Shem ha-Mephorash

Shem ha-Mephorash, o Nombre Dividido.  
Este nombre esta oculto en el libro del Exodo, en el capitulo 14, versiculos 19, 20 y 21 en la Biblia Hebrea.

    

—Exodo Capitulo 14; Versículos 19 – 20 – 21-

 

Cada uno de estos 3 versos se compone de 72 letras. Si se escriben estos tres versiculos uno por encima del otro, el primero de derecha a izquierda, el segundo de izquierda a derecha y el tercero de derecha a izquierda, se obtienen 72 columnas de 3 letras cada una. Cada columna es un nombre de D’os de tres letras formando un total de 72 nombres. De estos 72 nombres se sacan los nombres de los 72 angeles.

 

 

—Tabla del Shem ha-Mephorash—

 

 Los 72 nombres de los angeles son creados cuando se les anaden los terminales de Al, el cual significa severidad y juicio y YH, el cual significa misericordia y beneficiencia. Estos 72 angeles dominan sobre 72 quinarios, o sets de 5 grados en el Zodiaco, por ende cada Decanato o set de 10 grados de un signo Zodiacal tiene 2 quinarios, y cada signo tiene 3 decanatos (30 grados). esta es la formacion: cada nombre de los angeles contiene 5 letras, cada nombre de la deidad contiene 3 letras.

 Estos 72 nombres se dividen a su vez en 4 columnas de 18 nombres cada una. Estas columnas estan bajo el dominio del Tetragramaton.Estas estan asignadas a los Decanatos del Zodiaco con 2 quinarios para cada decanato.

La primera division esta bajo el dominio de la YOD. La segunda divicion esta bajo el dominio de la HEI. La tercera divicion esta bajo el dominio de la VAV. La cuarta division esta bajo el dominio de la otra HEI .

 

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Lucifer – Luciferismo y Baphomet

By Frater Kaplan – Escuela Iluminati Aristotelica, Orden Perfectibilista 

L U C I F E R

Lucifer es un personaje triste, que carece de historia propia, ni tan siquiera podemos encontrar ya mención alguna a su nombre en la actual Biblia católica..¡Ha sido borrado!, tan solo nos queda el Eco apagado del Mito que una vez existió, pero no como nos lo contaron.

La palabra Lucifer es de raíz latina y significa El Portador de la Luz. Realmente nació por primera vez al mundo conocido, debido a su empleo por parte de San Jerónimo, con motivo de la Traducción de la Biblia al latín, nos referimos a la famosa Vulgata.

San Jerónimo al traducir la palabra hebraica Helel, que literalmente significa “Resplandeciente”, encontrada en un texto de Isaías, junto con diversas connotaciones, fue cuando dio nacimiento a dicho término.

En la Mitología greco romana, fue asociado a Heósforo, un dios menor e hijo de la diosa Aurora. Y..entre la Aurora, el Portador de la Luz, el Resplandeciente, junto a ideas antiguas de Lucífero o Venus, San Jerónimo parió un lindo niño en la figura de Lucifer, inexistente antes de dicho evento.

Es muy curiosa la lectura del texto de Isaías, en donde se hace referencia a este Helel (Lucifer por sincretismo), ya que el Profeta lo recoge de una sátira entre Yahvé y el Rey de Babilonia derrotado:

¿Cómo has caído del Cielo, astro rutilante, Hijo de la Aurora, y has sido arrojado a la Tierra, Tú que vencías a las Naciones?…..Tú dijiste en tu corazón..El Cielo escalaré, por encima de las estrellas de El, elevaré mi trono y me sentaré en la montaña del encuentro, en los confines de Safón; escalaré las alturas de las nubes, me igualaré a Elyón (El Altísimo)..Por el contrario, al Sol has sido precipitado, al hondón de la fosa.

(Isaías, 14, 12 11)

Así, de esta forma queda asociado Lucifer como Hijo de la Aurora, dando lugar a un Mito inexistente anteriormente.El del Ángel Rebelde Lucifer. Pero, de esta forma los Padres de la Iglesia Trinitaria, creyeron encontrar el Principio del Mal Personificado..He inventaron la asociación:

Lucifer = Satanás

Y, es que la Iglesia Trinitaria y en general sus sectas, no dejan de ser una continuación adaptada del propio judaísmo, y tenemos que recordar que este pueblo, el judío, originalmente aceptaba de pleno la existencia de otros dioses (El Antiguo Testamento, así lo atestigua), aunque eso si, sometidos todos a la voluntad de un Jefe, de nombre Yahvé, nombre por cierto que en otras zonas se denominaba Baal (Señor), con lo que incluso no debemos de extrañarnos, cuando encontramos en las Sagradas Escrituras, términos como Baal Yahvé.

Además existía otro Dios al que llamaban EL (Especialmente una parte del pueblo judío y los cananeos), mas tarde EL se sincretizó con Yahvé, a pesar de no ser lo mismo

Abraham y Melquisedec, adoraban al mismo Dios bajo el nombre de EL Elyón, totalmente distinto al Dios Yahvé, aunque como anteriormente he dicho, algunos Padres de la Iglesia (los inventores del catolicismo por el siglo tres de nuestra era) terminan por asociar como a la misma persona Yahvé y El Elyón.

Con dicha asociación, aquellos Padres, arrastraron un gran problema, por cierto aún mayor que la diferencia en sí, ya que EL Elyón para los cananeos, era el padre de Sahar, cuya traducción correcta es precisamente.

¡Aurora!

O dicho de otra forma, emparentado en la terminología de Isaías, como Lucifer, al que llama:

Helel ben Sahar.

Según el propio Yahvé, es decir: Lucero, Hijo de la Aurora De esta forma según la propia mitología cananea, Lucifer es un descendiente directo e hijo de El-Elyón, que los Patriarcas dicen ser el mismo Yahvé, o dicho de otra forma.

Lucifer es Hijo de Dios, por pura lógica. (¿)

Si leemos el Deuteronomio, nos podemos encontrar con un curioso comentario:

< Cuando Elyón repartió las naciones, cuando distribuyó a los hijos de Adán, fijó las fronteras de los pueblos según el número de los Sene´EL (Los Hijos del Dios EL), mas la porción de Yahvé que fue de su pueblo>

De lo que se desprende que Lucifer era dueño de una parte de la tierra y que Yahvé tan solo era Dios de un Pueblo.A no ser, que siendo el Elyón el propio Yahvé como quiere hacernos creer la Iglesia, Este dio a sus Hijos la Tierra, salvo Canaan e Israel que se la queda personalmente.

Este embrollo, tan solo significa, que todos estos personajes, incluido Lucifer, no eran ni mas ni menos, que reyezuelos de taifas, de aquella época y sus luchas mas o menos intestinas por el poder, pues da la casualidad de que Baal termina también por ser otro personaje, igualmente Hijo de Yahvé, que por cierto, en una ocasión le arrebata a este Yahvé el Trono, motivo precisamente, de que este Dios vengativo (Yahvé), utilice a Abraham para invadir el territorio cananeo, para de esta forma obtener de nuevo el culto a su persona, declarándose por ello, Dios de los Dioses

Sin embargo.

¡Abraham, se arrodilla ante Melquisedec que no es seguidor de Yahvé! y así reconoce a los Dioses de Melquisedec y con ello al propio. ¡Lucifer!

Todo esto, aclara de forma fehaciente, ciertos conceptos, como que Yahvé no es ningún dios Único, pues es demasiado hombre, y que realmente representa al Jefe de los Jefes, o más bien diría al Mandamás de las Tribus de la época.

Que Lucifer no es mas que un hombre, y por supuesto nada de endiosamiento, guerrero y conquistador, como Jehová, que encima a nivel mitológico, están directamente emparentados, representando al Lucero del Alba, a la Luz, a Venus.etc., dando un prototipo en nuestra época y a nivel arquetípico de

Rebeldía, Sabiduría y Misterio

Y que.Simplemente, y por error histórico (ignorancia), asociado por aquellos cristianos, con Satanás, inventaron una supuesta fuerza del mal, un infierno que tampoco aparece ni siquiera en el Antiguo Testamento, sus diablos y toda la parafernalia diabólica tan del gusto supersticioso de algunos.

Conceptos mal copiados de mitologías y ritos caldeos y babilónicos, porque al fin de cuentas, el verdadero Demonio, es el que portamos todos en nuestro interior, como parte intrínseca de nuestros instintos, nuestros egos., etc.

De Lucifer como Portador de la Luz se han escrito ríos de tinta. A los antiguos Agapetas españoles y sus seguidores, representados en la figura de Prisciliano, se les llamó precisamente Los Luciferianos.

Pero el absurdo llegó aun mas lejos, pues así denominaron también a las organizaciones ocultistas como a los alumbrados españoles y a los Charitatis, aun siendo esta última una asociación cristiana.

Realmente, este término se utilizaba simplemente, para representar

Al Heterodoxo

Y, por supuesto por la postura Rebelde de algunos ante dogmas impuestos por el poder de turno. El Lucifer identificado con Satanás, es algo tan ridículo y simple, como su propio invento en sí, utilizado, para el interés de unos pocos, para dominar bajo el imperio del miedo.

Satán nunca fue concebido como algo personalizado, ni tan siquiera se pensó en ello, como un Ser, ni semejante, ni opuesto ni paralelo a Dios. Simplemente pertenece a los mitos y doctrinas basados en la propia Naturaleza, reflejando en ello a la Agricultura, sus fechas Lunares, la Procreación y la Fertilidad, o en conceptos mas desmitificados, y descascarillando el sentido esotérico que no posee. Representando el Ying y Yang, el Sat, Sot y Atma, Kundalini, el Chi el Ki.,etc.

No olvidemos que el término Sat, de raíz indo, significa Naga El Todo Ilimitado, es por tanto la Oscuridad Ilimitada que existió, anterior al Cosmos, o Fuerza Oscura (por desconocida) que permea y motiva a toda la Naturaleza y a todo el Cosmos, sea animado o inanimado. Es por tanto; Fuerza equilibradota del Universo, el llamado Cosmocrator de los Pitagóricos. La Fuerza de adhesión, la del blanco y negro, lo dual, nacimiento, muerte.., etc.

Y, como Fuerza y Fuerza Satánica, es parte de la Creación, no dejando de ser, por tanto, una Emanación simple de la Propia Unidad, y por ello incluso, traducido más claramente: Parte del mismo Dunia (Maya) ¡Simples desvíos esotéricos que hoy por hoy, han perdido totalmente su sentido de Ser! Antes, era indiscutible que los términos Luciferianos o Satánicos, tenía un sentido, ante una sociedad en la que había que enquistarse so pena de ser torturado, quemado o asesinado, el mismo hecho de la rebeldía y de la estructura de un librepensador, ya representaba en sí a un Luciferiano y para los que ostentaban el poder persecutorio, el satánico.

Indudablemente ambos conceptos quedaban rellenos de grandes símbolos para atemorizar o encandilar, o simplemente para comunicar mensajes cifrados entre Hermanos, hermanos en rebeldía civil, política e incluso religiosa, lo que hoy llamaríamos unos libertarios, sabios, filósofos, etc. O, simplemente

Heterodoxos

Pero hoy, ¿Qué sentido le queda?… ¡Ninguno! Ya que esos secretismos, en esta época, dejan de serlo, bajo el amparo de la libre circulación de ideas e información; hasta carece de sentido en Países más o menos sometidos o en vías de democratización.

Los misterios Luciferinos, como representación de la Heterodoxia que busca en libertad y por voluntad ¡La Sabiduría!, solo tiene el sentido, como nombre y etiqueta de un cajón que, aparte de simbolismos que hoy en día son solo útiles al pobre que se deja encandilar por ellos, la intención de Búsqueda del Conocimiento y posiblemente, si así se desea, incluso.

¡La Sabiduría!

Otro concepto asociado al Luciferianismo es la palabra Baphomet, término ya muy manido, en especial entre ciertas Ordenes y Pseudo ordenes, mas o menos esotéricas de personas serias y a veces de colgados mentales, no precisamente muy ligado al término Luciferiano (está hoy mal visto), como es lógico, pues incluso en la propia Masonería, por ejemplo, existe la Heterodoxia..

Unos dicen que el nombre le viene del Islam, ya que al fin de cuentas, todos sabemos que fue éste el que influyó realmente al ocultismo occidental, desde los Rosacruces (siendo su fuente) a los grupos Masónicos ingleses, formados a través de los constructores sufíes.

Y, como en los nacimientos de grupos Masónicos y esotéricos en las figuras de sus Maestros, mayoritariamente ligados al sufismo o al exotismo árabe o islámico, bien desde Egipto o desde otro lugar de Oriente Medio.

Otros dicen que Baphomet es una corrupción de Abufihamat, ya que Idris Shah, un Maestro Sufí, así lo sugería, basándose en la forma de pronunciación, quedando casi como..Baufiumat, que curiosamente significa:

Fuente del Entendimiento.

Otros dicen que viene del griego, de palabras compuestas por Baph y Metis, cuyo significado sería:

Iniciación por medio del agua

Otros que procede de la antigüedad babilónica, de las palabras Bahu Mid. Otros que lo trajeron los Templarios, como símbolo mágico del Islam, lo cual lógicamente, y sin mas, es totalmente falso, ya que precisamente el Islam Prohíbe toda representación mas o menos simbólica hacia la divinidad o similar.

Los musulmanes no creen ni en ningún hombre dios, lo cual ya de por sí es aberrante y signos de superstición arcaica, ni en estatuas, dibujos o imágenes que representen a Dios, ya que es imposible el que sea representado ni nombrado, cosa que cualquier persona que se pare un poco a pensar, vera con toda y simple lógica; siempre, claro está que no se deje esclavizar ni condicionar con ideas preconcebidas religiosas. Lo que no quita que dichos Templarios tuviesen al final una clara convivencia Islámica, por sus valores esotéricos, filosóficos y científicos.

Escrito al leves, de derecha a izquierda Tem Oph AB Representa realmente a la Serpiente o Dragón Alado, y volvemos con ello a símbolos puramente representativos de lo.

Heterodoxo.

Sin más misterio.Podríamos decir que representa realmente:

Entendimiento.Sabiduría.Inteligencia.Voluntad

El propio Eliphas Levi, dibujó al Baphomet, siguiendo el canon de Mendes, y dio una curiosa interpretación de su palabra leída también al revés (costumbre árabe y judía), y separando sus sílabas:

Tem Oph Ab

Que en latín significa: Templi Omnium Hominum Pacis Abbas

El Dios del Templo de la Paz Entre Todos Los Hombres

Posiblemente como Leví era judío, lo simbolizaba también como la Salvación por Dios, a través de un Templo, que para él, este Templo era el de Jerusalén o el de Salomón, dando a entender que una posible y futura salvación estaría sustentada en dicha creencia, y tal templo era un símbolo espiritual, pero claro está, dentro de la ideología judía.

Idea bastante ridícula y absurda, que en su época incluso, supo introducirse equívocamente en grupos masónicos y en ciertos grados, por mediación del propio cristianismo rebelde, nostalgias del simbolismo antiguo.

¡¡Jamás, ningún Templo de Salomón!!

Ni simbólico, ni real, traerá paz alguna a este Mundo, salvo los propios seres humanos unidos en hermandad y contra los manipuladores de religiones y etnias, en contra de nuestra innegable

Igualdad

Por otra parte el Dr. Hugo Schonfield, uno de los Doctores que colaboraron en el estudio de los Documentos del Mar Muerto, decía que Baphomet era una palabra codificada y sometió dicha palabra al descodificador cabalístico denominado Atbash. Sistema que consiste en sustituir la primera letra del alfabeto por la ultima, la segunda por la penúltima, y así sucesivamente.

Al aplicar este código a la palabra Baphomet.

¡O misterio!

Aparece la palabra:

Sophia

Que aunque griega, significa:

Saber o Sabiduría

Si observamos las distintas significaciones que hemos encontrado para esta palabra, nos daremos cuenta que todas, en cierta manera, son sinónimas o parecidas, igualándose en un significado de:

Heterodoxos

Sería, terminando; como palabra que correspondería a; Shekinah, Baphe Metis¿Iniciación en el Saber?….Y, otra vez como símbolo de Energía, de parte de la Unidad, de la Kundalini, del Ying y del Yang,etc.

Por si aun quedan algunas dudas, sobre Baphomet, debemos recordar que éste Puro símbolo, está basado en la Cabra de Mendes. Mendes viene del griego Mendesios, en Egipto representaba al Dios Carnero Ammon (Sagrado Espíritu viviente de Rá) y Ammón Rá, más o menos significa:

El Vacío o Vía de la Mano Izquierda, o Sendero Siniestro

Algo así como la representación, repetimos, de un concepto de Heterodoxia, al mas puro estilo del Dios Pan, de Prometeo, etc. Rebeldía al fin de cuentas Oposición a lo establecido Voluntad de saber, aun en contra del esclavismo impuesto religioso/político

Esclavismos e imposiciones para controlar y tener Poder sobre las masas ignorantes y aterrorizadas, con castigos divinos y demonios e infiernos, parafernalias de cosas que jamás existieron, salvo en la imaginación enfermiza humana.

El Santuario de Ammón Rá, se llamaba:

Pa Bi Neb Nat, o bien. Ba Neb Tettu

Los asirios, lo simplificaban con Binedi, los griegos como Bandes y por deformación, se quedó en Mendes. Aproximadamente el significado es:

Alma del Carnero.Señor de Tettu

El simbolismo del Carnero, siempre representó, desde la antigüedad una idea chamánica representativa del ansia por lo oculto, por el saber, al fin de cuentas.

Y, recordemos que Baal, que quiere decir Señor o Dios, en un principio se utilizaba para representar, precisamente al Dios Baal Yahve, y su forma, realizada por Aarón, hermano de Moisés, fue precisamente de un Carnero de oro.

Realmente, al mas puro estilo Luciferiano, representaba Restos Ritualísticos de la antigüedad, Ritos de la Procreación y de la Fertilidad. También como Cabra de Mendes está unida al famoso Mito de Osiris Set (Ritos de Fertilidad Solares) (Agricultura).Recordemos que el falo de Osiris se perdió y fue engullido por un pez, y el pez se convierte en símbolo del cristianismo y los Setianos una de las innumerables sectas cristianas, representados por Clemente de Alejandría, que afirmaban que Set era una encarnación previa del propio Jesucristo. (¿)

¡Vamos!, un gran cacao mental y confusionismo simbólico, intentando encontrar, lo que no hay. Luego, después de Mendes, fue en realidad de donde surgió el Baphomet actual, del cual ya escribí un artículo, que aconsejo volver a leerlo.

Simplemente recordar que en la construcción simbólica del mismo, aparece la estrella de cinco puntas, llevando el Baphomet, las dos puntas hacia abajo, formando el Adan Kadmon, símbolo Blanco y por supuesto de la Heteodoxia, y cuando esta estrella dicen, que está invertida, representa lo satánico, yo ante semejante absurdo, diría, que representa lo Hetero de la Heterodoxia o mejor explicado:

Rizar el rizo.

Tendríamos que parar a pensar, por nosotros mismos..Con un poco de relajamiento y sin condicionamientos: ¿Acaso no nos damos cuenta, que todo esto, como conocimiento es divertido y está bien?, ¿Pero que no lleva a ninguna parte? ¿Acaso no nos damos cuenta, que en otra época, si es cierto que existía y había motivo para ocultar ciertas ideas en símbolos, que hoy están superados y mas bien diríaQue son ridículos? La verdad es mucho más sencilla, y el camino hacia la Sabiduría, se encuentra realmente en la: ¡¡¡Simplificación!!! Un gran Maestro, decía a sus alumnos: >A Dios, hay tres cosas que le encantan del hombre, y esta son:

Sencillez..SencillezSencillez.

Por tanto, Baphomet no es ni mas ni menos que un símbolo ¡Humanista!, una representación de la búsqueda sincera del conocimiento como uno de los posibles caminos, y su final, en la sabiduría, y que esto pasa por ser un librepensador, que es lo que antiguamente denominaban los Maestros del Engaño Religioso, como Heterodoxos o Luciferianos

Francamente. ¿Alguien, hoy en día, cree en el diablo o en Satanás? ¿Acaso el mismo hombre no manda sobre este concepto del Mal, mas que el Mal mismo?

De existir el tal Satanás, el hombre lo sometería de inmediato, pues entre otras cosas, le superaría en su propia maldad..Y, si no

¡Miremos la Historia!

Con este artículo, y se que me enemistaré con mas de un romántico, admirador del símbolo, pretendo quitar la venda de los ojos, hacia un esoterismo barato, que pretende sustituir un poder por otro, pues por desgracia, aquí hemos llegado

¡A manipular a la propia Heterodoxia!

Y, para terminar, en el Apocalipsis, se lee: >Yo soy el Alfa y el Omega< Curiosamente, en el texto en griego, en lugar de omega en palabra, pone solo el símbolo de la omega. Si damos el valor cabalístico a sus letras, tendríamos para

¡Esta Exclamación de Dios!

1332 = 666 +666 = 666 y 666 Y, como tambien 666 es la suma de los números consecutivos hasta el 36, podemos sustituir 36 y 36 por el valor de 72 (su suma) y nos encontraríamos con la gran curiosidad de la coincidencia en el Tetragramón de la palabras de Dios: YHWH, siendo 10,5,6,5 y como el 6 es una llave cabalística, quedaría 10 =5 y 5 que simplifando

Nota* el numero de la Bestia es 616 en realidad, el 666 se hizo como manera contradictoria al numero original.

El alfa y el Omega, es un símil matemático basándose en la Cábala y que las letras YHWH o bien Jehová es así claramente representado por la cifra 666, que curiosamente coincide con el famoso 666 de Lucifer, O, simplemente un lío que no lleva a ningún puerto. Pues, ni existe Lucifer que es un concepto, ni existe Satanás, que es un invento, ni existe Yahvé que es fruto de la mitología de los hombres sobre los Dioses, en una época menos culta y mas sufrida.

Lo único que existe es la Unidad Única y sin Nombre, que sin ser Dios, es el Absoluto, y todo cuanto existe y nosotros incluidos, somos su más pura emanación y copartícipes de su Propia Creación.

¿Por favor?, no nos compliquemos en el maniqueísmo de símbolos y palabras. ¡Aprendamos con humildad a imitar a los sabios!

¡Seamos sencillos!

Crisis de la Política

Estamos a las puertas del siglo XXI, gestionando los asuntos de la res pública con ideas del siglo XVIII. Y no hay elementos para pensar que esto vaya a cambiar. Pensemos lo que hubiera significado acometer la primera revolución industrial con los principios de la humanidad medieval: a cada modelo histórico y socio-político, corresponde una particular forma de pensamiento. Solamente el mundo moderno ha contemplado la distancia abismal entre una superestructura tecnológica desfasada en relación a las formulaciones político-sociales. El mundo postmoderno no puede ser regido por principios anticuados.

¿EVOLUCION O INVOLUCION?

Antes de abordar la cuestión fundamental de la crisis de lo político vale la pena situar la discusión en el contexto que le es propio. Al abordar la historia de las civilizaciones son posibles dos actitudes antagónicas: o bien concebir el desarrollo de los episodios históricos como un proceso evolutivo hacia formas superiores de convivencia y civilización, o el hacerlo entreviendo en el devenir histórico la crónica de una decadencia.

La primera actitud, progresista, centra su análisis en los logros materiales de las civilizaciones; desde este punto de vista, la civilización moderna es superior a la antigua, acaso por que su tecnología es mas sofisticada. La segunda actitud, tradicionalista, se basa en la superioridad del espíritu sobre la materia y en divisar un más alto nivel ético, moral e intelectual en las civilizaciones antiguas que en las modernas; éstas por lo demás y en palabras de Guenon, vivirían de todo lo que las anteriores han desechado.

Trasladando estas consideraciones a la política, ambas actitudes tendrán sus correspondientes traducciones. El progresismo verá en la democracia la forma última de autogobierno del pueblo, mientras que el tradicionalismo advertirá en ella lo más alejado de la pureza de los orígenes y la última forma de decadencia y desintegración.

EL MISTERIO DE LA DECADENCIA

Por nuestra parte nos alineamos con la segunda opción. Consideramos que la antítesis fundamental es entre mundo tradicional y mundo moderno, con sus corolarios correspondientes. Ahora bien, ¿por qué se produce la decadencia? Si existió una Edad de Oro, dominio de la espiritualidad pura, ¿por qué degeneró? ¿cuál es, en definitiva, el misterio de la decadencia?

Desde el punto de vista de la física y de la metafísica, la idea del progreso es insostenible. El segundo principio de la termodinámica, la ley de entropía, nos dice que cualquier sistema de energía camina progresivamente hacia su agotamiento y en absoluto hacia una renovación cada vez mayor de su potencial. Una batería, por ejemplo, funcionará óptimamente durante unas horas hasta que sufra una pérdida de energía que la vaya agotando progresivamente; las leyes de la física excluyen que los sistemas cerrados de energía tengan una renovación que les lleve de estadios inferiores a superiores; ocurre todo lo contrario: de estados perfectos degeneran a estados imperfectos.

La metafísica enseña, además, que toda manifestación supone la plasmación en lo contingente de un principio metafísico; contra más se desarrolla la manifestación de cualquier principio, más se aleja del origen, así como contra mayor es un círculo, cada uno de sus puntos está más alejado del centro originario. Esta lejanía progresiva implica una creciente desconexión con el principio y, por tanto, un alejamiento y una consiguiente caída de nivel.

Es por ello que, desde el punto de vista metafísico lo superior no puede nacer de lo inferior, tal como queda confirmado por la segunda ley de la termodinámica. Así pues el progresismo no es sino una intuición errónea, una ilusión fundada en la observación de todo lo hay de más bajo en la naturaleza manifestada; observación que, por lo demás, para sugerir la idea de progreso, debe reducirse a unos cortos períodos de tiempo en los que se genere la ilusión del progreso. Así, por ejemplo, en los años 50 la invención del DDT pudo ser considerado un gran avance; hoy, cuarenta años después, se sabe que para lo único que ha servido es para operar una selección natural de insectos y generar una carrera irreprimible entre insecticidas más enérgicos e insectos progresivamente mas resistentes. Otro tanto ocurre con buena parte de los fármacos y con tantos y tantos productos de los “avances de la ciencia”.

LA DOCTRINA DE LA REGRESION DE LAS CASTAS

Publicado en 1927, “La Crisis del Mundo Moderno” de René Guenon solo fue traducido al castellano cuarenta años después y publicado por una pequeña editorial argentina. Veinte años después fue editado en España sin que suscitara muchos comentarios. En 1931 apareció la primera edición italiana de “Revuelta Contra el Mundo Moderno” escrito por Julius Evola. Aquí también debieron pasar sesenta y cuatro años antes de que viera la luz la correspondiente edición en lengua española.

Como puede deducirse por los títulos de ambos libros, existe entre ellos cierta simetría. El de Guenon subraya el carácter terminal y crítico de los tiempos modernos; el de Evola, coincidiendo con éste diagnóstico, llama, además, a la “revuelta”.

Ambos autores tienen un punto de coincidencia: su percepción de la historia de la humanidad como la crónica de una decadencia. Los dos hacen referencia a la doctrina hindú de la regresión de las castas e insertan en su contexto los hechos históricos objetivos que encajan con sorprendente precisión. Tal teoría se basa en que en cada uno de los períodos históricos son hegemónicas cada una de las cuatro castas, en orden descendente. Cada casta extiende su influencia en los distintos dominios a los que impregna con su espíritu y sus principios, hasta que finalmente, su hegemonía entra en crisis y es sustituida por la siguiente en orden inferior.

La historia así concebida ha sido interpretada como el descenso desde la hegemonía de los “brahamanes”, primera casta, realeza sacerdotal, hasta, hasta la casta servil de los parias que no poseen otra cosa mas que la fuerza de su trabajo, pasando por la nobleza guerrera, los “khsatryas” y la burguesía artesanal de los “vaysas”. Cada una de estas cuatro etapas supone una caída de nivel y, en su conjunto, un ciclo completo.

Así por ejemplo, si centramos nuestra atención en la arquitectura observaremos que en un período remoto, coincidente con la hegemonía brahamánica, las construcciones axiales de los pueblos son los templos, más adelante, al caer el brahmán y entronizarse en la cúspide del poder material el guerrero, es el castillo y el fuerte la construcción que más atención recibe. Sustituidos los guerreros por los mercaderes, los edificios fabriles y las colonias industriales alcanzan en el siglo pasado su máximo desarrollo, así como los barrios residenciales de las grandes ciudades. Finalmente, en el período de mistificación final, la época de los parias, aparecen desde las “ciudades dormitorio” hasta los complejos de ocio. En el ámbito de la música es igualmente visible este proceso de tránsito: inicialmente ligada a las iniciaciones mistéricas, luego como elemento de enervamiento de la casta guerrera, la música, pasó a ser un deleite de la burguesía a partir del siglo XVII, antes de ser un fenómeno de masas en el XX con fenómenos como el jazz, el pop o el rock.

Es evidente que una de las desembocaduras más importantes de esta doctrina tiene que ver con las concepciones políticas en tanto que es a través de ellas como se concreta la hegemonía de una casta sobre las demás. En la primera etapa, el dominio de los Brahamanes, se concreta en la formación de una aristocracia espiritual de reyes-sacerdotes, que gobiernan en tanto que en su naturaleza está inherente un elemento superior, no humano, una naturaleza espiritual. En una primera fase degenerativa, se produce el episodio conocido como “revuelta de los khsatriyas”: la casta guerrera no quiere limitarse a ser la segunda en la jerarquía y usurpa las funciones de gobierno: aparecen las aristocracias de la espada y la sociedad se estructura en torno a la nobleza; en una fase siguiente, es la burguesía -los vayshas- quienes al haber crecido lo suficiente y paralelamente a la degeneración de las aristocracias guerreras, colocan sus valores y linajes en el poder: es el período hegemónico de la burguesía que en Occidente se consolida a partir de la revolución francesa y se coagula en torno a los valores de “libertad, igualdad y fraternidad”; en una última fase de degeneración, distintos procesos, hacen que los engranajes impongan su poder reduccionista y masificador; estamos en el momento de hegemonía de los “sin casta”, el período nietzscheano del “último hombre” que todo lo quiere a su medida.

Las formas de organización política existentes en la actualidad son formas en las que los valores burgueses empiezan a ser residuales en relación al conjunto y donde se perciben elementos masificadores y reduccionistas en todas partes del conjunto social. El agotamiento de las fórmulas burguesas se manifiesta en la imposibilidad de hacer realidad la vieja tríada nacida con la revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad que, en la práctica se ha traducido en alienación, reduccionismo y explotación.

