ciencia vive plena efervescencia: la física nuclear está en sus primeros balbuceos y la radiactividad ha sido perfectamente establecida y medida; el envío de ondas, la codificación y decodificación de las señales hertzianas hace posible el envío de la palabra y de la imagen. Y todo esto le parece a Lanz -precursor en esto de cierta tendencia actual de la física nuclear y cantase a converger con la metafísica- que da la razón a las tesis teosóficas que consideran la sustancia divina como una forma de “energía” o un estado de “vibración de la materia”. Cuando los “seres superiores” (los “superiores desconocidos” del ocultismo inglés de fines del XIX, los “mahatmas” del teosofismo) transmitían a los elegidos ese particular estado de vibración de la materia, transmitían con él facultades parapsíquicas: clarividencia, telepatía, etc. A esto Lanz le llamaba “electrón de los dioses”.

En 1905 aparece el número 1 de Ostara. Ostara es el nombre de la pascua germánica, su nombre procede de una antigua divinidad estacional indo-germánica. Durante dos décadas y en dos series (la primera de 1905 a 1917 estará compuesta por 89 números y la segunda de 1922 a 1927 llegará al número 101) Ostara será el portavoz de las tesis teosófico-völkisch. El mismo Hitler conocerá la publicación -y según parece- la leerá asiduamente. Los números de Ostara eran monográficos y generalmente estaban compuestos por los textos de un solo autor. Entre los números de la primera serie se encuentra una veintena dedicada

 

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exclusivamente! al sexo y una decena a temas teosofistas.

Lanz se había rodeado de un grupo de teósofos, entre ellos los miembros de la Sociedad List y el propio Guido List, así como del teosofista Harald Grävell van Jostenoode. Este último evidenciará en el monográfico número 2 de la revista la inspiración teosófica: en efecto, esté número se dedicará a exponer las tesis de H. P. Blavatsky sobre las “razas matrices”. Esta teoría fue reconducida por Lanz hacia su particular visión sexo-racista: para Lanz la separación entre Teozoa y Antropozoa se habría producido al debutar en la “escena cosmogónica” la raza Atlante, la “cuarta raza matriz”.

Las teorías de Lanz tienen una doble importancia para nuestro estudio: en primer lugar Lanz es otro de los canales de entrada de las ideas teosóficas en el movimiento völkisch. Su importancia es similar a la de Guido von List, aunque sea altamente tributario de los planteamientos de éste que, incluso, los extremiza. En segundo lugar, la importancia de List radica en la creación de la revista “Ostara” que, como se ha visto, a lo largo de más de dos décadas facilitará el material teórico a una constelación de ligas místico-völkisch de las cuales la Orden del Nuevo Temple y la Orden de los Germanos serán las más significativas.

En cuanto a Ostara parece que contribuyó, si bien es cierto que en una medida no establecida, a la formación de los criterios racistas de Adolf Hitler. Sobre este particular ha existido hasta hace poco contradicción entre los historiadores: para unos se trata de un mito, no consta que Hitler fuera lector de Ostara. Dados algunos temas de la revista, estos historiadores afirmaban que el atribuir a Hitler interés por Ostara era un arma más de la guerra psicológica destinada a ridiculizar al führer el cual se habría interesado por una revista de contenidos, así mismo, ridículos. Pero existen testimonios en contra: en un libro publicado en Alemania en 1958, Wilfried Daim (“Der Mann, der Hitler die Ideen gab”) estudioso de los movimientos sectarios alemanes y sus relaciones con los partidos políticos durante el período de las entreguerras, da cuenta de una entrevista con Lanz en 1951, anciano de más de setenta años. Lanz, a sabiendas de que este testimonio solo le podía causar perjuicios, le refirió que en el curso de 1909 recibió la visita de un joven que dijo llamarse Adolf Hitler interesado por comprar los números atrasados de la revista Ostara. Lanz se los regaló al percibir el estado de miseria del joven. Pues bien, el domicilio que Hitler dejó a Lanz, fue cotejado por Daim coincidiendo con la sórdida pensión en la que el futuro fuhrer residió en ese año en Viena. Un compañero de la misma pensión refirió, igualmente, en un artículo posterior, que Hitler guardaba en su miserable cuartucho un montón de revistas Ostara.

El vínculo entre Hitler-Lanz parece, con todo muy débil, pero hay que tener presente que una vez convertido en canciller del Reich y el NSDAP en partido único, existió una deliberada y sistemática campaña de destrucción de pistas: en el fondo las iniciativas llevadas por Lanz von Libenfels se habían concretado en movimientos y publicaciones en buena medida risibles; es evidente que se intentó borrar pistas de las relaciones del fuhrer con estos movimientos. Los mismos textos de von Sebotendorf fueron prohibidos literalmente en la Alemania nacional-socialista y el resto de teóricos de esta primera hora, lejos de lograr un impulso a sus ideas con la subida del nuevo régimen, o siquiera un mínimo reconocimiento oficial a título de “precursores” se vieron frecuentemente obstaculizados, reducidos al silencio ellos y disueltas sus organizaciones. Capítulo aparte es el hecho de que algunas de sus tesis y varios de sus colaboradores fueron integrados en una institución ciertamente diferenciada del conjunto del régimen: las SS.

 

EL ANDROGINO: LOS DOS SEXOS EN UN SOLO SER – Ernest Milà

 

Tradiciones de oriente y occidente, del norte y del sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vió la luz, carecía de diferenciación sexual : era, masculino y femenino a la vez. Los griegos lo llamaron Andrógino, de Andros, hombre y Ginos, mujer. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la “caída” -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad fue la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño. Para volver a recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino se establecieron distintas vías : sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos…

EL MITO PLATONICO Y SU UTILIDAD

 

Platón en “El Banquete” (parágrafos XIV y XV) recoje a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido por los presocráticos del siglo VI antes de JC. Explica Platón que en el origen de la humanidad existió una raza primordial que contenía en sí misma las dos polaridades, masculina y femenina. Dicha raza era fuerte y temida por los dioses del Olimpo : “Eran extraordinarios por su fuerza y su audacia, y alimentaban en su corazón orgullosos propósitos, que llegaban incluso a pretender atacar a los propios dioses en su morada”. Es difícil no ver aquí el mismo tema bíblico de la revuelta de Lucifer -el arcángel más querido- contra Dios.

Platón afirma un poco más adelante que los dioses no fulminaron a la raza andrógina, sino que se limitaron a destruir su potencia, diviéndolos en sexos. Tal fue el origen de la raza de los hombres y de las mujeres ; en cada uno de ellos, sin embargo, permaneció el recuerdo del estado de perfección originario. Y es por eso que, aun hoy, hombres y mujeres buscan inconscientemente reintegrarse en ese estado edénico primordial mediante la unión acto sexual.

Platón establece el mito del andrógino para explicar dos misterios : el origen del impulso erótico y la naturaleza del estado de perfección. Ni la biología, ni mucho menos la psicología, han logrado explicar cuál es la raíz del impulso erótico ; Platón lo hace a través del mito, entendiéndolo como un intento de recuperar nuestra naturaleza primitiva… una naturaleza que se consideraba perfecta e, incluso, capaz de inspirar temor a los dioses, es decir, superior a ellos. Platón explica la sexualidad como una complementareidad : las dos naturalezas, masculina y femenina, son dos partes de un todo que no encuentran su justificación ni sentido sino cuando reintegran el conjunto único originario.

LA COSTILLA DE ADAN

 

Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Angeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, no son sino seres andróginos y así han sido representados insistentemente por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos se extablecen diferenciaciones sexuales : los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su verga produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las “diablesas”, por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, cuando la esposa del sujeto tentado a asistido a algún akelarre de brujas o a la celebración del sabbath en compañía del diablo masculino.

Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes. El cristianismo, desde los orígenes, mostró un odio teológico hacia el sexo, presente ya en las Epístolas de San Pablo, de ahí que la figura andrógina -que, por lo demás, quedaba relacionada por Lucifer- fuera criminalizada y adquiriera rasgos siniestros.

Pero ese mismo cristianismo parecía ignorar que el primer ser Adán, tenia idéntica cualidad andrógina. Dios no creó a la mujer del barro como hizo con Adán, sino que fue en el curso de un sueño de éste, que se produjo el nacimiento de Eva, a partir de una de sus costillas. Acto seguido se produce el episodio de la tentación de Eva en los mismos términos que el mito del andrógino : si estos provocaban temor a los dioses, la serpiente promete a Eva que si come del fruto del Arbol del Bien y del Mal, serán igual a Yavhé. Es decir, a la separación de sexos, sigue la “caída” y la expulsión del Paraíso, centro de la perfección originaria.

MITOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

 

Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. Maria Sabina, la chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón.

El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo : los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógica, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempos (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad.

Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).

San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas mistéricos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y asi en la Epístola a los Gálatas (3 :28) afirma que el bautismo borra las diferencias entre el hombre y la mujer. En ese mismo tiempo, los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena.

En lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, mujer que fue elevada al trono de San Pedro y dió a luz en el camino hcia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con atributos bisexuales.

Entre las tradiciones orientales no hay diferencia. Existe una representación del Buda de la nueva era que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, existe la tradición de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino.

Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie pues desde el principio de los tiempos existían unidos. En “El Discurso Perfecto” de Hermes Trimegisto puede leerse : “Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo” ; a lo que Asclepio responde : “-¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos ?”. “Si, y no solo Dios, sino todos los seres animados y vegetales”. Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, no son ejemplos aislados, sino que evidencias una línea de tendencia según la cual el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino.

LA ANDROGINIA Y EL REBIS : LA ALQUIMIA DEL SEXO

 

En la literatura alquímica la figura del andrógino aparece de manera obsesiva. Todos los autores herméticos, al llegar al final de la “Obra al Blanco”, es decir, la segunda etapa del trabajo hermético, simbolizan esta etapa. Tras la “Obra al Negro”, caracterizada por la putrefacción de la materia en el horno de fusión, se produce en el interior del matraz una coloración blanca, símbolo de resurrección y animación de la materia inerte ; es la “Obra al Blanco”. Al final de esta fase tiene lugar lo que los alquimistas llaman “unión del Sol y la Luna”, o también “Bodas Herméticas”, que abren el camino a la tercera fase de los trabajos, la “Obra al Rojo” en la cual puede fabricarse el “polvo de proyección” que permite la transmutación de los metales.

Una vez más, la alquimia se hace eco de la inmensa posibilidad de poder que abre la unión del principio activo masculino -identificado con el Sol, el Oro y el Azufre- con el principio pasivo femenino -equivlente a la Luna, la Plata y el Mercurio-. La resultante es llamada por los alquimistas de muy distintas maneras : “cópula filosofal”, “matrimonio entre el Rey y la Reina” y, más especialmente, “Rebis”, es decir, la “cosa doble”.

Frecuentemente se representa al “Rebis” alquímico con alas, una roja y otra blanca, símbolos del Oro y la Plata. Las alas, por lo demás, denotan su sutilidad y volatilidad. Frecuentemente se le presenta coronado, en un símbolo que lleva implícita su pertenencia a una naturaleza regia superior. En ocasiones es descrito sobre un altar cuadrangular, simbolizando a los cuatro elementos que entran en juego en la Obra Hermética.

TROVADORES, CABALLEROS Y TEMPLARIOS

 

Llama la atención como en el siglo XII aparecieron en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Danto, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como “dama del alma” a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica o carnal, ni siquiera platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa “dama” quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.

Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como “ausencia de muerte” (“a”, partícula negativa, “mor-moris”, muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la “Dama” no se referían a una personalidad real, no aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.

Julius Evola, en su “Metafísica del Sexo” escribe : “Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer ; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación“. La “dama del alma”, la “princesa lejana”, la “mujer inaccesible”, pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero”, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con “versos extraños” (tal como decía Dante en el inicio de la “Divina comedia”) era de conectar con su parte femenina : con su alma, la “mujer del conocimiento” o la “Santa Gnosis”, entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.

Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él  y eso lo lograban a través de distintos procedimientos : la lucha y la gesta caballeresca realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una “dama” mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoismo.

Los mismos caballeros Templarios tenían muy presente todo este simbolismo. Entre sus votos figuraba la castidad, sin embargo se decía que “cada caballero tenía a su mujer” y el rito mistérico central del templarismo era la exaltación del Baphomet, una figura andrógina. Frecuentemente en las leyendas templarias nacidas en el tiempo de las Cruzadas se habla de caballeros ejemplares que se unieron a mujeres y de cuyo contacto carnal nació el Baphomet, el ser andrógino. Sería imposible hablar un lenguaje más claro.

ENTRE LA PSICOLOGIA Y LA ESTETICA

 

El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, toda una generación de esoteristas hizo de la androginia el tema central de su teorización. Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán ; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la “Virgen Sofía” era la parte femenina de Adán que luego encarno en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la “caída”, a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo.

Con el paso de las centurias, todas estas afirmaciones, imposibles de entender para todos aquellos que no habían experimentado estados de trance profundo, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica. Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su “anhelo de volver a la androginia”, luego los versos del poeta inglés Cowley, más adelante los casos de algunas feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Antes que todos ellos, William Blake recuperó en varios de sus poemas y en su producción artística el mito del andrógino. “Lo Femenino es independiente de lo Masculino y ambos lo son del Hombre”, había escrito. Honorato de Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, “Serafita”, ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que que los padres de Serafita habían sido discípulos del esoterista sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones sobre ángeles.

Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema : si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se pierden las connotaciones iniciáticas y se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en un nivel diferente, el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el cambio de plano.

Para Jung, tal como explica ampliamente en su libro “Psicología y Alquimia”, la androginia no es sino una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de la creación y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos y, por tanto, es aquel estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.

Todas estas variaciones y derivaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior.

ANDROGINIA Y BISEXUALIDAD, TRANSEXUALISMO…

 

Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad : travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente más grotescas (“drag-queens”) o siniestras (operaciones de cambio de sexo que no son sino auténticas castraciones).

Es preciso encuadrar el fenómeno en su momento histórico. La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Es entonces cuando, sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, se generan una serie de movimientos de liberación sexual ; en el mismo contexto en el cual aparece la píldora y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres (con la pérdida de influencia de la Iglesia Romana en Occidente a partir del Vaticano II), la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo.

La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.

Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con defectos en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías o sus anhelos más íntimos, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban : la identidad sexual contraria.

Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extremizan hasta la caricatura los carácteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillages y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.

Salvador Dalí, el famoso pintor de Cadaqués, se sintió atraído por uno de los primeros transexuales, Amanda Lear, en la que reconoció al segundo gran amor de su vida. Amanda Lear, en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión, le dijo : “Eres angélica, eres el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez”. Dalí, perfecto conocedor del mito del andrógino, como otros grandes artistas del Renacimiento (entre ellos Leonardo, a quien admirada), utilizó frecuentemente como modelos a figuras con los rasgos sexuales ambiguos e incluso, confiesa en distintas obras autobiográficas, que la atracción que sintió por su compañera durante 40 años, Gala, se debió a la visión de su espalda desnuda, que le sugería masculinidad.

Transexualismo y travestismo, con todo lo que tienen de legítimas opciones sexuales, no son más que muestras de la impotencia de la humanidad moderna por comprender e integrar el mito del andrógino, la incapacidad de vivirlo en su sentido metafísico y en sus implicaciones, no solo eróticas, sino, fundamentalmente, espirituales. Tales variantes no son sino una parodia, en ocasiones incluso grotesca, del andrógino primordial.

LA PERFECCION = COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS

 

Lo que caracteriza a la naturaleza humana es que desarrolla su actividad cotidiana en el universo de la dualidad : bueno-malo, blanco-negro, positivo-negativo, correcto-incorrecto. Este lenguaje binario estaba ya implícito en el tema de la caída adámica : el fruto del que deriva la tragedia de nuestros primeros padres es el Arbol del Bien y del Mal, esto es, el árbol de la dualidad.

Uno de los motivos que encierra el mito del andrógino es el tránsito de la Unidad a la Dualidad, es decir, de la “coindicencia de los opuestos” al “conflicto entre los opuestos”. Esta queda superada por el “misterio de la conjunción”, es decir, de la reintegración del ser en el estado primordial. De ahí la sacralizacion de la sexualidad que realizan distintas tradiciones, para las que el sexo tiene tres niveles : el puro gozo, la procreación y la experiencia de la trascendencia ; a éste último se refiere el tema del andrógino.

 

 

RAMON LLULL: LA SORPRENDENTE VIDA DEL DOCTOR ILUMINADO

Allí donde se producía alguna gran convulsión de su tiempo, allí iba Llull a proponer soluciones y examinar desde cerca el problema; allí donde se avecinaban grandes conflictos, Llull era capaz de intuirlo y ofrecer su mediación; donde la ciencia de su tiempo estaba atascada, Llull juzgaba que bien valía aprestarse a darle un impulso.

EPISODIOS MITICOS

Llull había nacido en Mallorca entre el 1233 y el 1235. El “Directorio de los Inquisidores” dice de él que era “catalán, mercader, oriundo de Mallorca, era laico, fantasioso, impérito, que había escrito unos cuantos libros en lengua catalana vulgar, porque era totalmente ignorante de la gramática”. Quien le dedicó estas líneas -el inquisidor Nicolau Eimerich- evidentemente no le tenía mucha simpatía. Lo único que hay de cierto en estas informaciones es su lugar de nacimiento y la profesión de sus padres que pudieron darle una desahogada situaciones económica. Como San Ignacio de Loyola, durante su juventud fue un aventurero de pocos escrúpulos, perseguidor de mujeres y amante impenitente.