En 1917 la revolución rusa recuperó esta tríada, acusando a la burguesía de no haberlo podido hacer realidad. Se sabe lo que siguió: a las taras anteriores se añadió el autoritarismo y la brutal limitación de las libertades públicas. Cincuenta años más tarde, los estudiantes contestarios de París y de las demás capitales occidentales, se lanzaron a las barricadas enarbolando, contra el stalinismo y la democracia liberal, el viejo slogan, antes de desaparecer por la cloaca de la historia. A partir de 1970, con el fracaso de la contestación estudiantil, la contracultura y las revisiones del marxismo, el viejo ideal queda completamente desacreditado y pocos lo reclaman ya. El viejo paradigma de la democracia ha demostrado ser intraducible a términos prácticos y peligroso en tanto susceptible de caer en las peores desviaciones.

LA ESENCIA DEL ACTUAL SISTEMA POLITICO

El elemento más característico del mundo material es su posibilidad de ser dividido en unidades progresivamente más pequeñas -hasta el átomo-, idénticas unas a otras y, por tanto, mesurables. Así por ejemplo, es posible fracturar la galena en fragmentos cada vez más pequeños a medida que se les golpea; la estructura cúbica cristalina se va desestructurando en fracciones cada vez mas pequeñas que reproducen la estructura originaria; y así podríamos seguir hasta las unidades moleculares básicas, cada una de las cuales sería exactamente idéntica a todas las demás.

Esta operación permite algo tan básico y elemental como es contar las partes homogéneas: en tanto que idénticas en cualidades y formas, la suma de todas ellas nos reconstruirá la dimensión del material originario. Puede decirse que este aspecto “cuantitativo” es propio del mundo material y su característica fundamental.

Ahora bien, el hombre es algo bien diferenciado en la medida en que su constitución no es únicamente material. El elemento “cualitativo” tiene su parte importante en la amalgama de lo humano. Es lícito sumar borregos para saber el número con que cuenta una manada; difícilmente podríamos calcular el caudal de las aguas si no estuvieran sometidas todas sus partes a unas mismas leyes de la hidráulica; en efecto estos ejemplos, suponen operaciones legítimas y exactas que pueden operarse en un mundo privado de diferenciaciones cualitativas. Pero este no es el caso de lo humano.

La decadencia de la civilización occidental se evidencia en el reduccionismo de lo humano a la mera dimensión material y, por tanto, a su aspecto exclusivamente cuantitativo. Solo así puede entenderse la base de los regímenes políticos occidentales: la ley del número. La ley del número es la característica dominante de la fase del período involutivo en el que las masas son hegemónicas. El peor error de las democracias liberales ha consistido en los últimos doscientos años en admitir una igualdad entre todo el género humano, igualdad que si bien es cierta en los aspectos materiales y en los que afectan al hombre como especie animal, no lo es en absoluto en los aspectos cualitativos.

No se trata de las diferencias educativas o generadas por la diferente situación en la escala social, sino que se trata de reconocer que la igualdad es un absurdo en tanto que en lo que diferencia al hombre de otras especies, somos todos fundamentalmente desiguales. Cada uno de nosotros está mejor o peor dotado para unas u otras actividades, manifiesta su interés o su apatía respecto a tales o cuales problemas, nuestras tendencias más íntimas nos facilitan el intervenir en algunas facetas de la actividad humana e inhibirnos de otras; caractereológicamente estamos predispuestos hacia unas actividades y rechazamos otras. En consecuencias nuestras cualidades son completamente distintas.

La igualdad es, por tanto, pura ficción. Por lo demás incluso en lo que atañe a la igualdad de derechos y obligaciones, una sociedad normal debería de contemplar una honrosa desigualdad entre sus elementos constituyentes. Toda la literatura de ficción sobre mundos alienados del futuro, contempla una realidad social igualitaria y uniformizada en la que la gran masa no tiene rasgos diferenciales entre sí y el poder se empeña en acentuar tales tendencias uniformizadoras. Desde “1984” hasta las fantasías cinematográficas a lo “Zardoz”, existe toda una literatura anti-igualitaria que denuncia las tendencias reduccionistas de un problemático futuro.

Sin embargo la denuncia de los intelectuales choca con la aceptación teórica de la igualdad sobre la que se asienta el sistema democrático occidental. Efectivamente, puede decirse que los grandes principios que dieron origen a la revolución francesa y al período de las revoluciones burguesas, hoy son pura coreografía sentimental y emotiva que acompañan al hecho central del sistema democrático que es la convocatoria electoral y esta se resuelve con la mera ley del número.

Ciertamente los derechos democráticos de reunión, asociación y elección, las garantías constitucionales inherentes a los leyes centrales de los Estados, son logros que figuran en el haber de la democracia; sin embargo, pasan a segundo plano en relación al sistema electivo, cuya base es meramente numérica y en tanto que tal, injusta.

Por lo demás, hace falta plantearse hasta qué punta solamente el sistema democrático liberal es capaz de garantizar el ejercicio de tales derechos y si no será más cierto como decía Solzhenitzine durante el stalinismo que “en el Este nadie puede decir nada; en el Oeste se puede decir todo, pero no sirve para nada”, es decir si el marco democrático liberal es el más adecuado para garantizar las libertades individuales, o como se quiere plantear, el único capaz de satisfacer las necesidades humanas de libertad y las sociales de representatividad y participación.

EL MENOS MALO DE TODOS LOS SISTEMAS POSIBLES

Esta frase, mencionada por Winston Churchill, suele ser citada habitualmente por los defensores del sistema democrático liberal a modo de última trinchera. Estaríamos tentados de darle la razón sino fuera por que desde que fue enunciada han pasado más de setenta años, tiempo en el curso del cual la humanidad ha variado más que en los doscientos años anteriores y esto nos remite a la inadecuación del sistema político a la realidad actual. Pero hay algo más.

En mayo de 1968 las calles parisinas vieron todo tipo de desmanes y exageraciones, pero, a la postre, aparecieron también algunas iniciativas interesantes y, ciertamente, por última vez en este milenio, la juventud intentó tomar las riendas de la historia, siquiera en el mes antes de las vacaciones escolares. “Imaginación al poder” fue una de las consignas menos repetidas entre las barricadas -no olvidemos que lo esencial de la agitación callejera fue guiada por estudiantes marxistas-leninistas y trotskystas, con sus catecismos y libros sagrados- pero que han pasado a caracterizar aquel movimiento. Y de lo que se trata precisamente es de insuflar imaginación en un terreno como el de la política, cuya creatividad se agotó hace doscientos años.

Es imposible sostener eternamente que la democracia es el menos malo de todos los sistemas posibles y negar a la imaginación el derecho a buscar alternativas. Y, sin embargo, los gobiernos en el poder se rechazan la posibilidad de realizar reformas, por pequeñas que sean, a la actual ordenación política

LAS DEGENERACIONES DE LA DEMOCRACIA

Es fácil entender los motivos. En primer lugar el político es un profesional que vive y se alimenta gracias al sistema que le ha permitido acceder a los mecanismos de poder. Lógicamente está agradecido al sistema que le ha beneficiado y poco dispuesto a realizar modificaciones que le harían perder su situación privilegiada.

En segundo lugar, el político vive una vorágine diaria que distorsiona y limita su visión de la realidad: en realidad el político solamente tiene contacto con la realidad social durante los períodos pre-electorales en los cuales las reglas del juego implican el que deba aparecer casi necesariamente postulando votos por mercados y fábricas, puerta a puerta o a través de las calles. Acabada la campaña electoral y elegido, el candidato pasa a otro nivel de la realidad: la que limita su radio de acción a los alfombrados corredores del Parlamento, a los restaurantes de campanillas en donde recibe a periodistas, comparte cubierto con otros políticos o a los puentes aéreos en donde recibe muestras de simpatía o cuanto menos es observado con interés y curiosidad. Pero la sociedad está en otra parte.

Su quehacer cotidiano tiene mucho que ver con la aprobación de leyes de escaso interés y mínima incidencia; por otra parte, se le requiere que carezca de opinión propia, su posibilidad de volver a figurar en la lista de su partido en las elecciones siguientes, va en función de que no sea problemático y se limite a apretar el botón correspondiente, si o no, a requerimiento del jefe de grupo parlamentario. Luego están las intrigas interiores del partido, la tarea de promoción personal, el tener que recurrir a entrevistas, debates, la necesidad de asistir a fiestas sociales ineludibles, a recepciones oficiales en las que su ausencia sería objeto de comentarios. Además debe dormir un mínimo… )qué tiempo tiene un político para pensar? )cuándo puede plantearse, él o su grupo, la necesidad de algo que vaya más allá de lo inmediato y puntual? )cuándo tendrá tiempo de establecer estrategias a largo plazo que afronten problemas de prospectiva? )qué le importa como será el mundo dentro de cincuenta años y las medidas para corregir desviaciones, lacras o problemas futuros? lo único que le preocupa es el aquí y el ahora.

Nuestro pobre político no es un especialista en todo; el sadismo de sus dirigentes partidarios y del sistema radica en que se le obliga a opinar y a entender sobre cosas de las que nunca ha oído hablar, ni probablemente volverán a interesarle en su vida: un día deberá votar una ley sobre alquileres e incluso se le habrá requerido para que estruje sus neuronas en la búsqueda de la mejor ley posible; en otras votará unos farragosos presupuestos generales, él que no tiene ni idea de economía y que solo es un abogadillo de provincias; puede ser, incluso, que tenga que participar en una comisión de Defensa Nacional o de investigación sobre Sectas, o cualquier otra lindeza: él, que solo pretendía ser elegido para satisfacer su ego, para lograr un modus vivendi más cómodo para él y para sus familiares y amigos, él que está felizmente casado y se le exige su presencia en la capital del Estado lejos de sus seres queridos… Se exige de nuestro pobre político tantas cosas sobre las que no tiene ni idea, tantos esfuerzos y sacrificios, que entonces puede entenderse la aprobación continua de leyes que no tienen desembocaduras prácticas o de instituciones que se superponen unas a otras sin que sus límites queden bien diferenciados. Se dice desde el mundo clásico que un Estado es más injusto contra más leyes produce… y nuestros estados modernos se han transformado en expendedores de leyes y decretos que legislan todo lo legislable en floridos e inextricables compendios que apenas sirven para otra cosa que para judicializar la vida pública y las costumbres sociales. En varios estados de los EE.UU. las leyes tienden incluso a legislar la intimidad del lecho conyugal… Además, quienes establecen, discuten y aprueban las leyes apenas tienen idea sobre lo que legislan; puede entenderse el porqué algunas leyes son tan absolutamente imperfectas e incluso mal redactadas, incomprensibles y susceptibles de interpretaciones contradictorias, ¿qué otra cosa se puede exigir a gentes que no son especialistas?

La ley del número contribuye a acelerar el proceso degenerativo de las democracias. Dado que la elección es realizada por mayoría no cualificada, el político, para ser elegido, deberá halagar al ego de las masas. Realizará promesas de futuro radiante y esperanzador, se cuidará muy mucho de mencionar en sus discursos los aspectos problemáticos o conflictivos que pudieran repercutir negativamente en las masas, so pena de arriesgarse a no salir elegido. Si es un demagogo bien dotado, logrará cautivar a las masas y si está apoyado o es capaz de aparecer más veces que sus oponentes en los medios de comunicación, tendrá más posibilidades de salir elegido.

Pensemos por un momento en un candidato que diga a sus electores: “Mirad, queridos, nosotros que somos partidarios del libre mercado, implantaremos el despido libre y los contratos-basura por que es la primera regla del juego”. Posiblemente sería linchado en el curso de la misma campaña. Imaginemos lo que habría sucedido en 1981 si el PSOE se hubiera desembarazado de sus ambigüedades del género de “¿La OTAN? De entrada, no” y hubiera sincera su posición: “¿La OTAN? de cabeza”, o imaginemos si en 1981 la sensibilidad de la población en relación al problema de las drogas (“despenalización”) hubiera sido la misma que en 1993 (“cumplimiento completo de penas por delitos de narcotráfico”)… y es que los partidos tienen unos programas cambiantes, no en función de sus propios principios ideológicos, sino de las oscilaciones del electorado.

Por otra parte, los programas de la mayoría de partidos se parecen cada vez más unos a otros. Los partidos, con el paso del tiempo, han ido limando sus aristas: por de pronto han empezado a renunciar a los grandes sistemas ideológicos para zambullirse en el mero pragmatismo, luego la “realpolitik” y la mentalidad del electorado les ha inducido a converger en lo esencia y diverger solo en lo accesorio, encontrando los grandes motivos de colisión en aspectos concretos de gestión, no en los conceptos que rigen tal gestión. Los partidos políticos así concebidos han dejado de ser opciones ideológicas, pasando a la categoría de conglomerados de círculos de influencia, muy fragmentados interiormente y organizados en familias y tendencias que tienen como denominador común el afán por gestionar el poder y vivir bajo sus mieles,

El peligroso sistema electivo basado en la ley cuantitativa del número ha provocado una caída de nivel de la tensión política en los Estados Nacionales. Ya hemos visto a qué conduce esto: no estamos ante una democracia, sino ante una partitocracia, en la cual todo el poder pasa a través de los partidos políticos; pero )qué son hoy los partidos? No desde luego grandes estructuras repletas de cuadros y militantes; la mayoría solo existen como partidos en horas pre-electorales y son staffs proveedores de cuadros para la administración pública.

Los bajos niveles de filiación a los partidos políticos contrastan con la amplitud de las áreas de poder que se han arrogado: representan poco, cada vez menos, incluso electoralmente, en la medida en que los índices de abstención en el mundo desarrollado oscila entre el 60 y el 30%, a nivel militante su importancia es numéricamente despreciable, y sin embargo, su poder está presente en todos los ámbitos de la vida de un Estado: desde el consejo de Radiotelevisión, hasta los Ayuntamientos de barrio, pasando por las Cajas de Ahorros y así sucesivamente…. ¿cómo podemos pensar que alguna vez quienes lo tienen todo vayan a renunciar a algo por voluntad propia?

Las consecuencias de esta situación son las que todos conocemos y que están presentes tanto en nuestro país como en cualquier otro del mundo democrático: nepotismo y amiguismo, corrupción (capitulación de la política ante la economía, el individualismo y el afán de lucro), la ausencia de soluciones a corto y medio plazo, y finalmente el divorcio entre el país real y el país oficial, junto a la agudización de los procesos en crisis hoy abiertos.

MISTICA DEMOCRATICA Y ANIMISMO

Nuestra tesis es que un sistema que se asienta sobre un concepto erróneo, la ley del número, puede funcionar más o menos bien durante un tiempo, desafiando las leyes de la lógica, pero esta, antes o después se impone. Resulta sorprendente el que aun hoy la partitocracia sea incuestionable para algunos -especialmente para sus beneficiarios y para ciertos teóricos políticos poco imaginativos- toda vez que si descendemos a sus rituales concretos, adquiere el problemático aspecto de una religión animista propia de pueblos primitivos. Obsérvese sino.

Ya hemos dicho que la partitocracia tiene como vector fundamental el reduccionismo de lo humano a lo meramente cuantitativo (un hombre, un voto), algo que resulta excesivamente pobre y deslucido para que pudiera tener eco en los cenáculos intelectuales. Hacía falta envolver este concepto de un halo místico y de un envoltorio que recubriera su banalidad intrínseca.

Los teóricos de la democracia proclaman que este es el mejor sistema para hacer valer la “soberanía popular”, un concepto difícilmente definible pero que vendría a estar implícito en el mismo concepto de la democracia entendida como “mando del pueblo”. Pero “el pueblo”, que no puede mandar directamente, delega su “voluntad” en unos representantes que son investidos en una ceremonia y en los cuales, la suma de las voluntades populares se hipostatiza y adquiere el carisma de una legitimidad para ejercer el mando. Observar detenidamente el proceso es importante por que veremos hasta qué punto refleja la existencia de un arquetipo iniciático y animista laicizado.

Las campañas electorales renuevan y vivifican la “voluntad popular”, tienen sus ritos específicos e ineludibles: el mitin, la ceremonia de instauración de la primera piedra (en este caso la primera pegada de carteles), la postulación de los candidatos, los duelos singulares considerados como los juegos olímpicos antiguos como aquellas pruebas en donde el “justo” evidencia su estado frente al “injusto”. A esto sigue una “jornada de reflexión” equivalente al período de ayuno y abstinencia inmediatamente anterior a cualquier ceremonia iniciática, capaz de conferir pureza y serenidad. Y al igual que en estos ritos de paso, la ceremonia viene precedida por la estancia en una “cámara oscura”, en soledad, en donde se madura el acto que va a realizarse. Los masones antes de entrar en logia para ser iniciados en el grado de Aprendiz redactan en la cámara oscura su “testamento filosófico” y los electores en una sala parecida meditan por última vez la importancia de su opción. Luego cierran el sobre y acuden a la mesa electoral siguiendo un ritual que termina con el tradicional “!ha votado!” pronunciado por el sacerdote oficiante con el visto bueno de los vigilantes enviados por los distintos partidos. A una hora concreta, ni antes ni después, tiene lugar el recuento de votos, la ruptura de los sellos de las urnas: las “voluntades populares”, traspasadas a la papeleta después de un ritual mágico cuidadosamente establecido (campaña, jornada de reflexión, cámara de meditación, cierra del sobre, entrega en urna) se suman, dejan de ser patrimonio de las unidades individuales que las han depositado y se transforman en una entidad común gracias a la cual, mediante otra operación mágica -el acto de investidura- se hipostatizan sobre los señores diputados o los cargos electos. Estos, por mor de este ritual, se convierten automáticamente en inviolables e infalibles: inviolables por que a ellos no llega la jurisdicción ordinaria que sí llega al común de los mortales, infalibles porque solo ellos y nada más que ellos tienen el privilegio de -iluminados por la “voluntad popular”- redactar normas y leyes, han devenido “el Legislador”… Claro está que, como en todo rito mágico, la fuerza que los ha investido, se agota, y es preciso actualizarla nuevamente mediante la reiteración de la ceremonia descrita en todos sus pasos.

Y todo esto para un sistema en crisis… en realidad los chamanes no complicaban tanto la vida.

PENSAR ALTERNATIVAS

Todo esto es algo más que un chiste o una manipulación: es nuestra realidad cotidiana. Una realidad que ha dejado de funcionar. No somos nosotros quienes lo afirmamos, ni siquiera transmitiendo la opinión de una opción política concreta, son instituciones situadas por encima del mundo de la política cotidiana, como el “Club de Roma”, quienes han lanzado el grito de alarma desde las primeras muestras de esclerosis del sistema político en 1968. En su informe “La primera revolución global” los miembros de tan distinguida sociedad de sabios se planteaban: “¿Son capaces de enfrentarse a semejante situación los tradicionales sistemas políticos, institucionales y administrativos?” y tardaban unas pocas páginas en responder que no, que no lo son. Dicen, por ejemplo: “La creciente obsolescencia es, pues, una característica fundamental de la gobernación actual. Sus estructuras fueron diseñadas en lo esencial hace más de un siglo para satisfacer las necesidades de sociedades mucho más simples que la presente” y más adelante nos confirman en el diagnóstico ya emitido: “Los dirigentes nacionales se hallan tan atosigados por apremiantes problemas cotidianos y apagando fuegos políticos, que no tienen ni el tiempo ni la detallada información que precisarían para ocuparse en profundidad de la extraordinariamente amplia gama de políticas interrelacionadas que implica el gobierno contemporáneo”. La incapacidad de los actuales gobiernos para afrontar los cambios es igualmente denunciada: “Los gobiernos raramente generan innovación. Reaccionan a las presiones en favor del cambio que derivan de las demandas populares, bien mediante el proceso democrático de unas elecciones, o bien en las secuelas de una revolución triunfante”; denuncian la corrupción tenida hasta hace poco como una excepción en la clase política: “En muchos países, la corrupción política y la corrupción moral alcanzan niveles muy elevados y no dejan de aumentar. Su erradicación es esencial como requisito previo para el desarrollo de un gobierno eficaz y justo”.

A los cerebros del Club de Roma no se les escapa que esta situación de impass y empantanamiento en la crisis se debe a que las fuerzas económicas se sienten muy favorecidas con un poder político que habitualmente come de la mano y que les sirve de caja de cambio entre la economía y la gobernación. Ni un solo partido político mayoritario cuestiona las leyes del libremercado; siempre que se intenta corregir el mercado se hace en función de los intereses económicos de los poderosos y en detrimento de las clases populares que bastante tienen con ir a votar una vez cada cuatro años aun a pesar que su situación económica sea asfixiante.

No es raro pues que el Club de Roma realice finalmente un llamamiento que se nos antoja limitado pero marcado por la época; en realidad, este club de cerebros ya ha ido más allá de lo tolerable denunciando el callejón sin salida y la catástrofe que nos espera al final del camino. A decir verdad es la primera vez que se cuestiona la validez universal de la democracia liberal más allá del fascismo y del comunismo; son lógicas las prudencias y los límites autoimpuestos por el Club de Roma. Tienen razón, eso sí, en augurar por una resolución de los conflictos a escala mundial y por una propuesta para introducir el humanismo en la política a fin de paliar “la notoria pérdida de confianza en las personalidades y los partidos políticos, el desprecio a la burocracia, la abstención electoral y un distanciamiento generalizado entre el sistema y la sociedad”. Claro está que no queda claro cuales serán los nuevos procedimientos para asegurar la gobernabilidad y, sobre todo, los mecanismos de tránsito del actual impass a una situación más flexible. Por otra parte, bien es cierto que parece excesiva la confianza puesta por el Club de Roma en las instancias internacionales que, como las NN.UU. parecen cautivas por la resolución de la lucha por la hegemonía mundial a favor de los EE.UU.

En la introducción a la edición española de “La primera revolución global”, el prólogo es suficientemente significativo y no deja lugar a dudas: “La catástrofe se avecina. Sólo un radical cambio de rumbo puede evitarla”.

Hasta ahora el Club de Roma y algunos intelectuales aislados han oficiado a modo de Casandras, augurando desastres y viendo lo poco o nada que se hacía para evitarlos. Ahora ya es preciso algo más que denuncias, es preciso pensar en positivo. La hora de la profecía desoída ha sido sustituido por la hora de la propuesta necesaria.

LA POLITICA DE LA EDAD DE ORO Y DEL ACUARIO

Saltar de lo cuantitativo a lo cualitativo; pasar de la igualdad amorfa a la desigualdad cualificada; desmasificar el mundo de la política, purgarlo de la caterva de oportunistas, demagogos, corruptos y mediocres; liberar la política de la economía; superar definitivamente la pesadilla que para la mayor parte de la población supone la economía de mercado; crear estructuras de gobierno desburocratizadas, estables, capaces de planificar a largo plazo y de gestionar lo cotidiano; desembarazarse de los prejuicios “progresistas”, humanistas y sentimentaloides; establecer como norma política la competencia y la responsabilidad; sustituir el equilibrio de poderes por el equilibrio entre derechos y obligaciones: más alto es un puesto de gobierno, más altos son las responsabilidades y obligaciones que debe aceptar; sustituir los partidos políticos por estructuras orgánicas de afinidad… tales serían algunos de los principios rectores de una “nueva política”.

En el tránsito del actual ciclo histórico a lo que se ha dado en llamar futura Era de Acuario, caerán los actuales valores que se verán sustituidos por los que constituyen el eje Acuario y su complementario Leo. Se asocia el contenido de la Era de Acuario a la humanidad y se colige finalmente que, cuando empiecen a notarse los síntomas del nacimiento de la “nueva era”, estos se identificarán con los del humanismo. Ahora bien, esto sin dejar de ser cierto, merece ser matizado. Como se sabe, el signo complementario de Acuario es Leo, la jerarquía, el mando y el fuego. Difícilmente encontraríamos dos signos tan complementarios como estos; si en la Era de Piscis, el símbolo de los peces encontró en el cristianismo su complemento en Virgo y en el papel desmesurado de la Virgen María en la iglesia, al margen de su papel secundario en los Evangelios, igualmente los valores de Leo pesarán y contrarrestarán los propios del humanismo acuariano, introduciendo en él un factor de corrección. Tal es la opinión de los astrólogos y ciclólogos.

Por nuestra parte estamos convencidos que es preciso incorporar algunos elementos dispersos de la doctrina platónica cuya idoneidad nos parece cada vez más obvia. En principio, la complejidad de los problemas de la sociedad moderna implica para afrontarlos una adecuada preparación: el político, es decir, aquel sobre el que recae la responsabilidad de guiar a la comunidad a través de la historia, no puede ser un aficionado, alguien que se dedique por ambición o voluntad de poder a estar en el palmarés durante unos años, para luego rentabilizar esta presencia pasada en la empresa privada. Concebimos una clase política estable, arraigada en unos sólidos principios de carácter solidario, casi como si de una orden religiosa se tratase. Esta clase política, detentadora del poder supremo, debería de realizar la renuncia suprema: carecer de propiedad privada y familia, estar sólidamente arraigada a los valores emanados del signo del León.

En escalones más básicos de la sociedad permanecerían sistemas electivos que permitieran rotación de direcciones, en tanto que se trata de escalones menos decisivos para la marcha de la comunidad. Con todo debería instaurarse la idea de una democracia cualificada: voto solo para aquellos que lo solicitaran específicamente, primar formas de organización diferentes a los partidos políticos, tender a formas orgánicas de participación, considerar los episodios de corrupción como alta traición a la comunidad; el principio sería: unidad de poder y autonomía de las partes a cambio de su compromiso de fidelidad y de la afirmación de objetivos comunes entre la Unidad y sus Partes. Autoorganización y nuevo orden jerárquico, tales serían las aportaciones derivadas específicamente del carácter Acuariano y humanista del nuevo ciclo histórico.

 

Lou Andreas Salome

 

Hubo un tiempo en que a las mujeres de Europa del Este no sólo se les conocía y admiraba por su belleza, sino también y principalmente por su inteligencia.
Incluso, hay quienes piensan que a partir de aquella circunstancia se acuñó esa frase que en la hora actual resulta políticamente incorrecto pronunciar: detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer.
Sin embargo, a mediados del siglo XIX, que bullía de ideas filosóficas, utopías políticas y propuestas artísticas innovadoras, esa máxima era más bien metafórica porque hubo grandes mujeres compartiendo e impulsando los ideales progresistas a lado de los grandes hombres que la historia ha puesto en primer plano.

Por supuesto que la presencia intelectual de esas mujeres no anuló en modo alguno su feminidad, pero lo que sí sucedió es que ésta se enfrascó en una batalla con la propia inteligencia a fin de poder dominar sobre la voluntad.

Hubo mujeres que supieron librar muy bien esa batalla y se conservaron siempre por el sendero de la inteligencia y la sensatez, como Rosa de Luxemburgo. En cambio, hubo otras que, derrotadas por la parte más impulsiva de la feminidad, terminaron convertidas en una suerte de presidentas del club de fans del filósofo o pensador del momento, como Bettina von Arnmin, que se convirtió en un dolor de cabeza permanente para Goethe.

Sin embargo, de entre todas esas mujeres hubo una que descubrió el punto exacto de equilibrio entre la feminidad y el ejercicio de la inteligencia. Esa mujer fue Lou Salomé.

Lou Salomé, que posteriormente sería conocida con el apellido de su esposo, Carl Freiderich Andreas, fue una mujer fascinante, seductora y cruel, según la opinión que se quiera tomar por buena, de parte de los grandes personajes de la intelectualidad que tuvieron la fortuna de conocerla: Nietzsche, Reé, Rilke, Freud o Tausk.

De ascendencia judía y nacionalidad rusa, Lou se sintió fuertemente atraída por la filosofía y la literatura desde muy pequeña. Y también desde muy pequeña comenzó a ejercer esa extraña influencia en la inteligencia de los hombres que la rodeaban, que los hacía perder la compostura y las buenas formas adquiridas en el cultivo permanente de espíritu, hasta parecer adolescentes imberbes rebosantes de actividad hormonal.

A los 21 años, estando en Roma, Lou conoció a Paul Reé, un psicológo alemán amigo de Nietzsche, con quien rápidamente entabló una relación sentimental. Sin embargo, y si hemos de creer a Fernando di Fidio en La bruja de Hainberg, muy pronto Nietzsche cayó rendido ante la compleja y seductora personalidad de la ¡mujer de su mejor amigo!

Lou Andreas Salomé, Paul Reé y Friederich Nietzsche

Con el paso del tiempo la relación entre Lou, Reé y Nietzsche se fue tornando compleja; una especie de triángulo amoroso en el que el único no correspondido era el pequeño bigoton; mientras que Lou si bien se podía decir que mantenía estable su relación con Reé, ya estaba en amoríos con Rainer María Rilke, que era quince años menor que ella.

El enano bigoton, posiblemente influido por sus propios complejos, no pudo soportar más las pasiones que le provocaba la admirable Lou -que por lo demás la verdad no sé qué le veían, porque en honor a la verdad estaba muy fea- y decidió declararle su amor.

Ella, que no era mujer de un sólo hombre, y mucho menos de uno tan feo como Nietzsche, lo rechazó, y gracias en gran medida a ese rechazo, es que ahora conocemos Así habló Zaratustra. Uno de los libros más célebres del filósofo de Roecken, en donde además de tirarle a todo lo que se mueva, Nietzsche aprovecha para ventilar su misoginia, derivada o acentuada a partir del rechazo del que fue víctima, de parte de Lou Andreas Salomé.

En fin, quisé escribir este comentario un poco para curarme en salud, luego de que en una reciente charla de café me tildaron de intelectualoide porque, hablando precisamente de Nietzsche, olvidé el nombre de Lou y sólo la identiqué como “la novia de Nietzsche”.

Además de que esta sucinta historia sirve para ilustrar el hecho innegable e inocultable de que los intelectuales también tienen corazón y por ende, cometen las mismas estupideces que el resto de los mortales.

A propósito, en otra ocasión escribiré de la relación entre Hannah Arendt y Martin Heidegger, esa sí es para sacar los pañuelos y llorar amargamente.

LOU ANDREAS SALOME – La mujer que amó Nietzsche

Federico Nietzsche ha pasado a la historia como el “gran misógino”. Pero no siempre fue así: Nietzsche amó a una sola mujer. Su poema filosófico, “Así habló Zarathustra” puede considerarse como el producto de éste amor frustrado.

La mujer de la que se enamoró una personalidad tan particular como Nietzsche debía ser, así mismo, particular. En efecto, esta es la historia, singular, de una mujer especializada en seducir solo a genios: Lou Salomé.

LA BRUJA DE HAMBERG

En 1937 a la edad de 76 años moría en Gottingen, Lou Andreas Salomé, un destino excepcional. Sus paisanos la tenían por una mujer extraña; su marido, el doctor Andreas, practicaba técnicas aprendidas en Oriente y tenía en su esposa a la principal colaboradora. La llamaban “la bruja de Hamberg”.

Conocía a la perfección las grandes religiones orientales, dubismo, hinduísmo e islam, incluso en su exoterismo; su marido fue uno de los introductores del orientalismo en Europa y conocía todas estas tradiciones desde el interior.

Quienes conocieron a Lou Salomé nos la describen como alta, de ojos azules, “muy luminosos”; con los años su pelo había adquirido un tono platino. Con nariz respingona y boca suave, había conservado un aspecto atractivo a pesar de su edad.

Sin embargo el retrato de su juventud era muy diferente. Su mirada era dura, sus facciones y carácter agresivos; poco femenina, en definitiva. Solamente dulcificó sus rasgos tras casarse con el doctor Andreas.

Cuando apenas tenía veinte años logró conquistar el corazón de Federico Nietzsche; sería la única mujer de la que lograría enamorarse en su vida. Pero también el filósofo Paul Ree, el poeta Rainer Maria Rilke y el fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, el sociólogo Ferdinand Tonnier, el psicólogo experimental Herman Ebbnghaus y otros muchos se sintieron atraidos por Lou Salomé. En los círculos intelectuales centroeuropeos de principios de siglo se decía que quien conocía a Lou Salomé, a los 9 meses traía un libro al mundo.

Ella prefirió siempre el contacto espiritual e intelectual antes que el físico. Era indiferente a los sentimientos que despertaba en los hombres que conocía;prefirió siempre el pensamiento al hombre que lo encarnaba, el contacto espiritual antes que el físico.

Permaneció virgen hasta los treinta años y jamás mantuvo relaciones sexuales con su marido, el doctor Andreas. Tras su ruptura, Nietzsche dijo de ella que sufría “atrofia sexual”. Sus biógrafos cuentan que por esas fechas -entre los 20 y los 30 años- “le faltaba calor y vida a su rostro”. Su complicada vida erótica y sentimental explica el interés desmesurado que sintió por la obra de Freud.

EL PARTO DE ZARATHUSTRA

Fue a través de Paul Ree que Lou Salomé conoció a Federico Nietzsche. Lou era la eterna amiga de Ree, intelectualmente sintonizaban, pero ella sentía repugnancia física hacia él. En 1901 se suicidó justo en el lugar en donde Lou Salomé le había rechazado veinte años antes; el tiempo jamás consiguió disolver todo el amor que sintió por ella.

Otro tanto ocurrió con Nietzsche, si bien el poeta-filósofo logró sublimar la atracción que sentía en una obra singular, “Así habló Zarathustra”. Hoy, tras la publicación de la correspondencia con Paul Ree, se sabe lo que sentía Nietzsche en aquella época: “Sino encuentro la piedra filosofal para convertir esta mierda en oro, estoy perdido”.

Cuando Nietzsche conoció a aquella jovencita que daba muestras de una singular madurez e inteligencia, y que, por lo demás era excepcionalmente atractiva, se sintió inmediatamente seducido por ella. Pero Lou solo amaba el pensamiento de Nietzsche, en absoluto al hombre. Lo rechazó una y otra vez. Finalmente en 1982, el filósofo perdió toda esperanza. Unas semanas después se encerró en su pequeña habitaciíon; era el mes de febrero de 1883. En pocos días, Nietzsche compuso su gran poema filosófico que nació como fruto del desengaño y la frustración por un amor imposible.

Su gran amigo primero y posteriormente su mayor adversario, Richard Wagner, siguió un itinerario parecido. Su gran ópera, “Tristan e Isolda” es fruto del dolor que le produjo su ruptura con Matilde Wesendonck. El mayor poema musical de amor que jamás se haya escrito, tiene su paralelismo en el “Zarathustra” de Nietzsche, donde el filósofo rechazado se envuelve en una coraza invulnerable contra sus propios sentimientos. Sublimación del amor en el desengaño de Wagner, misoginia y rechazo a toda forma de amor en el caso de Nietzsche; puede entenderse que las dos grandes personalidades de la cultura occidental del siglo XIX, terminaran enfrentados.

“Zarathustra” salvó de la locura a Nietzsche durante unos años. Tras la ruptura con Lou, habló de suicidarse; sacó fuerzas de flaqueza, rechazó la posibilidad de cualquier otro amor e intentó transmutar en fuerza interior su soledad. Seis años después se derrumbaría. A partir de 1889 su locura sería irreversible. moriría dos años después.

EL EXTRAÑO DOCTOR ANDREAS

Friedrich Carl Andreas no era un hombre atractivo, ni recibió honores y gloria en vida como Rilke o Freud; ni siquiera, como Nietzsche; tampoco se reconoció su valor después de muerto. Fue un hombre tan gris y reservado como sorprendente.

Era bajo y rechoncho. Su abuelo se instaló en la India a principios del siglo XIX y esposó a una mujer malaya. Tras morir su marido, la mujer casó con un noble persa de estirpe regia, pero conservó el nombre de su primer esposo. En 1875, cuando Andreas contaba ya 30 años, la familia regresó a la Alemania de sus antepasados.

Andreas tenía por entonces una sólida formación en historia, ciencias naturales y arqueología y gozaba de una excepcional reputación como médico; pero sus técnicas no eran ortodoxas, había traído consigo los conocimientos de medicina natural de las tradiciones orientales. Le preocupaba el estudio de las costumbres de los animales más fieros y las técnicas totémicas a través de las cuales los brujos captaban las energías y potencia de los animales. Hablaba varios idiomas y estaba familiarizado con las culturas orientales a las que conocía en profundidad y desde dentro: no en vano, una parte de su personalidad, pertenecía al misterioso oriente.

En 1888, cuando era catedrático del Instituto de Lenguas Orientales de Berlín, conoció a Lou Salomé. Logró que le dijera el ansiado “si” intentando suicidarse ante los ojos de su amada; es ella quien nos describe la escena: “con ademán pausado, cogió la navaja y se la clavó en el pecho”. Aquella sangre derramada los unió para siempre.

Permanecieron casados cerca de 43 años, durante ese tiempo, el doctor Andreas jamás la poseyó físicamente, pero nunca la perdió del todo. Si bien es cierto que mantuvo relaciones con otros hombres, íntimas en algunos casos, no es menos cierto que siempre, antes o después, volvió con “herr doktor”.

Por las noches, Andreas daba clases particulares en su domicilio de Gottingen a un grupo seleccionado de alumnos. Estos y sus colegas de facultad jamás dudaron de que realizaba lo que calificaron como “estudios ocultos” y que suscitaron rumores entre sus colegas. Era capaz de inducir alucinaciones en sus discípulos, conocía perfectamente las técnicas de hipnosis y sugestión y fue uno de los primeros europeos en estar familiarizado con los distintos yogas hindúes.

Le atraía particularmente la tradición irania. Realizó la primera traducción completa del “Zend Avesta” como tributo a la sangre real persa que fluía por su venas.

La pareja llamó la atención de sus vecinos por su extraordinaria conservación física. El doctor aparentaba apenas 50 años cuando en realidad tenía 80 y estaba convencido de que viviría otro medio siglo más. Lou Salomé, hasta los 65 años tenía aspecto de no superar los 40. Los discípulos y quienes les conocieron no albergaban la menor duda de que los “estudios ocultos” del doctor eran el secreto de su “eterna juventud”.

EN LA CONSULTA DEL DOCTOR FREUD

En 1911, cuando contaba 50 años, conoció a Sigmund Freud. Visitó al psiquiatra vienés con la esperanza de que éste pudiera revelarle algo sobre los misterios de su personalidad.

Fue la primera “grouppie”, la primera mujer que tuvo acceso a tertulias hasta entonces vedadas al género femenino. Conoció bien la bohemia de París, Berlín y Viena. Tuvo como pretendientes a las más grandes inteligencias de su tiempo. Pero, sobre todo, fue una mujer de sexualidad anómala. No se sintió jamás madre ni amante, probablemente tampoco mujer sino hasta muy avanzada su madurez…

Nietzsche ya lo había percibido, pero también Paul Ree; y, por supuesto, su marido, que obtuvo de ella la promesa de matrimonio a cambio de no mantener jamás relaciones sexuales con ella.

Freud procuró utilizar sus investigaciones sobre la psiquiatría analítica para materializar su voluntad de conocerse mejor a sí mismo. Freud, tras haber abusado de la cocaina en sus años jóvenes, se preguntaba en qué oscura parte de su cerebro radicaban los fantasmas eróticos que le acosaban después de inyectarse la droga. Se sorprendía de las obscenidades de acudían a su cerebro y quiso descubrir cuál era el origen de lo que consideraba perversiones.

Hay que suponer que Lou Salomé siguió idéntica trayectoria; también ella desconocía los porqués de sus inhibiciones eróticas, los motivos de su “atrofia sexual”. Y creyó que el doctor Freud tenía las respuestas. Desgraciadamente no era así. La vida de Lou no mejoró tras compartir las más atrevidas teorías de Freud y siempre regresó en compañía del doctor Andreas y de sus experimentos alternativos.

Por entonces Lou ya había adquirido fama mundial. No en vano había sido la primera psicoanalista distinguida y la única mujer que Freud aceptó en él “círculo interno” de la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Lo cual no era poco.

[RECUADROS FUERA DE TEXTO]

LOU SALOME:

¿vas con hombres? no olvides el látigo

En el verano de 1880, Paul Ree, Federico Nietzsche y Lou Salomé se encontraron en Lucerna, Suiza. Animados como estaban y en un ambiente de franca y cordial camaradería, fueron a visitar al fotógrafo Jules Bonet. Este tenía en su plató un pequeño carro para decorar escenas campestres. Contrariamente a la opinión del fotógrano, Lou se subió sobre el carro y pidió que Nietzsche y Ree hicieran ademán de tirar de él. Ella, entre tanto, blandía amenazadora un látigo.

La foto ha tardado años en conocerse y resulta, cuando menos curioso que el filósofo misógino que escribiera las mayores diatribas contra el espíritu femenino, consintiera en fotografiarse en aquella situación que tanto contrastaba con sus opiniones posterioes: “¿vas con mujeres? ¡¡No olvides el látigo!!”…

NIETZSCHE Y LAS MUJERES

A partir de su frustrado amor con Lou Andreas Salomé, los escritos de Nietzsche se vieron salpicados de frases de contenidos misóginos. Tal fue el dolor y la frustración de Nietzsche, para quien el rechazo de una mujer hizo que rechazara a todas las mujeres:

“El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer: el más peligroso de los juegos”

(Así hablaba Zarathustra).

“Pocos hombres hay aquí: por esto se masculinizan las mujeres. Pues sólo el que sea bastante hombre podrá “redimir” a la mujer en la “mujer”

(Así hablaba Zarathustra).

“Hasta aquí hemos sido muy corteses con las mujeres. Pero !ay!, llegará un tiempo en que para tratar con una mujer habrá primero que pegarle en la boca”

(Filosofía general).

“Cuando una mujer tiene virtudes viriles, hay que huir de ella; si no las tiene, ella misma huye”

(El ocaso de los ídolos).

“A veces basta con unas lentes de más alta graduación para curar al enamorado” (Humano, demasiado humano).

“Las mujeres notan fácilmente cuando se han apoderado del alma de un hombre; quieren ser amadas sin rivales (…) esperan, enlazándose amorosamente con él, acrecentar al mismo siempo su propio esplendor”

(Humano, demasiado humano).

“Hay mujeres que, por mucho que en ellas se busque, no tienen interior, no son más que máscaras. Hay que compadecer al hombre que se abandona a estos seres casi fantasmales, necesariamente incapaces de satisfacer”

(Humano, demasiado humano).

“En la venganza como en el amor, la mujer es más bárbara que el hombre”

(Más allá del bien y del mal).

“Para contemplar bien la belleza de esta mujer hay que mirarla con ojos de poco alcance; más para apreciar su espíritu totalmente hay que emplear las lentes de mayor potencia, porque lo oculta por vanidad; el espíritu hace vieja a la mujer”

(Tratados filosóficos).

Es evidente que, en muchas de estas frases, Nietzsche está pensando en Lou Andreas Salomé.

 

LA LEYENDA DE LA MUERTE DE HIRAM Y LA REGULARIDAD MASONICA

De entre todas las leyendas que circulan en los medios masónicos a efectos didácticos e iniciáticos, la figura y la muerte de Hiram ocupa un papel central. Revisar el contenido, las implicaciones y el nacimiento de este tema, son fundamentales para encuadrar el papel histórico e ideológico de la masonería.

A pesar de unos pocos testimonios que remontan la leyenda de Hiram al siglo XVII (1), se acepta unánimemente que ésta se incorporó a la masonería especulativa entre 1720 y 1723 y lo hizo, no sin suscitar ciertas resistencias (2). En una rama de la masonería operativa francesa, los “Hijos del Maître Jacques”, se cita al legendario arquitecto del Templo de Salomón que resulta asesinado por unos rivales; pero no se llama Hirám, sino “Maître Jacques” y, por lo demás, nace y muere en Francia y, en absoluto, resucita.

No hay duda que el pastor Anderson cuando recibió el encargo de compilar los antiguos usos y costumbres de la masonería operativa, destruyó muchos documentos en lo que se ha calificado como auténtico auto de fe. A partir de ese momento se hizo muy difícil reconstruir cuales eran las leyendas y tradiciones del período anterior. Es posible que Anderson y Desaguliers aprovecharan algunos residuos que encontraron en estos documentos y con ellos construyeron la leyenda de Hiram, o es posible incluso que, tomaran a este personaje secundario en la mitología de los masones “operativos” y lo magnificaran a efectos didácticos.

La masonería actual utiliza la leyenda de Himan en la ceremonia de iniciación al tercer grado, el de Maestro. Como mínimo hasta 1730 esta iniciación no era obligatoria. Prichard -un famoso autor masónico- escribió ese año: “No hay un masón de cada cien que pague los gastos exigidos por “The Master’s Part” [el grado de maestro], si no es por interés”(3). En 1738, la leyenda ya se había extendido por las logias y algunas la representaban; de ésta forma, poco a poco, fue difundiéndose por la nueva masonería especulativa. Tras conocer como llegó la leyenda de Hiram al acervo masónico, veamos ahora la importancia que tiene en la doctrina de la sociedad.

A lo largo del siglo XVIII se fue elaborando la doctrina masónica. Los tres primeros grados -a decir verdad, los únicos importantes- “aprendiz”, “compañero” y “maestro”, corresponden a los “tres mundos”, el mundo físico, el mundo intermedio y el mundo espiritual. Los dos primeros grados, son una preparación para la verdadera e importante iniciación conferida en el tercer grado, el de maestro. La iniciación al grado de Aprendiz confiere el dominio sobre el mundo material y en cuestiones de realidad corporal. El grado de maestro, da acceso al mundo espiritual y supraindividual y, finalmente, el de compañero debería de dar el dominio sobre el plano psíquico (4). Sin embargo, en la actualidad el grado de “compañero” está reducido a un mero trámite entre el grado de “aprendiz” y el de “maestro” y se encuentra vaciado de contenidos. Se trata, sin embargo de un grado en el que el adepto debería aprender a controlar su propio mundo interior y su psiquismo. A nadie se le escapa que se trata de un grado conflictivo; la propia leyenda de Hiram hace que éste sea muerto, precisamente, por tres “malos compañeros”, es decir por tres compañeros que no han logrado dominar ese mundo psíquico o astral. La leyenda es como sigue.

Contrariamente a la visión bíblica que quiere que el verdadero arquitecto del Templo de Salomón fue Dios y que El comunicó directamente a David los planos y dimensiones a través del profeta Natán, la leyenda masónica sostiene que Salomón recurrió al Rey de Tiro, el cual le envió a Hiram, un maestro fundidor. Hiram separó a los obreros en tres clases a fin de que cada uno pudiera recibir una paga proporcionada a su mérito y a sus talentos; cada categoría recibió signos, palabras y toques diferentes y se reunían en tres puntos concretos del Templo. Los aprendices recibían el salario en la Columna Jakin, los compañeros en la Columna Boaz y los maestros en la Cámara Media. Tres compañeros descontentos quisieron forzar a Hiram para que les diera la palabra y el signo de los maestros. Uno le golpeó con un martillo en el hombro izquierdo, el segundo con un nivel en el hombro derecho y el tercero le propinó un mazazo sobre la frente. Los tres compañeros escondieron el cadáver; al cabo de siete días Salomón ordenó a nueve maestros que lo buscaran. Quienes inspeccionaron las tierras de Occidente vislumbraron un resplandor en lo alto de una colina. Allí encontraron el cadáver de Hiram; plantaron una rama de Acacia para impedir que se perdiera; cuando fueron a enterrar el cadáver, tras tocar dos dedos y la muñeca, vieron que estaba corrompido, entonces un maestro grito “!Mak Benah!” palabra que pasó, a partir de ese momento, a ser la palabra sagrada del tercer grado (5).

En el Rito de Emulación se insiste en que “El Grado de Maestro os invita a reflexionar sobre el terrible tema y os enseña a concebir que para el hombre justo y virtuoso la muerte es menos temible que la mentira y el deshonor”. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado interpreta el mito de la muerte de Hirám en términos morales: el maestro Hiram simboliza la Justicia, el Genio y el Arte, mientras los tres malos compañeros constituyen la perífrasis simbólica de la Ignorancia, el Fanatismo y la Ambición (6).

En la iniciación al grado de Maestro, el candidato representa a Hiram. Está móvil y silencioso, tendido sobre un féretro. Cerca de él la coreografía masónica sitúa la rama de acacia y el triángulo de oro Está cubierto por un tapiz negro y una tela ensangrentada. El Venerable de logia que oficia la ceremonia rememora el descubrimiento del cadáver de Hiram por los nueve maestros masones. Deposita la rama de acacia sobre la tela. Luego, dirigiéndose a la asamblea, explica la necesidad de abandonar las antiguas palabras y signos de reconocimientos y propone difundirla entre los maestros. El Venerable, ayudado por los vigilantes levanta la tela ensangrentada y el tapiz negro. El Segundo Vigilante toma al candidato por el dedo índice de la mano derecha rememorando el descarnamiento de la mano del arquitecto legendario; pronuncia la palabra “Jakin”, el Primer Vigilante hace otro tanto, tomando el dedo medio y diciendo “Boaz”. El Venerable toma la muñeca derecha, pasa la mano izquierda bajo el hombro derecho, manteniendo el pie derecho junto al pie derecho del candidato, rodilla contra rodilla y pecho ocntra pecho; lo levanta ayudado por los Vigilantes y dice: “Ha recibido la Vida en el seno de la Muerte”. Es entonces cuando el aspirante recibe la palabra del Maestro, “Mak Benah”, la primera parte en un oido y la segundo en el otro. Ya en su sitial, el Venerable termina: “Hermanos, que nuestra alegría sea grande en este día; aquel que era parecido a los muertos ha renunciado a los vicios que podían corromperle y ha recibido una vida nueva”.

Se trata de un psicodrama susceptible de muchas lecturas. La moralista es la que parece más evidente y la más aceptada en el interior de las logias. La dualidad muerte-resurrección se tiene como una renuncia a los vicios que corrompen la naturaleza humana. La interpretación espiritualista, que sostienen algunos sectores masónicos surgidos de los medios esotéricos del siglo XVIII u ocultistas del XIX, apenas se vislumbra por ningún sitio. El tema iniciático central -muerte del hombre viejo y resurrección de un ser renovado- solamente es lícito si antes, los dos primeros grados, han cumplido su función: dominio y control sobre el cuerpo y dominio y control sobre el psiquismo. A partir de este punto, alcanzado durante la iniciación como Compañero, se abre la puerta a la comprensión del tercer grado: de lo contrario, la representación de la tragedia de Hiram no deja de ser una representación teatral necesaria para escalar los más altos grados de la masonería, pero desprovisto de un contenido objetivo de apertura de la conciencia a niveles más profundos. Y si esto es así, la masonería dista mucho de ser una organización iniciática, sino que apenas es otra cosa hoy que un club adaptado a un cierto tipo de necesidades sociales. Y esto lleva, dramáticamente, a otro punto: la cuestión de la regularidad masónica.

Todo esto plantea una cuestión sorprendente y decisiva para juzgar a la masonería. La iniciación -virtual o efectiva, si hemos de aceptar la discusión en los términos planteados por René Guenon- que transmite una organización es válida, si la organización es “regular”. La regularidad queda definida por los ritos, organización y origen. Para que una organización sea regular sus ritos no deben haber sido alterados, desde su fundación, al menos en lo esencial. Para ser válidos, los ritos contienen un elemento “no-humano”, que los hace indiscutibles y, por lo mismo, intocables. El rito no es una creación consciente de la naturaleza humana, sino algo que trasciende a esa misma naturaleza humana y que, por tanto, no puede haber surgido de ella. De aquí deriva la eficacia del rito: el rito es considerado por las organizaciones iniciáticas como inefable, comparable a la de una ley física o una fórmula química, tal que si se cumplen todas las condiciones normales requeridas en la experiencia, se produce el efecto esperado. Si se altera alguno de los elementos, el resultado varía. En la cuestión de los ritos, cualquier alteración ha sido considerada, desde la más remota antigüedad, como un sacrilegio. Los sacerdotes romanos si cometían un error, aun involuntario, en el desarrollo de un rito, debían realizar sacrificios expiatorios extremadametne complejos. En la actualidad, la iglesia tradicionalista y conservadora sostiene un contencioso con el Vaticano a raíz de la reforma litúrgica posterior al concilio. Si para el Vaticano se trata solo de una simple reforma, para los sectores conservadores, la reforma ha alterado hasta tal punto los contenidos del rito que lo ha hecho ineficaz.

Y hay que plantearse hasta qué punto, la alteración de los ritos de la masonería operativa, la invención de nuevos temas, la creación de una superestructura de grados (33 en el Rito Escocés, 95 en el Rito de Menphis), la aparición constante de nuevos ritos (especialmente a lo largo del siglo XVIII y principios del XIX) y, finalmente la alteración misma de los mismos, no los ha convertido en ineficaces y las organizaciones que los impartes, en irregulares. Robert Ambelain lo plantea descarnadamente: “A fuerza de distribuir certificados de regularidad o de negarlos, la Gran Logia Unida de Inglaterra, sucesora de la Gran Logia de Inglaterra, la cual había nacido a su vez de la Gran Logia de Londres y de Westminster, que fue inicialmente la Gran Logia de Londres, ha terminado por creerse la única regular” (7).

El razonamiento de Ambelain se basa, no solo en la alteración evidente de los ritos de la antigua franc-masonería operativa, sino en la condición de Anderson y Desaguliers como profanos que no habían recibido ninguna iniciación y, por tanto, no tenían autoridad para conferirla. Tanto Anderson como Desaguliers eran clérigos protestantes y ocupaban en la logia el cargo de capellanes que, como los médicos, solamente asistían a las tenidas cuando sus servicios eran requeridos, estaban allí en razón de su cargo y no en virtud de una admisión regular. De los ocho primeros masones que constituyeron cuatro logias en 1714 ni uno solo parece haber sido iniciado regularmente. “La nueva Gran Logia de Londres se otorgó, como él mismo subraya, la autoridad que no poseía, sobre todo teniendo en cuenta que había sido fundada por profanos, no iniciados en las formas rituales y regulares” (8). En septiembre de 1715, algunos masones operativos pretendieron asistir a una asamblea de la Logia constituida por Anderson y Desaguliers y sus siete compañeros. Tras serles impedido el acceso a la reunión, dieron cuenta de los hechos a la Logia operativa de Londres. Esta declaró ilegal la nueva formación que cambió inmediatamente de nombre pasando a llamarse “Logia Antigüedad”, expandiéndose por otros barrios londinenses hasta la fusión de 1717 (9).

Luego, todo lo que deriva de este histórico arranque de la masonería especulativa, a excepción de las logias estuardistas que se habían formado en los regimientos exiliados en Saint Germain en Laye en torno al pretendiente, tienen un carácter irregular y sus ritos de iniciación son inválidos… El hecho de que la masonería fundada en 1717 y cuyas bases se habían establecido en 1714 y aprobado finalmente en 1723, consiguiera imponer su autoridad y criterio sobre las antiguas hermandades operativas, se basó solo en una cuestión de número, más que de autoridad de origen. La virulencia con que Ambelain carga contra la masonería inglesa le lleva incluso a decir que “ni siquiera se trata de una obediencia bastarda, puesto que los bastardos poseen la sangre y la raza que les reconocían las leyes de la nobleza”… palabras muy duras para alguién que ostenta una alta dignidad masónica y martinista.

NOTAS

(1) Goblet d’Alviella en su estudio sobre “Los orígenes del grado de Maestro en la Franc-masonería” (Edicomunicación, Barcelona, 1991, pág. 69-70) reconoce que “la leyenda de Hiram, tal como se representa en nuestras Cámaras del Centro, parece haber sido ignorada por la francmasonería operativa”. Alviella cita el manuscritu “Regius” (1390), uno de los documentos más importantes, que se disponen sobre la masonería operativa, no habla ni de Hiram, ni del Templo de Salomón. El manuscrito “Dowland” menciona solo al rey de Tiro y el “Cooke” lo considera hijo del Rey de Tiro. Alviella reconoce que que, durante el siglo XVII, el personaje de Hiram se situaba completamente en segundo plano: “Si Hiram Abif hubiese figurado, en ese período en las ceremonias o las tradiciones del oficio, las Constituciones manuscritas de la época no guardarían como lo hacen un silencio uniforme e ininterrumpido sobre la existencia real o legendaria de un personaje tan preminente en la historia y la leyenda posteriores de la Orden”.

(2) En 1725 en uno de los anexos publicados al texto “The Grand Mystery discovered” se denunciaba que en algunas logias londinenses “se cuentan extrañas y necias historias a propósito de un árbol que habría salido de la tumba de Hiram, con hojas maravillosas y un fruto de una calidad asombrosa, a pesar de ignorar cuándo ni dónde falleció y sin saber sobre su tumba más que sobre la de Pompeya” (citado por Goblet d’Alviella, op. cit., pag. 72).

(3) Goblet d’Alviela, op. cit., pág. 71.

(4) Este tema ha sido brillantemente desarrollado por nuestro amigo Alexander Duguin en su libro “Rossia, zagadka Evrazii”, traducido con el título “Rusia, el misterio de Euro-asia”, Editorial Grupo Libro 88, SA, Madrid 1992, traducción de Arturo Marián Llanos, págs. 190-2

(5) Existen múltiples versiones detalladas de esa leyenda, nosotros hemos seguido la expuesta por Pierre Mariel en su libro “Rituales e iniciaciones en las sociedades secretas”, Espasa Calpe, SA, Madrid 1978, págs. 35-42. También puede encontrarse una versión más detallada en “El Secreto Masónico”, Robert Ambelain, Editorial Martínez Roca, Barcelona 1987, págs. 39-51. Si se desea consultar un texto masónico, puede recurrirse a “Francmaçonnerie, Ritual du Grade de Maûtre” por J.-M. Ragon, edición original Teissier, París 1859, págs. 9-15, recientemente reeditado en edición facsímil por Les Rouyat, Ventabren 1976.

(6) “Dictionnaire de la Franc-maçonnerie”, elaborado bajo la dirección de Daniel Ligou, Presses Universitaires de France, París 1987, vocablo “Hiram”, pág. 577.

(7) Robert Ambelain, “El secreto masónico”, op. cit., pág. 219.

(8) Op. cit., pág. 222.

(9) Ambelain, op. cit., pág. 121-122.

 

JÖRG LANZ VON LIEBENFELS y OSTARA

 

Los escritos de un hombre extraño y enigmático, Guido von List -de quien hablaremos más adelante- fueron leídos ávidamente por alguien más joven que él, que los asumiría íntegramente, yendo todavía más lejos en la formulación de la gnosis racista- teosófica. Se trataba de Jörg Lanz von Liebenfels. Había nacido el 1 de mayo de 1872 y conoció las teorías teosóficas poco después de publicarse; a los diecinueve años tomó el hábito cisterciense, de ahí que en sus escritos demostrase un conocimiento profundo de la Biblia y los Evangelios y estuviera familiarizado -y atraído- por los movimientos sectarios del cristianismo -gnósticos, dualistas, templarios, rosacrucianos, etc.-. Lanz introdujo, con posterioridad a su abandono del Císter, un elemento nuevo en la gnosis racista: la veta cristiana, según la cual Cristo –Frauja, en nombre germánico antiguo- era un iniciado ario que se opuso a las fuerzas oscuras repesentadas por la sinagoga. A estos y a otros muchos movimientos sociales Lanz les otorgaba un grado de biológico- existencial inferior al humano: mientras los arios eran los descendientes de los dioses, los pueblos “inferiores” eran los descendientes de los monos; con esta pirueta Lanz incorporaba de un solo golpe la temática evolucionista a sus delirios místico- teosóficos, de un lado, y de otro introducía la antropología y la zoología como ciencias de apoyo a su welstanchaaung. El producto de todo esto sería la “teozoología” y su biblia un libro de título ampuloso y enigmático: “La teozoología o los Simios de Sodoma y el Electrón de los Dioses”, nombre que ya de por sí constituye todo un programa.

El 27 de abril de 1899 abandona el monasterio de Heiligenkreuz, apenas ha resistido tres años la austeridad del monacato y el dogma católico, años que ha aprovechado para algo más que para piadosas plegarias: ha formado sus opiniones doctrinarias -al menos en lo esencial- en la biblioteca del monasterio. No queda claro en qué momento se ha hecho racista, pero lo cierto es que proclama que el Císter ha traicionado su doctrina originaria: una doctrina en la que Lanz advierte elementos simbólicos que encubren una componente racista. Para el prior del monasterio el motivo del abandono es sensiblemente diferente: Lanz no ha soportado el voto de castidad. Y efectivamente, la teorización de Lanz evidencia la existencia de una obsesión enfermiza por la sexualidad.