Emprendió su camino de Damasco al quedar prendado por la belleza de una noble genovesa, Ambrosia de Castello a quien asedió. Es célebre su irrupción a caballo en una iglesia para depositar a los pies de su amada un madrigal. Tras este episodio, Ambrosia aceptó recibirlo en sus habitaciones y teniéndolo con él empezó a desnudarse, no para satisfacer los ímpetus del joven Llull sino para mostrarse un seno carcomido por un cáncer. El mismo Llull contó el episodio explicando como retrocedió horrorizado. En sus oídos quedaron grabadas las palabras de la dama: “Míralos bien Raimundo; contempla la fealdad de este cuerpo que ha conquistado tu afecto. ¿No harías mejor consagrando ese amor a Jesucristo?”.

Se retiró a meditar y pensó que el ejercicio de la lírica trovadoresca podría calmar su angustia; pero la poesía no logró serenarlo. Se le apareció una cruz y la rechazó; y aun hubo de aparecer tres veces más la visión para que comprendiera su vocación. A partir de ese momento Llull decide entregar su vida “a señores que no se corrompan jamás” y el único que conoce así es Dios. Quiso ratificar esta decisión mediante una acto que demostrase lo muy atrás que había quedado su disipada vida anterior. Y peregrinó a Santiago de Compostela. Llull sitúa este viaje en 1267, cuando contaba treinta y tres años… Demasiado simbolismo para no tomar esta peregrinación como una alegoría, que habían utilizado ya otros muchos hermetistas, como Nicolás Flamel o Basilio Valentino.

Llull aportó varias innovaciones a la alquimia: ideó un recipiente de destilación llamado “pelícano” y un “sello hermético” para cerrar los recipientes en el interior de los cuales se cuece el compuesto filosofal. Estas aportaciones son descritas ampliamente en su “Elucidación del Testamento” uno de los tratados alquímicos que se le atribuyen. En otro tratado llamado “La Clavícula” describe todo lo necesario para la realización de la Gran Obra, lamentablemente, siempre en lenguaje alegórico o simbólico: “Hemos llamado Clavícula a esta obra porque sin ella es imposible comprender los demás libros nuestros, cuyo conjunto cubre el Arte entero y porque nuestras palabras son oscuras para los ignorantes”, son sus primeras frases. Y advierte también en la introducción “Tened cuidado de revelar este secreto a los malos, no lo comuniquéis sino a vuestros amigos íntimos, aunque no deberíais revelarlo a nadie, porque es un don de Dios que con él hace un regalo a quien le parece bueno. El que lo posea, tendrá un tesoro eterno”.

LLULL Y LOS “NOBLES DE LA ROSA”

 

Toda la actividad de Llull en relación a la alquimia está envuelta en el misterio. Y sin embargo corren aun entre los coleccionistas unas monedas acuñadas, según se dice, con oro obtenido por Lull en una memorable transmutación en la Torre de Londres.

Para Lenglet de Fresnoy, autor de la muy celebrada “Historia de la Filosofía Hermética”, Llull se desplazó a Londres en 1312 llamado por el rey Eduardo de Inglaterra. Como veremos, en esa época, el místico defendía la idea de una nueva cruzada y viajó con la intención de pedir financiación para dicho proyecto a los reyes de Inglaterra y Escocia. Ambos monarcas alegaron falta de medios económicos para justificar su negativa a participar en la operación.

Llull prometió facilitarles la suma que pidieran y para ello instaló en la Torre de Londres su laboratorio hermético. A los pocos días estuvo en condiciones de operar la transmutación obteniendo una extraordinaria cantidad de oro con la que se acuñaron unas monedas conocidas como los “Nobles de la rosa”. Lenglet de Fresnoy añade que “Todos aquellos que han examinado esas piezas, tan curiosas y buscadas en Inglaterra, reconocen que son incluso de un oro más perfecto que el de los Jacobos y otras modernas antiguas de oro de este tipo. Hay incluso una inscripción que los distingue y que muestra que las piezas fueron hechas por una especie de milagro”. La inscripción dice así: “De la misma forma que Jesús había pasado invisible por entre los fariseos, así el oro alquímico pasa inadvertido entre vosotros”.

La existencia de los “Nobles de la Rosa” es incontrovertible, así como la presencia de Llull en Inglaterra; todo lo demás está envuelto en la leyenda. Ciertamente buena parte del centenar de tratados alquímicos atribuidos a Llull es manifiestamente falso y entre las suspicacias que despertó en el Gran Inquisidor Nicolau Eimeric no figura la práctica de la alquimia, pero si se alude, en cambio, a la práctica de la nigromancia. Efectivamente, la acusación aparece en el tratado acusador de Eimeric titulado “Fascinació de los lul.listas” escrito con posterioridad a la muerte de Llull. En otra obra análoga, el “Directorio de los Inquisidores” se acusa a Llull de haber divulgado obras “obtenidas mediante arte diabólica, porque no le había sido comunicada por los hombres, ni por el estudio humano”. Tanto la acusación de nigromancia, como la alusión a las artes diabólicas, eran frecuentemente eufemismos que los inquisidores utilizaban para evitar hablar del noble arte de la alquimia que inmediatamente suscitaba el favor popular y la posibilidad de apoyos de la nobleza.

LA ESCUELA LULIANA

 

Llull tardó siete años en apaciguar su espíritu, luego emprendió su viaje real o imaginario a Santiago como inicio de una serie de desplazamientos por las grandes orbes del mundo conocido. En 1265 regresa a Palma de Mallorca con un bagaje cultural envidiable.

Nuevamente encontramos un episodio en la vida de Llull que es imposible dilucidar lo que tiene de realidad y de símbolo. Un esclavo árabe de su propiedad se reveló; blasfemó de Cristo e hirió a Llull. Luego se suicidó. Llull entró como terciario en la orden franciscana y meditó en la soledad del monte de Randa, situado en el centro geométrico de Mallorca. En el lugar donde hoy se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Cura se hallaba la cueva elegida por Llull para retirarse en 1273 durante ocho días; fue allí donde tuvo su primera iluminación de la que saldría el “Ars Magna”. Concentrado en sí mismo, de repente alzó la vista hacia el árbol que le cubría con su sobra y pudo ver en las hojas las letras ordenadas que comprondían su obra capital. Durante cuatro meses, volvió a tener visiones angélicas y con ellas la revelación de toda la ciencia de su tiempo. Estas visiones le acabarían otorgando el título de “Doctor Iluminado”.

El rey Jaime de Mallorca se interesó por esta obra y facilitó los medios para la puesta en marcha del Colegio de Miramar, escuela de misioneros y traductores especializados en llevar la palabra de Dios a los países dominados por el Islam. Trece franciscanos fueron sus primeros alumnos. Llull pretendió crear instituciones de este tipo por toda la cristiandad, convencido de que era posible convertir a los musulmanes mediante la argumentación.

Intentará que el Papa Honorio IV aprobara su sistema de formación de misioneros, pero el día en que puso el pié en Roma -el 3 de abril de 1287- el papa acababa de morir y Llull se retiró a París. En la Sorbona disputó con Duns Scoto del que llegaría a ser gran amigo. El canciller de la Universidad, Bertaud de Saint Denis le permitió enseñar sus teorías. De esa época data el “Libro de las Maravillas”. Luego en Montpellier escribió el “Arte Inventiva” y el “Arte Amatoria”. Buena parte de esta producción parece de corte oriental; ya por entonces Llull era un perfecto conocedor de la literatura árabe; había leído los textos sufíes y la poesía musulmana y encontró en ellas inspiración y técnicas precisas.

Pasó por Montpellier e incluso es posible que hubiera conocido personalmente a Arnau de Vilanova. Contrariamente a Arnau, Llull no cree en la venida inminente del Anticristo -contra el que, por lo demás, escribe un opúsculo- pero, ambos coinciden en la necesaria reforma de la cristiandad que, como veremos, pasaba por la organización de una nueva cruzada y de la conversión de los infieles. Difunde estas tesis en los medios universitarios y entre los franciscanos espirituales. Pero, poco a poco, se va conveniendo de que en esto existe demasiada teoría y que es preciso predicar con el ejemplo.

Tras una crisis interior decidirá desplazarse a Barbaria (Túnez) para predicar entre los infieles su “Arte”. Estaba convencido de la infalibidad de su método, obtenido por revelación divina. Algunos historiadores opinan que Llull buscaba desesperadamente el martirio. No lo conseguiría ni en este viaje ni en otros dos posteriores. A la expedición a Túnez seguiría otra en 1301 a Chipre y Armenia y una siguiente a Bugia. No hubo martirio, ni tampoco resultados positivos; los años siguientes serían igualmente parcos en éxitos… tanto para Llull como para la cristiandad.

LLULL Y LA ORDEN DEL TEMPLE

 

El siglo XIII no terminó bien para la cristiandad. San Juan de Acre fue ocupado por los musulmanes y la pérdida de Tierra Santa en 1291 constituyó un verdadero trauma para la cristiandad. En su momento todavía no se advirtió, pero aquella derrota constituía el fin de una forma de concebir el mundo y entrañaría, por eso mismo, la crisis de las Ordenes Militares.

El período que va de 1291 hasta 1307, año en que son detenidos los templarios, está marcado por la búsqueda de un culpable de la derrota. Los reyes, por lo demás, habían perdido de vista, en su gran mayoría, los objetivos heroicos y el espíritu de las cruzadas, les interesaba mucho más ordenar sus reinos, doblegar a la nobleza feudal e iniciaban visiblemente un proceso de concentración de poder que debería culminar un par de siglos después con la constitución de los primeros estados nacionales. Los reyes eran los primeros en necesitar un culpable a quien señalar y si, por lo demás, podían requisar sus fondos y llenar con ello sus arcas, mucho mejor. Durante estos quince años, particularmente en Francia, la Orden de los Caballeros Templarios fue el chivo expiatorio al que se responsabilizó de todas las desgracias de la cristiandad. Tampoco los Caballeros Teutónicos, ni los Hospitalarios se vieron libres de críticas y acosados por papas y reyes. Sin embargo, iban a ser los templarios, las verdaderas víctimas de este triste episodio que prefigura la historia moderna de Europa.

En los primeros años del siglo XIV se hizo evidente que la política templaria no coincidía para nada con la de Felipe el Hermoso rey de Francia. Este, por lo demás estaba endeudado desde el 1300 con los templarios que le habían prestado cien mil libras para costear su corte. Felipe debió refugiarse en la Torre del Temple de París hostigado por sus súbditos. En esos años los templarios se habían manifestado partidarios de limitar el poder real en beneficio de las instituciones feudales, religiosas y corporativas. Felipe comprendió pronto que su suerte personal estaba ligada a la de estos caballeros cuya tutela jamás lograría sacudirse. Así que decidió exterminarlos con la complicidad y aquiescencia del papa Clemente V, pues tampoco el papado veía con buenos ojos el poder templario y se había hecho eco de los rumores que corrían sobre extrañas ceremonias y ritos iniciáticos aprendidos en Tierra Santa por el contacto con sectas musulmanas. Desde 1179 llegaban acusaciones del clero contra la orden, pero su valor en el combate y la copiosa sangre templaria derramada en defensa de la cristiandad había acallado todas estas fabulaciones.

A principios del siglo XIV se vivía otro clima muy diferente. En esos momentos Ramon Llull aparece en escena. Escribe una misiva al papa Nicolás IV titulada “De qué manera se podrá recuperar Tierra Santa” que contiene una propuesta audaz ya que no original. En efecto, desde mediados del siglo XIII, Federico II había propuesto un plan de unión de las tres principales órdenes militares. Llull lo recupera cincuenta años después y considera que solamente la fusión podría crear una punta de lanza lo suficientemente aguerrida como para que la cristiandad pusiera de nuevo pies en Tierra Santa. El Temple, los Hospitalarios y Teutónicos deberían aliar sus fuerzas en la “Orden del Espíritu Santo”. Llull se desplazó a Chipre para entrevistarse con Enrique II, rey de los Santos Lugares que permanecía en esa isla, último reducto del Reino Latino. No obtuvo nada de lo que pedía, ni apoyo para su proyecto, ni tan siquiera permiso para marchar en busca del misterioso reino del Preste Juan en la ruta hacia Oriente. En Famagusta fue recibido por el Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, quien tras acogerle le negó igualmente cooperación. Molay no pensaba que su orden pudiera ser liquidada solo tres años después, se veía maestre de la organización militar más poderosa de su tiempo, con 30.000 combatientes, 9.000 encomiendas y miles de toneladas de metales preciosos en sus arsenales.

Ramón Llull no se rinde. Está persuadido que la cristiandad va a derrumbarse y es preciso preparar la llegada del Reino del Divino Paráclito, ese Espíritu Santo, cuyo nombre quiere que sea el de la Orden Militar nacida de la fusión de las otras tres. Llull marchará a entrevistarse con Jaime II de Aragón en 1305; para él ha escrito “Liber de Fine” que el rey remitirá a Clemente V. Débil y temeroso, el papa tiene conocimiento de la conspiración que Felipe el Hermoso está tramando contra los templarios y pretende encontrar una salida en la fusión de las órdenes militares. La lectura del documento de Llull inspirará una misiva a los maestres de las tres órdenes en donde les sugerirá seguir el consejo de Llull. Pero la carta quedará sin respuesta durante muchos meses y cuando De Molay se digna contestar, la negativa, educada y correcta en su forma, es radical en su fondo. El 13 de octubre de 1307 la suerte está echada para los templarios que son detenidos en todas las encomiendas situadas en territorio francés.

Pero tampoco este descalabro para la caballería medieval indujo a Llull a la pasividad o la renuncia a su proyecto; antes bien, volvió a escribir al papa para pedirle la celebración de un concilio que tratara sobre la disolución de la Orden y reconsiderara, a la luz de los nuevos acontecimientos, su proyecto de reconquista de Tierra Santa y fusión de las órdenes militares. Llull, sin entrar en la legitimidad de las acusaciones de Felipe el Hermoso contra la Orden, admite que los intereses templarios se han trasladado a Occidente, después de la pérdida de Acre y Jerusalén y considera que aquí entran en contradicciones con las distintas monarquías nacionales en formación. La única solución al problema consiste en unificar esfuerzos, aprovechar el legado templario y sus riquezas, para impulsar una nueva cruzada. Ingenuamente escribe al rey de Francia su memorial “Liber de natali pueruli parvuli Christi Iesu”, pidiendo apoyo para su proyecto. El Rey quiere la destrucción de la Orden y su oro. Otro tanto harán, con mayor o menor rapacidad, todos los reyes de la cristiandad. Llull intentará inútilmente salvar su proyecto en el Concilio de Viena.

Morirá un año después de que Jacques de Molay y los altos dignatarios del Temple fueran quemados en una pequeña isla del Sena, tras Notre Dame de París, cuyas torres jamás acabarían los canteros medievales como protesta por la ejecución de quien tanto les ayudó.

 

 

 

ORIENTACIONES PARA EL NAVEGANTE DE LA “NUEVA ERA”

La búsqueda de los llamados “estados alterados de conciencia” se ha convertido en una constante de buena parte de los movimientos vinculados a la “New Age”. La cuestión radica en si tales “estados” evidencian algo más profundo que modificaciones del psiquismo a los que puede llegarse mediante técnicas muy simples que nada tienen que ver con la verdadera espiritualidad, o si, por el contrario, conducen a la experiencia mística y al conocimiento del eje central de nuestro ser.

ESTADOS ALTERADOS Y EXPERIENCIA MISTICA

 

Tanto en estados alterados de conciencia como en la experiencia mística, el sujeto sufre una ruptura con el nivel de conciencia ordinario. Ambas experiencias son, en su fenomenología, relativamente similares; la diferencia estriba en la vía que conduce a cada una de ellas.

Los estados alterados pueden experimentarse con cierta facilidad dentro de un sinnúmero de sectas, grupos religiosos, o bien, aisladamente; se trata siempre de estados inducidos por algún elemento alógeno, exterior al sujeto: frecuentemente a través de una reacción bioquímica sobre la sangre, obtenida a través de sustancias que libere neurotransmisores (drogas), o bien mediante una saturación o sobrecarga de los sentidos físicos (bailes frenéticos y ruido sincopado, principalmente).

La experiencia mística, por el contrario, es autógena. No le viene injertada al sujeto desde fuera de su organismo, sino que es el propio sujeto quien la controla en lugar de ser controlado por ella. Alguien que consuma drogas difícilmente podrá alcanzar el estado de arrobamiento producido por el cannabis o la sensación de distorsión de la realidad objetiva del LSD, cuando no disponga de tales substancias; sin embargo al místico y al asceta, le bastará con una decisión de su voluntad para entrar en un estado de completo abandono y unión con lo trascendente.

La duda surge cuando se proponen “técnicas de control mental” en las que, al no haber intervención exterior, parece que se permanece en un terreno próximo a la mística. Sin embargo, también aquí se permanece alejado de la verdadera espiritualidad. Otro factor que entra en juego.

LA CUESTION DEL EGO

 

La divisoria entre verdadera y falsa espiritualidad puede establecerse a partir del análisis sobre el papel del Ego. Las verdaderas escuelas místicas coinciden en una terrible apreciación: el Ego no tiene entrada en la verdadera espiritualidad; añaden que la existencia del Ego sustrae al hombre la posibilidad de una experiencia trascendente y de comunión con lo Absoluto. Así pues, el Ego debe morir allí donde se quiere afrontar la experiencia mística. Toda iniciación mistérica, desde la más remota antigüedad, implica un proceso dialéctico de muerte del “hombre viejo” (del Ego) y renacimiento del “hombre nuevo”.

Por el contrario, el neo-espiritualismo derivado de movimientos ocultistas nacidos a mediados del siglo XIX, pretende lo opuesto. No es raro que se aluda al “crecimiento personal” (esto es, del Ego) o se intenten satisfacer las necesidades de emociones fuertes de los adeptos mediante unas teorías sumamente confusas de las que los libros de Helena Petrovna Blavatsky y de quienes la han seguido (desde Anni Besant hasta Alice Ann Bailey) son paradigma, o bien mediente experiencias inducidas por auto-hipnosis (a lo que muy frecuentemente se reduce el “desdoblamiento astral”).