En torno a 1903 empieza a escribir en publicaciones völkisch y darwinistas. Parece que hacia 1905 ya había completado lo esencial de su formación intelectual. Publica un artículo en uno de estos boletines völkisch titulado “Antropozoon bíblico” en el que defiende como tesis central la existencia de prácticas esotéricas relacionadas con el sexo que se encuentran presentes en los pueblos de origen ario: serán las orgías en Grecia y Roma, serán los misterios sexuales del tantrismo y la presencia de esculturas y relieves de inspiración sexual en las antiguas culturas indo-arias del medio oriente, lo que le dará la pista de tales ritos. Pero, al mismo tiempo, el hecho de que en algunas representaciones iconográficas se incluyan figuras animales le confirmará en una intuición: la “caída” del estado edénico primordial se habrá producido por que los “hijos de los dioses” se unirán con las “hijas de los hombres”,

 

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de qué hombres puede tratarse?: de especies animalescas, se responde, poco evolucionadas. Estos “hijos de los dioses” serán los arios, y a esta raza la llamará Teozoa. Del producto de este mestizaje nacerán cultos satánicos y demoníacos, especies inferiores en estatura -pigmeos- y en capacidades éticas y morales, se tratará de una especia con características animales y, solo accesoriamente humanas: los Antropozoa. Y se tratará de una especie biológicamente condicionada hacia la práctica desenfrenada de la sexualidad, en la medida en que através de la misma se podía corromper a los “hijos de los Dioses”. El Antiguo Testamento es una guía para el pueblo ario -atención, no para el pueblo elegido hebreo- sobre como evitar la tentación de los animalescos seres inferiores.

Lanz evidencia dos carencias: una de carácter psicológica, probablemente fruto de sus años conventuales; una sexualidad mal asumida o asumida junto a un complejo de culpabilidad que la hace nociva; producto de dicho complejo de culpabilidad es la fijación de Lanz contra aquellos que han cometido el mayor pecado, un pecado mucho más grave que sus deseos sexuales execrados por la Iglesia, un pecado, en definitiva, contra la raza; se trata de las razas inferiores, animalescas, de entre las que los judíos destacan de forma señera.

La otra carencia es doctrinal: en los escritos teosofistas la sexualidad ocupa un discreto lugar secundario. Parece como si la Blavatsky apenas concediera mucho interés a aquello que otros han calificado como la “fuerza más grande de la naturaleza”. Así pues para la Blavatsky -y por extensión los teosofistas- en cuya concepción del mundo había mucho de moralismo victoriano, la sexualidad era algo que, en principio podía desviar de la verdadera espiritualidad: la suya. No es raro que Lanz ignorara todo lo relativo a una “metafísica del sexo” y a la posibilidad de una práctica espiritual centrada en el dominio, control y reorientación de la energía sexual.

Tal metafísica tiene su plasmación no solo en el tantrismo (yoga sexual), sino, en toda la tradición alquímica y rosacruz que frecuentemente utiliza el símbolo sexual para indicar la unión entre un principio masculino, activo e ígneo y un principio femenino, pasivo y acuoso: se trata de la imagen del Rebis, de la “cópula regia”, etc. Y si hemos de remontarnos a la antigüedad, la orgía misma y las bacanales eran cultos telúricos y dionisíacos propios de los pueblos mediterráneos y asiático-mediterráneos. Lanz, por el contrario, no elude la problemática sexual, ni tampoco la coloca en segundo plano de su sistema: por el contrario, le da una máxima trascendencia y la sitúa como infraestructura de la lucha racial: Teozoa contra Antropozoa, hijos de los hombres (seres animalescos degenerados, razas inferiores) contra hijos de los dioses (arios).

Lanz escribe sus libros en momentos en los que la ciencia vive plena efervescencia: la física nuclear está en sus primeros balbuceos y la radiactividad ha sido perfectamente establecida y medida; el envío de ondas, la codificación y decodificación de las señales hertzianas hace posible el envío de la palabra y de la imagen. Y todo esto le parece a Lanz -precursor en esto de cierta tendencia actual de la física nuclear y cantase a converger con la metafísica- que da la razón a las tesis teosóficas que consideran la sustancia divina como una forma de “energía” o un estado de “vibración de la materia”. Cuando los “seres superiores” (los “superiores desconocidos” del ocultismo inglés de fines del XIX, los “mahatmas” del teosofismo) transmitían a los elegidos ese particular estado de vibración de la materia, transmitían con él facultades parapsíquicas: clarividencia, telepatía, etc. A esto Lanz le llamaba “electrón de los dioses”.

En 1905 aparece el número 1 de Ostara. Ostara es el nombre de la pascua germánica, su nombre procede de una antigua divinidad estacional indo-germánica. Durante dos décadas y en dos series (la primera de 1905 a 1917 estará compuesta por 89 números y la segunda de 1922 a 1927 llegará al número 101) Ostara será el portavoz de las tesis teosófico-völkisch. El mismo Hitler conocerá la publicación -y según parece- la leerá asiduamente. Los números de Ostara eran monográficos y generalmente estaban compuestos por los textos de un solo autor. Entre los números de la primera serie se encuentra una veintena dedicada

 

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exclusivamente! al sexo y una decena a temas teosofistas.

Lanz se había rodeado de un grupo de teósofos, entre ellos los miembros de la Sociedad List y el propio Guido List, así como del teosofista Harald Grävell van Jostenoode. Este último evidenciará en el monográfico número 2 de la revista la inspiración teosófica: en efecto, esté número se dedicará a exponer las tesis de H. P. Blavatsky sobre las “razas matrices”. Esta teoría fue reconducida por Lanz hacia su particular visión sexo-racista: para Lanz la separación entre Teozoa y Antropozoa se habría producido al debutar en la “escena cosmogónica” la raza Atlante, la “cuarta raza matriz”.

Las teorías de Lanz tienen una doble importancia para nuestro estudio: en primer lugar Lanz es otro de los canales de entrada de las ideas teosóficas en el movimiento völkisch. Su importancia es similar a la de Guido von List, aunque sea altamente tributario de los planteamientos de éste que, incluso, los extremiza. En segundo lugar, la importancia de List radica en la creación de la revista “Ostara” que, como se ha visto, a lo largo de más de dos décadas facilitará el material teórico a una constelación de ligas místico-völkisch de las cuales la Orden del Nuevo Temple y la Orden de los Germanos serán las más significativas.

En cuanto a Ostara parece que contribuyó, si bien es cierto que en una medida no establecida, a la formación de los criterios racistas de Adolf Hitler. Sobre este particular ha existido hasta hace poco contradicción entre los historiadores: para unos se trata de un mito, no consta que Hitler fuera lector de Ostara. Dados algunos temas de la revista, estos historiadores afirmaban que el atribuir a Hitler interés por Ostara era un arma más de la guerra psicológica destinada a ridiculizar al führer el cual se habría interesado por una revista de contenidos, así mismo, ridículos. Pero existen testimonios en contra: en un libro publicado en Alemania en 1958, Wilfried Daim (“Der Mann, der Hitler die Ideen gab”) estudioso de los movimientos sectarios alemanes y sus relaciones con los partidos políticos durante el período de las entreguerras, da cuenta de una entrevista con Lanz en 1951, anciano de más de setenta años. Lanz, a sabiendas de que este testimonio solo le podía causar perjuicios, le refirió que en el curso de 1909 recibió la visita de un joven que dijo llamarse Adolf Hitler interesado por comprar los números atrasados de la revista Ostara. Lanz se los regaló al percibir el estado de miseria del joven. Pues bien, el domicilio que Hitler dejó a Lanz, fue cotejado por Daim coincidiendo con la sórdida pensión en la que el futuro fuhrer residió en ese año en Viena. Un compañero de la misma pensión refirió, igualmente, en un artículo posterior, que Hitler guardaba en su miserable cuartucho un montón de revistas Ostara.

El vínculo entre Hitler-Lanz parece, con todo muy débil, pero hay que tener presente que una vez convertido en canciller del Reich y el NSDAP en partido único, existió una deliberada y sistemática campaña de destrucción de pistas: en el fondo las iniciativas llevadas por Lanz von Libenfels se habían concretado en movimientos y publicaciones en buena medida risibles; es evidente que se intentó borrar pistas de las relaciones del fuhrer con estos movimientos. Los mismos textos de von Sebotendorf fueron prohibidos literalmente en la Alemania nacional-socialista y el resto de teóricos de esta primera hora, lejos de lograr un impulso a sus ideas con la subida del nuevo régimen, o siquiera un mínimo reconocimiento oficial a título de “precursores” se vieron frecuentemente obstaculizados, reducidos al silencio ellos y disueltas sus organizaciones. Capítulo aparte es el hecho de que algunas de sus tesis y varios de sus colaboradores fueron integrados en una institución ciertamente diferenciada del conjunto del régimen: las SS.

 

EL ANDROGINO: LOS DOS SEXOS EN UN SOLO SER – Ernest Milà

 

Tradiciones de oriente y occidente, del norte y del sur, coinciden, con una extraña unanimidad, en afirmar que el primer ser que vió la luz, carecía de diferenciación sexual : era, masculino y femenino a la vez. Los griegos lo llamaron Andrógino, de Andros, hombre y Ginos, mujer. Igualmente, todas las tradiciones, consideran que la “caída” -el pecado original del cristianismo- que debió afrontar la humanidad fue la diferenciación sexual. De lo que se consideraba estado de perfección originario, se descendió un peldaño. Para volver a recuperar la pureza primitiva y reintegrar el ser andrógino se establecieron distintas vías : sexualidad, magia, hermetismo, mística, alquimia, sistemas mistéricos e iniciáticos…

EL MITO PLATONICO Y SU UTILIDAD

 

Platón en “El Banquete” (parágrafos XIV y XV) recoje a través de un diálogo entre Aristófanes y Diotima, un mito que era anterior a él y que probablemente fue establecido por los presocráticos del siglo VI antes de JC. Explica Platón que en el origen de la humanidad existió una raza primordial que contenía en sí misma las dos polaridades, masculina y femenina. Dicha raza era fuerte y temida por los dioses del Olimpo : “Eran extraordinarios por su fuerza y su audacia, y alimentaban en su corazón orgullosos propósitos, que llegaban incluso a pretender atacar a los propios dioses en su morada”. Es difícil no ver aquí el mismo tema bíblico de la revuelta de Lucifer -el arcángel más querido- contra Dios.

Platón afirma un poco más adelante que los dioses no fulminaron a la raza andrógina, sino que se limitaron a destruir su potencia, diviéndolos en sexos. Tal fue el origen de la raza de los hombres y de las mujeres ; en cada uno de ellos, sin embargo, permaneció el recuerdo del estado de perfección originario. Y es por eso que, aun hoy, hombres y mujeres buscan inconscientemente reintegrarse en ese estado edénico primordial mediante la unión acto sexual.

Platón establece el mito del andrógino para explicar dos misterios : el origen del impulso erótico y la naturaleza del estado de perfección. Ni la biología, ni mucho menos la psicología, han logrado explicar cuál es la raíz del impulso erótico ; Platón lo hace a través del mito, entendiéndolo como un intento de recuperar nuestra naturaleza primitiva… una naturaleza que se consideraba perfecta e, incluso, capaz de inspirar temor a los dioses, es decir, superior a ellos. Platón explica la sexualidad como una complementareidad : las dos naturalezas, masculina y femenina, son dos partes de un todo que no encuentran su justificación ni sentido sino cuando reintegran el conjunto único originario.

LA COSTILLA DE ADAN

 

Antes hemos aludido al tema de Lucifer, arrojado a los infiernos por encabezar la revuelta contra Dios. En Lucifer, como en las demás jerarquías celestiales, existe una completa ambigüedad sobre su identidad sexual. Angeles, Arcángeles, Serafines y Querubines, no son sino seres andróginos y así han sido representados insistentemente por la iconografía cristiana. Sin embargo, cuando se hace referencia a seres diabólicos se extablecen diferenciaciones sexuales : los textos canónicos, los sumarios de la Inquisición, insisten en que Satanás, tiene sexo, existen íncubos y súcubos, diablos tentadores masculinos y femeninos. Se hacen curiosas especificaciones como, por ejemplo, que el diablo tiene el semen frío o que su verga produce un intenso dolor en las mujeres que posee. Las “diablesas”, por el contrario, esconden su fealdad mediante todo tipo de tretas y, a la postre, lo único que les importa es robar el semen en la oscuridad de los lechos, en ocasiones, cuando la esposa del sujeto tentado a asistido a algún akelarre de brujas o a la celebración del sabbath en compañía del diablo masculino.

Esta idea del diablo como ser andrógino está presente en la Edad Media europea, tal como puede verse en el arcano XIV del Tarot, que representa la imagen del Maligno mostrando caracteres masculinos y femeninos a la vez y manteniendo encadenados a una pareja de amantes. El cristianismo, desde los orígenes, mostró un odio teológico hacia el sexo, presente ya en las Epístolas de San Pablo, de ahí que la figura andrógina -que, por lo demás, quedaba relacionada por Lucifer- fuera criminalizada y adquiriera rasgos siniestros.

Pero ese mismo cristianismo parecía ignorar que el primer ser Adán, tenia idéntica cualidad andrógina. Dios no creó a la mujer del barro como hizo con Adán, sino que fue en el curso de un sueño de éste, que se produjo el nacimiento de Eva, a partir de una de sus costillas. Acto seguido se produce el episodio de la tentación de Eva en los mismos términos que el mito del andrógino : si estos provocaban temor a los dioses, la serpiente promete a Eva que si come del fruto del Arbol del Bien y del Mal, serán igual a Yavhé. Es decir, a la separación de sexos, sigue la “caída” y la expulsión del Paraíso, centro de la perfección originaria.

MITOS DE ORIENTE Y OCCIDENTE

 

Los ejemplos de casos de androginización simbólica no faltan en la historia. Se sabe, por ejemplo, que los chamanes indios de América suelen vestirse de mujer para celebrar sus ritos. Maria Sabina, la chamán mazateca, en el curso de sus ceremonias y ritos con ayahuasca, se comporta en todo momento como varón.

El travestismo de los sacerdotes era habitual en el mundo clásico europeo : los sacerdotes de Atis llegaban incluso a castrarse, mientras que algunos emperadores (Calígula, Nerón, Cómodo y Heliogábalo) asumieron los rasgos de bisexualidad andrógica, como elementos legitimadores de su autoridad, algo que no fue entendido por algunos historiadores de su tiempos (Dion Casio, Diodoro de Sicilia y el propio Juvenal) que tomaron el símbolo por realidad.

Esta práctica se transmitió a los emperadores bizantinos cuya autoridad se cimentaba en dos principios opuestos, masculino uno, Cristo, y femenino el otro, la Iglesia. En la Iglesia de Occidente, algunas santas son representadas con barba y el signo andrógino de la Tau (trazo horizontal, femenino y pasivo, trazo vertical, activo y viril).

San Pablo, que conocía perfectamente los sistemas mistéricos griegos y romanos, introdujo ecos desfigurados del mito del andrógino en su versión particular del cristianismo y asi en la Epístola a los Gálatas (3 :28) afirma que el bautismo borra las diferencias entre el hombre y la mujer. En ese mismo tiempo, los cristianos gnósticos, veían un reflejo de la síntesis andrógina en la unión entre Cristo y María Magdalena.

En lo más oscuro de la Edad Media floreció el mito de la Papisa Juana, mujer que fue elevada al trono de San Pedro y dió a luz en el camino hcia la coronación. Para la mentalidad de las órdenes de caballería, el Sacro Imperio era la manifestación masculina y la Iglesia la plasmación femenina del principio de autoridad. El Emperador, en la concepción gibelina, era la síntesis de ambos principios y, por tanto, asumía una cualidad andrógina, como siglos antes habían asumido los emperadores mesopotámicos, que ascendían al trono vestidos de mujer. Como último eco de esta tendencia, en pleno siglo XVI, Francisco I, Rey de Francia, fue representado con atributos bisexuales.

Entre las tradiciones orientales no hay diferencia. Existe una representación del Buda de la nueva era que incluye atributos masculinos y femeninos y, tanto en Oriente como en Occidente, existe la tradición de que el hombre que pasa bajo un Arco Iris, cambia automáticamente de sexo, pues no en vano, representa un puente entre el mundo humano y el divino.

Un mito ruso afirma que ni Dios ni el Diablo fueron creados por nadie pues desde el principio de los tiempos existían unidos. En “El Discurso Perfecto” de Hermes Trimegisto puede leerse : “Dios no tiene nombre, o mejor dicho, los tiene todos, puesto que es conjuntamente uno y todo” ; a lo que Asclepio responde : “-¿Pretendes decir, oh Trimegisto, que Dios posee los dos sexos ?”. “Si, y no solo Dios, sino todos los seres animados y vegetales”. Afroditas barbudas, imágenes de Venus calvas, representaciones ambiguas de Dionisos, concepciones tántricas de la unión de Shiva con su esposa Shakti, entendidas como proceso de androginización, no son ejemplos aislados, sino que evidencias una línea de tendencia según la cual el misterio del andrógino está en el origen de lo sagrado y la experiencia de lo sagrado pasa por la recuperación del estado andrógino.

LA ANDROGINIA Y EL REBIS : LA ALQUIMIA DEL SEXO

 

En la literatura alquímica la figura del andrógino aparece de manera obsesiva. Todos los autores herméticos, al llegar al final de la “Obra al Blanco”, es decir, la segunda etapa del trabajo hermético, simbolizan esta etapa. Tras la “Obra al Negro”, caracterizada por la putrefacción de la materia en el horno de fusión, se produce en el interior del matraz una coloración blanca, símbolo de resurrección y animación de la materia inerte ; es la “Obra al Blanco”. Al final de esta fase tiene lugar lo que los alquimistas llaman “unión del Sol y la Luna”, o también “Bodas Herméticas”, que abren el camino a la tercera fase de los trabajos, la “Obra al Rojo” en la cual puede fabricarse el “polvo de proyección” que permite la transmutación de los metales.

Una vez más, la alquimia se hace eco de la inmensa posibilidad de poder que abre la unión del principio activo masculino -identificado con el Sol, el Oro y el Azufre- con el principio pasivo femenino -equivlente a la Luna, la Plata y el Mercurio-. La resultante es llamada por los alquimistas de muy distintas maneras : “cópula filosofal”, “matrimonio entre el Rey y la Reina” y, más especialmente, “Rebis”, es decir, la “cosa doble”.

Frecuentemente se representa al “Rebis” alquímico con alas, una roja y otra blanca, símbolos del Oro y la Plata. Las alas, por lo demás, denotan su sutilidad y volatilidad. Frecuentemente se le presenta coronado, en un símbolo que lleva implícita su pertenencia a una naturaleza regia superior. En ocasiones es descrito sobre un altar cuadrangular, simbolizando a los cuatro elementos que entran en juego en la Obra Hermética.

TROVADORES, CABALLEROS Y TEMPLARIOS

 

Llama la atención como en el siglo XII aparecieron en Occidente verdaderos caballeros andantes y trovadores que rendían culto a la dama. En la mayoría de los casos se trataba de una mujer inaccesible para ellos. Danto, por ejemplo, rindió culto a una mujer muerta que apenas había visto en vida, brevemente, en dos ocasiones, Beatriz, y otro tanto hicieron los grandes poetas gibelinos, Guido Cabalcanti o De Barberino. Los trovadores y caballeros, adoptaban como “dama del alma” a esposas de notables, reyes y nobles, que jamás hubieran consentido una relación erótica o carnal, ni siquiera platónica, muchas veces ni siquiera conocían a la dama que ofrecían sus victorias y gestas, sus poemas o canciones. La posibilidad de poseer efectivamente a esa “dama” quedaba siempre excluida de antemano. Y sin embargo, tanto la caballería como el trovadorismo fueron fenómenos realmente vivos en la humanidad medieval europea.

Los trovadores, en su lenguaje cifrado establecían que lo esencial de su concepción del mundo era el AMOR, entendido en su sentido etimológico, como “ausencia de muerte” (“a”, partícula negativa, “mor-moris”, muerte). A principios de siglo, una serie de eruditos y estudiosos del medievo europeo (Luig Valli, fundamentalmente) empezaron a intuir que, probablemente los caballeros y trovadores, cuando aludían a la “Dama” no se referían a una personalidad real, no aludían a una mujer concreta, sino a un principio superior.

Julius Evola, en su “Metafísica del Sexo” escribe : “Era en la imaginación donde vivía y residía esencialmente esta mujer ; en consecuencia, era sobre un plano sutil donde el caballero hacía actuar su amor, su deseo y su exaltación“. La “dama del alma”, la “princesa lejana”, la “mujer inaccesible”, pertenecían a la propia interioridad del trovador y del caballero”, formaban parte de su ser más íntimo, que se trataba de seducir y conquistar. Lo que unos y otros hablaban con “versos extraños” (tal como decía Dante en el inicio de la “Divina comedia”) era de conectar con su parte femenina : con su alma, la “mujer del conocimiento” o la “Santa Gnosis”, entendida como un principio de iluminación, de salvación y de conocimiento trascendente.

Los caballeros y trovadores consideraban que existía una parte femenina en su interior, que correspondían a su alma y que, ésta no era más que el aspecto femenino de Dios. Pero el alma no era tenida como un principio pasivo o efectivamente existente por sí mismo, sino que era preciso activarlo y entrar en contacto con él  y eso lo lograban a través de distintos procedimientos : la lucha y la gesta caballeresca realizadas con total abandono de sí mismo y pureza de corazón, el canto continuado al amor identificado en la persona de una “dama” mediante cuyo servicio renunciaban a todo egoismo.

Los mismos caballeros Templarios tenían muy presente todo este simbolismo. Entre sus votos figuraba la castidad, sin embargo se decía que “cada caballero tenía a su mujer” y el rito mistérico central del templarismo era la exaltación del Baphomet, una figura andrógina. Frecuentemente en las leyendas templarias nacidas en el tiempo de las Cruzadas se habla de caballeros ejemplares que se unieron a mujeres y de cuyo contacto carnal nació el Baphomet, el ser andrógino. Sería imposible hablar un lenguaje más claro.

ENTRE LA PSICOLOGIA Y LA ESTETICA

 

El mito del andrógino resistió el Renacimiento y, aunque progresivamente, arrinconado, sobrevivió en pequeños círculos de hermetistas y entre algunos literatos y pintores. En el siglo XVII, toda una generación de esoteristas hizo de la androginia el tema central de su teorización. Jacob Böheme, recuperó el tema de la androginia de Adán ; él y Johann Gichtel, hablaron de la vertiente masculina y femenina de la divinidad, traducidas en el ser humano, en alma y espíritu. Ellos y los rosacruces alemanes del siglo XVII, en su exégesis esotérica de los textos bíblicos, sostenían que la “Virgen Sofía” era la parte femenina de Adán que luego encarno en la Virgen María, la cual, sin ayuda de hombre alguno, llevó en su vientre a Cristo en una equivalencia invertida al Adán que llevó en un tiempo anterior a la “caída”, a Eva en sus entrañas. Todos ellos concebían el aspecto femenino de la divinidad como una luz irradiante, blanca, extremadamente intensa que les iluminaba interiormente en estados de éxtasis profundo.

Con el paso de las centurias, todas estas afirmaciones, imposibles de entender para todos aquellos que no habían experimentado estados de trance profundo, perdieron su significado y pasaron a interpretarse en clave exclusivamente psicológica. Previamente la androginia había suscitado cierto hechizo erótico en figuras famosas del mundo de la cultura y las artes. Elémire Zola, en su estudio sobre la androginia, recuerda los escritos de Johann Winckelmann y su “anhelo de volver a la androginia”, luego los versos del poeta inglés Cowley, más adelante los casos de algunas feministas que no dudaban en vestirse con ropas masculinas, o adoptar posturas y gestos ambiguos (desde Wilde hasta Colette). Antes que todos ellos, William Blake recuperó en varios de sus poemas y en su producción artística el mito del andrógino. “Lo Femenino es independiente de lo Masculino y ambos lo son del Hombre”, había escrito. Honorato de Balzac dedicó a la figura del andrógino una de sus grandes novelas, “Serafita”, ser ambiguo, rodeado de amores imposibles, que es visto como hombre (Sefaritus) por una mujer y como mujer (Serafita) por un hombre. Balzac explica que que los padres de Serafita habían sido discípulos del esoterista sueco Emmanuel Swedemborg quien también tocó el tema andrógino en sus divagaciones sobre ángeles.

Todas estas aproximaciones al andrógino suponen una degradación del tema : si hasta la Edad Media y el Renacimiento se había tratado de algo sagrado, a partir de entonces pasa a ser un tema profano en el que, progresivamente, se pierden las connotaciones iniciáticas y se penetra en el plano del esteticismo, previo paso para caer en un nivel diferente, el psicologismo. Había que llegar a Carl Gustav Jung para que se produjera el cambio de plano.

Para Jung, tal como explica ampliamente en su libro “Psicología y Alquimia”, la androginia no es sino una proyección mental del sujeto a través de la cual quiere resolver las contradicciones inherentes a lo cotidiano. Freud, antes que él, había establecido que la situación de androginia, previa a la sexualización, corresponde a los primeros años de la creación y al estado prenatal en el que el sujeto carece de problemas y conflictos y, por tanto, es aquel estado que se recuerda como edénico y que se aspira a recuperar.

Todas estas variaciones y derivaciones del mismo tema implican una degradación del símbolo que, todavía iba a banalizarse más en una etapa posterior.

ANDROGINIA Y BISEXUALIDAD, TRANSEXUALISMO…

 

Marx decía que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. Así debía de ser también en el caso del andrógino. Al dramatismo del mito de la caída, de la separación sexual, de la división de sexos, debió seguir, ya en nuestros días, la parodia de la reconstrucción de la unidad andrógina en curiosas variantes de la sexualidad : travestismo, transexualismo, con sus modernas derivaciones, progresivamente más grotescas (“drag-queens”) o siniestras (operaciones de cambio de sexo que no son sino auténticas castraciones).

Es preciso encuadrar el fenómeno en su momento histórico. La cultura sexual de nuestros días deriva directamente de las pautas generadas a partir de la revolución sexual de los años sesenta. Es entonces cuando, sobre la base de las teorías de Erich Fromm y Wilhem Reich, se generan una serie de movimientos de liberación sexual ; en el mismo contexto en el cual aparece la píldora y, por tanto, la posibilidad de una sexualidad no ligada necesariamente a la procreación, la relajación de las costumbres (con la pérdida de influencia de la Iglesia Romana en Occidente a partir del Vaticano II), la aparición de fenómenos aparentemente tan banales como la minifalda, la coeducación o la integración de la mujer en el mercado del trabajo.

La mujer, hasta entonces educada y formada -especialmente la mujer burguesa- para seducir al hombre, abandona ese arquetipo erótico-social y empieza a competir con el hombre en los terrenos que hasta entonces le habían sido propios. Se diría que, a partir de ese momento, la polaridad de las relaciones hombre-mujer, empieza a relajarse especialmente en algunos sectores que no se sienten seducidos por el nuevo tipo de mujer.

Esto coincide con un momento de avance de las técnicas de cirugía estética y con el aislamiento de las hormonas que contribuyen a la sexualización. Personas nacidas con defectos en el proceso de sexualización, o simplemente, con problemas psicológicos de identidad, aprovecharon estos avances para hacer realidad sus fantasías o sus anhelos más íntimos, apelando a la cirugía y a la ciencia allí donde la naturaleza no les había dado aquello que buscaban : la identidad sexual contraria.

Travestidos y transexuales hacen algo más que parecerse a mujeres, extremizan hasta la caricatura los carácteres y rasgos de la feminidad, desde los eróticos hasta los psicológicos, aquellos que la sociedad tenía como arquetipos de la hembra. Es difícil encontrar un travestí o un transexual que vista como una mujer común y corriente, casi unánimemente recurre a maquillages y prendas extremas, e incluso a dotarse de unos rasgos sexuales desmesurados (en labios, pómulos, senos, fundamentalmente). Esto genera el interés de aquellos varones que se han visto decepcionados por el nuevo modelo sexual femenino y de ahí el interés de sectores crecientes de la población masculina por el transexualismo o el travestismo.

Salvador Dalí, el famoso pintor de Cadaqués, se sintió atraído por uno de los primeros transexuales, Amanda Lear, en la que reconoció al segundo gran amor de su vida. Amanda Lear, en sus memorias, cuenta que Dalí, en cierta ocasión, le dijo : “Eres angélica, eres el ser perfecto, eres hombre y mujer a la vez”. Dalí, perfecto conocedor del mito del andrógino, como otros grandes artistas del Renacimiento (entre ellos Leonardo, a quien admirada), utilizó frecuentemente como modelos a figuras con los rasgos sexuales ambiguos e incluso, confiesa en distintas obras autobiográficas, que la atracción que sintió por su compañera durante 40 años, Gala, se debió a la visión de su espalda desnuda, que le sugería masculinidad.

Transexualismo y travestismo, con todo lo que tienen de legítimas opciones sexuales, no son más que muestras de la impotencia de la humanidad moderna por comprender e integrar el mito del andrógino, la incapacidad de vivirlo en su sentido metafísico y en sus implicaciones, no solo eróticas, sino, fundamentalmente, espirituales. Tales variantes no son sino una parodia, en ocasiones incluso grotesca, del andrógino primordial.

LA PERFECCION = COINCIDENCIA DE LOS OPUESTOS

 

Lo que caracteriza a la naturaleza humana es que desarrolla su actividad cotidiana en el universo de la dualidad : bueno-malo, blanco-negro, positivo-negativo, correcto-incorrecto. Este lenguaje binario estaba ya implícito en el tema de la caída adámica : el fruto del que deriva la tragedia de nuestros primeros padres es el Arbol del Bien y del Mal, esto es, el árbol de la dualidad.

Uno de los motivos que encierra el mito del andrógino es el tránsito de la Unidad a la Dualidad, es decir, de la “coindicencia de los opuestos” al “conflicto entre los opuestos”. Esta queda superada por el “misterio de la conjunción”, es decir, de la reintegración del ser en el estado primordial. De ahí la sacralizacion de la sexualidad que realizan distintas tradiciones, para las que el sexo tiene tres niveles : el puro gozo, la procreación y la experiencia de la trascendencia ; a éste último se refiere el tema del andrógino.

 

 

RAMON LLULL: LA SORPRENDENTE VIDA DEL DOCTOR ILUMINADO

Allí donde se producía alguna gran convulsión de su tiempo, allí iba Llull a proponer soluciones y examinar desde cerca el problema; allí donde se avecinaban grandes conflictos, Llull era capaz de intuirlo y ofrecer su mediación; donde la ciencia de su tiempo estaba atascada, Llull juzgaba que bien valía aprestarse a darle un impulso.