Es curioso que muchos textos tradicionales que describen la experiencia mística y el camino para alcanzarla, insistan en la necesidad de “ignorancia” por parte del sujeto. Recuérdese el título de aquel texto clásico inglés del siglo XIV, “La nube del no-saber”, o los consejos de Cristo llamando a la simplicidad y sencillez de quienes le seguían (que no tendrían entrada en el reino de los Cielos de no ser como niños). Así mismo los textos del Buda o la “Imitación de Cristo” son extremadamente sencillos en su comprensión, carecen por completo de sofisticaciones y se diría que están reducidos al núcleo de lo que es meramente esencial.

Por el contrario, los textos ocultistas suelen ser espesos, repletos de divagaciones, en ocasiones de contradicciones, abundan en datos inútiles que no sirven en absoluto para potenciar ninguna experiencia interior, sino solamente para satisfacer una fatua necesidad de saber más que los demás, esto es, de engorde del Ego. Muy poca importancia puede tener para un teósofo el conocer la -por lo demás muy discutible- “teoría de las razas matrices” de la señora Blavatsky o la estructura -todavía más discutible- de los “cuerpos superiores” de la persona, en la que deberá creer como mero acto de fé.

Si, allí donde existe Ego no existe espiritualidad, deberemos aceptar que todo lo que “engorda” el Ego -incluso la erudición- arrincona la espiritualidad. Los grandes metafísicos de la Edad Media condenaban con singular dureza lo que llamaban “orgullo intelectual” de algunos de sus contemporáneos, condena que puede inscribirse en este contexto.

LAS DOS VIAS EN LA TRADICION EGIPCIA

 

Estamos ante dos caminos opuestos que aparecen con la historia misma de la humanidad. Los viejos mitos egipcios aluden a dos concepciones de la espiritualidad que encajan con las dos aportaciones étnicas que concurrieron en la formación de esta cultura.

El mito solar de Osiris, tiene su contrapartida en la figura de Seth, su acérrimo enemigo. Restos de una civilización de origen atlante se superpusieron al estrato negroide originario; la sociedad resultante se estratificó en castas. De ahí que sea aceptable la opinión de René Guenon, según la cual el mito de Seth evidencia la lucha de la casta guerrera contra las castas superiores. Los datos más antiguos que conocemos sobre Egipto datan del cuarto milenio; el país estaba dividido entre el Norte que adoraba a Horus y el Sur que tenía por dios a Seth. Finalmente el Norte doblegó al Sur y unificó el país.

Por otra parte, no hay que olvidar que la tradición egipcia es intermedia entre la tradición atlante y la judía en la que también aparece el tema de Seth; en este caso como hijo de Adán. Pero mientras en el judaismo, Seth vuelve al Paraíso perdido por su padre y es, por tanto, un símbolo del Orden, en la tradición egipcia, Seth es el dios del Caos y la Destrucción. Ambos aspectos de Seth son equivalentes a las figuras de Caín y Abel y, como anota Jean Robin, dos aspectos opuestos y contradictorios como “las dos serpientes del caduceo”. Guenon y Robin llaman “iniciático” al linaje de Horus y Osiris, y “contra-iniciático” al linaje de Seth.

SETH Y EL OCULTISMO MODERNO

 

René Guenon escribe: “Tenemos razones para pensar que el culto a Seth ha llegado hasta nuestros días y algunos afirman que debe continuar hasta el fin del ciclo actual”; y esto plantea una cuestión ¿en qué instituciones sigue vivo –al menos en su espíritu- el culto a Seth?

Los dos linajes de la tradición egipcia se transmitieron de una generación a otra, dando lugar, de un lado, al esoterismo en su forma más pura, la tradición hermética y la alquimia, pero también a formas religiosas exotéricas, a partir de ciertos sincretismos, como el judaismo y el cristianismo. De otra parte la tradición sethiana pasó a los dioses telúricos y ctónicos del mundo clásico, dioses de la naturaleza, ligados a la floración desmesurada de los campos y a lo orgiástico; luego, permaneció en la sombra durante siglos, hasta que a mediados del XVIII y XIX volvió a manifestarse en los embriones de lo que luego serían las distintas corrientes ocultistas. Cagliostro, la Hermandad Hermética de Luxor, el Movimiento Cosmico (del francés de Max Theón y el ruso de Fiodorov), y, finalmente, en el Rito masónico de Menphis-Misraïm. Prácticamente todos los fundadores de movimientos ocultistas en los últimos cien años han estado ligado al Rito de Menphis, disidente de la masonería regular. Desde Helena Petrovna Blavatsky fue iniciado en él y alcanzó el grado de Princesa Corona, a Serge Raynaud de la Ferriere, fundador de la Gran Fraternidad Universal, pasando por Aleister Crowley.

La Hermandad Hermética de Luxor, a la que, entre otros perteneció H.P. Randolph, uno de los difusores de técnicas de magia sexual en EE.UU., ofrecía un nivel bastante más alto que el de los actuales grupos ocultistas. Su gran atractivo eran “los poderes paranormales” de los que hacían gala sus altas jerarquías. Una vez más encontramos en este tipo de asociaciones la característica propia de la falsa espiritualidad: alentar el crecimiento del Ego mediante la adquisición de poderes “sobrenaturales” y la realización de “proezas” psíquicas, esto es, de fenómenos que no pueden explicarse según la lógica y la ciencia racional.

Encontramos también un número desmesurado de socialistas utópicos e incluso anarquistas en el Rito de Menphis-Misraïm; desde el revolucionario Blanqui, hasta entre los hermanos Reclus, anarquistas, es decir, entre aquellos sectores que, en el siglo pasado, querían ir más lejos en la destrucción del orden anterior. El espíritu tinánico y de revuelta de la tradición sethiana seguía manifestándose en estos revolucionarios decimonónicos.

Así pues, en rigor, en lugar de hablar de “falsa espiritualidad” deberíamos referirnos a “espiritualidad sethiana”.

LA TECNICA DE ASCESIS

 

El Ego, esto que buena parte de grupos neo-espiritualistas quieren seducir, saturar y engordar mediante distintas técnicas, está compuesto por un soporte físico -el cuerpo- y un bagaje mental -el espíritu-. Ambos forman la personalidad. El razonamiento de las corrientes místicas es el siguiente: 1) existe un poso más profundo e íntimo en el ser humano, el alma, 2) el alma es la presencia trascendente y divina en el ser humano, 3) el sujeto no conoce la realidad trascendente del alma, porque ésta se encuentra ahogada por el Ego que la recubre como el barro puede ocultar el brillo de un diamante, 4) la técnica mística consiste en ir eliminando el recubrimiento opaco para que sobresalga la luz de la trascendencia.

?Cómo se lleva esta técnica a la práctica? 1) se trata de ir atenuando la influencia del Ego sobre el conjunto humano, 2) lograr que el elemento mental y volitivo -el espíritu- sea disminuido en su poder y “rectificado”, purificado y en lugar de estar dominado por las necesidades del elemento inferior -el cuerpo- esté más próximo a la naturaleza del superior -el alma-, 3) suspendiendo la influencia del espíritu sobre el cuerpo físico, éste libera el principio trascendente, y queda bajo su influencia 4) a través de la activación del principio trascendente se produce la identificación con la Divinidad que comparte su misma naturaleza.

Tal es la técnica que caracteriza a la verdadera espiritualidad.

LAS TECNICAS DE ENGORDE DEL EGO

 

Las escuelas de “control mental” y buena parte de lo que cabalga con la “New Age”, van en la dirección de un reforzamiento de los lazos del Ego con el mundo de lo contingente. Nacidos en el contexto cultural norteamericano, tienden a “rentabilizar” los procesos mentales, extrayendo un mayor rendimiento de las posibilidades del sujeto.

Dado que el “pensamiento todo lo puede” -Louise Hay dixit-, ejerciendo un control sobre él, se puede alcanzar cualquier meta. Esto es, en parte, cierto, pero de lo que se trata es de tener muy claro que puede buscarse el control del pensamiento con fines exclusivamente de poder y afirmación de la personalidad, o bien para atenuar su fuerza sobre el elemento trascendente al que aludíamos. Y mucho nos tememos que, dadas las ambigüedades y malentendidos que rodean a este tipo de movimientos, lo que entienda la persona que se acerca a ellos es como “mejorar” su rendimiento y obtener “poderes maravillosos” en lugar de “matar” su Ego.

Esta confusión se produce incluso en el terreno religioso. El cristianismo sostiene que la oración debe ser tenida como acto de homenaje a Dios realizado con devoción y total abandono del Yo, mientras que frecuentemente el cristiano de a pié la considera como un instrumento de petición de algo, un beneficio, en cualquier caso, que refuerza el Ego. A decir verdad, la Iglesia ha tolerado durante siglos el malentendido y permitido que las gentes se acercaran a los templos para pedir, por vía irracional, aquellas situaciones ventajosas que no pueden alcanzar por su propio esfuerzo. Hay en esto mucho de superstición, pero también un aspecto “sethiano”. Lo trascendente solo puede ayudar y hablar a la parte trascendente del sujeto, en absoluto a los vehículos contingentes (cuerpo y mente).

LA CONFUSION ENTRE LO PSIQUICO Y LO ESPIRITUAL

 

Llegado a este punto resulta evidente que buena parte del ocultismo contemporáneo, algunas formas de religiosidad y buena parte de los movimientos vinculados a la “New Age”, sufren una confusión entre los “psíquico” y lo “espiritual”.

La primera muestra de esta confusión procede del espiritismo. Los espiritistas han llegado a considerar los fenómenos que suceden en sus sesiones como manifestaciones de entidades superiores, cuando en realidad pertenecen a un nivel mucho más bajo. Lo psíquico es el soporte inmaterial de la personalidad; al producirse la muerte, con la desaparición del soporte físico, la energía mental queda liberada y sufre el mismo destino que las brasas de una hoguera, que se mantienen al rojo tiempo después de que la llama se haya extinguido, extinguiéndose, a su vez, en un período más o menos breve. Pues bien, en el mejor de los casos, los espiritistas entran en contacto con este tipo de entidades.

En cuanto a los “poderes psíquicos” (clarividencia, precognición, telekinesia, etc.) tampoco son muestras de verdadera espiritualidad sino consecuencia directa del conocimiento de las leyes de la naturaleza y, consiguientemente, de la manipulación y el aprovechamiento de fuerzas sutiles que actúan en ella. Pertenecen más al terreno de la magia que al de la espiritualidad.

Lo espiritual pertenece a un nivel diferente. Los “poderes” obtenidos son consecuencia de sus prácticas, en absoluto el objetivo principal que persigue el sujeto. La verdadera espiritualidad no busca la obtención de poderes, sino la extinción del Ego y la unión con lo Absoluto. La técnica fundamental que utiliza es la práctica de la meditación es decir el logro del vacío mental mediante el no-hacer. A esto se unen visualizaciones y técnicas de evocación e inhibición del Ego (repetición de mantras, contemplación de formas geométricas o yantras, adopción de posturas rituales, mudras).

Toda técnica espiritual se propone hacer vivir al sujeto el aquí y el ahora, lograr que fije y serene su conciencia en el momento presente. El zen es probablemente la doctrina que más lejos ha llegado en esta dirección ritualizando cualquier tipo de actividad cotidiana: existe una forma zen de andar, hacer el amor, trabajar, combatir, tirar con arco, realizar arreglos florales, etc. La serenidad interior y la fijación en actividades cotidianas hace que la mente dispersa y contradictoria se unifique, ahorre energía, se estabilice, gracias a lo cual afloran estratos más profundos del Ser…

LA FUERZA DE LAS SECTAS

 

El ímpetu con el que los cátaros se arrojaban a las hogueras inquisitoriales o los cristianos a los leones, no pueden explicarse solo por su simple “fé” o a través de causas sociológicas, como tampoco éstas explican la dedicación de que hacen gala los miembros del Opus Dei o el fanatismo de organizaciones como los Hare Khrisna, Niños de Dios y algunos grupos ocultistas. Hay algo más profundo y misterioso.

En las sectas están presentes dos elementos: la ideología común a todos sus miembros y técnicas de control mental y manipulación.

Todos estos grupos se aseguran la fidelidad y el fanatismo de sus miembros mediante la utilización de una serie de “trucos” que desencadenan en el sujeto amagos de “experiencias místicas”, cuando no son, en realidad, sino alteraciones de la percepción. El elenco de estos trucos es bastante abultado y son muchos los grupos que han apelado a ellos, en ocasiones, conscientemente y en otras de manera casual.

Los cultos y rituales de estos grupos suelen realizarse en habitaciones pequeñas; habitualmente están presentes varios miembros del grupo e, incluso es posible que de manera continuada, arda una o varias velas y el lugar esté adornado con flores y plantas. Se reza en voz alta; apenas existe ventilación y, muy frecuentemente, en la sala arde incienso. Gracias a todo esto se altera la composición de la atmósfera del lugar. Basta que se pase a una concentración de siete partes de oxígeno por tres de anhídrido carbónico, para que los asistentes, dependiendo de su complexión y otros factores constitucionales, sufran alteraciones de la percepción. Al quemarse oxígeno, que apenas se repone y generarse CO2, antes o después aparecen las alteraciones de la conciencia.

Si a esto añadimos un ambiente de penumbra, la vibración generada por jaculatorias y rezos cadenciales, la existencia de objetos de oro y metales preciosos que provocan irisaciones, otros objetos para fijar la mirada, y un estado de debilidad física generado por el exceso de trabajo en pro de la secta, completado con ayunos y alimentación deliberadamente deficiente y poco adecuada para reponer al organismo de los esfuerzos solicitados, entonces, las posibilidades de tener “visiones beatíficas” y éxtasis aumentan exponencialmente.

LA SANGRE Y EL DOLOR

Las alteraciones en la química del cerebro se producen a través de la sangre. El CO2 penetra en los

alvéolos pulmonares, donde se une a los glóbulos rojos y, con ellos, llega al cerebro. Hay otras formas de lograr alteraciones de conciencia por la vía sanguínea. Una de ellas es mediante el dolor.

La existencia de masoquistas no viene dada solo por una desviación de la sexualidad convencional, sino por algo más complejo. El masoquista, de hecho, goza con la experiencia del dolor y, son muchos los testimonios de seudo-místicos para los cuales flagelarse o colocarse cilicios, ha supuesto un gozo trascendente. En realidad lo que ocurre es que la compresión que el sujeto hace de sus músculos, cuando estos están sometidos a la posibilidad de un castigo de este tipo, se une a la vasoconstricción y a la alteración del ritmo respiratorio y, por consiguiente, a la modificación del riego sanguíneo. La sangre disminuye su presencia en algunas zonas del cerebro cuyos capilares siempre la habían conducido o bien entra en otras donde que jamás conoció. En ambos casos se produce una alteración de la conciencia ordinaria.

No hay que olvidar que “la sangre es vida” y que su papel es muy importante en el organismo y en las concepciones esotéricas. Se tiene a la sangre por vehículo del “elemento ígneo” que posee nuestro cuerpo, algo así como los rayos de un sol que salen del corazón. Algunas escuelas herméticas decían incluso que el alma se vehiculiza en la sangre. Muchas de las técnicas empleadas en distintos contextos geográficos y culturales tienen por objeto elevar el calor corporal mediante la concentración sobre la sangre que así se ve libre de toxinas e impurezas.

CONCLUSION

 

Vía de Osiris y Vía de Seth, iniciación y contra-iniciación, verdadera y falsa espiritualidad, son el producto de dos concepciones diferentes y antagónicas del hombre y de la trascendencia: la que busca domar y aminorar la influencia del Ego y la que pretende saturarlo y darle poderes titánicos. La verdadera espiritualidad no busca otra cosa que decir con el Buda: “¿Que es lo que he ganado con años de meditación? No he ganado nada, lo he perdido todo”.

Puede entenderse así por qué los textos clásicos del misticismo recomiendan estar en guardia, velar, permanecer vigilantes ante las trampas del Ego: desde este punto de vista vale la pena ser conscientes de que un estado alterado de conciencia puede constituir una trampa, algo inducido a través de trucos y tan simple de alcanzar como un buen sueño si se dan todas las circunstancias requeridas; pero eso, con todo lo que puede tener de novedoso y sorprendente para el sujeto sumergido en la conciencia ordinaria, está tan alejado de la espiritualidad como el Caos que representa Seth, el dios de la cabeza de chacal, lo está de Osiris, imagen misma del sol de la trascendencia.

 

 

EL SIMBOLISMO DE LOS GREMIOS OPERATIVOS

1. Plomada y el Nivel

Mientras la Plomada es el emblema del Segundo Vigilante, el Nivel está asociado al Primer Vigilante o Vicepresidente de la logia. La utilización de ambos instrumentos en albañilería es perfectamente opuesta entre sí: la Plomada sirve para trazar planos perpendiculares; el Nivel busca afirmar la horizontalidad.

Ambos elementos se empezaron a utilizar en la construcción de las pirámides egipcias. En su versión antigua consistía en un bastidor de madera parecido a una A, un ángulo de lados iguales y desde cuyo vértice que apuntaba hacia arriba pendía una plomada; una marca situada en el travesaño horizontal señalaba la verticalidad y debía coincidir con la plomada. Hoy, en albañilería este instrumento es completamente diferente, y ha sido sustituido por el llamado nivel de burbuja, pero permanece como símbolo de las hermandades de constructores (el “compagnonage”) y de la masonería especulativa.

Algunos han querido ver en el diseño de este instrumento una esquematización del Azufre, elemento químico equivalente al alma humana. En cierta forma el Nivel se utiliza para fundamentar bien la construcción ulterior sobre un firme completamente horizontal; de la perfección de este instrumento originario dependerá la solidez de todo el conjunto. En ese sentido es, efectivamente, similar al alma, parte originaria del ser humano cuyo desarrollo y afirmación se pretende. Puede pensarse hasta qué punto resulta absurdo el que algunas logias masónicas hayan sustituido este instrumento por el nivel de burbuja, carente de cualquier simbolismo.