EPISODIOS MITICOS

Llull había nacido en Mallorca entre el 1233 y el 1235. El “Directorio de los Inquisidores” dice de él que era “catalán, mercader, oriundo de Mallorca, era laico, fantasioso, impérito, que había escrito unos cuantos libros en lengua catalana vulgar, porque era totalmente ignorante de la gramática”. Quien le dedicó estas líneas -el inquisidor Nicolau Eimerich- evidentemente no le tenía mucha simpatía. Lo único que hay de cierto en estas informaciones es su lugar de nacimiento y la profesión de sus padres que pudieron darle una desahogada situaciones económica. Como San Ignacio de Loyola, durante su juventud fue un aventurero de pocos escrúpulos, perseguidor de mujeres y amante impenitente.

Emprendió su camino de Damasco al quedar prendado por la belleza de una noble genovesa, Ambrosia de Castello a quien asedió. Es célebre su irrupción a caballo en una iglesia para depositar a los pies de su amada un madrigal. Tras este episodio, Ambrosia aceptó recibirlo en sus habitaciones y teniéndolo con él empezó a desnudarse, no para satisfacer los ímpetus del joven Llull sino para mostrarse un seno carcomido por un cáncer. El mismo Llull contó el episodio explicando como retrocedió horrorizado. En sus oídos quedaron grabadas las palabras de la dama: “Míralos bien Raimundo; contempla la fealdad de este cuerpo que ha conquistado tu afecto. ¿No harías mejor consagrando ese amor a Jesucristo?”.

Se retiró a meditar y pensó que el ejercicio de la lírica trovadoresca podría calmar su angustia; pero la poesía no logró serenarlo. Se le apareció una cruz y la rechazó; y aun hubo de aparecer tres veces más la visión para que comprendiera su vocación. A partir de ese momento Llull decide entregar su vida “a señores que no se corrompan jamás” y el único que conoce así es Dios. Quiso ratificar esta decisión mediante una acto que demostrase lo muy atrás que había quedado su disipada vida anterior. Y peregrinó a Santiago de Compostela. Llull sitúa este viaje en 1267, cuando contaba treinta y tres años… Demasiado simbolismo para no tomar esta peregrinación como una alegoría, que habían utilizado ya otros muchos hermetistas, como Nicolás Flamel o Basilio Valentino.

Llull aportó varias innovaciones a la alquimia: ideó un recipiente de destilación llamado “pelícano” y un “sello hermético” para cerrar los recipientes en el interior de los cuales se cuece el compuesto filosofal. Estas aportaciones son descritas ampliamente en su “Elucidación del Testamento” uno de los tratados alquímicos que se le atribuyen. En otro tratado llamado “La Clavícula” describe todo lo necesario para la realización de la Gran Obra, lamentablemente, siempre en lenguaje alegórico o simbólico: “Hemos llamado Clavícula a esta obra porque sin ella es imposible comprender los demás libros nuestros, cuyo conjunto cubre el Arte entero y porque nuestras palabras son oscuras para los ignorantes”, son sus primeras frases. Y advierte también en la introducción “Tened cuidado de revelar este secreto a los malos, no lo comuniquéis sino a vuestros amigos íntimos, aunque no deberíais revelarlo a nadie, porque es un don de Dios que con él hace un regalo a quien le parece bueno. El que lo posea, tendrá un tesoro eterno”.

LLULL Y LOS “NOBLES DE LA ROSA”

 

Toda la actividad de Llull en relación a la alquimia está envuelta en el misterio. Y sin embargo corren aun entre los coleccionistas unas monedas acuñadas, según se dice, con oro obtenido por Lull en una memorable transmutación en la Torre de Londres.

Para Lenglet de Fresnoy, autor de la muy celebrada “Historia de la Filosofía Hermética”, Llull se desplazó a Londres en 1312 llamado por el rey Eduardo de Inglaterra. Como veremos, en esa época, el místico defendía la idea de una nueva cruzada y viajó con la intención de pedir financiación para dicho proyecto a los reyes de Inglaterra y Escocia. Ambos monarcas alegaron falta de medios económicos para justificar su negativa a participar en la operación.

Llull prometió facilitarles la suma que pidieran y para ello instaló en la Torre de Londres su laboratorio hermético. A los pocos días estuvo en condiciones de operar la transmutación obteniendo una extraordinaria cantidad de oro con la que se acuñaron unas monedas conocidas como los “Nobles de la rosa”. Lenglet de Fresnoy añade que “Todos aquellos que han examinado esas piezas, tan curiosas y buscadas en Inglaterra, reconocen que son incluso de un oro más perfecto que el de los Jacobos y otras modernas antiguas de oro de este tipo. Hay incluso una inscripción que los distingue y que muestra que las piezas fueron hechas por una especie de milagro”. La inscripción dice así: “De la misma forma que Jesús había pasado invisible por entre los fariseos, así el oro alquímico pasa inadvertido entre vosotros”.

La existencia de los “Nobles de la Rosa” es incontrovertible, así como la presencia de Llull en Inglaterra; todo lo demás está envuelto en la leyenda. Ciertamente buena parte del centenar de tratados alquímicos atribuidos a Llull es manifiestamente falso y entre las suspicacias que despertó en el Gran Inquisidor Nicolau Eimeric no figura la práctica de la alquimia, pero si se alude, en cambio, a la práctica de la nigromancia. Efectivamente, la acusación aparece en el tratado acusador de Eimeric titulado “Fascinació de los lul.listas” escrito con posterioridad a la muerte de Llull. En otra obra análoga, el “Directorio de los Inquisidores” se acusa a Llull de haber divulgado obras “obtenidas mediante arte diabólica, porque no le había sido comunicada por los hombres, ni por el estudio humano”. Tanto la acusación de nigromancia, como la alusión a las artes diabólicas, eran frecuentemente eufemismos que los inquisidores utilizaban para evitar hablar del noble arte de la alquimia que inmediatamente suscitaba el favor popular y la posibilidad de apoyos de la nobleza.

LA ESCUELA LULIANA

 

Llull tardó siete años en apaciguar su espíritu, luego emprendió su viaje real o imaginario a Santiago como inicio de una serie de desplazamientos por las grandes orbes del mundo conocido. En 1265 regresa a Palma de Mallorca con un bagaje cultural envidiable.

Nuevamente encontramos un episodio en la vida de Llull que es imposible dilucidar lo que tiene de realidad y de símbolo. Un esclavo árabe de su propiedad se reveló; blasfemó de Cristo e hirió a Llull. Luego se suicidó. Llull entró como terciario en la orden franciscana y meditó en la soledad del monte de Randa, situado en el centro geométrico de Mallorca. En el lugar donde hoy se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Cura se hallaba la cueva elegida por Llull para retirarse en 1273 durante ocho días; fue allí donde tuvo su primera iluminación de la que saldría el “Ars Magna”. Concentrado en sí mismo, de repente alzó la vista hacia el árbol que le cubría con su sobra y pudo ver en las hojas las letras ordenadas que comprondían su obra capital. Durante cuatro meses, volvió a tener visiones angélicas y con ellas la revelación de toda la ciencia de su tiempo. Estas visiones le acabarían otorgando el título de “Doctor Iluminado”.

El rey Jaime de Mallorca se interesó por esta obra y facilitó los medios para la puesta en marcha del Colegio de Miramar, escuela de misioneros y traductores especializados en llevar la palabra de Dios a los países dominados por el Islam. Trece franciscanos fueron sus primeros alumnos. Llull pretendió crear instituciones de este tipo por toda la cristiandad, convencido de que era posible convertir a los musulmanes mediante la argumentación.

Intentará que el Papa Honorio IV aprobara su sistema de formación de misioneros, pero el día en que puso el pié en Roma -el 3 de abril de 1287- el papa acababa de morir y Llull se retiró a París. En la Sorbona disputó con Duns Scoto del que llegaría a ser gran amigo. El canciller de la Universidad, Bertaud de Saint Denis le permitió enseñar sus teorías. De esa época data el “Libro de las Maravillas”. Luego en Montpellier escribió el “Arte Inventiva” y el “Arte Amatoria”. Buena parte de esta producción parece de corte oriental; ya por entonces Llull era un perfecto conocedor de la literatura árabe; había leído los textos sufíes y la poesía musulmana y encontró en ellas inspiración y técnicas precisas.

Pasó por Montpellier e incluso es posible que hubiera conocido personalmente a Arnau de Vilanova. Contrariamente a Arnau, Llull no cree en la venida inminente del Anticristo -contra el que, por lo demás, escribe un opúsculo- pero, ambos coinciden en la necesaria reforma de la cristiandad que, como veremos, pasaba por la organización de una nueva cruzada y de la conversión de los infieles. Difunde estas tesis en los medios universitarios y entre los franciscanos espirituales. Pero, poco a poco, se va conveniendo de que en esto existe demasiada teoría y que es preciso predicar con el ejemplo.

Tras una crisis interior decidirá desplazarse a Barbaria (Túnez) para predicar entre los infieles su “Arte”. Estaba convencido de la infalibidad de su método, obtenido por revelación divina. Algunos historiadores opinan que Llull buscaba desesperadamente el martirio. No lo conseguiría ni en este viaje ni en otros dos posteriores. A la expedición a Túnez seguiría otra en 1301 a Chipre y Armenia y una siguiente a Bugia. No hubo martirio, ni tampoco resultados positivos; los años siguientes serían igualmente parcos en éxitos… tanto para Llull como para la cristiandad.

LLULL Y LA ORDEN DEL TEMPLE

 

El siglo XIII no terminó bien para la cristiandad. San Juan de Acre fue ocupado por los musulmanes y la pérdida de Tierra Santa en 1291 constituyó un verdadero trauma para la cristiandad. En su momento todavía no se advirtió, pero aquella derrota constituía el fin de una forma de concebir el mundo y entrañaría, por eso mismo, la crisis de las Ordenes Militares.

El período que va de 1291 hasta 1307, año en que son detenidos los templarios, está marcado por la búsqueda de un culpable de la derrota. Los reyes, por lo demás, habían perdido de vista, en su gran mayoría, los objetivos heroicos y el espíritu de las cruzadas, les interesaba mucho más ordenar sus reinos, doblegar a la nobleza feudal e iniciaban visiblemente un proceso de concentración de poder que debería culminar un par de siglos después con la constitución de los primeros estados nacionales. Los reyes eran los primeros en necesitar un culpable a quien señalar y si, por lo demás, podían requisar sus fondos y llenar con ello sus arcas, mucho mejor. Durante estos quince años, particularmente en Francia, la Orden de los Caballeros Templarios fue el chivo expiatorio al que se responsabilizó de todas las desgracias de la cristiandad. Tampoco los Caballeros Teutónicos, ni los Hospitalarios se vieron libres de críticas y acosados por papas y reyes. Sin embargo, iban a ser los templarios, las verdaderas víctimas de este triste episodio que prefigura la historia moderna de Europa.

En los primeros años del siglo XIV se hizo evidente que la política templaria no coincidía para nada con la de Felipe el Hermoso rey de Francia. Este, por lo demás estaba endeudado desde el 1300 con los templarios que le habían prestado cien mil libras para costear su corte. Felipe debió refugiarse en la Torre del Temple de París hostigado por sus súbditos. En esos años los templarios se habían manifestado partidarios de limitar el poder real en beneficio de las instituciones feudales, religiosas y corporativas. Felipe comprendió pronto que su suerte personal estaba ligada a la de estos caballeros cuya tutela jamás lograría sacudirse. Así que decidió exterminarlos con la complicidad y aquiescencia del papa Clemente V, pues tampoco el papado veía con buenos ojos el poder templario y se había hecho eco de los rumores que corrían sobre extrañas ceremonias y ritos iniciáticos aprendidos en Tierra Santa por el contacto con sectas musulmanas. Desde 1179 llegaban acusaciones del clero contra la orden, pero su valor en el combate y la copiosa sangre templaria derramada en defensa de la cristiandad había acallado todas estas fabulaciones.

A principios del siglo XIV se vivía otro clima muy diferente. En esos momentos Ramon Llull aparece en escena. Escribe una misiva al papa Nicolás IV titulada “De qué manera se podrá recuperar Tierra Santa” que contiene una propuesta audaz ya que no original. En efecto, desde mediados del siglo XIII, Federico II había propuesto un plan de unión de las tres principales órdenes militares. Llull lo recupera cincuenta años después y considera que solamente la fusión podría crear una punta de lanza lo suficientemente aguerrida como para que la cristiandad pusiera de nuevo pies en Tierra Santa. El Temple, los Hospitalarios y Teutónicos deberían aliar sus fuerzas en la “Orden del Espíritu Santo”. Llull se desplazó a Chipre para entrevistarse con Enrique II, rey de los Santos Lugares que permanecía en esa isla, último reducto del Reino Latino. No obtuvo nada de lo que pedía, ni apoyo para su proyecto, ni tan siquiera permiso para marchar en busca del misterioso reino del Preste Juan en la ruta hacia Oriente. En Famagusta fue recibido por el Gran Maestre del Temple, Jacques de Molay, quien tras acogerle le negó igualmente cooperación. Molay no pensaba que su orden pudiera ser liquidada solo tres años después, se veía maestre de la organización militar más poderosa de su tiempo, con 30.000 combatientes, 9.000 encomiendas y miles de toneladas de metales preciosos en sus arsenales.

Ramón Llull no se rinde. Está persuadido que la cristiandad va a derrumbarse y es preciso preparar la llegada del Reino del Divino Paráclito, ese Espíritu Santo, cuyo nombre quiere que sea el de la Orden Militar nacida de la fusión de las otras tres. Llull marchará a entrevistarse con Jaime II de Aragón en 1305; para él ha escrito “Liber de Fine” que el rey remitirá a Clemente V. Débil y temeroso, el papa tiene conocimiento de la conspiración que Felipe el Hermoso está tramando contra los templarios y pretende encontrar una salida en la fusión de las órdenes militares. La lectura del documento de Llull inspirará una misiva a los maestres de las tres órdenes en donde les sugerirá seguir el consejo de Llull. Pero la carta quedará sin respuesta durante muchos meses y cuando De Molay se digna contestar, la negativa, educada y correcta en su forma, es radical en su fondo. El 13 de octubre de 1307 la suerte está echada para los templarios que son detenidos en todas las encomiendas situadas en territorio francés.

Pero tampoco este descalabro para la caballería medieval indujo a Llull a la pasividad o la renuncia a su proyecto; antes bien, volvió a escribir al papa para pedirle la celebración de un concilio que tratara sobre la disolución de la Orden y reconsiderara, a la luz de los nuevos acontecimientos, su proyecto de reconquista de Tierra Santa y fusión de las órdenes militares. Llull, sin entrar en la legitimidad de las acusaciones de Felipe el Hermoso contra la Orden, admite que los intereses templarios se han trasladado a Occidente, después de la pérdida de Acre y Jerusalén y considera que aquí entran en contradicciones con las distintas monarquías nacionales en formación. La única solución al problema consiste en unificar esfuerzos, aprovechar el legado templario y sus riquezas, para impulsar una nueva cruzada. Ingenuamente escribe al rey de Francia su memorial “Liber de natali pueruli parvuli Christi Iesu”, pidiendo apoyo para su proyecto. El Rey quiere la destrucción de la Orden y su oro. Otro tanto harán, con mayor o menor rapacidad, todos los reyes de la cristiandad. Llull intentará inútilmente salvar su proyecto en el Concilio de Viena.

Morirá un año después de que Jacques de Molay y los altos dignatarios del Temple fueran quemados en una pequeña isla del Sena, tras Notre Dame de París, cuyas torres jamás acabarían los canteros medievales como protesta por la ejecución de quien tanto les ayudó.

 

 

 

ORIENTACIONES PARA EL NAVEGANTE DE LA “NUEVA ERA”

La búsqueda de los llamados “estados alterados de conciencia” se ha convertido en una constante de buena parte de los movimientos vinculados a la “New Age”. La cuestión radica en si tales “estados” evidencian algo más profundo que modificaciones del psiquismo a los que puede llegarse mediante técnicas muy simples que nada tienen que ver con la verdadera espiritualidad, o si, por el contrario, conducen a la experiencia mística y al conocimiento del eje central de nuestro ser.

ESTADOS ALTERADOS Y EXPERIENCIA MISTICA

 

Tanto en estados alterados de conciencia como en la experiencia mística, el sujeto sufre una ruptura con el nivel de conciencia ordinario. Ambas experiencias son, en su fenomenología, relativamente similares; la diferencia estriba en la vía que conduce a cada una de ellas.

Los estados alterados pueden experimentarse con cierta facilidad dentro de un sinnúmero de sectas, grupos religiosos, o bien, aisladamente; se trata siempre de estados inducidos por algún elemento alógeno, exterior al sujeto: frecuentemente a través de una reacción bioquímica sobre la sangre, obtenida a través de sustancias que libere neurotransmisores (drogas), o bien mediante una saturación o sobrecarga de los sentidos físicos (bailes frenéticos y ruido sincopado, principalmente).

La experiencia mística, por el contrario, es autógena. No le viene injertada al sujeto desde fuera de su organismo, sino que es el propio sujeto quien la controla en lugar de ser controlado por ella. Alguien que consuma drogas difícilmente podrá alcanzar el estado de arrobamiento producido por el cannabis o la sensación de distorsión de la realidad objetiva del LSD, cuando no disponga de tales substancias; sin embargo al místico y al asceta, le bastará con una decisión de su voluntad para entrar en un estado de completo abandono y unión con lo trascendente.

La duda surge cuando se proponen “técnicas de control mental” en las que, al no haber intervención exterior, parece que se permanece en un terreno próximo a la mística. Sin embargo, también aquí se permanece alejado de la verdadera espiritualidad. Otro factor que entra en juego.

LA CUESTION DEL EGO

 

La divisoria entre verdadera y falsa espiritualidad puede establecerse a partir del análisis sobre el papel del Ego. Las verdaderas escuelas místicas coinciden en una terrible apreciación: el Ego no tiene entrada en la verdadera espiritualidad; añaden que la existencia del Ego sustrae al hombre la posibilidad de una experiencia trascendente y de comunión con lo Absoluto. Así pues, el Ego debe morir allí donde se quiere afrontar la experiencia mística. Toda iniciación mistérica, desde la más remota antigüedad, implica un proceso dialéctico de muerte del “hombre viejo” (del Ego) y renacimiento del “hombre nuevo”.

Por el contrario, el neo-espiritualismo derivado de movimientos ocultistas nacidos a mediados del siglo XIX, pretende lo opuesto. No es raro que se aluda al “crecimiento personal” (esto es, del Ego) o se intenten satisfacer las necesidades de emociones fuertes de los adeptos mediante unas teorías sumamente confusas de las que los libros de Helena Petrovna Blavatsky y de quienes la han seguido (desde Anni Besant hasta Alice Ann Bailey) son paradigma, o bien mediente experiencias inducidas por auto-hipnosis (a lo que muy frecuentemente se reduce el “desdoblamiento astral”).

Es curioso que muchos textos tradicionales que describen la experiencia mística y el camino para alcanzarla, insistan en la necesidad de “ignorancia” por parte del sujeto. Recuérdese el título de aquel texto clásico inglés del siglo XIV, “La nube del no-saber”, o los consejos de Cristo llamando a la simplicidad y sencillez de quienes le seguían (que no tendrían entrada en el reino de los Cielos de no ser como niños). Así mismo los textos del Buda o la “Imitación de Cristo” son extremadamente sencillos en su comprensión, carecen por completo de sofisticaciones y se diría que están reducidos al núcleo de lo que es meramente esencial.

Por el contrario, los textos ocultistas suelen ser espesos, repletos de divagaciones, en ocasiones de contradicciones, abundan en datos inútiles que no sirven en absoluto para potenciar ninguna experiencia interior, sino solamente para satisfacer una fatua necesidad de saber más que los demás, esto es, de engorde del Ego. Muy poca importancia puede tener para un teósofo el conocer la -por lo demás muy discutible- “teoría de las razas matrices” de la señora Blavatsky o la estructura -todavía más discutible- de los “cuerpos superiores” de la persona, en la que deberá creer como mero acto de fé.

Si, allí donde existe Ego no existe espiritualidad, deberemos aceptar que todo lo que “engorda” el Ego -incluso la erudición- arrincona la espiritualidad. Los grandes metafísicos de la Edad Media condenaban con singular dureza lo que llamaban “orgullo intelectual” de algunos de sus contemporáneos, condena que puede inscribirse en este contexto.

LAS DOS VIAS EN LA TRADICION EGIPCIA

 

Estamos ante dos caminos opuestos que aparecen con la historia misma de la humanidad. Los viejos mitos egipcios aluden a dos concepciones de la espiritualidad que encajan con las dos aportaciones étnicas que concurrieron en la formación de esta cultura.

El mito solar de Osiris, tiene su contrapartida en la figura de Seth, su acérrimo enemigo. Restos de una civilización de origen atlante se superpusieron al estrato negroide originario; la sociedad resultante se estratificó en castas. De ahí que sea aceptable la opinión de René Guenon, según la cual el mito de Seth evidencia la lucha de la casta guerrera contra las castas superiores. Los datos más antiguos que conocemos sobre Egipto datan del cuarto milenio; el país estaba dividido entre el Norte que adoraba a Horus y el Sur que tenía por dios a Seth. Finalmente el Norte doblegó al Sur y unificó el país.

Por otra parte, no hay que olvidar que la tradición egipcia es intermedia entre la tradición atlante y la judía en la que también aparece el tema de Seth; en este caso como hijo de Adán. Pero mientras en el judaismo, Seth vuelve al Paraíso perdido por su padre y es, por tanto, un símbolo del Orden, en la tradición egipcia, Seth es el dios del Caos y la Destrucción. Ambos aspectos de Seth son equivalentes a las figuras de Caín y Abel y, como anota Jean Robin, dos aspectos opuestos y contradictorios como “las dos serpientes del caduceo”. Guenon y Robin llaman “iniciático” al linaje de Horus y Osiris, y “contra-iniciático” al linaje de Seth.

SETH Y EL OCULTISMO MODERNO

 

René Guenon escribe: “Tenemos razones para pensar que el culto a Seth ha llegado hasta nuestros días y algunos afirman que debe continuar hasta el fin del ciclo actual”; y esto plantea una cuestión ¿en qué instituciones sigue vivo –al menos en su espíritu- el culto a Seth?

Los dos linajes de la tradición egipcia se transmitieron de una generación a otra, dando lugar, de un lado, al esoterismo en su forma más pura, la tradición hermética y la alquimia, pero también a formas religiosas exotéricas, a partir de ciertos sincretismos, como el judaismo y el cristianismo. De otra parte la tradición sethiana pasó a los dioses telúricos y ctónicos del mundo clásico, dioses de la naturaleza, ligados a la floración desmesurada de los campos y a lo orgiástico; luego, permaneció en la sombra durante siglos, hasta que a mediados del XVIII y XIX volvió a manifestarse en los embriones de lo que luego serían las distintas corrientes ocultistas. Cagliostro, la Hermandad Hermética de Luxor, el Movimiento Cosmico (del francés de Max Theón y el ruso de Fiodorov), y, finalmente, en el Rito masónico de Menphis-Misraïm. Prácticamente todos los fundadores de movimientos ocultistas en los últimos cien años han estado ligado al Rito de Menphis, disidente de la masonería regular. Desde Helena Petrovna Blavatsky fue iniciado en él y alcanzó el grado de Princesa Corona, a Serge Raynaud de la Ferriere, fundador de la Gran Fraternidad Universal, pasando por Aleister Crowley.

La Hermandad Hermética de Luxor, a la que, entre otros perteneció H.P. Randolph, uno de los difusores de técnicas de magia sexual en EE.UU., ofrecía un nivel bastante más alto que el de los actuales grupos ocultistas. Su gran atractivo eran “los poderes paranormales” de los que hacían gala sus altas jerarquías. Una vez más encontramos en este tipo de asociaciones la característica propia de la falsa espiritualidad: alentar el crecimiento del Ego mediante la adquisición de poderes “sobrenaturales” y la realización de “proezas” psíquicas, esto es, de fenómenos que no pueden explicarse según la lógica y la ciencia racional.

Encontramos también un número desmesurado de socialistas utópicos e incluso anarquistas en el Rito de Menphis-Misraïm; desde el revolucionario Blanqui, hasta entre los hermanos Reclus, anarquistas, es decir, entre aquellos sectores que, en el siglo pasado, querían ir más lejos en la destrucción del orden anterior. El espíritu tinánico y de revuelta de la tradición sethiana seguía manifestándose en estos revolucionarios decimonónicos.

Así pues, en rigor, en lugar de hablar de “falsa espiritualidad” deberíamos referirnos a “espiritualidad sethiana”.

LA TECNICA DE ASCESIS

 

El Ego, esto que buena parte de grupos neo-espiritualistas quieren seducir, saturar y engordar mediante distintas técnicas, está compuesto por un soporte físico -el cuerpo- y un bagaje mental -el espíritu-. Ambos forman la personalidad. El razonamiento de las corrientes místicas es el siguiente: 1) existe un poso más profundo e íntimo en el ser humano, el alma, 2) el alma es la presencia trascendente y divina en el ser humano, 3) el sujeto no conoce la realidad trascendente del alma, porque ésta se encuentra ahogada por el Ego que la recubre como el barro puede ocultar el brillo de un diamante, 4) la técnica mística consiste en ir eliminando el recubrimiento opaco para que sobresalga la luz de la trascendencia.

?Cómo se lleva esta técnica a la práctica? 1) se trata de ir atenuando la influencia del Ego sobre el conjunto humano, 2) lograr que el elemento mental y volitivo -el espíritu- sea disminuido en su poder y “rectificado”, purificado y en lugar de estar dominado por las necesidades del elemento inferior -el cuerpo- esté más próximo a la naturaleza del superior -el alma-, 3) suspendiendo la influencia del espíritu sobre el cuerpo físico, éste libera el principio trascendente, y queda bajo su influencia 4) a través de la activación del principio trascendente se produce la identificación con la Divinidad que comparte su misma naturaleza.

Tal es la técnica que caracteriza a la verdadera espiritualidad.

LAS TECNICAS DE ENGORDE DEL EGO

 

Las escuelas de “control mental” y buena parte de lo que cabalga con la “New Age”, van en la dirección de un reforzamiento de los lazos del Ego con el mundo de lo contingente. Nacidos en el contexto cultural norteamericano, tienden a “rentabilizar” los procesos mentales, extrayendo un mayor rendimiento de las posibilidades del sujeto.

Dado que el “pensamiento todo lo puede” -Louise Hay dixit-, ejerciendo un control sobre él, se puede alcanzar cualquier meta. Esto es, en parte, cierto, pero de lo que se trata es de tener muy claro que puede buscarse el control del pensamiento con fines exclusivamente de poder y afirmación de la personalidad, o bien para atenuar su fuerza sobre el elemento trascendente al que aludíamos. Y mucho nos tememos que, dadas las ambigüedades y malentendidos que rodean a este tipo de movimientos, lo que entienda la persona que se acerca a ellos es como “mejorar” su rendimiento y obtener “poderes maravillosos” en lugar de “matar” su Ego.

Esta confusión se produce incluso en el terreno religioso. El cristianismo sostiene que la oración debe ser tenida como acto de homenaje a Dios realizado con devoción y total abandono del Yo, mientras que frecuentemente el cristiano de a pié la considera como un instrumento de petición de algo, un beneficio, en cualquier caso, que refuerza el Ego. A decir verdad, la Iglesia ha tolerado durante siglos el malentendido y permitido que las gentes se acercaran a los templos para pedir, por vía irracional, aquellas situaciones ventajosas que no pueden alcanzar por su propio esfuerzo. Hay en esto mucho de superstición, pero también un aspecto “sethiano”. Lo trascendente solo puede ayudar y hablar a la parte trascendente del sujeto, en absoluto a los vehículos contingentes (cuerpo y mente).

LA CONFUSION ENTRE LO PSIQUICO Y LO ESPIRITUAL

 

Llegado a este punto resulta evidente que buena parte del ocultismo contemporáneo, algunas formas de religiosidad y buena parte de los movimientos vinculados a la “New Age”, sufren una confusión entre los “psíquico” y lo “espiritual”.

La primera muestra de esta confusión procede del espiritismo. Los espiritistas han llegado a considerar los fenómenos que suceden en sus sesiones como manifestaciones de entidades superiores, cuando en realidad pertenecen a un nivel mucho más bajo. Lo psíquico es el soporte inmaterial de la personalidad; al producirse la muerte, con la desaparición del soporte físico, la energía mental queda liberada y sufre el mismo destino que las brasas de una hoguera, que se mantienen al rojo tiempo después de que la llama se haya extinguido, extinguiéndose, a su vez, en un período más o menos breve. Pues bien, en el mejor de los casos, los espiritistas entran en contacto con este tipo de entidades.

En cuanto a los “poderes psíquicos” (clarividencia, precognición, telekinesia, etc.) tampoco son muestras de verdadera espiritualidad sino consecuencia directa del conocimiento de las leyes de la naturaleza y, consiguientemente, de la manipulación y el aprovechamiento de fuerzas sutiles que actúan en ella. Pertenecen más al terreno de la magia que al de la espiritualidad.

Lo espiritual pertenece a un nivel diferente. Los “poderes” obtenidos son consecuencia de sus prácticas, en absoluto el objetivo principal que persigue el sujeto. La verdadera espiritualidad no busca la obtención de poderes, sino la extinción del Ego y la unión con lo Absoluto. La técnica fundamental que utiliza es la práctica de la meditación es decir el logro del vacío mental mediante el no-hacer. A esto se unen visualizaciones y técnicas de evocación e inhibición del Ego (repetición de mantras, contemplación de formas geométricas o yantras, adopción de posturas rituales, mudras).

Toda técnica espiritual se propone hacer vivir al sujeto el aquí y el ahora, lograr que fije y serene su conciencia en el momento presente. El zen es probablemente la doctrina que más lejos ha llegado en esta dirección ritualizando cualquier tipo de actividad cotidiana: existe una forma zen de andar, hacer el amor, trabajar, combatir, tirar con arco, realizar arreglos florales, etc. La serenidad interior y la fijación en actividades cotidianas hace que la mente dispersa y contradictoria se unifique, ahorre energía, se estabilice, gracias a lo cual afloran estratos más profundos del Ser…

LA FUERZA DE LAS SECTAS

 

El ímpetu con el que los cátaros se arrojaban a las hogueras inquisitoriales o los cristianos a los leones, no pueden explicarse solo por su simple “fé” o a través de causas sociológicas, como tampoco éstas explican la dedicación de que hacen gala los miembros del Opus Dei o el fanatismo de organizaciones como los Hare Khrisna, Niños de Dios y algunos grupos ocultistas. Hay algo más profundo y misterioso.