En los primeros grados de la masonería se considera muy importantes estos dos instrumentos que llegan incluso a simbolizar los dos primeros grados de iniciación: así, el paso de la Plomada al Nivel comporta el paso del grado de Aprendiz al de Compañero, el primero y segundo de la jerarquía masónica. El primero es un grado que comporta reflexión interior, aprendizaje y sumisión al maestro de la logia; el masón se convierte así en sujeto pasivo que recibe enseñanza y empieza a ser desbastado de su ignorancia. El segundo, por el contrario, es un grado activo y expansivo: los conocimientos adquiridos en el primer nivel de iniciación le permiten caminar por sí mismo en su interioridad. Pero nada de todo ello sería posible, si las bases de este trabajo no estuvieran sólidamente asentadas sobre un terreno bien equilibrado y horizontal; nada de todo ello, en definitiva, sería posible sin saber utilizar la el Nivel.

En el plano moral, aquel en el que tan frecuentemente permanecen los masones actuales, el Nivel es tomado en su acepción ético-social como el referente de la igualdad, la vida en común y la ausencia de autoritarismo; en otras palabras, como el instrumento paradigmático del segundo término de la trilogía ideológica de la masonería: “igualdad”. Resulta difícil comprender, en cualquier caso, la relación entre la “igualdad” masónica y el complicado sistema jerarquizado en extremo que preside la organización interna de las logias: en efecto, la igualdad es la antítesis de la jerarquía. Esta, por el contrario, es una de las acepciones simbólicas de la plomada.

En tanto desciende verticalmente, supone distintos escalones de aptitud y preparación: la plomada es superior a lo que mide; la tierra y su ley de la gravedad, atrayendo al plomo que pende del límite del hilo dramatiza así la condición humana atraída por el elemento tierra. Indica también una dirección descendente y de caída que debe ser invertida mediante el uso del Nivel con el cual, como hemos dicho, se prepara la superficie sobre la que se asentaba el edificio construido ulteriormente.

Pero la Plomada tiene también un sentido superior. Al descender del aire a la tierra, lo que hace es poner en contacto dos órdenes de realidad: un polo celeste y un polo terrenal. Diversos símbolos son los que disponen de esta característica axial propia de comunicadores entre el cielo y la tierra. También indica una cierta correspondencia entre lo alto y lo bajo, entre las realizaciones trascendentes y lo contingente, entre el mundo del ser y el del devenir. Lo que va de uno a otro extremo de la Plomada es lo que va del principio metafísico a la manifestación de este principio en la actividad cotidiana; resume a sí perfectamente el concepto masónico de cosmos.

Fue así como estos instrumentos que procedente de nuestro pasado más remoto y ancestral, rebasaron su modesto cometido de simples útiles de trabajo y sugirieron a los artífices que construyeron nuestras más hermosas catedrales, toda una serie de correlaciones simbólicas que iluminaron su existencia y contestaron a sus porqués. !Cómo no sentir añoranza de un tiempo en el que las herramientas hablaban a los hombres con el lenguaje de la metafísica!

2. El Mallete y el Cincel

Herramientas propias de los canteros, fueron utilizadas durante milenios en las hermandades de constructores, hasta que el destino quiso que su simbolismo fuera incorporado al de las logias masónicas en donde todavía hoy figuran en los cuadros del aprendiz y del compañero. Una vez más encontramos en estos instrumentos el doble carácter, activo y pasivo, que veíamos en el Nivel y la Plomada. El Martillo, golpea activamente la piedra, dirigido por la hábil mano del artesano que lo dirige, no directamente contra ella, sino optimizando su acción a través del Cincel; éste, por su parte, cumple pasivamente su cometido. La antítesis entre uno y otro es lo suficientemente evidente como para que no insistamos.

Ahora bien, hay una serie de aspectos que interesa resaltar. El Cincel, por ejemplo, en tanto que ocupa un lugar intermedio entre el Martillo y el material que desbasta, es activo en relación a éste y pasivo frente al Mazo y a la fuerte mano que lo maneja. No puede extrañar pues que éste instrumento, fuera asociado inicialmente al grado de Compañero, el segundo en la jerarquía masónica, anterior a la maestría y posterior al aprendizaje. O si se quiere, la jerarquía masónica hace del Compañero un estadio intermedio entre la pasividad absoluta y la iniciativa total correspondiéndole algo de lo uno y de lo otro.

Pero sobre todo, el grado de Compañero es un grado problemático. A decir verdad, quizás la gran carencia de la masonería moderna consiste en considerarlo como un grado de trámite en el que los aspirantes a maestros aspiran a permanecer solo el tiempo imprescindible. Pero, en realidad, es el grado de instrucción por excelencia. Atrás se ha dejado la fase de ignorancia total, de inercia; por delante quedan los grados de consumación del aprendizaje, pero éste ?dónde se realiza? la lógica quiere que fuera en ese grado intermedio en donde se operase la verdadera formación y selección de hermanos masones. Pero no siempre la lógica es la gran aliada del taller fraterno.

Lo característico del Cincel es desgastarse con cierta frecuencia, perder capacidad de penetración y precisar un nuevo afilado, perífrasis mística del sendero que debe seguir el compañero, siempre propenso a caer en el error y precisar de un nuevo enderezamiento; sometido al riesgo de no persistir en su tarea lo suficiente, de desanimarse así como el Cincel se desafila y convierte en romo y estéril para el trabajo. Entonces la hábil mano del Maestro deberá entrar en acción; pero también el Compañero deberá revisar constantemente su preparación y conocimientos, tendrá la obligación de estar alerta sobre sus deficiencias y desviaciones.

El Mallete ha sido símbolo de la autoridad suprema desde la más lejana antigüedad. Arma de Thor y de Hércules, arma de los “dux bellorum”, ha pasado a las logias como idéntico carácter. Manejado por los maestros se utiliza en las ceremonias para iniciarlas o concluirlas, tocado a ritmos diversos indica momentos importantes en el desarrollo de los ritos y en las recepciones de nuevos hermanos.

No es raro que el Mallete sea el instrumentos característico del Maestro: expresa la voluntad libre y soberana de crear y construir; más que ningún otro instrumento tiene un carácter ejecutor de la voluntad; quien lo toma en sus manos debe tener previamente en su interior la imagen de lo que va a construir, la forma de lo que quiere modelar; y todo esto debería ser atributo del Maestro de logia.

Ambos instrumentos, a pesar de estar dotados de contenidos simbólicos diversos, son inseparables uno del otro; perfectamente inútiles cuando no colaboran en la misma obra, denotan una necesaria capacidad organizativa y una coordinación de quien los utiliza. Simbólicamente el Mallete es utilizado con la mano derecha y el Cincel sostenido con la izquierda, tal como corresponden a sus características; es solo así como logran modificar una y mil veces la materia en bruto.

No es extraño que este carácter de extracción de nuevas realidades se haya asociado con cierta frecuencia a un simbolismo sexual. El Cincel sería una forma fálica que a través de su capacidad de penetración de la materia femenina, consigue generar en el vientre de ésta, nueva vida; pero esto no compete en solitario al Cincel sino a su asociado, el Mallete. Y con todo, hay que ser cautos en este tipo de asimilaciones, desconocidas en la antigüedad y que fueron descritas en tiempos relativamente recientes. En efecto, Freud y los suyos, no pudieron concebir un universo simbólico liberado del pansexualismo que desvirtuó todos sus intentos interpretativos. Una vez más, la rana de la charca no pudo concebir la grandeza del océano.

3. Escuadra y el Compás

Hasta aquí hemos visto símbolos que solamente los miembros de las logias y unos pocos interesados conocen; pero si hubiera que preguntar cuál es el símbolo más universalmente extendido y que mejor expresa el origen filosófico de la masonería y sus ideales, éste sentía sin duda el de la Escuadra y el Compás. No se trata tanto dé una dualidad opuesta como complementaria y, en cualquier caso, que permite la realización de tareas que competen a dos estructuras completamente diferentes y contradictorias: el cuadrado y el círculo. Si ignorásemos cualquier otro instrumentos propio de las logias, bastaría con conocer el cometido de la Escuadra y del Compás pare reconstruir a partir de ellos toda la filosofía masónica.

Hasta tal punto son importantes que nos ayudan a comprender por qué son 33 los grados de la masonería y puede decirse que, sin estos dos instrumentos, no sólo sería incomprensible el simbolismo de las logias, sino que ni siquiera hubieran sido alzadas nuestras más hermosas catedrales. Una muestra de la ineficacia de los modernos sistemas de enseñanza radica en que tanto la Escuadra como el Compás son útiles que acompañan a todo escolar desde sus primeros años de aprendizaje, y sin embargo, ningún plan de enseñanza registra una reflexión sobre las cualidades de los instrumentos que durante años el niño deberá utilizar en su aprendizaje. Pero la disociación que hoy existe entre un instrumento y las enseñanzas morales que nos pueda aportar, era desconocida en otro tiempo, de tal forma que no se concibió instrumento que permaneciera al margen de un contenido didáctico, referido no solo a la tarea específica para la que había sido concebido, sino fundamentalmente a una disciplina ética y moral.

Fijémonos solo un instante, por que nunca más lo olvidaremos, como estos dos símbolos de la Escuadra y el Compás nos sugieren, en su simplicidad, las tres situaciones posibles en el terreno espiritual. Siendo la Escuadra el instrumento a través del cual se delimita y trazan las formas posibles del mundo material, cuadrados, rectángulos, líneas rectas, el Compás, por el contrario, delimita un círculo tenido como imagen de lo Absoluto, de aquello que tiene principio y fin en sí mismo. Así pues, la Escuadra simboliza la tierra, el Compás el cielo. Cuando veamos a la primera superpuesta al Compás esto nos indicará luna situación de dominio de la materia; si, por el contrario, Escuadra y Compás se muestran entrelazados, tal situación nos advertirá sobre el equilibrio de fuerzas entre mundo material y mundo espiritual. Y si, finalmente es el Compás el que se superpone a la Escuadra, quedará claro el dominio espiritual. Pues bien, esto que parece simple y concluyente define los tres primeros grados de la masonería, sus contenidos simbólicos y sus calidades metafísica: Aprendiz, Compañero y Maestro.

Escuadra y Compás, por su amplitud simbólica, son, en sí mismos, libros mudos, no es raro que sean equiparados en las logias al Libro Sagrado, la Biblia, y que los tres constituyan las “Tres Grandes Luces” que deben iluminar la senda del miembro de la orden. La función de la Escuadra es medir magnitudes del mundo material, mientras que el Compás mide ángulos; el primero supone una aproximación al mundo de la cantidad, el segundo al de la calidad y la esencia. Por esto mismo y como veremos en otra parte, el cuadrado que puede trazarse con la escuadra es el símbolo del mundo material y el círculo que surge del manejo del compás lo es del espiritual, siendo el instrumento que corresponde al Supremo hacedor; de hecho en el arte medieval insistió abundamentemente en la asimilación de Dios al Gran Arquitecto del Universo, representado con su atributo de creador: el Compás.

En las logias el Compás muestra generalmente dos angulaciones: abierto a 90º indica el ángulo que no se puede superar, el límite de la manifestación y, por esto mismo, el equilibrio entre sus dos brazos; abierto a la mitad, sus 45º sugieren equilibrio entre fuerzas antitéticas, situadas de manera dinámica y constructiva. Así precisamente puede verse un compás manejado por la musa Urania en la cúspide de la Casa Xifré de Barcelona, acompañando a Saturno-Cronos. Puede verse a la musa embarazada como asimilación a Balkis, amante de Hirám que, tras abandonarlo y resultar muerto, quedó embarazada de él; episodio simbólico por el que los masones aceptan gustosos el nombre de “hijos de la Viuda”. Esta asociación de Urania con Saturno nos permite afirmar que en la cosmología masónica, el Compás es, al mismo tiempo, el emblema de la Geometría y la Astronomía, mide las angulaciones de la tierra y del cielo y permite insertarse en los secretos de ambos mundos. No es raro, por lo mismo, que originariamente Saturno fuera una divinidad agraria y que su relación con el Compás estuviera motivada por la necesidad de roturar y medir las tierras. En manos de Urania significa el escrutar el Cosmos desvelando su influencia en las acciones de los hombres. Es significativo a este respecto que en astrología la cuadratura -distancia de 90º entre dos planetas- sea considerada como un aspecto muy negativo, pero lo es solo en tanto que esta angulación es la propia e inamovible de la Escuadra.

Toda la movilidad del Compás es fijeza en la Escuadra. Así hay que entender la joya que la representa colgando del cuello del Venerable Maestre de la Logia, su voluntad no puede ser otra, más que la de hacer cumplir las Constituciones y los Estatutos de la Orden. Es libre solo para eso; pero para acceder a ese noble rango debe necesariamente hacerse acreedor del otro atributo derivado de la Escuadra: la rectitud que lo debe caracterizar por encima de cualquier otra virtud; no deberá ceder a la debilidad, tendrá la rigidez propia de quien quiere imponerse sobre la materia y aspira a ser perfecto y la perfección se mide por el grado de identificación con lo establecido en las Constituciones.

Estos dos instrumentos son esquemáticamente idénticos a las letras griegas gamma ( G ) y lambda ( l ). Las cuatro gammas forman una svástica completa, por eso en masonería uno de los símbolos más habitualmente utilizados es la letra G inserta dentro de una estrella. La G corresponde a la gamma y de la misma forma que la geometría -cuya inicial es precisamente la G- es la quinta ciencia en la enumeración de las artes liberales, la quintaesencia del mundo manifestado y simbolizado por las cuatro gammas que forman la svástica es, así mismo, es la estrella de cinco puntas.

Por lo demás, desde el punto de vista numerológico, el valor de la gamma es 3 y el de la lambda 30, su suma, la suma de la escuadra y el compás, es 33, como el número de grados de la masonería, como la edad de Cristo, como los 33 peldaños que componen la escalinata del parque de Güell, como el número que puede obtenerse en infinitud de combinaciones sumando las cantidades que figuran en el cuadrado mágico del Pórtico de la Pasión en la Sagrada Familia…

4. Piedra sin Desbastar y Piedra Puntiaguda

En el cuadro del grado de compañero pueden verse dos símbolos de los diferentes estadios alcanzados por la materia prima al inicio de los trabajos y en el momento de la conclusión. A la izquierda una Piedra negra y sin desbastar, a la derecha la misma Piedra pulida y convertida en un cubo puntiagudo. En el cuadro del grado anterior, el de aprendiz, aparecía otra imagen intermedia, la de la Piedra cúbica que examinaremos en su momento, estado intermedio entre las dos que acabamos de nombrar.

En algunas logias y en determinados ritos masónicos, la Piedra puntiaguda figura con un hacha insertada en su cúspide; el carácter sideral y uranio del hacha implicaba en este caso que para alcanzar esta fase de perfeccionamiento, el masón debía recurrir a una fuerza y un poder situados por encima de él y de su personalidad común. Así pues, el grado de Maestro era un grado de perfección y de apertura hacia lo Absoluto.

La Piedra puntiaguda en ocasiones se representaba como una pirámide, en otras como un monolito de estilo egipcio constituido esquemáticamente por un paralelogramo coronado por una pirámide. También se le representaba sobre el plano como un cuadrado al que se le superponía un triángulo equilátero. Al “cuaternario inferior” -síntesis de fuego, tierra, agua y aire- surgido de la unión de las cuatro escuadras de brazos iguales (el “gammadion”) representante del mundo material, se le superponía el “delta luminoso”, símbolo del mundo espiritual y de las calidades superiores, que llegó hasta la masonería por un complicado camino que pasaba a través de la simbólica católica, la cual hizo de él “el ojo que todo lo ve”, representación del mismo Dios Padre.

En ocasiones el simbolismo de un trabajo espiritual venía representado en una clave diferente, adaptado a las características de la casta a la que pretendía ejemplificar. Así pues, el símbolo artúrico de la extracción de la espada de una Piedra entraña la separación de un principio superior representado por el mango y la guarda de la espada, de la Piedra, representada por el cuadrado de los cuatro elementos. La Piedra puntiaguda era, finalmente, para otro sector del mundo tradicional, la representación de la Piedra Filosofal de los alquimistas, otro símbolo del máximo grado de perfección.

Lo que para los constructores y masones era la Piedra en bruto, para los alquimistas era la materia prima. En cualquiera de las dos concepciones se consideraba que el objetivo a perseguir estaba contenido en la materia a emplear. La Piedra Filosofal no estaba fuera de la materia a través de la que se alcanzaba, y la perfección de una estatura estaba ya contenida en la multiplicidad de las formas posibles residentes en el interior de un bloque de Piedra recién extraído de la cantera. La Piedra sin desbastar y la materia prima, eran símbolos de la perfección originaria, de la misma forma que la culminación de los trabajos en la Piedra puntiaguda era interpretada también como límite de perfección; un curioso símbolo coincidente con lo que decimos es el del cono tallado y situado sobre un pedestal cúbico. El símbolo que se le otorga es el de un principio masculino -el cono- descansando sobre la Piedra femenina; unidos así representan, como la Piedra puntiaguda, al andrógino que fue en los orígenes y que vuelve a ser en la culminación final del trabajo sobre la materia prima.