En las sectas están presentes dos elementos: la ideología común a todos sus miembros y técnicas de control mental y manipulación.

Todos estos grupos se aseguran la fidelidad y el fanatismo de sus miembros mediante la utilización de una serie de “trucos” que desencadenan en el sujeto amagos de “experiencias místicas”, cuando no son, en realidad, sino alteraciones de la percepción. El elenco de estos trucos es bastante abultado y son muchos los grupos que han apelado a ellos, en ocasiones, conscientemente y en otras de manera casual.

Los cultos y rituales de estos grupos suelen realizarse en habitaciones pequeñas; habitualmente están presentes varios miembros del grupo e, incluso es posible que de manera continuada, arda una o varias velas y el lugar esté adornado con flores y plantas. Se reza en voz alta; apenas existe ventilación y, muy frecuentemente, en la sala arde incienso. Gracias a todo esto se altera la composición de la atmósfera del lugar. Basta que se pase a una concentración de siete partes de oxígeno por tres de anhídrido carbónico, para que los asistentes, dependiendo de su complexión y otros factores constitucionales, sufran alteraciones de la percepción. Al quemarse oxígeno, que apenas se repone y generarse CO2, antes o después aparecen las alteraciones de la conciencia.

Si a esto añadimos un ambiente de penumbra, la vibración generada por jaculatorias y rezos cadenciales, la existencia de objetos de oro y metales preciosos que provocan irisaciones, otros objetos para fijar la mirada, y un estado de debilidad física generado por el exceso de trabajo en pro de la secta, completado con ayunos y alimentación deliberadamente deficiente y poco adecuada para reponer al organismo de los esfuerzos solicitados, entonces, las posibilidades de tener “visiones beatíficas” y éxtasis aumentan exponencialmente.

LA SANGRE Y EL DOLOR

Las alteraciones en la química del cerebro se producen a través de la sangre. El CO2 penetra en los

alvéolos pulmonares, donde se une a los glóbulos rojos y, con ellos, llega al cerebro. Hay otras formas de lograr alteraciones de conciencia por la vía sanguínea. Una de ellas es mediante el dolor.

La existencia de masoquistas no viene dada solo por una desviación de la sexualidad convencional, sino por algo más complejo. El masoquista, de hecho, goza con la experiencia del dolor y, son muchos los testimonios de seudo-místicos para los cuales flagelarse o colocarse cilicios, ha supuesto un gozo trascendente. En realidad lo que ocurre es que la compresión que el sujeto hace de sus músculos, cuando estos están sometidos a la posibilidad de un castigo de este tipo, se une a la vasoconstricción y a la alteración del ritmo respiratorio y, por consiguiente, a la modificación del riego sanguíneo. La sangre disminuye su presencia en algunas zonas del cerebro cuyos capilares siempre la habían conducido o bien entra en otras donde que jamás conoció. En ambos casos se produce una alteración de la conciencia ordinaria.

No hay que olvidar que “la sangre es vida” y que su papel es muy importante en el organismo y en las concepciones esotéricas. Se tiene a la sangre por vehículo del “elemento ígneo” que posee nuestro cuerpo, algo así como los rayos de un sol que salen del corazón. Algunas escuelas herméticas decían incluso que el alma se vehiculiza en la sangre. Muchas de las técnicas empleadas en distintos contextos geográficos y culturales tienen por objeto elevar el calor corporal mediante la concentración sobre la sangre que así se ve libre de toxinas e impurezas.

CONCLUSION

 

Vía de Osiris y Vía de Seth, iniciación y contra-iniciación, verdadera y falsa espiritualidad, son el producto de dos concepciones diferentes y antagónicas del hombre y de la trascendencia: la que busca domar y aminorar la influencia del Ego y la que pretende saturarlo y darle poderes titánicos. La verdadera espiritualidad no busca otra cosa que decir con el Buda: “¿Que es lo que he ganado con años de meditación? No he ganado nada, lo he perdido todo”.

Puede entenderse así por qué los textos clásicos del misticismo recomiendan estar en guardia, velar, permanecer vigilantes ante las trampas del Ego: desde este punto de vista vale la pena ser conscientes de que un estado alterado de conciencia puede constituir una trampa, algo inducido a través de trucos y tan simple de alcanzar como un buen sueño si se dan todas las circunstancias requeridas; pero eso, con todo lo que puede tener de novedoso y sorprendente para el sujeto sumergido en la conciencia ordinaria, está tan alejado de la espiritualidad como el Caos que representa Seth, el dios de la cabeza de chacal, lo está de Osiris, imagen misma del sol de la trascendencia.

 

 

EL SIMBOLISMO DE LOS GREMIOS OPERATIVOS

1. Plomada y el Nivel

Mientras la Plomada es el emblema del Segundo Vigilante, el Nivel está asociado al Primer Vigilante o Vicepresidente de la logia. La utilización de ambos instrumentos en albañilería es perfectamente opuesta entre sí: la Plomada sirve para trazar planos perpendiculares; el Nivel busca afirmar la horizontalidad.

Ambos elementos se empezaron a utilizar en la construcción de las pirámides egipcias. En su versión antigua consistía en un bastidor de madera parecido a una A, un ángulo de lados iguales y desde cuyo vértice que apuntaba hacia arriba pendía una plomada; una marca situada en el travesaño horizontal señalaba la verticalidad y debía coincidir con la plomada. Hoy, en albañilería este instrumento es completamente diferente, y ha sido sustituido por el llamado nivel de burbuja, pero permanece como símbolo de las hermandades de constructores (el “compagnonage”) y de la masonería especulativa.

Algunos han querido ver en el diseño de este instrumento una esquematización del Azufre, elemento químico equivalente al alma humana. En cierta forma el Nivel se utiliza para fundamentar bien la construcción ulterior sobre un firme completamente horizontal; de la perfección de este instrumento originario dependerá la solidez de todo el conjunto. En ese sentido es, efectivamente, similar al alma, parte originaria del ser humano cuyo desarrollo y afirmación se pretende. Puede pensarse hasta qué punto resulta absurdo el que algunas logias masónicas hayan sustituido este instrumento por el nivel de burbuja, carente de cualquier simbolismo.

En los primeros grados de la masonería se considera muy importantes estos dos instrumentos que llegan incluso a simbolizar los dos primeros grados de iniciación: así, el paso de la Plomada al Nivel comporta el paso del grado de Aprendiz al de Compañero, el primero y segundo de la jerarquía masónica. El primero es un grado que comporta reflexión interior, aprendizaje y sumisión al maestro de la logia; el masón se convierte así en sujeto pasivo que recibe enseñanza y empieza a ser desbastado de su ignorancia. El segundo, por el contrario, es un grado activo y expansivo: los conocimientos adquiridos en el primer nivel de iniciación le permiten caminar por sí mismo en su interioridad. Pero nada de todo ello sería posible, si las bases de este trabajo no estuvieran sólidamente asentadas sobre un terreno bien equilibrado y horizontal; nada de todo ello, en definitiva, sería posible sin saber utilizar la el Nivel.

En el plano moral, aquel en el que tan frecuentemente permanecen los masones actuales, el Nivel es tomado en su acepción ético-social como el referente de la igualdad, la vida en común y la ausencia de autoritarismo; en otras palabras, como el instrumento paradigmático del segundo término de la trilogía ideológica de la masonería: “igualdad”. Resulta difícil comprender, en cualquier caso, la relación entre la “igualdad” masónica y el complicado sistema jerarquizado en extremo que preside la organización interna de las logias: en efecto, la igualdad es la antítesis de la jerarquía. Esta, por el contrario, es una de las acepciones simbólicas de la plomada.

En tanto desciende verticalmente, supone distintos escalones de aptitud y preparación: la plomada es superior a lo que mide; la tierra y su ley de la gravedad, atrayendo al plomo que pende del límite del hilo dramatiza así la condición humana atraída por el elemento tierra. Indica también una dirección descendente y de caída que debe ser invertida mediante el uso del Nivel con el cual, como hemos dicho, se prepara la superficie sobre la que se asentaba el edificio construido ulteriormente.

Pero la Plomada tiene también un sentido superior. Al descender del aire a la tierra, lo que hace es poner en contacto dos órdenes de realidad: un polo celeste y un polo terrenal. Diversos símbolos son los que disponen de esta característica axial propia de comunicadores entre el cielo y la tierra. También indica una cierta correspondencia entre lo alto y lo bajo, entre las realizaciones trascendentes y lo contingente, entre el mundo del ser y el del devenir. Lo que va de uno a otro extremo de la Plomada es lo que va del principio metafísico a la manifestación de este principio en la actividad cotidiana; resume a sí perfectamente el concepto masónico de cosmos.

Fue así como estos instrumentos que procedente de nuestro pasado más remoto y ancestral, rebasaron su modesto cometido de simples útiles de trabajo y sugirieron a los artífices que construyeron nuestras más hermosas catedrales, toda una serie de correlaciones simbólicas que iluminaron su existencia y contestaron a sus porqués. !Cómo no sentir añoranza de un tiempo en el que las herramientas hablaban a los hombres con el lenguaje de la metafísica!

2. El Mallete y el Cincel

Herramientas propias de los canteros, fueron utilizadas durante milenios en las hermandades de constructores, hasta que el destino quiso que su simbolismo fuera incorporado al de las logias masónicas en donde todavía hoy figuran en los cuadros del aprendiz y del compañero. Una vez más encontramos en estos instrumentos el doble carácter, activo y pasivo, que veíamos en el Nivel y la Plomada. El Martillo, golpea activamente la piedra, dirigido por la hábil mano del artesano que lo dirige, no directamente contra ella, sino optimizando su acción a través del Cincel; éste, por su parte, cumple pasivamente su cometido. La antítesis entre uno y otro es lo suficientemente evidente como para que no insistamos.

Ahora bien, hay una serie de aspectos que interesa resaltar. El Cincel, por ejemplo, en tanto que ocupa un lugar intermedio entre el Martillo y el material que desbasta, es activo en relación a éste y pasivo frente al Mazo y a la fuerte mano que lo maneja. No puede extrañar pues que éste instrumento, fuera asociado inicialmente al grado de Compañero, el segundo en la jerarquía masónica, anterior a la maestría y posterior al aprendizaje. O si se quiere, la jerarquía masónica hace del Compañero un estadio intermedio entre la pasividad absoluta y la iniciativa total correspondiéndole algo de lo uno y de lo otro.

Pero sobre todo, el grado de Compañero es un grado problemático. A decir verdad, quizás la gran carencia de la masonería moderna consiste en considerarlo como un grado de trámite en el que los aspirantes a maestros aspiran a permanecer solo el tiempo imprescindible. Pero, en realidad, es el grado de instrucción por excelencia. Atrás se ha dejado la fase de ignorancia total, de inercia; por delante quedan los grados de consumación del aprendizaje, pero éste ?dónde se realiza? la lógica quiere que fuera en ese grado intermedio en donde se operase la verdadera formación y selección de hermanos masones. Pero no siempre la lógica es la gran aliada del taller fraterno.

Lo característico del Cincel es desgastarse con cierta frecuencia, perder capacidad de penetración y precisar un nuevo afilado, perífrasis mística del sendero que debe seguir el compañero, siempre propenso a caer en el error y precisar de un nuevo enderezamiento; sometido al riesgo de no persistir en su tarea lo suficiente, de desanimarse así como el Cincel se desafila y convierte en romo y estéril para el trabajo. Entonces la hábil mano del Maestro deberá entrar en acción; pero también el Compañero deberá revisar constantemente su preparación y conocimientos, tendrá la obligación de estar alerta sobre sus deficiencias y desviaciones.

El Mallete ha sido símbolo de la autoridad suprema desde la más lejana antigüedad. Arma de Thor y de Hércules, arma de los “dux bellorum”, ha pasado a las logias como idéntico carácter. Manejado por los maestros se utiliza en las ceremonias para iniciarlas o concluirlas, tocado a ritmos diversos indica momentos importantes en el desarrollo de los ritos y en las recepciones de nuevos hermanos.

No es raro que el Mallete sea el instrumentos característico del Maestro: expresa la voluntad libre y soberana de crear y construir; más que ningún otro instrumento tiene un carácter ejecutor de la voluntad; quien lo toma en sus manos debe tener previamente en su interior la imagen de lo que va a construir, la forma de lo que quiere modelar; y todo esto debería ser atributo del Maestro de logia.

Ambos instrumentos, a pesar de estar dotados de contenidos simbólicos diversos, son inseparables uno del otro; perfectamente inútiles cuando no colaboran en la misma obra, denotan una necesaria capacidad organizativa y una coordinación de quien los utiliza. Simbólicamente el Mallete es utilizado con la mano derecha y el Cincel sostenido con la izquierda, tal como corresponden a sus características; es solo así como logran modificar una y mil veces la materia en bruto.

No es extraño que este carácter de extracción de nuevas realidades se haya asociado con cierta frecuencia a un simbolismo sexual. El Cincel sería una forma fálica que a través de su capacidad de penetración de la materia femenina, consigue generar en el vientre de ésta, nueva vida; pero esto no compete en solitario al Cincel sino a su asociado, el Mallete. Y con todo, hay que ser cautos en este tipo de asimilaciones, desconocidas en la antigüedad y que fueron descritas en tiempos relativamente recientes. En efecto, Freud y los suyos, no pudieron concebir un universo simbólico liberado del pansexualismo que desvirtuó todos sus intentos interpretativos. Una vez más, la rana de la charca no pudo concebir la grandeza del océano.

3. Escuadra y el Compás

Hasta aquí hemos visto símbolos que solamente los miembros de las logias y unos pocos interesados conocen; pero si hubiera que preguntar cuál es el símbolo más universalmente extendido y que mejor expresa el origen filosófico de la masonería y sus ideales, éste sentía sin duda el de la Escuadra y el Compás. No se trata tanto dé una dualidad opuesta como complementaria y, en cualquier caso, que permite la realización de tareas que competen a dos estructuras completamente diferentes y contradictorias: el cuadrado y el círculo. Si ignorásemos cualquier otro instrumentos propio de las logias, bastaría con conocer el cometido de la Escuadra y del Compás pare reconstruir a partir de ellos toda la filosofía masónica.

Hasta tal punto son importantes que nos ayudan a comprender por qué son 33 los grados de la masonería y puede decirse que, sin estos dos instrumentos, no sólo sería incomprensible el simbolismo de las logias, sino que ni siquiera hubieran sido alzadas nuestras más hermosas catedrales. Una muestra de la ineficacia de los modernos sistemas de enseñanza radica en que tanto la Escuadra como el Compás son útiles que acompañan a todo escolar desde sus primeros años de aprendizaje, y sin embargo, ningún plan de enseñanza registra una reflexión sobre las cualidades de los instrumentos que durante años el niño deberá utilizar en su aprendizaje. Pero la disociación que hoy existe entre un instrumento y las enseñanzas morales que nos pueda aportar, era desconocida en otro tiempo, de tal forma que no se concibió instrumento que permaneciera al margen de un contenido didáctico, referido no solo a la tarea específica para la que había sido concebido, sino fundamentalmente a una disciplina ética y moral.

Fijémonos solo un instante, por que nunca más lo olvidaremos, como estos dos símbolos de la Escuadra y el Compás nos sugieren, en su simplicidad, las tres situaciones posibles en el terreno espiritual. Siendo la Escuadra el instrumento a través del cual se delimita y trazan las formas posibles del mundo material, cuadrados, rectángulos, líneas rectas, el Compás, por el contrario, delimita un círculo tenido como imagen de lo Absoluto, de aquello que tiene principio y fin en sí mismo. Así pues, la Escuadra simboliza la tierra, el Compás el cielo. Cuando veamos a la primera superpuesta al Compás esto nos indicará luna situación de dominio de la materia; si, por el contrario, Escuadra y Compás se muestran entrelazados, tal situación nos advertirá sobre el equilibrio de fuerzas entre mundo material y mundo espiritual. Y si, finalmente es el Compás el que se superpone a la Escuadra, quedará claro el dominio espiritual. Pues bien, esto que parece simple y concluyente define los tres primeros grados de la masonería, sus contenidos simbólicos y sus calidades metafísica: Aprendiz, Compañero y Maestro.

Escuadra y Compás, por su amplitud simbólica, son, en sí mismos, libros mudos, no es raro que sean equiparados en las logias al Libro Sagrado, la Biblia, y que los tres constituyan las “Tres Grandes Luces” que deben iluminar la senda del miembro de la orden. La función de la Escuadra es medir magnitudes del mundo material, mientras que el Compás mide ángulos; el primero supone una aproximación al mundo de la cantidad, el segundo al de la calidad y la esencia. Por esto mismo y como veremos en otra parte, el cuadrado que puede trazarse con la escuadra es el símbolo del mundo material y el círculo que surge del manejo del compás lo es del espiritual, siendo el instrumento que corresponde al Supremo hacedor; de hecho en el arte medieval insistió abundamentemente en la asimilación de Dios al Gran Arquitecto del Universo, representado con su atributo de creador: el Compás.

En las logias el Compás muestra generalmente dos angulaciones: abierto a 90º indica el ángulo que no se puede superar, el límite de la manifestación y, por esto mismo, el equilibrio entre sus dos brazos; abierto a la mitad, sus 45º sugieren equilibrio entre fuerzas antitéticas, situadas de manera dinámica y constructiva. Así precisamente puede verse un compás manejado por la musa Urania en la cúspide de la Casa Xifré de Barcelona, acompañando a Saturno-Cronos. Puede verse a la musa embarazada como asimilación a Balkis, amante de Hirám que, tras abandonarlo y resultar muerto, quedó embarazada de él; episodio simbólico por el que los masones aceptan gustosos el nombre de “hijos de la Viuda”. Esta asociación de Urania con Saturno nos permite afirmar que en la cosmología masónica, el Compás es, al mismo tiempo, el emblema de la Geometría y la Astronomía, mide las angulaciones de la tierra y del cielo y permite insertarse en los secretos de ambos mundos. No es raro, por lo mismo, que originariamente Saturno fuera una divinidad agraria y que su relación con el Compás estuviera motivada por la necesidad de roturar y medir las tierras. En manos de Urania significa el escrutar el Cosmos desvelando su influencia en las acciones de los hombres. Es significativo a este respecto que en astrología la cuadratura -distancia de 90º entre dos planetas- sea considerada como un aspecto muy negativo, pero lo es solo en tanto que esta angulación es la propia e inamovible de la Escuadra.

Toda la movilidad del Compás es fijeza en la Escuadra. Así hay que entender la joya que la representa colgando del cuello del Venerable Maestre de la Logia, su voluntad no puede ser otra, más que la de hacer cumplir las Constituciones y los Estatutos de la Orden. Es libre solo para eso; pero para acceder a ese noble rango debe necesariamente hacerse acreedor del otro atributo derivado de la Escuadra: la rectitud que lo debe caracterizar por encima de cualquier otra virtud; no deberá ceder a la debilidad, tendrá la rigidez propia de quien quiere imponerse sobre la materia y aspira a ser perfecto y la perfección se mide por el grado de identificación con lo establecido en las Constituciones.

Estos dos instrumentos son esquemáticamente idénticos a las letras griegas gamma ( G ) y lambda ( l ). Las cuatro gammas forman una svástica completa, por eso en masonería uno de los símbolos más habitualmente utilizados es la letra G inserta dentro de una estrella. La G corresponde a la gamma y de la misma forma que la geometría -cuya inicial es precisamente la G- es la quinta ciencia en la enumeración de las artes liberales, la quintaesencia del mundo manifestado y simbolizado por las cuatro gammas que forman la svástica es, así mismo, es la estrella de cinco puntas.

Por lo demás, desde el punto de vista numerológico, el valor de la gamma es 3 y el de la lambda 30, su suma, la suma de la escuadra y el compás, es 33, como el número de grados de la masonería, como la edad de Cristo, como los 33 peldaños que componen la escalinata del parque de Güell, como el número que puede obtenerse en infinitud de combinaciones sumando las cantidades que figuran en el cuadrado mágico del Pórtico de la Pasión en la Sagrada Familia…

4. Piedra sin Desbastar y Piedra Puntiaguda

En el cuadro del grado de compañero pueden verse dos símbolos de los diferentes estadios alcanzados por la materia prima al inicio de los trabajos y en el momento de la conclusión. A la izquierda una Piedra negra y sin desbastar, a la derecha la misma Piedra pulida y convertida en un cubo puntiagudo. En el cuadro del grado anterior, el de aprendiz, aparecía otra imagen intermedia, la de la Piedra cúbica que examinaremos en su momento, estado intermedio entre las dos que acabamos de nombrar.

En algunas logias y en determinados ritos masónicos, la Piedra puntiaguda figura con un hacha insertada en su cúspide; el carácter sideral y uranio del hacha implicaba en este caso que para alcanzar esta fase de perfeccionamiento, el masón debía recurrir a una fuerza y un poder situados por encima de él y de su personalidad común. Así pues, el grado de Maestro era un grado de perfección y de apertura hacia lo Absoluto.

La Piedra puntiaguda en ocasiones se representaba como una pirámide, en otras como un monolito de estilo egipcio constituido esquemáticamente por un paralelogramo coronado por una pirámide. También se le representaba sobre el plano como un cuadrado al que se le superponía un triángulo equilátero. Al “cuaternario inferior” -síntesis de fuego, tierra, agua y aire- surgido de la unión de las cuatro escuadras de brazos iguales (el “gammadion”) representante del mundo material, se le superponía el “delta luminoso”, símbolo del mundo espiritual y de las calidades superiores, que llegó hasta la masonería por un complicado camino que pasaba a través de la simbólica católica, la cual hizo de él “el ojo que todo lo ve”, representación del mismo Dios Padre.

En ocasiones el simbolismo de un trabajo espiritual venía representado en una clave diferente, adaptado a las características de la casta a la que pretendía ejemplificar. Así pues, el símbolo artúrico de la extracción de la espada de una Piedra entraña la separación de un principio superior representado por el mango y la guarda de la espada, de la Piedra, representada por el cuadrado de los cuatro elementos. La Piedra puntiaguda era, finalmente, para otro sector del mundo tradicional, la representación de la Piedra Filosofal de los alquimistas, otro símbolo del máximo grado de perfección.

Lo que para los constructores y masones era la Piedra en bruto, para los alquimistas era la materia prima. En cualquiera de las dos concepciones se consideraba que el objetivo a perseguir estaba contenido en la materia a emplear. La Piedra Filosofal no estaba fuera de la materia a través de la que se alcanzaba, y la perfección de una estatura estaba ya contenida en la multiplicidad de las formas posibles residentes en el interior de un bloque de Piedra recién extraído de la cantera. La Piedra sin desbastar y la materia prima, eran símbolos de la perfección originaria, de la misma forma que la culminación de los trabajos en la Piedra puntiaguda era interpretada también como límite de perfección; un curioso símbolo coincidente con lo que decimos es el del cono tallado y situado sobre un pedestal cúbico. El símbolo que se le otorga es el de un principio masculino -el cono- descansando sobre la Piedra femenina; unidos así representan, como la Piedra puntiaguda, al andrógino que fue en los orígenes y que vuelve a ser en la culminación final del trabajo sobre la materia prima.

La Piedra en bruto indica la situación del cosmos anterior a la Creación, es, por tanto, símbolo de caos, indiferenciación y pasividad. En ese magma entran distintos estados de la materia, no debemos reducirlo ni confundirlo con el mundo material que conocemos; en absoluto, lo que se indica con esto es que cuerpo, alma y espíritu están mezclados caóticamente, de tal forma que no puede haber inicio de los trabajos sin practicar lo que la alquimia llama “el arte de la separatoria”, es decir, la identificación y extracción de cada uno de estos elementos de los demás. No siempre se realiza, no siempre el hombre es consciente de cual es la materia sobre la que debe trabajar -sobre sí mismo- y así se producen fenómenos interiores que reproducen perfectamente los distintos tratamientos que puede darse a la materia. Si el artesano golpea indiscriminadamente a la piedra, sin orden ni concierto, descuidadamente, no conseguirá sino disgregarla en pequeños trozos, símbolo hermoso de una vida desperdiciada y vana; si, por el contrario, logra acometer la tarea de desbastar su piedra con cuidado y aceptando el hecho de su ignorancia y de su necesidad de aprender, es posible, que poco a poco vaya dotando a la piedra de forma: su ser se irá manifestando; tal es el símbolo.

Los minerales, tal como salen de la mina están muertos, es tarea del artesano o del hermetista, revitalizarlos. Cuando el artista golpea con el Cincel la Piedra y saltan chispas debe entender por este signo que resta aun en el mineral el principio latente del fuego gracias al cual, avivándolo, puede recuperar el estado de pureza original. Esta visión del universo probablemente chocará con el escepticismo de la ciencia para la que las nociones de vida corresponden solo al mundo orgánico y en absoluto al mineral; pero es sin embargo una visión mítica y mágica del mundo que, no solo ayuda a explicarlo, sino que además es utilizada como vehículo de realización interior. Es muy importante entender que cuando el hermetista o el hombre tradicional hablan de la “vida de la piedra” se refieren a una vida no orgánica, aluden a su calidad, a sus vibraciones, identifican en la Piedra, en cada mineral, pero también en cada planta y en cada especie animal, en cada estrella y constelación, un aspecto de todo ello que sintoniza más perfectamente con su propia vida. El oro pasa a ser así, por una ley de correspondencias símbolo del sol, del corazón, del centro del universo, de la realización espiritual; la Piedra, lo es de los distintos estados de evolución del ser. !Tiempo maravilloso aquel en el que toda realidad era un símbolo y cualquier símbolo podía expresarse a través de una realidad material!

5. El cubo y la esfera

Más que a la masonería esta dualidad concierne genéricamente al mundo mágico de los símbolos. Si la hemos incorporado a esta sección es, fundamentalmente por que la Piedra cúbica es un símbolo masónico por excelencia. Sin embargo, es más difícil percibir el símbolo de la Esfera en las logias; si bien su representación plana, el círculo, ocupa un lugar importante, para entrever la esfera hay que recurrir a ornamentos que la incorporan, la esfera armillar, por ejemplo, aparece en algunas logias como símbolo del cosmos sobre las columnas Jakin y Boaz, en otras representaciones masónicas representa al huevo filosofal situado sobre una peana componiendo ambos elementos lo esencial del atanor de los alquimistas. Así puede vérsele en Barcelona en el frontispicio de la Casa Xifré, detrás de Urania y en los Jardines del Laberinto cerca del estanque, construcciones ambas de indudable inspiración masónica.

La más estable de todas las formas, el Cubo, se opone visiblemente a la más móvil de las figuras geométricas. El Cubo parece sugerir inamovilidad; apoyado en cualquiera de sus seis caras, es el símbolo de estabilidad completa, pero también de materialidad. La Esfera, por el contrario, al poder girar libremente hacia cualquier dirección, es una forma completamente dinámica y, considerada, como la más perfecta, parábola material de la misma esencia divina. Orígenes de Alejandría decía que las almas cuando entrar en el Paraíso lo hacen rodando, “pues la Esfera es el más perfecto de todos los cuerpos”.

Esta asimilación de la perfección a la Esfera deriva de sus características geométricas. Existen en ella elementos que lo hacen completamente diferente al resto de los poliedros regulares. Por de pronto cada uno de los puntos de su superficie dista lo mismo del centro; esto ya implica regularidad y orden. Pero al mismo tiempo existe en esta figura una paradoja. En sí misma, la Esfera procede de la irradiación de un punto central hacia el exterior, como una explosión. Cada punto de la superficie no es sino un punto unido por un radio al centro, lo que, en otras palabras, quiere decir que el centro contendrá el mismo número de puntos que la superficie exterior, es decir, infinito número de ellos. La paradoja estriba en que, por una vez, en geometría, el cero y el infinito son una sola y misma cosa. Por eso la Esfera remite al mundo espiritual.

El proceso de formación de un cubo es sensiblemente diferente. Un punto en desplazamiento genera una línea recta, una línea recta, a su vez, desplazada, genera una superficie y esta un volumen. La proyección de cada una de las caras del cubo así constituido marca las seis direcciones del espacio; siendo la séptima el propio cubo de origen.

Todas estas asimilaciones fueron tenidas en cuenta por arquitectos de muy diferentes culturas. Frecuentemente se ha repetido que el mundo espiritual sería imposible de manifestarse sino fuera a través del mundo material, mientras que éste sería un mundo frío y oscuro de no tener la perspectiva de facilitar el acceso al mundo luminoso y superior. Esta complementareidad de ambos órdenes de realidad se muestra en las construcciones árabes tradicionales formadas por una semiesfera superpuesta a un cubo; éste último representa a la tierra y la semiesfera al cielo; así mismo en los ábsides de las pequeñas iglesias románicas es frecuente ver como están cubiertos por un cuarto de esfera que, para acentuar su asimilación al cielo, está incluso pintado de azul y motejado de estrellas.

El cuadrado y el círculo, a pesar de ser figuras trazadas de diversa forma, aun siendo opuestas en sus significados y calidades, siempre terminan por ser relacionadas entre sí. Uno de los problemas matemáticos que se han mostrado irresolubles a lo largo de los siglos es el de la cuadratura del círculo, problema que va más allá de lo estrictamente matemático: relacionar cuadrado y círculo (cubo y esfera) equivale a reconstruir una síntesis originaria superior a cada una de las partes. Pero, si bien el problema matemático no tiene solución, no ocurre lo mismo desde el punto de vista geométrico, existiendo distintas variantes para encontrar un cuadrado cuya superficie equivalga a la de un círculo. Uno de los métodos para resolver este problema consiste en trazar una vésica piscis (símbolo pristino de la dualidad) desde cuyos extremos el cuadrado simétrico es aproximadamente idéntico al del círculo a partir del cual se traza.

Una de las personalidades que conocían esta resolución geométrica era el prominente masón barcelonés, Ildefonso Cerdá, planificador del Ensanche barcelonés en cuyos octógonos dejó constancia del conocimiento de esta fórmula practicada en su tiempo por los maestros masones. Las famosas manzanas barcelonesas son el testimonio de una sabiduría que el devenir del tiempo no logra erradicar.

6. San Juan Bautista y San Juan Evangelista

El papel de San Juan en la masonería, especialmente en la de Rito Escocés, constituye una de las fuentes de mayor riqueza simbólica y, acaso uno de los patrimonios más remotos que mejor encajaron con el cristianismo. Tras el simbolismo de los dos San Juanes se puede reconocer sin dificultad el de Jano, dios latino bifronte, dios del pasado y del presente, de los cruces y de las puertas, dios de los caminos, pero, fundamentalmente, dios del principio y del fin del ciclo anual. Fue una derivación de su nombre la que se utilizó para denominar al primer mes del año, jaunarai, enero, mes en el coincidían el primer instante del nuevo año y el último del ciclo pasado.