La Piedra en bruto indica la situación del cosmos anterior a la Creación, es, por tanto, símbolo de caos, indiferenciación y pasividad. En ese magma entran distintos estados de la materia, no debemos reducirlo ni confundirlo con el mundo material que conocemos; en absoluto, lo que se indica con esto es que cuerpo, alma y espíritu están mezclados caóticamente, de tal forma que no puede haber inicio de los trabajos sin practicar lo que la alquimia llama “el arte de la separatoria”, es decir, la identificación y extracción de cada uno de estos elementos de los demás. No siempre se realiza, no siempre el hombre es consciente de cual es la materia sobre la que debe trabajar -sobre sí mismo- y así se producen fenómenos interiores que reproducen perfectamente los distintos tratamientos que puede darse a la materia. Si el artesano golpea indiscriminadamente a la piedra, sin orden ni concierto, descuidadamente, no conseguirá sino disgregarla en pequeños trozos, símbolo hermoso de una vida desperdiciada y vana; si, por el contrario, logra acometer la tarea de desbastar su piedra con cuidado y aceptando el hecho de su ignorancia y de su necesidad de aprender, es posible, que poco a poco vaya dotando a la piedra de forma: su ser se irá manifestando; tal es el símbolo.

Los minerales, tal como salen de la mina están muertos, es tarea del artesano o del hermetista, revitalizarlos. Cuando el artista golpea con el Cincel la Piedra y saltan chispas debe entender por este signo que resta aun en el mineral el principio latente del fuego gracias al cual, avivándolo, puede recuperar el estado de pureza original. Esta visión del universo probablemente chocará con el escepticismo de la ciencia para la que las nociones de vida corresponden solo al mundo orgánico y en absoluto al mineral; pero es sin embargo una visión mítica y mágica del mundo que, no solo ayuda a explicarlo, sino que además es utilizada como vehículo de realización interior. Es muy importante entender que cuando el hermetista o el hombre tradicional hablan de la “vida de la piedra” se refieren a una vida no orgánica, aluden a su calidad, a sus vibraciones, identifican en la Piedra, en cada mineral, pero también en cada planta y en cada especie animal, en cada estrella y constelación, un aspecto de todo ello que sintoniza más perfectamente con su propia vida. El oro pasa a ser así, por una ley de correspondencias símbolo del sol, del corazón, del centro del universo, de la realización espiritual; la Piedra, lo es de los distintos estados de evolución del ser. !Tiempo maravilloso aquel en el que toda realidad era un símbolo y cualquier símbolo podía expresarse a través de una realidad material!

5. El cubo y la esfera

Más que a la masonería esta dualidad concierne genéricamente al mundo mágico de los símbolos. Si la hemos incorporado a esta sección es, fundamentalmente por que la Piedra cúbica es un símbolo masónico por excelencia. Sin embargo, es más difícil percibir el símbolo de la Esfera en las logias; si bien su representación plana, el círculo, ocupa un lugar importante, para entrever la esfera hay que recurrir a ornamentos que la incorporan, la esfera armillar, por ejemplo, aparece en algunas logias como símbolo del cosmos sobre las columnas Jakin y Boaz, en otras representaciones masónicas representa al huevo filosofal situado sobre una peana componiendo ambos elementos lo esencial del atanor de los alquimistas. Así puede vérsele en Barcelona en el frontispicio de la Casa Xifré, detrás de Urania y en los Jardines del Laberinto cerca del estanque, construcciones ambas de indudable inspiración masónica.

La más estable de todas las formas, el Cubo, se opone visiblemente a la más móvil de las figuras geométricas. El Cubo parece sugerir inamovilidad; apoyado en cualquiera de sus seis caras, es el símbolo de estabilidad completa, pero también de materialidad. La Esfera, por el contrario, al poder girar libremente hacia cualquier dirección, es una forma completamente dinámica y, considerada, como la más perfecta, parábola material de la misma esencia divina. Orígenes de Alejandría decía que las almas cuando entrar en el Paraíso lo hacen rodando, “pues la Esfera es el más perfecto de todos los cuerpos”.

Esta asimilación de la perfección a la Esfera deriva de sus características geométricas. Existen en ella elementos que lo hacen completamente diferente al resto de los poliedros regulares. Por de pronto cada uno de los puntos de su superficie dista lo mismo del centro; esto ya implica regularidad y orden. Pero al mismo tiempo existe en esta figura una paradoja. En sí misma, la Esfera procede de la irradiación de un punto central hacia el exterior, como una explosión. Cada punto de la superficie no es sino un punto unido por un radio al centro, lo que, en otras palabras, quiere decir que el centro contendrá el mismo número de puntos que la superficie exterior, es decir, infinito número de ellos. La paradoja estriba en que, por una vez, en geometría, el cero y el infinito son una sola y misma cosa. Por eso la Esfera remite al mundo espiritual.

El proceso de formación de un cubo es sensiblemente diferente. Un punto en desplazamiento genera una línea recta, una línea recta, a su vez, desplazada, genera una superficie y esta un volumen. La proyección de cada una de las caras del cubo así constituido marca las seis direcciones del espacio; siendo la séptima el propio cubo de origen.

Todas estas asimilaciones fueron tenidas en cuenta por arquitectos de muy diferentes culturas. Frecuentemente se ha repetido que el mundo espiritual sería imposible de manifestarse sino fuera a través del mundo material, mientras que éste sería un mundo frío y oscuro de no tener la perspectiva de facilitar el acceso al mundo luminoso y superior. Esta complementareidad de ambos órdenes de realidad se muestra en las construcciones árabes tradicionales formadas por una semiesfera superpuesta a un cubo; éste último representa a la tierra y la semiesfera al cielo; así mismo en los ábsides de las pequeñas iglesias románicas es frecuente ver como están cubiertos por un cuarto de esfera que, para acentuar su asimilación al cielo, está incluso pintado de azul y motejado de estrellas.

El cuadrado y el círculo, a pesar de ser figuras trazadas de diversa forma, aun siendo opuestas en sus significados y calidades, siempre terminan por ser relacionadas entre sí. Uno de los problemas matemáticos que se han mostrado irresolubles a lo largo de los siglos es el de la cuadratura del círculo, problema que va más allá de lo estrictamente matemático: relacionar cuadrado y círculo (cubo y esfera) equivale a reconstruir una síntesis originaria superior a cada una de las partes. Pero, si bien el problema matemático no tiene solución, no ocurre lo mismo desde el punto de vista geométrico, existiendo distintas variantes para encontrar un cuadrado cuya superficie equivalga a la de un círculo. Uno de los métodos para resolver este problema consiste en trazar una vésica piscis (símbolo pristino de la dualidad) desde cuyos extremos el cuadrado simétrico es aproximadamente idéntico al del círculo a partir del cual se traza.

Una de las personalidades que conocían esta resolución geométrica era el prominente masón barcelonés, Ildefonso Cerdá, planificador del Ensanche barcelonés en cuyos octógonos dejó constancia del conocimiento de esta fórmula practicada en su tiempo por los maestros masones. Las famosas manzanas barcelonesas son el testimonio de una sabiduría que el devenir del tiempo no logra erradicar.

6. San Juan Bautista y San Juan Evangelista

El papel de San Juan en la masonería, especialmente en la de Rito Escocés, constituye una de las fuentes de mayor riqueza simbólica y, acaso uno de los patrimonios más remotos que mejor encajaron con el cristianismo. Tras el simbolismo de los dos San Juanes se puede reconocer sin dificultad el de Jano, dios latino bifronte, dios del pasado y del presente, de los cruces y de las puertas, dios de los caminos, pero, fundamentalmente, dios del principio y del fin del ciclo anual. Fue una derivación de su nombre la que se utilizó para denominar al primer mes del año, jaunarai, enero, mes en el coincidían el primer instante del nuevo año y el último del ciclo pasado.

Históricamente está suficientemente documentado que las fiestas de Jano fueron sustituidas por las de San Juan Evangelista, solo que el doble rostro del dios latino se escindió y fue así como una pasó a celebrarse en las proximidades del solsticio de invierno -coincidiendo, más o menos, con las antiguas fiestas de Jano- y la otra en fecha simétrica, el solsticio de verano, coincidiendo con la festividad de San Juan Bautista. Desde el punto de visto zodiacal, la primera festividad coincidía con el signo de Capricornio, y se la llamaba “puerta de los dioses”; estaba presidida por la tristeza y la desesperanza por el alejamiento del dios sol que parecía haberse ido separando de su elíptica a lo largo de los meses de otoño. La naturaleza, abandonada por el sol, había muerto. La festividad opuesta, bajo el signo de Cáncer, coincidente con el solsticio de verano, se celebraba bajo un signo diverso: se la llamaba “la puerta de los hombres” y significaba el apogeo del sol, el momento en que los días son más largos y la naturaleza ha llegado a su límite de verdor y frondosidad.

Ahora bien, estas dos fiestas opuestas no hacían sino complementarse mútuamente e indicaban ideas así mismo complementarias. La llegada al solsticio de invierno reflejaba actitudes contrapuestas: de un lado, ciertamente se producía en un clima de tristeza y pesadumbre por la muerte de la naturaleza; pero llegar a ese fecha suponía llegar al límite de alejamiento del sol; a partir de ese momento, se tenía la certidumbre de que el sol volvería de nuevo. La fiesta fue llamada en el mundo romano “Dies natalis solis invictus”, el día del nacimiento del sol invencible. De la misma forma, el solsticio de verano suponía una idéntica actitud ambivalente, la bondad del clima parecía llegar al punto más álgido, la duración de los días, tras prolongarse desde el solsticio de invierno al de verano, empezaba, a partir de ese momento, a acortar su duración. Lo que había llegado a su límite superior, no podía sino descender; lo que se encontraba, en el punto más bajo, iniciaba una recuperación.

Este orden de ideas queda perfectamente recogido en el Evangelio en la contraposición existente entre la figura de San Juan Evangelista y la de Cristo. Aquel dice, anunciando la inminente llegada de éste: “Es preciso que El crezca y yo mengüe” que, entre otros simbolismos, evoca perfectamente el ciclo anual. Y es que, en el fondo, las dos mitades del círculo no hacen sino evocar las dos fases que concurren en un mismo ciclo: la ascendente y la descendente.

Las festividades solsticiales, transpasadas a los dos San Juanes, llegaron a la masonería acompañadas de un grafismo harto elocuente. Un círculo rodeado de dos rectas paralelas tangentes y verticales, ostenta un punto en el centro. Se le llama “las columnas de Hércules” y toma significado del tema joánico. El círculo corresponde al ciclo anual, identificado con el recorrido del sol -punto situado en el centro del círculo-; el hecho de que las dos columnas sean paralelas indican simetría y que sean tangentes nos dice que estarán situadas en los puntos límite del ciclo, los dos solsticios opuestos. La alusión a Hércules procede del carácter solar de sus 12 trabajos que supusieron una dramatización de su búsqueda heroica a lo largo de los doce signos zodiacales. Por otra parte, las dos rectas paralelas y verticales, están tradicionalmente unidas por una filacteria en la que puede leerse la inscripción “Non plus ultra” que indica un límite imposible de superar.

La tradición católica confiere a San Juan Evangelista una naturaleza solar acaso por que su evangelio está considerado como el más espiritual de los cuatro y por el énfasis puesto en la naturaleza de Jesucristo como hijo del Verbo. Su emblema es por esto la naturaleza más etérea y sutil, el ángel. Por el contrario, en los mismos evangelios se insiste en que San Juan Bautista está toscamente vestido, con una piel de camello, se asegura; se trata con ello de demostrar el carácter humano de su naturaleza. El mismo tema se recoge en otras tradiciones: el hombre no iniciado, es equivalente al “hombre de los bosques”, al “hombre salvaje” que figura en algunas representaciones románicas y góticas y al que Fulcanelli dedica uno de los más hermosos capítulos de sus “Moradas Filosofales”: el hombre salvaje de Thiers. El hombre viejo que precisa una metanoia para alcanzar la salvífica naturaleza trascendente del hombre nuevo.

7. Jakin y Boaz

En un documento masónico datado en 1724 titulado “El Gran Misterio de la Franc-Masonería” se demuestra la diferencia entre los rituales antiguos de la orden en comparación con los que se utilizan en nuestros días en las logias. Así por ejemplo, en la actualidad, cada grado tiene una palabra de paso y una palabra sagrada, sin embargo, el siguiente fragmento muestra que antaño existió una palabra universal:

“P.: Dadme la palabra de Jerusalén.

R.: Giblin.

P.: Dadme la palabra universal.

R.: Boaz”.

Boaz es el nombre que la Biblia atribuye a una de las dos columnas situadas a la entrada del Templo de Salomón. Estas dos columnas están todavía presentes en los templos masónicos situadas en un lugar preferencial. Una es precisamente esta, Boaz, y la otra Jakin. Ambas señalan la diferencia entre el espacio profano y el mundo sagrado de la logia. Sin embargo su utilización en los rituales masónicos es mucho más amplia.

En realidad, Jakin y Boaz son las palabras sagradas de los dos primeros grados de la masonería, mientras que Mac-Benah es la correspondiente al tercero. No parece que se trate de una tradición anterior a mediados del siglo XVIII. Y, desde luego, la elección no fue del todo arbitraria, sino que respondió fundamentalmente a la voluntad de resaltar los orígenes templarios de la masonería. En efecto, en el grado 30? se explica que estas tres palabras corresponden a las iniciales de Jacobus Burgundius Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple quemado en una pequeña isla del Sena en 1314 con la bendición de Felipe el Hermoso y del papa Clemente V. En la superestructura de los grados superiores está muy presente esta voluntad de entroncar con el esoterismo templario. Así por ejemplo el 1743 un grupo de masones de Lyon establecieron el grado de Kadosh, uno de los que componen los “grados de la venganza templaria”. En ellos se explica que algunos templarios franceses lograron eludir la persecución y refugiarse en Escocia en donde fueron admitidos en las Hermandades de Constructores, donde perpetuaron sus ritos y misterios. Hay que decir que no existen pruebas objetivas de tal filiación y que se trata de una tradición difícilmente demostrable que, como máximo, indica la voluntad sincrética de la masonería bajo cuyos auspicios de agrupan cuatro tipos de tradiciones de distintos origen: la propiamente artesanal de los constructores, la templaria, la rosacruz y la kabalística; por no hablar de los ritos minoritarios que incorporan temática procedente del esoterismo egipcio…

El problema a la hora de examinar la masonería, especialmente a lo largo del siglo XVIII consiste en que se produjeron tal número de cambios y a tal velocidad que resultad difícil establecer el objeto de discusión. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar en 1717, fecha unánimemente aceptada como punto de partida de la masonería especulativa, los rituales distaban mucho de estar concluidos, el simbolismo y las palabras de paso eran sensiblemente diferentes e, incluso, las concepciones de base diferían. Puede entenderse así el estallido que se produjo en el último tercio del siglo. En el ritual de 1730 expuesto por Prichard en “Masonry dissected” encontramos que la palabra sagrada del aprendiz (1er. grado) es doble; se le plantea una palabra -Boaz- y debe contestar con otra -Jakín-. La palabra del segundo grado es Jakín. Pero en 1800 estas palabras resultaban invertidas: Jakín para el primer grado y Boaz para el segundo. Desde entonces las discusiones han sido interminables en las logias y las disquisiciones eruditas han ocupado buena parte del tiempo de reflexión.

Sin embargo el origen y la importancia de estas dos columnas y de sus nombres es claro y su importancia justificaba perfectamente el énfasis puesto en el tema. Boaz (en ocasiones escrito Bohaz o Booz) y Jakin (que también se puede encontrar como Jachin), figuran en todos los templos masónicos, pintadas de azul y blanco respectivamente. En su simbolismo moral indican la resistencia ante las oleadas de la ignorancia. Jakin se suele situar a la izquierda y Boaz a la derecha, su presencia es también patente en las logias operativas de los “compagnons”. Los constructores todavía las representan con las letras T y S que, incluso hemos visto superpuestas en algunos documentos. En efecto, la T o “tau” indica uno de los polos de la dualidad, aquel en el que la cruz de los cuatro elementos materiales está amputada de su dimensión ascendente para acentuar su ligazón con la materia terrenal; la S simboliza a la serpiente y su situación enroscada a la T, indica la atracción que la materia ejerce sobre el espíritu (la serpiente). En ocasiones, la alquimia medieval, e incluso la simbólica cristiana, han representado a serpientes crucificadas, con idéntica intención didáctica.

Flavio Josefo, ya aludió a las dos columnas del templo de Jerusalén. Decía de ellas que una estaba consagrada al viento y la otra al fuego a imitación de las que figuraban en los templos sirios. Las llama, por su parte, Boz y Jaokin. Desde entonces estas dos columnas han hecho correr mucha tinta y la mayor parte de los ocultistas contemporáneos han intentado incluirlas en sus sistemas, desde Eliphas Levi hasta H.P. Blavatsky. Las interpretaciones de Levi son particularmente adecuadas; para él las dos columnas con sus colores diversos, suponen la lucha entre el bien y el mal, la fuerza y la debilidad, Cristo y Satán y establece correspondencias, cuanto menos discutibles, entre mujer-luna-Boaz, hombre-sol-Jakin. Es frecuente también que otros esoteristas las comparen con las dos columnas laterales del Arbol Sephirótico, la columna de la Dulzura y la columna de la Sabiduría. Etienne Marconis de Negre, dice que la columna J significa “preparación para el Señor”, y la columna B, “perseverancia en el bien”. Otro franc-masón prominente, Albert Pike se extiende en interpretaciones etimológicas difícilmente comprensibles para el profano y así podíamos seguir hasta el infinito.

Es posible que todas estas explicaciones contengan algo de verdad y lo que ocurre es cada autor intenta adaptar al sistema ritual o filosófico que le es propio. Importa poco a nuestros efectos. Para nosotros está claro que las dos columnas del templo masónico, como de las hermandades de constructores, suponen el ornamento más llamativo y visible de toda la logia. Situarse en templo y seguir el rito supone necesariamente que la vista del adepto percibe las dos enormes moles, azul y blanca, que figuran en lugar preferencial. Si baja la vista, verá igualmente, el pavimento ajedrezado. Pues bien, ambos elementos no son, fundamentalmente, sino intentos de que en ningún momento se olvide que el mundo contingente es un mundo dual y que en esta dualidad anida el dolor; cruzas las puertas del templo, franquear el umbral marcado por sus dos columnas, supone penetrar en un mundo de esencias diferentes en el que dualidad ha sido superada. en el mismo Arbol Sephirótico, existe una tercera columna, la central, mayor que las dos laterales, la Columna de la Clemencia, síntesis de las otras dos y cuya cima el iniciado aspira a alcanzar, pues, culminándola se encuentra Ketter, la séfira que indica la corona de la realización consumada.