Históricamente está suficientemente documentado que las fiestas de Jano fueron sustituidas por las de San Juan Evangelista, solo que el doble rostro del dios latino se escindió y fue así como una pasó a celebrarse en las proximidades del solsticio de invierno -coincidiendo, más o menos, con las antiguas fiestas de Jano- y la otra en fecha simétrica, el solsticio de verano, coincidiendo con la festividad de San Juan Bautista. Desde el punto de visto zodiacal, la primera festividad coincidía con el signo de Capricornio, y se la llamaba “puerta de los dioses”; estaba presidida por la tristeza y la desesperanza por el alejamiento del dios sol que parecía haberse ido separando de su elíptica a lo largo de los meses de otoño. La naturaleza, abandonada por el sol, había muerto. La festividad opuesta, bajo el signo de Cáncer, coincidente con el solsticio de verano, se celebraba bajo un signo diverso: se la llamaba “la puerta de los hombres” y significaba el apogeo del sol, el momento en que los días son más largos y la naturaleza ha llegado a su límite de verdor y frondosidad.

Ahora bien, estas dos fiestas opuestas no hacían sino complementarse mútuamente e indicaban ideas así mismo complementarias. La llegada al solsticio de invierno reflejaba actitudes contrapuestas: de un lado, ciertamente se producía en un clima de tristeza y pesadumbre por la muerte de la naturaleza; pero llegar a ese fecha suponía llegar al límite de alejamiento del sol; a partir de ese momento, se tenía la certidumbre de que el sol volvería de nuevo. La fiesta fue llamada en el mundo romano “Dies natalis solis invictus”, el día del nacimiento del sol invencible. De la misma forma, el solsticio de verano suponía una idéntica actitud ambivalente, la bondad del clima parecía llegar al punto más álgido, la duración de los días, tras prolongarse desde el solsticio de invierno al de verano, empezaba, a partir de ese momento, a acortar su duración. Lo que había llegado a su límite superior, no podía sino descender; lo que se encontraba, en el punto más bajo, iniciaba una recuperación.

Este orden de ideas queda perfectamente recogido en el Evangelio en la contraposición existente entre la figura de San Juan Evangelista y la de Cristo. Aquel dice, anunciando la inminente llegada de éste: “Es preciso que El crezca y yo mengüe” que, entre otros simbolismos, evoca perfectamente el ciclo anual. Y es que, en el fondo, las dos mitades del círculo no hacen sino evocar las dos fases que concurren en un mismo ciclo: la ascendente y la descendente.

Las festividades solsticiales, transpasadas a los dos San Juanes, llegaron a la masonería acompañadas de un grafismo harto elocuente. Un círculo rodeado de dos rectas paralelas tangentes y verticales, ostenta un punto en el centro. Se le llama “las columnas de Hércules” y toma significado del tema joánico. El círculo corresponde al ciclo anual, identificado con el recorrido del sol -punto situado en el centro del círculo-; el hecho de que las dos columnas sean paralelas indican simetría y que sean tangentes nos dice que estarán situadas en los puntos límite del ciclo, los dos solsticios opuestos. La alusión a Hércules procede del carácter solar de sus 12 trabajos que supusieron una dramatización de su búsqueda heroica a lo largo de los doce signos zodiacales. Por otra parte, las dos rectas paralelas y verticales, están tradicionalmente unidas por una filacteria en la que puede leerse la inscripción “Non plus ultra” que indica un límite imposible de superar.

La tradición católica confiere a San Juan Evangelista una naturaleza solar acaso por que su evangelio está considerado como el más espiritual de los cuatro y por el énfasis puesto en la naturaleza de Jesucristo como hijo del Verbo. Su emblema es por esto la naturaleza más etérea y sutil, el ángel. Por el contrario, en los mismos evangelios se insiste en que San Juan Bautista está toscamente vestido, con una piel de camello, se asegura; se trata con ello de demostrar el carácter humano de su naturaleza. El mismo tema se recoge en otras tradiciones: el hombre no iniciado, es equivalente al “hombre de los bosques”, al “hombre salvaje” que figura en algunas representaciones románicas y góticas y al que Fulcanelli dedica uno de los más hermosos capítulos de sus “Moradas Filosofales”: el hombre salvaje de Thiers. El hombre viejo que precisa una metanoia para alcanzar la salvífica naturaleza trascendente del hombre nuevo.

7. Jakin y Boaz

En un documento masónico datado en 1724 titulado “El Gran Misterio de la Franc-Masonería” se demuestra la diferencia entre los rituales antiguos de la orden en comparación con los que se utilizan en nuestros días en las logias. Así por ejemplo, en la actualidad, cada grado tiene una palabra de paso y una palabra sagrada, sin embargo, el siguiente fragmento muestra que antaño existió una palabra universal:

“P.: Dadme la palabra de Jerusalén.

R.: Giblin.

P.: Dadme la palabra universal.

R.: Boaz”.

Boaz es el nombre que la Biblia atribuye a una de las dos columnas situadas a la entrada del Templo de Salomón. Estas dos columnas están todavía presentes en los templos masónicos situadas en un lugar preferencial. Una es precisamente esta, Boaz, y la otra Jakin. Ambas señalan la diferencia entre el espacio profano y el mundo sagrado de la logia. Sin embargo su utilización en los rituales masónicos es mucho más amplia.

En realidad, Jakin y Boaz son las palabras sagradas de los dos primeros grados de la masonería, mientras que Mac-Benah es la correspondiente al tercero. No parece que se trate de una tradición anterior a mediados del siglo XVIII. Y, desde luego, la elección no fue del todo arbitraria, sino que respondió fundamentalmente a la voluntad de resaltar los orígenes templarios de la masonería. En efecto, en el grado 30? se explica que estas tres palabras corresponden a las iniciales de Jacobus Burgundius Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple quemado en una pequeña isla del Sena en 1314 con la bendición de Felipe el Hermoso y del papa Clemente V. En la superestructura de los grados superiores está muy presente esta voluntad de entroncar con el esoterismo templario. Así por ejemplo el 1743 un grupo de masones de Lyon establecieron el grado de Kadosh, uno de los que componen los “grados de la venganza templaria”. En ellos se explica que algunos templarios franceses lograron eludir la persecución y refugiarse en Escocia en donde fueron admitidos en las Hermandades de Constructores, donde perpetuaron sus ritos y misterios. Hay que decir que no existen pruebas objetivas de tal filiación y que se trata de una tradición difícilmente demostrable que, como máximo, indica la voluntad sincrética de la masonería bajo cuyos auspicios de agrupan cuatro tipos de tradiciones de distintos origen: la propiamente artesanal de los constructores, la templaria, la rosacruz y la kabalística; por no hablar de los ritos minoritarios que incorporan temática procedente del esoterismo egipcio…

El problema a la hora de examinar la masonería, especialmente a lo largo del siglo XVIII consiste en que se produjeron tal número de cambios y a tal velocidad que resultad difícil establecer el objeto de discusión. Contrariamente a lo que se tiene tendencia a pensar en 1717, fecha unánimemente aceptada como punto de partida de la masonería especulativa, los rituales distaban mucho de estar concluidos, el simbolismo y las palabras de paso eran sensiblemente diferentes e, incluso, las concepciones de base diferían. Puede entenderse así el estallido que se produjo en el último tercio del siglo. En el ritual de 1730 expuesto por Prichard en “Masonry dissected” encontramos que la palabra sagrada del aprendiz (1er. grado) es doble; se le plantea una palabra -Boaz- y debe contestar con otra -Jakín-. La palabra del segundo grado es Jakín. Pero en 1800 estas palabras resultaban invertidas: Jakín para el primer grado y Boaz para el segundo. Desde entonces las discusiones han sido interminables en las logias y las disquisiciones eruditas han ocupado buena parte del tiempo de reflexión.

Sin embargo el origen y la importancia de estas dos columnas y de sus nombres es claro y su importancia justificaba perfectamente el énfasis puesto en el tema. Boaz (en ocasiones escrito Bohaz o Booz) y Jakin (que también se puede encontrar como Jachin), figuran en todos los templos masónicos, pintadas de azul y blanco respectivamente. En su simbolismo moral indican la resistencia ante las oleadas de la ignorancia. Jakin se suele situar a la izquierda y Boaz a la derecha, su presencia es también patente en las logias operativas de los “compagnons”. Los constructores todavía las representan con las letras T y S que, incluso hemos visto superpuestas en algunos documentos. En efecto, la T o “tau” indica uno de los polos de la dualidad, aquel en el que la cruz de los cuatro elementos materiales está amputada de su dimensión ascendente para acentuar su ligazón con la materia terrenal; la S simboliza a la serpiente y su situación enroscada a la T, indica la atracción que la materia ejerce sobre el espíritu (la serpiente). En ocasiones, la alquimia medieval, e incluso la simbólica cristiana, han representado a serpientes crucificadas, con idéntica intención didáctica.

Flavio Josefo, ya aludió a las dos columnas del templo de Jerusalén. Decía de ellas que una estaba consagrada al viento y la otra al fuego a imitación de las que figuraban en los templos sirios. Las llama, por su parte, Boz y Jaokin. Desde entonces estas dos columnas han hecho correr mucha tinta y la mayor parte de los ocultistas contemporáneos han intentado incluirlas en sus sistemas, desde Eliphas Levi hasta H.P. Blavatsky. Las interpretaciones de Levi son particularmente adecuadas; para él las dos columnas con sus colores diversos, suponen la lucha entre el bien y el mal, la fuerza y la debilidad, Cristo y Satán y establece correspondencias, cuanto menos discutibles, entre mujer-luna-Boaz, hombre-sol-Jakin. Es frecuente también que otros esoteristas las comparen con las dos columnas laterales del Arbol Sephirótico, la columna de la Dulzura y la columna de la Sabiduría. Etienne Marconis de Negre, dice que la columna J significa “preparación para el Señor”, y la columna B, “perseverancia en el bien”. Otro franc-masón prominente, Albert Pike se extiende en interpretaciones etimológicas difícilmente comprensibles para el profano y así podíamos seguir hasta el infinito.

Es posible que todas estas explicaciones contengan algo de verdad y lo que ocurre es cada autor intenta adaptar al sistema ritual o filosófico que le es propio. Importa poco a nuestros efectos. Para nosotros está claro que las dos columnas del templo masónico, como de las hermandades de constructores, suponen el ornamento más llamativo y visible de toda la logia. Situarse en templo y seguir el rito supone necesariamente que la vista del adepto percibe las dos enormes moles, azul y blanca, que figuran en lugar preferencial. Si baja la vista, verá igualmente, el pavimento ajedrezado. Pues bien, ambos elementos no son, fundamentalmente, sino intentos de que en ningún momento se olvide que el mundo contingente es un mundo dual y que en esta dualidad anida el dolor; cruzas las puertas del templo, franquear el umbral marcado por sus dos columnas, supone penetrar en un mundo de esencias diferentes en el que dualidad ha sido superada. en el mismo Arbol Sephirótico, existe una tercera columna, la central, mayor que las dos laterales, la Columna de la Clemencia, síntesis de las otras dos y cuya cima el iniciado aspira a alcanzar, pues, culminándola se encuentra Ketter, la séfira que indica la corona de la realización consumada.

 

LA SOMBRA DE LA SINARQUIA

 

La conspiracion del dinero, la política y la cultura

 

El 510 antes de nuestra Era, Clisteneo, abuelo de Pericles, instauró en Atenas un gobierno colegiado, compuesto por sabios y místicos, al que llamó “sinarquía”.

Clisteneo reformó la constitución pitagórica de la ciudad y logró mantenerse en el poder unas décadas. Desde entonces la tentación de aunar poder religioso, poder económico y poder cultural, no dejará de reaparecer una y otra vez.

Los templarios, en la Edad Media, Francis Bacon y Tomás Moro, más tarde, los humanistas del renacimiento luego y, finalmente los Iluminados de Baviera, los socialistas utópicos, constituyen distintos eslabones de un mismo proyecto utópico. No se trata solo de ideas, sino de la voluntad inquebrantable de llevarse a la práctica.

Durante el siglo XIX el proyecto sinárquico tomo forma definitiva gracias a dos pensadores franceses: Fabre d’Olivet y Saint Yves d’Alveydre. Aplicando el esquema que hemos utilizado desde un principio, podemos percibir en el sinarquismo un eco tardío, desviado y mitigado del espíritu nórdico-polar mezclado con divagaciones personales propias de un autodidacta, Saint-Yves d’Alveydre. Francia fue el país sobre cuyo suelo nació el sinarquismo y ya allí es difícil encontrar datos objetivos y fehacientes sobre su existencia. Durante los años en que la sinarquía “hizo ruido” en Francia. Los elementos problemáticos que contuvo hicieron que al cabo de pocas décadas, se desvirtuara primero y desapareciera después con la muerte física de sus impulsores. Quedaron algunos rescoldos que dieron vida a partidos que tuvieron importancia en las tres primeras décadas del siglo cuando ya se habían mezclado con el elemento “sudista”. Tal es la perspectiva que vamos a analizar.

El linaje sinárquico empieza con Fabre d’Olivet (1768-1825). Sus padres lo destinaron al mundo de los negocios. La vocación de nuestro hombre era otra y dedicó las noches a adquirir un gran bagaje cultural. Tras arruinarse en el período de la Revolución, sus padres marcharon a Renania; mientras, él se estableció en París. Inicialmente apoyó a los revolucionarios y en 1801 se comprometió en una conjura contra el terror jacobino, salvando la vida por poco. A partir de entonces multiplicó sus contactos en medios masónicos y ocultistas. Fue discípulo del francmasón, Court de Gibelin. Se interesó por Egipto, aprendió sánskrito, latín y hebreo. Hacia 1802, conoció al académico Delisle de Sales quien lo introdujo en una logia pitagórica. A través del senador Lenoir Laroche conocerá a los medios iluministas y teósoficos. En 1804 publica el primer estudio sobre la poesía occitana del siglo XIII que aun hoy es apreciado por los especialistas. Su mujer, fallecida en 1800, se le aparecerá varias veces en sueños y también, según cuenta, en estado de vigilia. Estas materializaciones le convencerán de la posibilidad de establecer contacto entre vivos y muertos. Su segunda mujer es una médium y practicará con ella espiritismo, magnetismo animal, hipnosis y necromancia. Desequilibrada por todas estas actividades, acudirá a un sacerdote explicándole en confesión las curaciones que ella y su marido realizan sobre ciegos y sordomudos. Tras divorciarse contraerá nuevo matrimonio.

De manera imprevista, en 1825 Fabre d’Olivet se suicida. Ante su cama figuraba un altar con los bustos de Hermes, Pitágoras y Heráclito. Desconocido en vida, Fabre d’Olivet será el pensador que más influirá en el ocultismo francés del siglo XIX. Su traducción de los Versos Aureos de Pitágoras será publicada tras su muerte y sus dos libros La lengua hebraica restituida e Historia Filosófica del Género Humano, tendrán gran éxito. En el segundo sustituye la trinidad cristiana por la trilogía Providencia-Voluntad-Destino. A partir de la combinación de estos tres elementos interpreta la historia de la humanidad deduciendo leyes constantes. Formará una masonería particular inspirada, no en el arte de la construcción, sino en el de la jardinería, a la que llamará “El Celeste Cultivo”.

El principal discípulo de Fabre fue, sin duda, Saint Yves. Al casarse con la condesa de Keller, bruscamente se convirtió en noble y rico. La estabilidad esconómica le permitió escribir varios libros titulados “Misiónes” (Misión de los Judíos, de los Hindúes, de los Soberanos, etc.). Además de las lenguas dominadas por Fabre, conocía el árabe a la perfección. La transmisión iniciática entre Fabre y Saint Yves se realizó mediante la discípula del primero, Julie Faure. La influencia de Fabre sobre Saint Yves, siendo determinante no fue la única. Por caminos ocultos y dífíciles de precisar, conoció a corrientes desgajadas del hinduismo. Supo así de la existencia de un “centro oculto”, al que llámó Agartha, donde residiría el “Rey del Mundo”. Su informante, al parecer, era un afgano, Hardjij Scharipf, del cual extrajo lo esencial para su libro “Misión de la India en Europa”. La edición fue destruida por el propio Saint Yves antes de ponerse a la venta sin que explicara los motivos. La idea de Agartha tuvo un éxito extraordinario entre el ocultismo europeo a pesar de ser desconocida en la India (la ciudad oculta de la tradición oriental es Shambala) y no encontraríamos ninguna referencia anterior a Saint Yves, lo cual no deja de ser sospechoso. A pesar de su improbabilidad, la Agartha constituyó un modelo a partir del cual Saint Yves elaboró toda una teoría sobre la organización de la sociedad, la teocracia y el poder, utilizándola como modelo, tal como Platón había hecho con la Atlántida.

La principal diferencia entre Saint Yves y su maestro, era la valoración del cristianismo. Mientras Fabre era pagano y aristotélico, él se consideraba católico y “sinárquico”. Por primera vez quiso aplicar el esoterismo a la política. Consideraba que la nueva y verdadera revolución debía modificar las relaciones del hombre y lo sagrado: lo sagrado debe de presidir la organización social. El sistema que propone Saint Yves es una teocracia, pero ¿en dónde encontrar la nueva clase sacerdotal que esté en condiciones de restablecer el lazo entre el hombre y Dios? A pesar de sentirse cristiano, Saint Yves no expresa gran confianza hacia el clero católico; es la nueva aristocracia económica -con la que pudo relacionarse a través de las privilegiadas relaciones de su esposa- con sus medios para operar sobre la realidad social, la que estaba en mejor disposición para modificar y mejorar la situación socio-económica de la población. Elevándose el nivel económico, se elevaría el nivel cultural y las masas estarían en mejor disposición para comprender la esencia de lo divino. A esto le llamaba “solución social pefecta bajo la égida del Reinado del Sagrado Corazón”. Tal era, en síntesis, la argumentación que presentaba Saint Yves en sus largas y farragosas obras.

Este sistema recibía el nombre de “sinarquía”, términos derivado de las palabras griegas “sun”, con y “arche”, mando. Sinarquía sería el gobierno ejercido por varios jefes; y en la práctica consistía en atribuir a una aristocracia económica dotada de ideas altruistas y humanitarias la capacidad de transformar la sociedad hacia un modelo más justo. Muerto Saint Yves otros asumirían sus ideas.

Jean Robin y algunos historiadores han considerado a la “sinarquía” como una “utopía social inofensiva”. Olvidan, al parecer, que Saint Yves tuvo amistades en el mundo de la aristocracia económica y que varios discípulos suyos se codearon con las monarquías europeas. No en vano Papus, amigo y admirador de Saint Yves, acompañado por el “maestro” Philipe de Lyon, famoso curandero y ocultista, viajó a la Corte de Nicolás II, permaneciendo allí en 1900 y 1906.

Rudolf Steiner, disidente del teosofismo y fundador de la Sociedad Antroposófica, fue, así mismo, admirador de Saint Yves y parte de su obra se inspira en él. Fuera del continente, tanto Fabre como Saint Yves, influyeron en la evolución del socialismo utópico, es decir, de las corrientes socialistas no-marxistas. Ya hemos hablado del ascendiente de Fabre sobre el conde de Saint-Simon y Fourier, los dos máximos exponentes de esta corriente en Francia. El fracaso de las distintas experiencias socialistas utópicas y, sobre todo, de la Comuna de París, hicieron que se empezara a imponer el socialismo marxista y el utópico, evolucionara hacia posiciones más realistas. Saint Yves influyó decisivamente en la obra de Jhon Ruskin, el último de los socialistas utópicos. Ruskin mezclaba ideales humanitarios, principios estéticos y contactos con la aristocracia económica inglesa. Ruskin, profesor en Oxford, formó un círculo de poder con sus más notorios ex- alumnos: Henry Borchenoug, lord de su Majestad, Philip Lyttleton, Ministro de Colonias, Alfred Milner, masón y Vigilante de la Gran Logia Unida de Inglaterra, hombre de confianza de Cecil Rhodes, gran hacedor del Imperio Británico, William Morris, economista, Arnold Toymbee, historiador. Este grupo influyó decisivamente a partir de 1883 en la creación de la Sociedad Fabiana, eslabón entre el socialismo utópico de Ruskin y el socialismo laborista británico, precursor de las socialdemocracias europeas actuales. Las ideas fabianas coincidían en casi todo con las de Saint Yves; simplemente concretaban un poco más, definiendo estrategias y tácticas. Los fabianos ingleses constituyeron la London Economic School en donde se han formado las élites financieras que han liderado el capitalismo liberal occidental en los últimos cien años, empezando por los Rotschild, siguiendo por los Rockefeller y terminando por algunos ministros del primer gobierno del PSOE. Las ideas de Saint Yves, a través de Ruskin y de la Sociedad Fabiana, inspiraron directamente la creación de la Comisión Trilateral a principios de los años 70, entidad que -continuando con el viejo proyecto sinárquico- agrupaba a gentes del mundo de la alta finanza, la política y la cultura, sobre un programa humanista, defensor de la calidad de vida y del desarrollo equilibrado. De tal manera que puede considerarse a la Comisión Trilateral y a sus correas de transmisión como herederas del proyecto sinárquico.

A mediados de los años veinte un grupo de estudiantes de la Escuela Politécnica de París, constituyeron el “Movimiento Sinárquico del Imperio”. La existencia de este grupo fue clandestina. Eliminaron los rituales establecidos por Saint Yves en 1887 y la iniciación se transmitió individualmente. No existían reuniones de grupo, ni rituales colectivos, tan solo transmisión de maestro a neófito. En 1937 se produjeron diversos atentados en Francia. Dimitri Navachine, economista ruso exiliado fue cosido a bayonetazos en París. Poco después, Laetitia Touroux era asesinada de idéntica forma y en junio le tocaba el turno a dos refugiados políticos italianos. Ese mes saltaba por los aires, cerca de Lyon, un tren cargado de aviones de combate para la República Española; ni uno solo llegó a su destino…

Poco a poco tomó cuerpo la posibilidad de que exista una red clandestina de extrema-derecha, financiada por algún régimen fascista. Cientos de registros domiciliarios dieron como resultado la desarticulación del “Comité Secreto de Acción Revolucionaria”, más conocida con el nombre de “la cagoule” (la capucha). Los nuevos adheridos juraban ante sus jefes provisto de capucha roja y guantes blancos, ante una inmensa bandera negra. Resultó detenido Eugene Deloncle, considerado dirigente de la siniestra organización. Deloncle, tenía 47 años en la época, hacía quince que había sido graduado en la Escuela Politécnica de París. La mayoría de los dirigentes de la “cagoule” habían salido de este centro. Se sabía que algunos profesores, alumnos y ex-alumnos habían constituido una especie de masonería tecnocrática. Los miembros eran los alumnos y profesores mejor dotados y con más inquietudes. Esta masonería tecnocrática se llama oficialmente “Centro Politécnico de Estudios Económicos”; su jefe visible, Jean Coutrot, sinárquico convencido, es discípulo de Saint Yves d’Alveydre.

Una parte de los dirigentes de la “cagoule”, procedían del Movimiento Sinárquico del Imperio, cuyo proyecto se conoce suficientemente gracias a distintos documentos ocupados por la policía francesa entre 1937 y 1944. La otra parte procedían de la derechista Accion Francesa. Tras la victoria alemana sobre Francia en junio de 1940, la sinarquía se partió en dos. Existieron discípulos de Saint Yves d’Alveydre entre quienes colaboraron con los nazis y entre los resistentes. Los primeros fueron, en buena medida, liquidados tras la victoria aliada. Los segundos lograron mejorar sus posiciones y situarse en primer fila en la construcción de Europa.

Durante los años 30, Marconis de Negre, alias “Marcus Vella”, antiguo secretario del líder rosacruciano Josephin Peladan (a cuyo círculo perteneció el padre Berenger Sauniére famoso por su implicación en el “affaire” de Rennes-le-Château), fundó la organización Alfa-Galatas. Pierre Plantard, luego Gran Maestre del Priorato de Sión, fue el presidente de éste círculo. Alfa-Galatas, proponía una “orden de caballería” capaz de generar un “nuevo orden occidental”, cuya primera etapa serían “los Estados Unidos de Europa”. Podían reconocerse los temas clásicos de la sinarquía. Entre los fundadores de Alfa-Galatas se encontraba Louis Le Fur. Economista y tecnócrata, Le Fur había sino miembro del Movimiento Sinárquico del Imperio y del grupo “Energia”, un desdoblamiento del primero, cuyo personaje más significativo fue Robert Schumann, uno de los dos máximos constructores de la Comunidad Económica Europea… El otro europeista era Jean Monnet, nacido en 1888 y que, a partir de 1914 se relacionó con círculos sinárquicos a través de Paul Clementel, entonces Ministro de Comercio e Industria francés. Monnet será elegido Secretario General Adjunto de la Sociedad de Naciones y en 1922 entrará a formar parte de la dirección sinárquica. En los años 30 constituirá el Movimiento Paneuropeo, precursor de la actual Unión Europea.

La sinarquía francesa optó por los dos frentes en conflicto durante los años 30 y 40. Mientras unos de sus miembros (Deloncle, Joseph Darnand) se situaron a la derecha del espectro político, otros (Schumann, Monnet), lo hicieron a la izquierda. Los primeros vieron en las regímenes nazi-fascistas el vehículo que precisaban para constituir un “Nuevo Orden Europe”. Los segundos, aprovecharon la victoria aliada para impulsar el “Movimiento Paneuropeo”. La velocidad con la que se extendió el proyecto paneuropeo se debió a que otros grupos discretos, como la masonería o los círculos fabianos, habían sido impregnados en parte por el ideal sinárquico.

Antes de que Saint-Yves teorizara sobre la sinarquía, nuestro entrañable, Domingo Badía, “Alí Bey”, ya se había vinculado a Fabre d’Olivet, a través de su yerno, el académico Delisle de Sales. Ya hemos visto como Badía siguiendo a Fabre d’Olivet, creía que el fin de la Atlántida no se había producido como consecuencia de un cataclismo, sino por el ascenso del fondo del mar que habría acarreado la retirada de las aguas. Delisle de Sales había introducido a Fabre d’Olivet en una logia pitagórica. Es seguro que Badía conoció a Fabre. Sus biógrafos han podido establecido que leyó “Historia Filosófica de la Humanidad” hacia 1815. Verosímilmente se trata del libro de Fabre, “Historia Filosófica del Género Humano”, libro que solo fue publicado en 1823. Es fácil deducir que Badía leyó el manuscrito original y que su suegro, Delisle de Sales, le presentó a Fabre.

Muerto Badía, pasan cuarenta años antes de que su figura sea rescatada del olvido y revalorizada por un grupo de intelectuales, politicos y empresarios catalanes. Ese círculo puede ser considerado, en rigor, como el núcleo español de la sinarquía. Por entonces Saint Yves ya ha publicado sus obras y expuesto su filosofía sinárquica. El primero en volver a hablar de Badía es el embajador español en Egipto, Eduardo Todá. Notorio egiptólogo, Todá publicó artículos enviados desde El Cairo firmados con el seudónimo “Alí Bey”. Paralelamente, se constituía la Asociación Catalana de Excursiones Científicas (embrión del actual Centro Excursionista de Cataluña, en cuya sala de juntas está presidida por el retrato de Ali Bey). La asociación reunía a algo más que aficionados al excursionismo. Estaba inspirada, en primer lugar, por las ideas geográficas de los hermanos, Paul, Elias y Eliseo Reclus, franc-masones y ánarquistas; participaban en la asociación antiguos socialistas utópicos influidos por Saint-Simon y Fourier.

Durante años, la Asociación de Excursiones contó como miembro al arquitecto Antonio Gaudí. Gaudí y Todá no solo se conocían, sino que habían sido amigos de infancia. Juntos, naturales de Reus, proyectaron la restauración del monasterio de Poblet en el reverso de un manifiesto revolucionario masónico que todavía se conserva hoy en la Cátedra Gaudí de Barcelona. Es casi seguro que Todá introdujo a Gaudi en la masonería durante su juventud. Otro miembro de la asociación fue el poeta Jacinto Verdaguer, quien no solo escribió los versos de “La Atlántida”, sino que además fue sacerdote satanista y conoció perfectamente al archiduque Luis Salvador de Hansburgo-Lorena, hermano de “Juan Orth”, uno de los habituales visitantes del pequeño pueblo francés de Rennes-le-Château donde se encontraba el sacerdote rosacruciano Berenger Saunière. Otro miembro de la asociación, el poeta Juan Maragall había sido el traductor de las obras de Jhon Ruskin.

Todos estos personajes se reunen en torno a un figura de especial relieve en el proceso de industrialización de España: Eusebio Güell Bacigalupi. Güell -hijo de un indiano multimillonario, diputado y senador en varias legislaturas- había estudiado en Londres, París y Nimes, donde conoció a Valentí Almirall, franc-masón y político federalista catalán. Ambos, Güell y Almirall, fundarán el Centre Catalá, una de las primeras entidades catalanistas. Antes, Güell había financiado secretamente la asociación “Joven Cataluña”, cuyo nombre delata influencias carbonarias.

En torno a Güell se concentró un núcleo de intelectuales, políticos y artistas, cuyas obras financió generosamente. A su sombra Gaudí realizó sus más famosas construcciones (la cripta Güell, el Parque de Güell, el Palacio Güell, etc.). “Joven Cataluña” fue, a su vez, matriz de una serie de instituciones cada vez más decantadas hacia al actividad política que Güell impulsaba, frecuentemente sin aparecer en público, limitándose a dar instrucciones junto a cheques de cifras importantes. A esta asociación siguió el “Centro Catalán”, luego la “Liga de Cataluña” y finalmente la “Liga Regionalista” de Francisco Cambó. El propio Gaudí, antes de caer en la crisis mística hacia finales del siglo XIX, había estado próximo a círculos socialistas utópicos y anarquistas, como otros muchos hombres públicos nacidos en Cataluña en la época: Narciso Monturiol, comunista utópico, Ildefonso Cerdá, urbanista, francmasón y socialista utópico, al igual que Anselmo Clavé, fundador de las masas corales que todavía hoy existen, etc. Todos ellos conocieron la obra de Fabre d’Olivet y los escritos utópicos del siglo XIX. Gaudí, por su parte, planificó la “Cooperativa Obrera de Mataró”, a cuenta del grupo anarquista moderado y socialista utópico de esa localidad. Realizó el plano (que aun se conserva) a la peculiar escala 1:666…

La ideología de Güell y de un grupo de indianos (comerciantes españoles enriquecidos con el comercio de ultramar) se identifica exactamente con el pensamiento sinárquico, tal como fue enunciado en la época por Saint Yves. Intentan generar, desde el poder y utilizando su peso económico, una sociedad más justa; se trata de filántropos. Paralelamente, procuran elevar el nivel cultural de las masas. Muchos de ellos (Güell, Gaudí, Maragall, Verdaguer, el Marqués de Comillas, etc.) son católicos y, como Fabre, demuestran una devoción particular hacia el “Sagrado Corazón”. Con sus fondos y apoyo se crean en Barcelona, al mismo tiempo, dos “templos expiatorios”, uno consagrado al Sagrado Corazón en el Tibidabo. El otro es la Sagrada Familia. Algunos, como Todá y Valentí Almirall, indiferentes en lo religioso, terminan por ubicarse en posiciones más radicales, fruto de su militancia masónica.