 

LIMITES DE LA REGULARIDAD INICIATICA – Julius Evola

I. El esquema guenoniano de la regularidad iniciática

II. Crítica del esquema guenoniano

III. Iniciación y vías de excepción.

IV. Condiciones actuales de la iniciación.

Este texto, de gran importancia, y origen de la polémica entre Julius Evola y René Guenon, fue publicado inicialmente en “Introducción a la Magia”, colección de fascículos publicados por el Grupo de UR (Tomo III, pág. 160-175 de la edición italiana), cuyos tres volúmenes fueron publicados en Roma en 1971 por el editor Giovanni Canonico (y posteriormente por Edizioni Mediterranea en italiano, ediciones Arché en francés y, recientemente por ediciones Herakles en castellano). Firmado con el seudónimo EA, este texto es indudablemente de Julius Evola, como lo demuestra el estilo inimitable y no fácil de transponer a otra lengua. La presente traducción corresponde a la edición italiana de 1971.

La razón por la que publicamos este texto es para que el interesado por la temática tradicional, disponga de los instrumentos suficientes para el análisis y la valoración sobre el tema. La cuestión de la “regularidad iniciática” es, sin duda, el punto más conflictivo de todo el corpus doctrinal guenoniano y origen de buena parte de los conflictos que ha sufrido. Que cada cual juzgue con serenidad, mesura y objetividad las dos posturas.

LOS LIMITES DE LA REGULARIDAD INICIATICA.

Entre los raros escritores que en Occidente, no por erudición, sino por un saber efectivo, asentado sobre base iniciática, han contribuido a una orientación y clarificación en el terreno de las ciencias esotéricas y de la espiritualidad tradicional, René Guenon tiene un puesto de relieve.

En general, aconsejamos el estudio de las obras de Guenon a aquellos de nuestros lectores que no lo conozcan, en la medida en que son únicas en su género y en su valor, al igual que puede servir de complemento a mucho de lo que hemos expuesto, al menos por lo que se refiere a lo esencial. Por el contrario, en cuanto a ciertos aspectos particulares, se imponen reservas de nuestra parte, porque frecuentemente la orientación de Guenon se resiente de una línea de pensamiento, diversa a la que se encuentra en la base de nuestras formulaciones y, además, por que la dirección de René Guenon es esencialmente teórica, en tanto que la nuestra, por el contrario, es fundamentalmente práctica. Será pues útil considerar brevemente en qué punto están las cosas en este terreno, a fin de que aquellos que nos sigan puedan establecer la manera en que pueden utilizar adecuadamente lo que ha expuesto Guenon.

Por lo que se refiere a las divergencias doctrinales, haremos simplemente alusión, sin detenernos. No compartimos los puntos de vista de Guenon a propósito de las relaciones que existen entre la iniciación real y la sacerdotal, a propósito de su esquema relativo a los Pequeños y a los Grandes Misterios, y en fin, a propósito de la restricción del término “Magia” al que concede un significado inferior y peyorativo. Estos tres puntos, por lo demás, están en cierta medida ligados unos con otros. Pero lo que queremos tratar aquí es precisamente el problema general de la iniciación.

ESQUEMA GUENONIANO DE LA REGULARIDAD INICIATIVA

El punto de vista de Guenon es, en síntesis, el siguiente. La iniciación consiste en la superación de la condición humana y en la realización de los estados superiores del ser: cosa imposible con los meros medios del individuo. Esto podría ocurrir en los orígenes y para un tipo e hombre muy diferenciado del actual; pero hoy sería, por el contrario, necesaria una intervención exterior, a saber la transmisión de una “influencia espiritual” en el aspirante a la iniciación.

Esta transmisión se efectúa ritualmente a través de una organización iniciática regular. Tal es la condición de base: si no se satisface, Guenon estima que no hay iniciación efectiva, sino solamente una vana parodia de esta (la “seudo-iniciacion”). La “regularidad” de una organización consiste en que esté ligada, a su vez, directa o mediante intermediarios de otros centros, a un centro supremo y único. Consiste además, en referirse a una cadena ininterrumpida de transmisión que continúa en el tiempo a través de representantes reales, remontándose hasta la “tradición primordial”.

A fin de que la transmisión de las influencias espirituales, condicionando el desarrollo iniciático, sea real basta que los ritos requeridos sean exactamente realizados por aquel que está regularmente designado para tal función: que, por lo demás, éste comprenda o no los ritos requeridos, que crea o no en su eficacia, apenas tiene importancia sobre el acto en sí. En estos casos, igualmente, la cadena no se interrumpe y una organización iniciática no cesa de ser “regular”, ni capaz de conferir la iniciación, incluso cuando no cuenta más que con “iniciados virtuales”. Como se sabe la Iglesia tiene un punto de vista análogo respecto a la ordenación sacerdotal y a la eficacia de los ritos regularmente ejecutados.

En cuanto al candidato a la iniciación, para obtener la transmisión de las “influencias rituales”, se pide una cualificación. Tal cualificación concierne, sea la plano físico, con ausencia de ciertos defectos corporales, sea a una cierta preparación mental (“especulativa”), o a la presencia de una aspiración precisa, o, como preferimos llamarlo, de una vocación. Puede decirse de forma general que un estado de desarmonía y desequilibrio descalifica para la obtención de la iniciación. Con la transmisión de “influencias espirituales”, se transforma en un “iniciado virtual”. Un cambio interior se produce, el cual -al igual que el hecho de pertenecer a la organización a la que se está adherido- será indeleble y subsistirá por siempre jamás.

Sin embargo, la iniciación efectiva tiene necesidad de una labor activa, “operativa”, de actualización, que debe ser hecha por uno mismo y que ningún maestro puede acometer en lugar del aspirante (dado que existen diversos grados de iniciación, esto debe ser verosímilmente entendido para cada grado). Los representantes de una organización iniciática no pueden dirigir, controlar y secundar este desarrollo y prevenir desviaciones posibles. El enlace con estados superiores del ser, establecida por medio de la transmisión de influencias espirituales, no tiene siempre necesidad de ser consciente para ser real.

En particular, René Guenon distingue netamente entre misticismo e iniciación, pues el místico no es “activo” en sus experiencias: habitualmente no posee siguiera los medios para interpretarlas adecuadamente (especialmente por que se trata de un individuo aislado y la condición base para la iniciación es la ligazón con un “centro” y una “cadena”, la cual no se satisface en absoluto. En segundo lugar, René Guenon niega toda posibilidad de ligazón -como el llama “ideal”- con una tradición, es decir, todo enlace que no se efectúe según la vía ritual, anteriormente indicada, y por contacto con representantes vivientes, existentes, presentes y autorizados de esta tradición. Una iniciación “espontánea”, en fin, resulta igualmente excluida, pues equivaldría a un nacimiento sin ayuda de quien facilitara la posibilidad o al desarrollo de una planta sin que primero haya semilla la cual, a su vez, procede de otras plantas nacida la una de la otra.

Tal es, en síntesis, el esquema guenoniano de la “regularidad iniciática”. Veamos ahora lo que se puede pensar a este respecto.

CRITICA DEL ESQUEMA GUENONIANO

Contra el esquema en sí no habría gran cosa que objetar, salvo que la situación existente para la mayor parte de aquellos a los que se dirigen los escritos de Guenon, no pasa de ser un esquema abstracto. Podemos conceder a este esquema nuestro asentimiento, pero luego si se desciende a la pregunta de cómo pasar a la práctica para recibir la iniciación, no se percibirán en la obra de Guenon muchas luces: todo lo contrario. En efecto, Guenon pretende que no aspira a nada más que la clarificación del concepto de iniciación; en cuanto a ocuparse del problema iniciático en sí, es decir, saber a quien hay que dirigirse para recibir indicaciones concretas, es algo que no le concierne -según afirma- de ninguna manera y que no puede, por nada del mundo, entrar en sus atribuciones.

Así el individuo que oye hablar a Guenon constantemente de “organizaciones iniciáticas”, como si existieran en todas las esquinas, se encuentra frente a un auténtico callejón sin salida, en el caso en que el esquema de la “regularidad iniciática” fuera considerado verdaderamente absoluto y exclusivo.

Pensamos naturalmente en el hombre occidental. En Oriente -desde los países islámicos hasta el Japón- pueden aun existir ciertos centros que conserven suficientemente las características indicadas por Guenon. Pero no puede hacerse gran caso de esto; incluso aunque alguien decidiese desplazarse a estos lugares para recibir una iniciación regular auténtica. En efecto, haría falta tener la suerte de entrar en relación con centros de una pureza, por así decirlo, absolutamente supratradicional, pues, en caso diferente, se trataría de iniciaciones, cuya jurisdicción (como reconoce el propio Guenon) es el medio ambiente de una religión positiva dada, que no es la nuestra. Aquí, no se trataría de “convertirse” o no; existe un conjunto de factores físicos y sutiles, raciales y atávicos, de formas específicas de culto y divinidad, hasta llegar al factor representado por la mentalidad y por la misma lengua, que entran en consideración. Se trataría de trasplantarse a un medio físico y espiritual completamente diverso: lo que no es accesible para la mayoría y no puede ser realizado mediante un simple viaje.

Si uno se orienta por el contrario hacia la tradición que terminó por prevalecer en Occidente, nada podría alcanzarse, pues el cristianismo es una tradición mutilada de la parte superior, esotérica e iniciática. En el interior del cristianismo tradicional -es decir, del catolicismo- no existe ya una jerarquía iniciática: aquí, las perspectivas se limitan a desarrollos místicos mediante la iniciativa individual, y sobre una base carismática. Esporádicamente, algún místico sabe ir más allá y, de forma puramente individual, logra elevarse hasta el plano metafísico. Podemos y debemos hacer abstracción de algunas raras alusiones de los primeros siglos de nuestra era, o de las que se ha creído encontrar en la iglesia greco-ortodoxa, y a la caza de las cuales han partido ciertos guenonianos.

Si tras haber reconocido todo esto, se quiere buscar más, lo que dice Guenon no es particularmente consolador. En efecto, reconoce que en nuestros días, en el mundo occidental, no existen en absoluto organizaciones iniciáticas. Las que hubieron, hoy han caído en un estado de completa degeneración transformándose en “vestigios incomprendidos, incluso por los mismos que las dirigen”. Más aún: lo que añade, a título de precisiones, no hace sino acrecentar la perplejidad y el que sean visibles, además, los peligros que derivan del hecho de asumir incondicionalmente el esquema abstracto de la “regularidad iniciática”.

Aquí no podemos más que expresar nuestro desacuerdo preciso sobre dos puntos. El primero es que, incluso a través de organizaciones degradadas, sería posible obtener algo parecido a una verdadera iniciación. Para nosotros, la continuidad de las “influencias espirituales” es, de hecho, ilusoria, cuando no existen representantes dignos y conscientes de una cadena dada y cuando la transmisión se ha convertido casi en mecánica.

Es un hecho que existe la posibilidad, en este caso, de que las influencias verdaderamente espirituales “se retiren”, razón por la cual lo que queda y es transmitido no es nada más que algo degradado, un simple “psiquismo”, incluso abierto a fuerzas oscuras, de tal manera que la adhesión a la organización correspondiente, para quien aspira verdaderamente a lo alto, se vuelva a menudo una desventaja y un peligro, antes que un socorro. René Guenon no parece pensar lo mismo: cree que si la continuidad exteriormente ritual se ha mantenido, es siempre posible obtener lo que llama “iniciación virtual”.

Más grave es nuestro desacuerdo cuando Guenon dice que el resultado de las investigaciones por él conducidas en una época ya lejana, le llevó a la “conclusión formal e indudable” de que fuera del caso de supervivencia de algún grupo de hermetistas cristianos procedente de la Edad Media, entre todas las organizaciones con pretensiones iniciáticas que existen hoy en Occidente, no hay nada más que dos que puedan reivindicar, aunque de forma muy decaída, un origen tradicional auténtico y una real transmisión iniciática: el Compañerismo y la Masonería. Todo lo demás no sería más que charlatanería y vacuidad, cuando no serviría para disimular algo peor. Así se expresa Guenon. Pero, aquí nosotros introduciremos consideraciones particulares, sosteniendo que existen indicios suficientes a propósito de personas que, incluso en Occidente, están o han estado en posesión de conocimientos iniciáticos efectivos, sin haberse afiliado, ni al Compañerismo, ni a la Masonería.

Dejando pues de lado este hecho, diremos, a propósito del Compañerismo que se trata de una organización iniciática residual, de origen corporativo y alcance muy restringido, cuyo nombre fuera de Francia es casi completamente ignorado. Para pronunciarnos a este respecto, no poseemos datos suficientes y no creemos que la cosa valga la pena. Pero, en cuanto a la masonería, las cosas se presentan de forma diversa. René Guenon puede haber contemplado quizás algún núcleo superviviente de la antigua masonería “operativa”, privada de relaciones con lo que la masonería es hoy concretamente. En cuando a esta última, no tiene -al menos, por lo que respecta a las cuatro quintas partes- absolutamente nada de iniciático, siendo un sistema fantasioso de grados, construido sobre la base de un sincretismo inorgánico, hasta el punto de que representa más precisamente lo que Guenon llama “seudoiniciación”.

Más allá de este artificioso edificio, lo que puede encontrarse, dotado de un carácter “no humano” en la masonería moderna, posee a lo más un carácter muy sospechoso; diversas circunstancias vuelven legítimo el que pueda suponerse a este propósito, que se trata propiamente de una organización cuyo elemento verdaderamente espiritual se ha “retirado” y en la cual el “psiquismo” ha servido frecuentemente como instrumento de fuerzas tenebrosas. Si se mantiene el principio de juzgar según los frutos, reconociendo la precisión de la “dirección de eficacia” de la masonería en el mundo moderno, su constante acción revolucionaria, su ideología, su lucha contra todas las formas positivas de autoridad de lo alto, y así sucesivamente, no puede sino alimentar dudas a propósito de la naturaleza del fondo oculto de la organización en cuestión, cuando no se reduce a una pura y simple imitación de la iniciación y de la jerarquía iniciática.

René Guenon no está en absoluto dispuesto a aceptar una interpretación de este género. Pero no es el punto decisivo sobre la cuestión. Aunque no intente “conducir o robar afiliados a cualquier organización”, la responsabilidad que indirectamente toma con tales consideraciones, es enteramente suya, y por nuestra parte no podemos compartirla, ni siquiera en su parte más mínima (1).

Así pues, ante un balance como éste, el problema práctico, en los marcos de la “pura regularidad iniciática”, se presenta bastante mal para el hombre occidental. Conviene ver que otras vías, legítimas y fundadas, pueden ser consideradas para dar cierta luz al problema.

INICIACION Y VIAS DE EXCEPCION

El mérito que es preciso reconocer a la concepción guenoniana es el realce que da a la dificultad de realización iniciática en las condiciones actuales y el hecho de colocar un límite contra ciertos planteamientos concernientes a la “iniciación individual” y a la “autoiniciación”, presentados por algunos -Rudolf Steiner entre ellos- como la única vía que el hombre occidental debería seguir. Conviene no caer de un exceso a otro.

Es absolutamente cierto que en razón del proceso de involución al cual la humanidad está sujeta, algunas posibilidades de realización directa, presentes en los orígenes, si bien no están totalmente perdidas, se han convertido, al menos, en raras. Pero no se debe caer en posiciones equivalentes a la concepción cristiana, según la cual el hombre, irremediablemente tarado por el “pecado original”, no podría nada por sí mismo en el terreno propiamente sobrenatural; aquí la intervención inseparable de aquel que puede transmitir ritualmente las “influencias espirituales”, base de todo, según Guenon, aparece como equivalente de la “gracia” y de los “sacramentos”.

Otra consideración importante que conviene hacer es la siguiente. Guenon mismo, en otro libro, ha señalado que uno de los aspectos de la involución específica es una solidificación, sea como la que se provoca hoy en la realidad presente bajo las formas rígidas de una materialidad sin alma, sea -añadimos nosotros- como la que determina una cerrazón interior del individuo humano. Se debe estimar que en tales condiciones, el poder y, en consecuencia, la ayuda propia a las “influencias sutiles”, en el dominio de los ritos, no solo iniciáticos, sino aun religiosos, es más que reducida e incluso nula en los casos dados. Sería preciso, en efecto, preguntarse finalmente, cual es la naturaleza de estas “influencias espirituales” y si aquel que, en calidad de “iniciado virtual”, las posee, no se encuentra así protegido frente a todo tipo de errores doctrinales y desviaciones. En verdad conocemos muchos casos de personas -y no solo occidentales- cuya situación es verdaderamente conforme a la “regularidad iniciática” en el sentido guenoniano del término (y, en primer lugar, todos los masones), pero que dan muestra de tal incomprensión y de tal confusión a propósito de todo lo que es verdaderamente esotérico y espiritual, que aparecen muy por debajo de personas que no han recibido este don, pero que están dotados de una justa intuición y de un espíritu suficientemente abierto.

Aquí también, no se puede eludir juzgar según el criterio “Los juzgaré según sus frutos”, y no debemos hacernos ilusiones a propósito de las “influencias” espirituales en cuestión, en el estado actual de las cosas.

Dicho esto, en tanto que consideración general y decisiva, conviene tener presente en el espíritu lo que sigue: el hombre que ha nacido en la época actual es un hombre que ha aceptado lo que los teósofos llamarían un “karma colectivo”: es el hombre que se ha asociado a una “raza” la cual “ha querido nacer por sí misma”, librándose también de los lazos que no servían más que para sostenerla y guiarla y al que se ha dejado hacer; siguiendo esta ruta no ha ido mas que al encuentro con su propia ruina, he aquí lo que es conocido por todos los que saben comprender el rostro de la civilización moderna. Pero el hecho sigue siendo el mismo: hoy, en Occidente, nos encontramos en un medio en el que las fuerzas espirituales se han retirado y en el seno del cual el individuo no puede contar mucho con ellas, a menos que, gracias a un feliz concurso de circunstancias, no sepa, a en cierta medida, abrirse él mismo una vía. En esto, no hay nada que cambie.

Encontrándose pues en una situación que, por sí misma constituye una anomalía, prácticamente también en el dominio de la iniciación, conviene considerar menos las vías regulares que las que tienen un carácter de excepción.

Lo cual admite en cierta medida el mismo Guenon. Los centros espirituales -dice- aunque con modalidades extremadamente difíciles de definir, pueden intervenir más allá de las formas de la transmisión regular, sea en favor de individuos particularmente cualificados, que se encuentran aislados en un medio donde el obscurecimiento ha llegado a tal punto que no subsiste casi nada de tradicional y la iniciación no puede ser obtenida, en vistas de un fin general o excepcional, como renovar una cadena iniciática accidentalmente interrumpida. Existen pues posibilidades no normales de “contactos” directos. Pero René Guenon añade que es esencial retener que, incluso si un individuo aparentemente aislado alcanza una iniciación real, esta iniciación no será espontánea más que en apariencia, por que de hecho indicará siempre un enlace, por cualquier medio, con una cadena efectivamente existente: un enlace “sobre la vertical”, es decir, como una participación interior en los principios y en los estados supra-individuales de los cuales toda organización particular de hombres no es más que una manifestación sensible y, en cierta manera, apenas una exteriorización contingente (2). Por ello, en los casos en cuestión, se puede siempre formular la pregunta: ?es verdaderamente la intervención de un centro lo que ha determinado la iniciación o, por el contrario, es la iniciativa activa del individuo de querer avanzar hasta cierto punto, lo que ha provocado esta intervención?

A este respecto, puede hablarse de una cualificación que no entra enteramente entre las que Guenon ha indicado, una cualificación activa, creada a través de una disciplina especial, por una especial preparación individual que vuelve apto, no solo al ser elegido, sino en ciertos casos, también a imponer la elección y la iniciación. El símbolo de Jacob luchando contra el ángel, hasta el punto de obligar a bendecirle, como tantos otros, hasta el de Parsifal (en Wolfram von Eschembach) que abre la ruta hasta el Grial “con las armas en la mano”, algo “jamás visto hasta entonces”, corresponden a tal posibilidad. Es lamentable que en los libros de René Guenon, no se encuentre nada a propósito de lo que puede ser una disciplina activa de preparación, la cual, en ciertos casos, es susceptible de conducir, incluso sin solución de continuidad, a la iluminación (3): de la misma forma René Guenon no indica nada, en cuanto a disciplinas concretas respecto a la obra de actualización, que convierte al “iniciado virtual” en un verdadero iniciado y, finalmente, en un Adepto. Tal como ya hemos dicho, el dominio de René Guenon es el de la simple doctrina, mientras que el que nos interesa es el terreno de la práctica.

Pero en este terreno, igualmente, René Guenon, en alguna ocasión, ha escrito algo que puede crear desorientación. Refiere una enseñanza islámica, según la cual aquel que se presenta ante una “puerta” sin alcanzarla por la vía normal y legítima, ve entreabrirse esta puerta ante él y luego se encuentra obligado a continuar el camino, pero no como un simple profano -lo que a partir de haber entrado sería imposible- sino como un sahar (brujo o mago en un sentido inferior). Es preciso realizar ciertas reservas ante este planteamiento; ante todo, si aquel que ha logrado aproximarse ante esta “puerta” a través de una vía no normal, tiene intenciones rectas y puras, esta intención será ciertamente reconocida por quien tenga el derecho, de suerte que la puerta se abrirá según el principio: “Golpead y os será abierto”. Pero si la puerta no debía abrirse, esto -siempre en el caso de que se trata- indicaría únicamente que el aspirante a la iniciación, situado frente a la prueba, deberá abrir la puerta él mismo, recurriendo a la violencia, según el principio de que el umbral de los Cielos puede ser violentado; pues, de manera general, es exacto lo que dice Eliphas Levi, a saber que el conocimiento iniciático, no se da, sino que se toma: lo que, por lo demás, constituye la esencia de esta cualidad activa que entre ciertos límites, René Guenon mismo reconoce (4). Querer o no querer, un cierto rasgo “prometeico” naturalmente pertenecerá siempre a la categoría más alta del iniciado.

René Guenon tiene razón en no tomarse en serio la “iniciación astral” y denunciar a este propósito lo que piensan en sus divagaciones ciertos medios “ocultistas”. Aquí también hay que ver muchos puntos de vista que no son sino una distorsión. A parte del hecho que, en cualquier caso, la verdadera iniciación se realiza en una condición que no es la de la conciencia ordinaria despierta, es posible elevarse activamente hasta estados donde son favorecidos los contactos esenciales para el desarrollo supra-individual. En el esoterismo islámico, por ejemplo, se habla de la posibilidad de alcanzar el shath, estado interior especial que, entre otros, da eventualmente la aptitud de unirse con el Khir, ser enigmático en quien reside el principio de una iniciación directa, es decir, sin la mediación de una tariqa (organización) ni de una sîlsila (cadena)(6). Aunque concebida como excepcional, esta posibilidad se admite. Aquí, lo esencial es la nyyah, es decir, la intención justa, que es preciso no entender en un sentido abstracto y subjetivo, sino como una dirección mágica de eficacia.

Veamos también otro punto. Como se ha visto, René Guenon excluye el enlace “ideal” con una tradición, por que “solo puede unirse con aquello que tiene una existencia actual”, es decir, con una cadena de la que existan aún hoy representantes vivientes según una filiación regular: sin lo cual la iniciación sería imposible e inexistente. Aquí también se manifiesta una curiosa confusión entre el elemento esencial y el elemento contingente y organizador. ?Qué significa, en suma, “existencia actual”? Todos los esoteristas saben que cuando un principio metafísico cesa de tener una manifestación sensible en un medio dado o en un período concreto, no por ello pasa a ser menos “actual”, sino que sigue existiendo en otro plano (cosa que el mismo Guenon reconoce más o menos implícitamente). Si por enlace “ideal”, se entiende una simple aspiración mental, se puede compartir al opinión de Guenon; de otra manera las cosas se plantean, respecto a las posibilidades de una evocación efectiva y directa, sobre la base del principio mágico de las correspondencias analógicas y sintónicas. En suma, René Guenon admite -con precisión- que las “influencias espirituales” tienen sus propias leyes. ?No equivale esto, en el fondo, a admitir en principio, la posibilidad de una acción determinante sobre ellas? Lo que puede ser concebido en una situación colectiva, una cadena física pudiendo crearse y estar dispuesta para que sirva como un cuerpo que, sobre la base de una “sintonía” y, precisamente, de una correspondencia “simpática”, atraiga una influencia espiritual en los términos del “descenso” de un plano, donde las condiciones de tiempo y de espacio no tienen un valor absoluto. La cosa puede conseguirse o no, pero no hay que excluirla, ni confundirla con la simple e inconsistente “ligazón ideal”.

En fin, René Guenon niega que una iniciación pueda realizarse sobre la base de lo que ha sucedido ya en existencias precedentes. Ya que nosotros admitimos tan poco como Guenon la teoría de la reencarnación, si se refiere a ella, estamos de acuerdo con él. Pero no por esto debe excluirse la que se podría llamar una “herencia trascendental” especial en individuos dados, capaz de conferirles una “dignidad” particular, en cuanto a la posibilidad de recorrer y alcanzar, por vía directa, el despertar iniciático. Esto ha sido reconocido explícitamente por el budismo. La imagen guenoniana de una planta o de un ser vivo, que no puede nacer cuando no existe semilla (que sería el “inicio”, determinado desde el exterior por la iniciación ritual), no es válido más que dentro de ciertos limites. Volviéndola absoluta, se terminará por contradecir la visión metafísica fundamental de la no-dualidad y, sobre todo, referir uniformemente todos los seres a un mínimo común denominador. Ya que pueden llevar en sí mismo la “semilla” del despertar.

CONDICIONES ACTUALES PARA LA INICIACION

Ya hemos indicado los elementos esenciales que hacer valer frente al esquema unilateral de la “regularidad” iniciática. En cierta forma, nos arriesgaríamos a descualificarnos a nosotros mismos, si no reconociéramos en este esquema el valor que se le debe. Pero no es necesario exagerar y perder de vista las condiciones especiales, digamos incluso anormales, donde se encuentran en Occidente incluso los que tienen las mejores intenciones y cualificaciones. ?Quién no se adheriría si encontrara organizaciones iniciáticas, tal como René Guenon las concibe, incluso con aspectos que hacen casi pensar en un sistema burocrático de “legalidad” formal? ?Quién no las buscaría, pidiendo simplemente ser juzgado y “puesto a prueba”? Pero este no es el caso y quien lee a Guenon se encuentra un poco en la situación de aquel que oyera decir que sería hermoso poseer a una fascinante joven, pero que, al preguntar donde está no obtendría por respuesta más que el silencio o también “este no es nuestro problema”. En lo que se refiere a las indicaciones dadas directamente por Guenon sobre lo que subsistiría en Occidente de organizaciones iniciáticas regulares, hemos ya expuesto las reservas precisas que se imponen.

Queda solo la cuestión que, a decir verdad, habríamos debido exponer desde el principio, diciendo que la idea misma de la iniciación ritual, tal como la expone René Guenon, nos parece algo muy debilitado. En efecto, una transmisión de “influencias espirituales” mal individualizadas, transmisión que podría incluso no percibirse, unificando una simple “iniciativa virtual”, la cual, en sustancia, como hemos dicho, está expuesta a todos los errores y a todas las desviaciones, a lo más, como el último de los “profanos”, una transmisión de este tipo, en definitiva, es muy poco. Por lo que sabemos y por lo que puede deducirse de las tradiciones precisas -entre ellas las de los misterios antiguos- la iniciación real es, por el contrario, asimilable a una especie de operación quirúrgica, cuya contrapartida es una experiencia vivida de forma particularmente intensa y dejando -como dice un texto: “la huella eterna de una fractura”.

Encontrar a quien sea capaz de dar una iniciación en estos términos no es algo fácil ni depende en absoluto solo de la cualificación (en razón de lo ya indicado, conviene hoy, en Occidente, aportar diversas restricciones al principio “cuando el discípulo está dispuesto, el Maestro también lo está”). En este caso, se trata esencialmente de elementos, por así decir, “destacados” (en el sentido militar), los cuales, en la vida, pueden ser o no encontrados. No puede tenerse la ilusión de encontrar una “escuela” propiamente dicha provista de todo lo necesario para llegar a un desarrollo regular, con un sistema suficiente de “seguridades” y controles. Las “escuelas” que en Occidente presumen de ser tales por lo mismo que lo presumen con “iniciados” que, colocan su cualificación en tarjetas de visita o en las páginas amarillas, son vulgares mistificaciones y uno de los méritos de Guenon es haber ejercido una justa crítica destructiva.

En cuanto a los que, una vez asumido el karma de la civilización en el seno de la cual han querido nacer, siendo ciertamente de su vocación, quieren avanzar por sí mismos solos, esforzándose en alcanzar contactos directos sobre la “vertical” -es decir contactos metafísicos, en lugar de enlaces “horizontales” con organizaciones aparecidas en la historia que les facilitarían una ayuda- estos se comprometen a lo largo de una vía peligrosa, realidad que queremos subrayar explícitamente: pues todo sucede como si se aventurara en un país salvaje, sin tener un “plano de referencia”, ni una tarjeta de presentación. Pero, en el fondo, si en el mundo profano se encuentra natural que una persona buen nacida ponga en juego su vida, cuando el fin vale la pena, no hay razón para pensar de otra manera respecto a quien, dadas las actuales circunstancias, no tiene otra opción que la conquista de la iniciación y la abolición del lazo humano. !Alá akbar! puede decirse con los árabes, es decir, Dios es grande, mientras que Platón ya había sentenciado: “Todas las cosas grandes son peligrosas”.

 

NOTAS

(1) Es igualmente discutible que la masonería sea una “forma iniciática puramente occidental”, sería preciso ignorar toda la parte que comporta el elemento hebraico en su ritual y en sus leyendas.

(2) Por lo demás, a propósito de la Rosa Cruz, Guenon habla de la colectividad de los que han alcanzado un estado determinado, superior al de la humanidad común y han obtenido el mismo grado iniciático. En rigor no se debería hablar de “sociedades”, sino ni tan siquiera de “organizaciones”. En otra ocasión, Guenon ha recordado que las jerarquías iniciáticas no son nada más que los grados del ser. Todo esto puede ser entendido en un sentido espiritual y metafísico y no personalizado u organizado.

(3) Tal es típicamente el caso de la ascesis budista de los orígenes. El budismo dispone igualmente de un término técnico para designar precisamente a los “que se han despertado a sí mismos”.

(4) Sobre esta base, debe ser entendido el principio de la “incomunicabilidad”. El verdadero conocimiento metafísico es siempre un “acto” y lo que posee una cualidad de “acto” no puede proceder de otra parte; según la expresión griega, se puede solo alcanzarlo.

(5) Se puede recordar la parte muy importante que la iniciación recibida durante el sueño conoce entre las poblaciones salvajes. Sobre este aspecto ver, por ejemplo, Mircea Elíade, “El Chamanismo y las técnicas del éxtasis”.

(6) Sobre este punto un texto de Abdul Hadi (publicado en agosto de 1946 en Etudes Traditionelles) habla de dos cadenas de las que una sola es histórica y la iniciación es dada por un maestro (sheik) viviente, autorizado, poseedor de la llave del misterio: es el et-talimurrijal, apoyándose sobre hombres, distinto del et-talimur-rabbani, para el cual no se trata de un maestro vivo en tanto que hombre, sino de un maestro “ausente”, desconocido, o incluso “muerto” desde hace numerosos siglos. A esta segunda vía, se refiere la noción del Khidr (pronunciar Ridr, NdT) a través del cual se puede recibir la iniciación por vía directa. Tal posibilidad posee una importancia muy particular en el ismaelismo. En los Rosa Cruz, la figura misteriosa de “Elías Artista” era, en cierto sentido, equivalente al Khidr.

Tratado de Ángeles, Demonios y Dioses: Pasado y Presente

Les comentare un poco sobre la existencia de los ángeles en distintas culturas, sacando un poco de unas de mis investigaciones, recopilaciones e interpretación que, si bien no las he publicado, ya estan registrados:

La palabra “Ángel” proviene del griego “Aggelos” y su latinización “Angelu” que significa mensajero , es decir, intermediario entre los mortales y los dioses.

Varias culturas han reconocido a estos seres como nacidos de los dioses para su ministerio.

Sus fines estan divididos en :
– Cuidando la naturaleza regulandolo en sus diferentes aspectos.
– Regulando a la humanidad, instruyendolos, informando o dirigiendo.
– Ser guardianes protectores.
– Como guerreros.
– Como depositarios del poder cosmico.
– Como juez y verdugo

Estos ángeles estan divididos en tres tendencias: Acólitos, Rebeldes y Renegados

El Acólito: Sirve a las voluntades y leyes supremas sin desobedecer y haciendolas cumplir al pie de la letra, no suelen manifestarse ante los mortales, y si lo hacen , solo es para entregar o cumplir un mandado divino. Son los ángeles propiamente dichos.

El Rebelde: Sigue las leyes supremas a su conveniencia, desobedeciendo a veces las voluntades supremas u obedeciendolas pero a su manera. A pesar de ello jamas faltan a la ley ni van en contra de ellas.
Suelen manifestarse a los mortales sea por orden divino o por propia voluntad, estos son los que instruyen o informan a los profetas o se relacionan con otros mortales para sus propios fines. En el latin antiguo se les conocia a estos rebeldes como “Demonos” que significaba “quien demuestra mucho o quien revela”

El Renegado: Son ángeles o entidades, quienes no obedecen y renuncian a las leyes y voluntades supremas yendo en contra de ellos por obtener un poder para gobernarlos. Estos se manifiestan a los mortales con frecuencia para usarlos para sus fines, corrompiendolos para ir en contra de las leyes, asi sometiendo sus espiritus y alistando soldados para su servicios. Estos fueron conocidos en el latin eclesiastico con el cristianismo como “Daeminium” que proviene del griego “Daimonion”, que significa “calumnioso”, o del Griego “Diabolos” y en latin “Diabolu” que significa “quien obstaculiza”.

Los primeros vestigios de la existencia de estos seres se da en el año 3500 a.C en el antiguo Egipto pues su población atribuía los conocimientos de los sacerdotes a enviados  del Dios Ra por lo que el 2755 a.C este Culto se convirtió en la religion oficial de esta cultura en la cual Thot seria uno de sus representantes ocupando el cargo de Escriba de los Dioses.

Más adelante (2700 a.C. aprox.) los Sumerios tendrian cuatros dioses que, por sus funciones, se considerarian ángeles ya que regulaban de la creación. Éstos fueron An (dios del cielo), Ki (diosa tierra), Enlil (dios aire) y Enki (dios del agua). Para estos dioses el acto de la creación implicaba el cumplimiento cabal de la palabra divina para mantener el cosmos en un movimiento continuo y armonioso y así evitar la confusión y el conflicto. Ellos concebian el ME como una serie de reglas y leyes universales e inmutables que todos los seres estaban obligados a obedecer.

El Patriarca Enoch (2600 a.C. Aprox.) hijo de Yéred y padre de Matusalén, relató en su Libro la vida de estos servidores y cómo es que estos bajaron al mundo enamorados de las mujeres. Los antiguos Israelies asumieron la imagen de un concilio de dioses convirtiendo a todos ellos en ángeles que sirven a un sólo Dios. 

En Grecia (1500 a.C aprox.) tambien simbolizaron a estos seres en su gran panteon de dioses, siendo Hermes (Mercurio en latín, Roma) quien tenía el cargo como Mensajero de los Dioses.

Los Vedas dan a conocer estos entes en la India. Se les denomina Devas (ángeles y rebeldes) y Asuras (renegados). Los Devas gobiernan tres regiones del cielo, el aire y la tierra y asisten a la humanidad con sus poderes. En la religión mazdeita los Asuras (o Ahuras) fueron asociados bajo la gran deidad Ahura Mazda con las fuerzas del bien mientras que los Devas (o Daevas) desempeñaban la función opuesta, siendo asociados con el espíritu maligno Ahriman.

Los Esenios concibieron completamente el hecho que los Angeles y los renegados (lado maligno dirigido por el dios Belial) veian al mundo como su campo de batalla y que usaban a los mortales como instrumentos para sus fines.

El Islam también desarrolló su propia jerarquia angelical que entre sus filas incluían a arcangeles (Miguel y Gabriel) y los portadores del trono de Alá (un león, un águila, un toro y un hombre). La jerarquía de los espíritus celestes islámicos se basó en la jerarquía que tenía la religion preislámica (politeista). Los Jinni (plural:Jinn, femenino: Inniyah) se consideran rebeldes y renegados, mas pequeños que un ángel y formados de fuego o aire (habitando en él), en las llamas, bajo tierra y objetos inanimados. Estos pueden adoptar forma humana como animal. Pueden ser “buenos” o “malos” y según esta correspondencia serán bellos o feos respectivamente. Su apariencia es similar a los seres humanos y tienen necesidades corporales, reproducen su especie y mueren aunque viven mucho tiempo. Son conocidos por el vulgo como Genios.

Muchos dicen que los ángeles son seres de luz, la verdad es que toda entidad (incluidos nosotros) son seres de luz por que el espíritu se manifiesta a través de un brillo o esplendor. Todos tienen la oportunidad, en su debido momento, de llegar a estar en el grado de “ángel” o de “deidad” ya que todos ascendemos según nuestra voluntad con la que podremos escoger que ser pero hay entidades que nacieron en dichos rangos y nunca pasaron por la evolucion del mismo espíritu (reencarnaciones).

Las entidades primarias que llamaremos ángeles “acolitos” o “primarios” son seres que su funcion sexual es masculino aunque sean asexuales y de formas andróginas no pueden reproducirse entre ellos pero tienen un comportamiento Escisión.

Algunos de estos seres, segun cuenta Enoch, se materializaron como cuerpo de hombre gigante o poseyendo cuerpos de hombres que se reproducieron con las mujeres mortales. Con esta reproducción generó una nueva raza de ángeles sexualizados (macho y hembra) con facultades reproducctivas y libres de las voluntades supremas: los “rebeldes”, quienes están en grado inferior que los acólitos. Viven en ambos mundos (mortal y divino) y tienen la posibilidad de evolucionar por lo que pasan por reencarnaciones en el mundo material haciéndolo a través de un cuerpo mortal, cooexistiendo como una simbiosis entre el espiritu mundano (hombres, animales, plantas, rocas , etc) y el espíritu hibrido divino.
Estos híbridos utilizan a los mortales como vehiculos para poder evolucionar con ellos a través de sus reencarnaciones.

Una gran mayoria de mortales conviven con este híbrido por lo que algunos sienten su presencia y estos a su vez los protege que cualquier peligro.

Estas entidades se fusionan con su portador cuando éste llega a despertar su Vril (tambien conocido como Factor Psi) otorgándoles grandes dones pero, considerando el factor Humano, habrá quienes utilicen (o sean utilizados) por este don al punto de corromperse convirtiéndose en “renegados”. El hecho es que ya sean híbridos o acólitos ambos pueden llegar a ser renegados segun sus intenciones. La rebeldía es el límite entre el acólito y el renegado.

Su mundo es semejante a una Empresa o un Estado, cada Entidad Suprema tiene su tiempo de gobierno y así su administración pasa de mano en mano, jamás queda en una unica potestad. Estos entes se relacionan con otros entes que rigen en otros planetas, sistemas, galaxias, universos y planos ya que como TODO es un sistema ordenado y sistemático.

Y este orden esta distribuido de la siguiente manera:

La primera clase de Jerarquía es Hayoth-Ha-Kodesh, que son la jerarquía por encima de las almas humanas. En esta a su vez se encuentran los siguientes planos (menor a mayor ):

1. Angeles también llamados Aischim
2. Arcángeles también llamados Beni-Elohim
3. Principados también llamados Elohim
4. Virtudes también llamados Malakim
5. Potestades también llamados Tharschisim
6. Dominaciones también llamados Haschmalim
7. Tronos también llamados Aralim
8. Querubines también llamados Cherubim
9. Serafines también llamados Seraphim

Todas estas entidades obedecen a una entidad que es el espíritu de la Tierra.

Dentro de la función jerárquica más alta del coro celestial están Alah, Rah, Ormuz, Ahura Mazda, Yahve, Brahamma, etc. que son las primeros dioses conocidas que representan a las bases fundamentales la creacion en este planeta o quienes fecundaron  a la Tierra. Son seguidos por los entes creados o deidificaciones, éstos son creados por los hombres a partir de su fe y devoción que les da vida. Estos son: Amon, Krishna, Zeus y Cia. en ambas versiones (latina y greca), etc.

Estos son los últimos en la jerarquía pues son quienes velan, cuidan, protegen y castigan a sus fieles y seguidores además de encargarse de cumplir la función que los hombres le han atribuido.

De ahí les sigue la jerarquía de los entes elementales (ondinas, céfiros, salamandras y gnomos o segun la cultura) quienes se encargan de velar por el buen funcionamiento del planeta creando un equilibrio dentro del ecosistema.

Una Jerarquía llamada Espíritus Superiores quienes tienen la potestad de mandar sobre los que se encuentran en menor escala.

El primero es Adonay, llamado “Angel de Luz”. Éste recibe directamente del Ser Supremo (Padre Sol).
A su inmediato servicio y con idéntica potestad son Elohim y Jehovam tienen la misión de hacer cumplir las órdenes que Adonay recibe y que ellos transmiten a su vez a los Espíritus encargados de su ejecución.
Luego les siguen Mitratón, Azrael, Astroschio, Eloy, Milech, Ariel y Zenaoth que también tienen a sus órdenes muchos otros espíritus que les tienen una obediencia absoluta.

Luego están los Espíritus Celestes que forman verdaderos ejércitos tanto por su organización como por obediencia que se ejecutan las órdenes que reciben de sus superiores en jerarquía. Se llaman Espíritus Celestes pues habitan en el firmamento y los astros del espacio. Sus funciones son presidir el destino de cada mortal y dirigir los acontecimientos que le conciernen conforme a la voluntad del divino creador El Gran Padre, el CORE de nuestra galaxia (un hoyo negro). Pues fuen en ese lugar en donde se creo la vida galaxia en su explosion.

Estos también reciben órdenes de los Espíritus Superiores para que ayuden y dicten el destino de los habitantes del planteta Tierra u otros.

Cada Espíritu Celeste no puede obrar sin que haya habido un arreglo previo con el astro al que corresponde y según lo que le permite la omnipotencia divina.

Ahora, existen 7 gobernantes:
1. Aratrón, tiene el poder de cambiar instantáneamente en piedra o metales objetos diferentes y viceversa
2. Bethor, confiere las altas dgnidades acerca el hombre y espíritus que le dan respuestas exactas, transporta los objetos de un lugar a otro además de proporcionar piedras preciosas y prolongar la vida indefinidamente.
3. Phaleg, pertenece a los atributos de Marte, establece la paz y eleva a las altas jerarquías militares a quienres han recibido su marca
4. Och, preside a los atributos del Sol, da larga vida y salud, distribuye la sabiduría, enseña la medicina y da el poder de cambiarlo todo en oro puro y piedras preciosas
5. Hageth, bajo la influencia de Venus da gran hermosura a las mujeres que honra con su protección, les distribuye todas las gracias, cambia el cobre en oro y viceversa
6. Ophiel, posee el poder de la transmutacióm metálica bajo el astro de Mercurio, da el medio de transformar la plata en oro
7. Phul, gobierna las regiones lunares. Su potencia se extiende a la curación de infinitas enfermedades, cambia los metales en plata y protege a los navegantes además de dar una larga y próspera vida

Cada uno de estos gobernantes preside 490 años gregorianos. Bethor gobernó hasta el año 430 d.C., Phaleg del 430 al 920, Och gobernó hasta 1410, Hageth lo hizo hasta 1900 y actualmente estamos en el ciclo de Ophiel que durará hasta 2390.
A éstos se le ha confiado la dirección de la máquina del mundo.

Ésta clase de visión sobre la jerarquización del mundo también es comprendida por las culturas orientales (china y japón)
……………………………………………
“Tratado de Ángeles, Demonios y Dioses: Pasado y Presente ®  Tractatus 1997.
Todos los derechos reservados.

 
Hay más que gobiernan otros aspectos (como los 72 ángeles referidos en la Kábala y demás) pero creo que la estoy haciendo muy larga ahora.

Espero les sirva estos datos, cualquier pregunta o consulta, sirvanse enviarlos por privado.

Konx Om Pax

 

Written by : Jano

“Las 9 razones de la Infidelidad”

  Oks en mi tiempo de errante cibernético encontré este artículo, y saben que?.. me parece Cierto y Verdadero… 9 Razones por las cuales uno dice.. Me aburrí , la vieja esa no me deja.. pucha me voy con otras mas chevere que me haga vivir nuevas experiencias..  

Sinceramente en mis relaciones jamás fuí infiel.. obvio algo que no dura mas de 1 año seria absurdo.. y mi relación mas larga 5 años menos aún… ( ella me frecuentaba a diario :S )  .. pero en estos 2 años y medio de solteria dije medite estas razones y digo.. si puede ser cierto en relaciones ya maduras para las que me esperan a mis 27 años.

En fin.. les dejo las razones y ustedes opinen

Written By : Jano

(fuente AOL ) LAS 9 RAZONES MÁS COMUNES

1. Nos sentimos devaluados. Terminado el enamoramiento, enfrentamos a la pareja real y olvidamos a la idealizada, y sus conductas no siempre placenteras en la convivencia defraudan nuestras expectativas. Si la pareja nos abandona al centrarse sólo en sus objetivos personales y no en los de ambos, y al mismo tiempo nos relacionamos con una persona distinta que nos hace sentir más valorados, la elegimos inconscientemente como nueva compañera. Principalmente para las mujeres, es muy importante sentirnos bellas y deseadas por nuestro hombre. Si no se cumple nuestro objetivo, sentimos una gran frustración y se devalúa nuestra autoestima. Una forma de sentirnos de nuevo atractivas y deseadas, es siendo cortejadas en una relación extramarital.

2. La monotonía. Cuando nuestra pareja descuida el tiempo en común por sus actividades personales y deja de tener detalles cariñosos con nosotros, sentimos que el amor se acabó, se produce un distanciamiento y nos empezamos a sentir encadenados a pasar el resto de nuestros días en una relación que ha perdido su encanto. Un matrimonio sumido en la rutina y en el aburrimiento se puede venir abajo a causa de un encuentro con un intruso que llegue y nos aborde con el misterio, encanto y riesgo de los que carece nuestra relación.

3. Una vida sexual deficiente. El sexo es un elemento esencial en la pareja y si éste es defectuoso, quien se siente insatisfecho tiende a buscar fuera de la relación la satisfacción sexual que no encuentra en su pareja. Si a pesar de sentir un gran amor por la pareja, en la cama no encontramos nada excitante, nos vengamos teniendo relaciones sexuales con otra persona, porque estamos enojados con nuestra pareja que no quiere hacer el amor o no quiere llevar a cabo nuestras fantasías sexuales.

4. Dependencia emocional de los padres. Si nuestra pareja no es emocionalmente independiente de sus padres y no establece límites respecto a ellos, esta conducta infantil nos hace sentir sin su apoyo, y nuestra necesidad insatisfecha de ser escuchados y atendidos nos impulsa a buscar una relación extramarital.

5. Buscamos nuevas sensaciones. Si se acaba la seducción del enamoramiento y se vive en el hastío de una relación, hay quienes necesitan seguir satisfaciendo su necesidad de seguir enamorados. La curiosidad de experimentar el sexo con otras personas y de vivir la aventura es un fuerte motor para buscar un affair.

6. Idealizamos a la pareja. Para continuar idealizando a nuestra pareja, muchas veces elegimos como amante a una persona totalmente opuesta. Hay quienes llevan a cabo todas sus fantasías sexuales con el amante y no con la pareja para sentir que la siguen manteniendo en el concepto de “decente”.

7. La pareja lo permite. Se dan casos en que la pareja está de acuerdo en que tengamos relaciones extramaritales, porque es consciente de que necesitamos satisfacer las deficiencias que existen en nuestra propia relación.

8. Sentimos amenazada nuestra libertad. Cuando la pareja es asfixiante o nos da pavor perder nuestra independencia y quedar atrapados en una relación, intentamos sentirnos libres cometiendo actos de infidelidad.

9. Alarde de poder. Por haber obtenido poder, dinero y una posición social, hay quienes sienten que se han ganado el derecho a tener un mayor potencial sexual con el sexo opuesto.

La infidelidad es un síntoma de la serie de crisis por las que atravesamos como pareja. Si buscamos en el fondo, descubriremos que somos infieles cuando no encontramos en nuestra pareja lo que buscamos y nuestra relación no satisface completamente nuestras necesidades. Sin embargo, superar la crisis dependerá de la forma en que podamos comunicarnos como pareja.

 

Mis Rocas I: The Trek

“Puedo ir a donde sea , pero que el burro lleve mis cosas y yo voy montado en caballo”.

“Mira, pasamos esa subida y todo es bajada”.

“Oks, pasamos esas dos subidas mas y ya llegaremos”.

“Chepiii… !! dejame descanzar, que detras de esa curva esta la zona de camping”.

“Oks, 10 minutos mas y llegaremos”.

“Viste!! no eran 4km son 7km.. y aun vamos por la mitad”.

“Es mala idea llevar demasiadas cosas en mi Mochila”.

“Dormir en la carpa sin colchon infable es de lo peor”.

“Me duele todo.. y no es por el esfuerzo de subir, sino por el piso… ouch”.

“Juguemos con el ECOOOOooooooooouuuuuuuuhhhhh….  ecooo.. Ecooo.. Eko… Ek… o. o. u..”.

“Oh mira el Zorrooooo…… siii y no esta montado en su corcel negro “.

“Hagamos la parrilla.. echale mas alcohol.. siiii que arda como las llamas de Anorrr”.

“Oh mira un escorpion… bueno… esta aplastado… pero al menos lo podes tocar”.

“Escucho pisadas , escucho como si lloviera, pero no veo nada”.

“Ya estoy viejo para estos trajines.. mi cuerpo no da”.

“Subimos en dos horas y lo bajamos en una… debimos subir cuando no fuera medio dia .”

Written by : Jano

 

Carmina Burana – O Fortuna

 

Disfrutenlo

Wild Flowers

Wild Flowers -Ramar / Zoids

kyuu ni nakidashita sora ni koe o age hashagu muku na kodomotachi
awate futameku otona o yoso ni tooi hitomi de niji no hashi egaiteru

“itsuka wataretara ii na” mizuiro no yume POKKE ni tsumekonde
kokoro no chizu hirogete mada minu sekai e kimi mo mata sudatte yuku

koko kara hajimeyou subete o ana darake no kasa nara sutete
hitotsu hitotsu no shinjitsu o uketomete
tatoe hito yori ayumiosokute mo ashikase sarete mo

oshisemaru toki o koete bokutachi wa yuku
chikarazuyoku hata o kakagenagara
haruka naru toki ni na o haseta eiyuu mitai ni hokori takaku
shinjiru koto dare ka ni tsutaetai kono uta ni nosete

ameagari no yuugure kaoru ASUFARUTO ni kusuguru omoide
shinadareta hanabira ga mata ikifuku you ni mujakisa ga mune ni kaeru

mizutamari ni hizumu aware na otoko ga kimi ni wa mieru kai?
kinou no jibun tsumette omoi kaban seotte kyou mo mata aruite yuku

itsu demo kokoro o mitasu no wa sora no aosa to kaze no koe
hitotsu hitotsu no omoi o tsunaide
tatoe donna ni ashita ga tookute mo kasunde miete mo

oshisemaru toki o koete bokutachi wa yuku
chikarazuyoku hata o kakagenagara
haruka naru toki ni na o haseta eiyuu mitai ni hokori takaku
shinjiru koto dare ka ni tsutaetai kono uta ni nosete

yagate wa kimi mo shiru darou jinsei wa eiga mitai ni amaku wa nai
kibishii mono to kakugo shite hara kukutte shinrai yoserareru tomo naraba
shougai ni hitori, futari deaerya shiawase
kono chikyuujo no doko ka de kimi o hitsuyou to suru mono ga matteru

chotto gurai yogoreta tte kamai ya shinai
sono namida ni uso wa nai darou
furikakaru kanashimi sae mo zenbu hikitsurete
ue o muite tashika ni hikari kanjite yukou

oshimareru toki o oshisemaru toki o koe
yami o koete bokutachi wa yuku chikarazuyoku hata o kakenagara
ima, kitaru toki ni na o hasero!
eiyuu mitai ni hokori takaku shinjiru koto dare ka ni tsutaetai
kono uta ni nosete