La huelga general de Barcelona a principios de siglo demostrará lo peligroso de estas posiciones. Con un movimiento obrero descontrolado, no es posible hacer grandes experiencias sociales, ni políticas. El catalanismo conservador de inspiración sinárquica, debió abandonar sus primeras espectativas autonomistas y recurrir al ejército para que restableciera el orden y pusiera el cintura a la clase obrera. La evolución de la Liga Regionalista derivó a partir de entonces hacia posiciones moderadas y buena parte de sus miembros optaron por el franquismo en el momento de iniciarse la guerra civil. Sin embargo, en la personalidad y en las actividades financieras de Francisco Cambó, su líder histórico, se perciben hasta última hora, huellas de la ideología sinárquica: en efecto, políticos dotados de una ideología humanista, amaparados en el gran capital, deben realizar una tarea paternal sobre las masas para guiar al conjunto hacia un orden social más justo.

Si tenemos en cuenta que la reunión de la Comisión Trilateral celebrada en España se realizó en Barcelona, los días 15 a 17 de octubre de 1993 -en los salones del Ayuntamiento de la ciudad, presidida por Pascual Maragall, descendiente del poeta que tradujo a Ruskin, Juan Maragall y educado en universidades fabianas norteamericanas y por Jordi Pujol, heredero político de la Liga Regionalista- veremos como el círculo sinárquico se cierra muy sospechosamente.

Como organización internacional la sinarquía se extinguió; sin embargo, sus principios sobrevivieron y han sido heredados por movimientos políticos democrático-liberales que hoy todavía no renuncian a la conjunción entre el poder el poder cultural, poder económico y el poder político.

No aspiran al poder, en buena medida, son el poder.

RENACIENDO DE SU PROPIA MUERTE

EL FENIX

SIMBOLO OCULTO DE INICIACIÓN

 

“Habita esta selva, estos bosques sagrados, el ave fénix, sola y única que vive saliendo rehecha de su propia muerte”. De Ave Phoenice.

El Ave Fénix de la mitología clásica es algo más que un mito poético o una ingenua leyenda sumergida en ese bosque de leyendas que es la literatura clásica. En realidad, una mitología arraigada en el subconsciente colectivo de un pueblo, entraña necesariamente una enseñanza sin la cual ese pueblo no hubiera podido desarrollar sus potencialidades. Mitología implica necesariamente, iniciación y una iniciación es el acto mediante el cual, posibilidades latentes en el ser humano, pasan del estadio de potencia al de acto. De entre todas las leyendas mitológicas que el mundo clásico nos ha legado, la del Ave Fénix es, sin duda, la de un mayor y más rotundo contenido iniciático. Se trata, por lo demás, de un mito universal nacido del vector más puro de la tradición egipcia, pero que tiene también manifestaciones de increíble similitud en India y China.

El ave que renace de su propia muerte nos indica cómo era una parte de la estructura mental de nuestros ancestros y de las culturas clásicas de las que el Occidente moderno es hijo. Conocerlo puede facilitar el retorno a los orígenes es, quizás, la forma más drástica de superar la actual crisis de identidad y pérdida de valores que experimenta nuestro entorno cultural en este límite del milenio.

FISONOMIA DEL AVE INMORTAL

El Fénix es descrita por muchos autores clásicos con una precisión tal que se diría que han podido contemplarla en estado de máximo arrobamiento o en el curso de éxtasis místicos. Así se comprende que las descripciones no sean completamente coincidentes, sino que cada autor coloque un matiz propio que otros no recogen, o simplemente, que, aparezcan sensibles modificaciones a lo aportado por autores anteriores. Sin embargo una serie de características son comunes. Todos coinciden, por ejemplo, en los destellos desprendidos por el cuerpo del ave y su plumaje que admiten es de oro rojizo. Tácito dice que, solo por sus plumas, el Fénix puede distinguirse fácilmente de cualquier otra ave. Lactancio le atribuye un color rojo azafrán con un pico de aspecto similar a una gema o formado por piedras preciosas. Las plumas muestran irisaciones blancas, verde esmeralda y marfil. Igualmente, todos describen las garras como enormes y rojas.

Una aureola solar corona la cabeza del ave. Aquiles Tacio, autor latino afirma que el Fénix se precia de tener al Sol por señor y Lactancio en el famoso poema “De ave Phoenice”, afirma que tiene por corona los rayos del astro rey. Claudiano percibe en sus ojos, lo que describe como “brillo misterioso” y que el propio Lactancio compara a “jacintos azules de gran fulgor”. Otro autor clásico, Solino, en su “Recopilación de acontecimientos memorables”, dice que el cuello del ave despide un “dorado resplandor”. Esta solaridad está incluso presente en sus patas que son para Lactancio, doradas y para Claudiano, purpúreas, mientras que otros autores las describen de color naranja de sandácara. Al moverse muestra una gran dignidad y altivez. Ezequiel, el profeta judío, dice que su andar es “altivo como un toro y ágil, como si el cuerpo no le pesara”.

Lo más notable es su sexo. Macho y hembra a la vez, los autores griegos y romanos lo definen como hermatrodita. Plinio afirma sin dudarlo que “un dios le concedió renacer de sí mismo sin lazos que aten a Venus”.

No hay otro animal ni ave como el Fénix. San Eusebio al hablar de sus dimensiones dice que es dos veces más grande que la mayor de las aves, el águila. Otros comparan su belleza a la del pavo real. El mismo Plinio la quiere aproximar al faisán del que dice que el moño que muestran en la cabeza es similar a la cresta del Fénix. Lactancio en el poema, la compara al Arco Iris, diciendo que fue la misma diosa quien coloreó a la vez el arco que lleva su nombre y las plumas del Fénix.

Algunos autores resaltan los misteriosos y sutiles tonos de su canto que comparan al del mejor ruiseñor que canta en el Paraíso. Algún autor latino que ha oído hablar del cátedro, la ave solar hindú, establece paralelismos entre los dos animales en función del armonioso canto de ambos. El Fénix, posado en lo alto de un árbol, despide una musicalidad tan alta y clara que la escucha el bosque entero. En las auroras, espera en lo alto de la copa del árbol sagrado, mirando hacia el Este, el lugar donde nace el Sol; cuando despuntan los primeros rayos entona un canto que hace palidecer al del gallo. Las noticias sobre las bondades musicales del Fénix llegaron incluso hasta China, donde existió el cheng, instrumento de música en forma de Fénix, que intenta pálidamente reproducir el canto del ave.

EL AVE DEL PARAISO

Los autores no están de acuerdo sobre la morada de este ave. Para Tácito y Heródoto su lugar de residencia es Arabia, para Arístides y Ausonio, la India. Los poetas Ovidio y Marcial la sitúan en Asiria y Lactancio, tan concreto en otras ocasiones, se limita aquí a indicar un vago “Oriente”. Son varios los autores que mencionan a Etiopía que nada tiene que ver con el actual país africano, refiriéndose a una zona comprendida entre el Tigris y el Eufrates, bañada por las costas del Mar Negro.

Frecuentemente el nombre de Heliópolis (la “ciudad del Sol”) aparece en los relatos. Se dice, por ejemplo que cuando muere su padre, lo sepulta en Heliópolis, o que -como cuenta Heródoto- cada quinientos años aparecía en la ciudad. Otros afirman que el Fénix se inmola precisamente en el Templo del Sol de Heliópolis. Pero sería necesario investigar los contenidos de esa ciudad maravillosa -que nada tiene que ver con la ciudad real que algún día existió con ese nombre en Egipto- para que podamos calibrar el sentido de la frase.

Lactancio, por ejemplo, nos dice que en ese país hay ausencia de mal y cualquier acto que realizan los hombres es bueno y elevado; en aquel lugar, una llanura elevada, no existe sufrimiento para el cuerpo ni para el espíritu. El lugar es equiparable al Paraíso judeo-cristiano, a los Campos Elíseos descritos por Homero en donde reina la paz del espíritu y una serenidad sin límite o a la Isla de los Bienaventurados. Quintiliano llega incluso a describir el lugar como si hubiera viajado a él; lo llama lugar de bienaventuranza (“locurum amoenitas”), con agradables bosques y ríos, peinado por una brisa suave, donde el canto de los pájaros es tan melodioso que produce un placer extático. La virtud está presente en el lugar y quienes lo habitan se guían por una idea innata de justicia y una equilibrada templanza. Ovidio sitúa una fuente en el centro del lugar, al pié del monte Elíseo y cerca de ella el lugar de residencia del Fénix. En el Elíseo jamás llueve ni nieva, pero, aun así, la fertilidad es proverbial gracias a la fuente de vida que lo alimenta todo. Nos dice también que crecen “melones”, palabra que para los griegos tenía dos acepciones: cualquier fruta y el árbol de frutos dorados.

En esos Campos Elíseos vive la raza de los héroes de la que Hesíodo nos dice que fue creada por los dioses en tiempos de la guerra de Troya. Hesíodo, en “Los Trabajos y los Días”, presenta una cosmogonía de la decadencia en cuatro fases cíclicas: la Edad de Oro, o edad de los dioses donde el hombre era igual a ellos; la Edad de Plata en la que se pierde el contacto directo con la trascendencia y la casta sacerdotal -mediadores entre el hombre y Dios- es hegemónica; luego la Edad de Cobre o edad de los guerreros y, finalmente, la Edad del Hierro, fase final de decadencia y desintegración. Pero entre estas dos últimas, Hesíodo sitúa la Edad de los Héroes. Gracias al ascesis heroico y a la “prueba iniciática” el hombre de las dos últimas edades tiene la posibilidad de reintegrarse en la edad primordial, la Edad de Oro. Quienes lo consiguen tienen en el Elíseo su morada. Y sobre ellos, eternamente, revolotea el Fénix.

LA ESTRUCTURA DEL MITO

La leyenda mitológica cuenta que un ave, de nombre Fénix, moría en medio de plantas aromáticas para resucitar luego con plumas que reflejaban los colores del sol. Esta estructura central tiene distintos elementos que lo van enriqueciendo, la mayoría de los cuales se integran en el mismo significado simbólico y, en otros casos, se trata de errores de comprensión fácilmente perceptibles. Así, por ejemplo, Artemidoro de Daldis cuenta que un pintor egipcio que solía representar al fénix era tan pobre que, tras la muerte de su padre, se vio obligado a llevar el cadáver a sus espaldas para darle sepultura. La dificultad en “enterrar al padre” deriva de en una mala lectura de la leyenda realizada por Artemidoro: el Fénix carece de padre y de generación alguna. La generalidad de los autores, afirma que, de las cenizas del Fénix nace un gusano que va creciendo hasta convertirse en un nuevo pájaro que, una vez adulto, emprende el vuelo y regresa a su morada.

Detengámonos aquí: el ave renace en virtud de su muerte; cuando se siente anciano recoge plantas aromáticas y forma un nido en el que muere; de los restos nace un gusano que genera la nueva ave. Esta, una vez adulta, vuela a Heliópolis. Resulta evidente que el eje central del tema es el binomio “muerte-renacimiento” que remite a la estructura central de todo sistema iniciático: para que una ceremonia de iniciación produzca efecto, el “hombre viejo” debe morir y, en su lugar, debe aparecer un nuevo alumbrado, un hombre renacido, un “hombre nuevo”, en definitiva. En el proceso iniciático, como en la vida del Fénix, existe un antes y un después de la muerte simbólica: en el “antes” el ser está caracterizado por el agotamiento de sus posibilidades, el ocaso y la crisis existencial; en el “después” todo se renueva y torna joven y vivo.

A esta estructura central, los distintos autores añaden detalles no carentes de importancia. Hay que insistir en que el mito no es una imagen gratuita creada como un autor crea una relato literario. El mito dramatiza una experiencia interior y, de la misma forma que, durante un sueño, distintas personas sometidas a los mismos estímulos, los metabolizan y dan a cada visión onírica unos contenidos particulares, los autores clásicos que han aludido a mitologías, suelen haber tenido esas visiones interiores, sorprendentemente iguales, pero, al mismo tiempo, muy personalizadas. Ovidio, por ejemplo, afirma que la edad del Fénix es de 500 años, pero Plinio la sube hasta 540 años como el Heliodromo, el ave mensajera del Sol). Tácito eleva la edad del Fénix a 1461 años cumplidos los cuales se encierra en su nido situado en lo alto de una palmera, confeccionado con ramas aromáticas (casia, nardo, cinamono, mirra) y muere en medio de éstas derramando sobre sí mismo “la fuerza genital”. El muy católico San Epifanio de Salamina, afirma que el fénix, antes de morir, se golpea el pecho con sus garras hasta hacer salir fuego de las entrañas; ésta llama enciende la leña que le ha de abrasar. Antes de que todo quede reducido a cenizas, Dios hace aparecer una nube cuya lluvia apaga la llama; los restos generarán, al día siguiente, un gusano del que nacerá de nuevo el Fénix..

Plinio afirma que las cenizas del ave contienen virtudes curativas y regenerativas que constituyen una verdadera “medicina universal”. Horapolo el griego, aporta un nuevo matiz atribuyendo la cualidad fecundadora a la sangre del ave. Al sentir, nos dice, como le llega la muerte, se echa en el suelo y se hiere en el vientre; la sangre que mana fecunda la tierra y de ella nacerá el nuevo Fénix que acompaña a su padre, aun vivo, a morir en Egipto a la salida del Sol. Aquiles Tacio modifica el relato de Horapolo sosteniendo de manera insensata que el nuevo Fénix cuida de la sepultura de su anterior encarnación en el Nilo y para ello deposita el cadáver en un hueco excavado adrede en el tronco de un árbol de mirra que luego tapa con tierra.

Todos estos matices no hacen sino abundar en los mismos significados simbólicos: muerte-resurrección, solaridad, paraíso…

CONTENIDO INICIÁTICO

Los lingüistas de un lado y la tradición esotérica de otro, han hecho descender el nombre de Fénix del término griego “phoinix” al que se le dan tres acepciones: la primera alude a los nativos de Fenicia, país situado al Este del Mediterráneo; la segunda la emparenta con el color púrpura y la tercera con palmera. Para los latinos, se aludía a los naturales de Fenicia y a las palmeras y, posteriormente, San Isidoro de Sevilla, por el contrario, demostrando conocer la acepción que remite al color púrpura, lo emparenta con la realeza. Los tres sentidos, sin embargo, son coincidentes: se alude a Fenicia, situada en el Este, por que es allí por donde sale el Sol; el color púrpura es el color de Zeus y de los dioses del Olimpo, y la palmera, por su parte, es un árbol sagrado de Oriente gracias a su forma | vertical que luego se abre, desparramando sus ramas como si fueran rayos del Sol. Los mismos templarios habían conocido este último significado, integrándolo en su gnosis. Era frecuente que las capillas templarias tuvieran forma circular y la bóveda estuviera sostenida por una columna central llamada Arbol o Palmera de la Vida. Era justo encima de esa columna donde los templarios situaban un pequeño habitáculo en el interior del cual meditaban en soledad antes y después de su iniciación en el capítulo secreto de la Orden. Estos lugares aun son visibles en muchas capillas templarias.

Fenicia, la palmera y el color púrpura, indicaban solaridad, ascesis, dignidad regia (es decir, dignidad solar), remitiendo en su conjunto al concepto de iniciación. Es significativo que Claudiano compare el Fénix a otro elemento situado en la misma línea simbólica, el pino, igualmente símbolo solar y de peremnidad, al no perder jamás sus hojas. Claudiano llega incluso a comparar los achaques del Fénix a los del pino cuya muerte se produce en tres fases; una parte del pino es derribada por los ataques del viento, otra se desgaja por acción de la lluvia que pudre sus entrañas y la última se rinde por efecto del tiempo. El fénix sufre agotamiento parecido. Nada más empieza a ver debilitadas sus alas que apenas le permiten ya levantar el vuelo, cuando su vista se atenúa, nuestra ave siente que le viene la muerte e inicia la construcción de su nido.

Para Dionisio la cremación tiene lugar en la cima de una elevada montaña en una roca alta, lugar que, por su elevación y proximidad a los dioses, tiene dignidad real. Pero la opinión general es que va al Paraíso a buscar plantas aromáticas entre las que se citan el cinamono, el bálsamo, la casia, el acanto, las lágrimas de incienso, las tiernas espigas de nardo, la mirra y la panacea. En Grecia el lecho de los difuntos se adornaba con hojas de olivo, apio y coronas de flores, entre ellas el cinamono, considerada como la planta aromática que mejor arde y que, por tanto, está consagrada al sol. Plinio, siempre piadoso, recuerda que solo puede recogerse cinamono con permiso de la divinidad y tras un gran sacrificio, cuando el Sol no está presente en el firmamento.

Es innegable que el mito del Fénix está íntimamente ligado a una ciencia sagrada de carácter iniciático: la alquimia. Cómo se sabe, el fin último de la alquimia es la regeneración del compuesto humano y su reintegración en el estado edénico primordial. La primera fase de los trabajos alquímicos recibe el nombre de “putrefactio” o mortificación de la cual se extrae un compuesto que, en una segunda fase aviva el fuego interior del ser humano capaz de llevarlo al estado trascendente de identificación con la divinidad. El catalizador que provoca esta transmutación se obtiene directamente de la putrefacción de la materia primera en la primera fase de la Obra Hermética. El fuego tiene un papel preponderante en todos estos procesos. A la luz de estos datos el símbolo del Ave Fénix adquiere un nuevo sentido: nos está definiendo lo esencial del proceso de regeneración alquímico.

Dice la tradición del Fénix que dentro del nido espera la cremación. Una vez muerta, el ave empieza a descomponerse y el líquido formado por la putrefacción de los miembros impregna la totalidad del ave, lo que da origen a un gusano de cuya metamórfosis saldrá un nuevo fénix. El cuerpo muerto se calienta de tal forma que llega a producirse una llama. Así pues, el “líquido salido de la putrefacción” del Fénix es el catalizador que los alquimistas llamaban “piedra filosofal” que provocaba la regeneración del sujeto o bien facilitaba la transmutación del plomo en oro. Fénix y piedra filosofal encierran en sí mismas, milagro y capacidad regenerativa.

Lactancio en su poema comenta que el Fénix, llegado a la madurez, deja de ingerir alimento; el aire y el calor le bastan para sobrevivir. Al despuntar el alba y cuando las estrellas comienzan a palidecer, sumerge tres o cuatro veces su cuerpo en el agua sagrada de la fuente situada en el centro del Elíseo y bebe tres o cuatro sorbos de esta agua viva. El hecho de que el Fénix tenga un carácter andrógino, es otro elemento hermético extrapolado al mito, pues no en vano, la materia prima destilada en el horno de fusión de los alquimistas es masculina y femenina, activa y pasiva, a la vez.

UNIVERSALIDAD DEL MITO

A ningún mitólogo se le ha escapado el hecho de que el mito del Fénix procedía de Egipto en donde ya había adquirido una forma extraordinariamente próxima al redactado griego. En la tierra del Nilo, el ave recibía el nombre de Bennu y estaba asociado al Sol y a las crecidas del gran río, elementos que lo vinculaban a la regeneración y la vida. Ya en Egipto su templo estaba situado en Heliópolis. Las efigies de Bennu se colocan en la proa, en forma de mascarón, de las barcas sagradas que transitaban por el río repletas de sacerdotes oficiantes de los ritos mistéricos. Al igual que en el mundo clásico, en Egipto el Bannu era símbolo de resurrección; cómo se sabe el alma del difunto, tras abandonar el cuerpo, asistía a la “psicostasia”, ceremonia de pesada de su alma. Respetados escrupulosamente estos ritos, si el difunto había realizado correctamente los ritos sacrificiales y la confesión negativa de sus culpas era verídica, el difunto alcanzaba la naturaleza del Fénix y renacía a una nueva vida.

La tradición pasó de los egipcios a los griegos y de ahí al mundo latino. Cuando éste se extinguió, correspondió a los árabes rescatarlo e insertarlo en la particular cosmogonía islámica. Añaden los tratadistas islámicos que el Fénix solo se posa en la montaña Qâf, considerada por ellos como el polo y el centro mundo. Sin embargo, la opinión no era unánime. Los islamistas más ortodoxos desconfiaron siempre de todos los temas no extraídos directamente del Corán; el Fénix era uno de ellos, así que doctores como Al-Jili, hicieron lo que los Padres de la Iglesia católicos ya habían hecho setecientos años antes, es decir, islamizar el mito. Al-Jili sostuvo que el Fénix carecía de existencia real y, por tanto, era un mero símbolo; no tenía otra existencia más que la atribuida por el nombre y su idea no podía alcanzarse más que por la palabra que lo designaba, de la misma forma que no puede comprenderse la naturaleza de Dios sino por mediación de sus nombres y cualidades.

Muy lejos de allí, en otros horizontes culturales, la evocación del Fénix también había llegado. Los taoistas, por ejemplo, daban el nombre de “ave de cinabrio” a una entidad con los mismos atributos que el Fénix. El cinabrio es el sulfuro rojo de mercurio, al que ya la alquimia occidental apelaba como una de las posibles materias primas de la operativa hermética y que el taoismo llamaba “montura de los inmortales”. También en China el “ave de cinabrio” era andrógina, deparaba la inmortalidad y su aspecto masculino deparaba la felicidad, mientras que el femenino era emblema del aspecto femenino del cosmos. Ambos, unidos, deparaban la felicidad. Cuando alguien afirmaba haberlo visto en los campos era augurio seguro de un feliz reinado del Emperador. En China, así pues, el Fénix está asociado a la función imperial del “cosmocrator”, Señor del Universo.

EL MITO CRISTIANIZADO

Fueron varios los santos y padres de la Iglesia que, hasta bien entrada al Edad Media, disertaron sobre el Fénix, integrándolo en la concepción católica. San Eusebio de Cesárea, San Ambrosio, San Clemente de Roma, San Epifanio de Salamina, aun bajo el Imperio Romano y posteriormente San Gregorio de Tours, San Isidoro de Sevilla, Valerio Abad, Rábano Mauro, San Alberto Magno, el gran alquimista, etc. sostuvieron que el Ave Fénix demostraba la inmortalidad del alma tras la muerte y era un símbolo vivo de Jesucristo, el cual, también resurgió a su propia muerte. En literatura cristiana más antigua, los Padres de la Iglesia utilizaron la leyenda del Fénix como argumento en favor doctrina resurrección; todos ellos recurren a la semejanza de las cenizas del Fénix con los elementos constitutivos del hombre, hecho de barro y polvo, que resucitará al toque de trompeta. El Fisiólogo añade apura la comparación entre Jesucristo y el Fénix diciendo que éste tarda tres días en resucitar.

Solamente Máximo el Confesor, lo critica. Su argumento no deja de evidenciar la simplicidad de sus concepciones. Inicia su razonamiento afirmando que, a pesar de sus virtudes, el Fénix es un animal y, en tanto que tal, padeció el Diluvio Universal. Se pregunta luego si Noé menciona entre los animales que cargó en el Arca, alguno cuya virtud fuera la inmortalidad. La respuesta negativa le hace afirmar que el ave no pudo ser distinta de otras aves del Arca. Así pues no puede verse libre de la muerte, ni siquiera renacer del fuego, ni soportarlo, como la salamandra, de la que Máximo el Confesor comparte la creencia muy extendida en su tiempo, que soportaba las llamas, pero, en cambio, era permeable a otras desgracias.

Un curioso relato medieval atribuido al abad español Valerio, narra las visicitudes de Baldario en el curso de un viaje. Criado fiel de San Fructuoso, Baldario, fue a morir al rayar el alba en una de las etapas del trayecto y su alma se elevó al cielo, acompañada por tres palomas. Jesucristo en persona quiso honrar las virtudes de Baldario, concediéndole una prolongación a su existencia humana y ordenó a las palomas que volvieran el alma al pobre cuerpo muerto, advirtiéndoles que tuvieran cuidado de que la proximidad del sol no la quemase. El alma de Baldario, al regreso, pudo ver como el Sol iba precedida de un ave muy grande de color rojo -que no era otra que el Fénix-, cuyo aleteo atenuaba el rigor del Sol.

La leyenda transcrita por el Abad Valerio recoge una vieja tradición medieval derivada del tema del Ave Fénix según la cual, el batir de sus alas evita que los pecadores sean quemados por los rayos del Sol. La idea es que los justos, en tanto que tales, están dotados de la pura luz solar, mientras que los injustos son su antítesis y, por tanto, poseídos por el Maligno que huye de la luz solar -atributo de la divinidad- y es combatido por ésta. La idea cristiana de propósito de la enmienda, redención y expiación, se afirman gracias al tema del Fénix que, evidencia, una vez más, su carácter de mediador entre lo divino y lo humano.

CONCLUSION: MITO SOLAR Y SIMBOLO DE INICIACION

Nuestro viaje a través del Fénix nos ha permitido comprobar hasta qué punto está ligado a una secuencia simbólica que indica estabilidad, orden, realeza, realización y trascendencia, de la que forman parte el Sol, la alta cumbre, el Fuego, los símbolos solares de determinadas plantas, ubicaciones geográficas concretas como el Este, o ciudades alegóricas como Heliópolis. De todas estas sugerencias simbólicas, la que más persistentemente recorre el mundo de la Tradición es el Solar, de ahí que podamos definir el Fénix como un avatar del Sol.

En segundo lugar la reiteración del tema muerte-renacimiento le otorga un contenido iniciático y una enseñanza operativa: para regenerar la naturaleza del ser, ésta debe morir en su aspecto humano; el ente renacido de la putrefacción, la incineración del “hombre viejo”, generará un ser trascendente, que comparte cualidades con la divinidad y cuya morada sea el Paraiso, el estado edénico primordial, los Campos Elíseos o las Islas Bienaventuradas.

A partir de aquí estas dos concepciones es posible establecer múltiples correspondencias con otros mitos y concepciones de Oriente y Occidente que remiten a idénticas claves simbólicas y que definen una “vía” de realización, heroica y solar que fue patrimonio de nuestros ancestros, cuando Occidente daba sus primeros pasos.

 

Festividad – La Semana Internacional de la Heterodoxia

La Heterodoxia es lo Opuesto a la Ortodoxia… es decir..

La sociedad sigue unos parametros establecidos para el que hacer, que sentir o que ver y hasta como pensar.

Estas Reglas sociales tácitas son obedecidas por las personas ciegamente por la costumbre y la tradición, son reforzadas por la educación, la religión y los medios de comunicación.

A todo eso nosotros le llamamos Programación Ortodoxa Social.

Toda persona es Programada a ser de una manera, por ello nacen los estereotipos, las modas, los gustos etc etc etc.. Y estos elementos son lo que generan la segregación, discriminación y diferenciaciones entre los individuos.

El Heretodoxo o la persona que se encuentra inmersa en la Heterodoxia se opone de forma racional, logica y moderada al sistema o doctrina que la sociedad ha establecido, por sentir que limita su Libertad y establece nuevas propuestas mas logicas, razonables y moderadas para disfrutar su libertad que jamas debera convertirse en un libertinaje.

El Heterodoxo no sabotea un sistema o una doctrina, ni se opone a él de forma externa o extrema, sino desde dentro del sistema logra Transmutar las condiciones Re – Programando el sistema y logrando las condiciones que le permitan su libertad y aceptacion.

Por ejemplo : La mayoria de habitantes en Latinoamerica afirman la existencia de un solo Dios , pues es la influencia que mas ha imperado por el Catolicismo. El Heterodoxo en un sentido critico y analitico, descubre que hay mas religiones antiguas desde antes de la aparición del cristianismo y el judaismo, que existen mas dioses, este en su libertad de elegir puede optar por seguir otra religion y seguir a varios dioses. Por Tanto esta forma debe ser aceptada por los demas siempre y cuando no les afecte directamente. Por ello el acto moderado del Heterodoxo que debe respetar la forma de los demás tambien.

Otra forma de expresar la Heterodoxia en la forma de como elegimos a las parejas, en esta Sociedad se dice que solo se puede “estar” con una sola pareja, pero vemos en otras culturas que se acepta y se da la poligamia. Quien opta por el estilo de vida Poligamico es un Heterodoxo, pero este debe “reglamentar” esa forma de vida para que este sujeta a la moderacion y no a un simple juego pues la clave de todo es “Haz Tu Voluntad , mientras no dañes”. ( Lema de la Religión Wica )

Y asi, puedes tener el cabello largo si quieres o usar ropa oscura, etc de cosas que desees innovar y que tal vez, este puede ir en contra de la percepcion de los demas, pero es tu libertad mientras no dañe, perjudique, altere el orden público o las buenas costumbres ( respetos ) con ese acto o actitud.

He aqui pues lo que es la Heterodoxia

“EL arte es la expresion de la creacion.. si creas eres tan divino como los dioses … haz de tu vida un Arte y sé tu propia creacion”
Juan Manuel Espinoza
A.k.a. Jano

Semana de la Heterodoxia


(Logo que se usa en el Seax Wica Perú Coven y Seax Wica Perú Witan para la celebración de la Semana de la Heterodoxia)

Esta celebración la propuse hace ya 3 años atras en el 2005 entre un grupo de amistades iniciadas en los misterios de la magia, en el tiempo más personas acogieron esta celebración, aunque en total no superamos mas de cuarenta personas en los paises como : España, Perú, Argentina, Venezuela, Mexico, USA e Inglaterra,  cada grupo o persona se ha ido acogiendo de forma libre y realizandolo por su cuenta.

La celebración consiste en celebrarlo durante toda una semana.

Esta celebración se repite más de una vez al año, por lo general cerca a la víspera de un Solsticio o un Equinoccio.

La finalidad de esta Celebración es Aperturar la Mente de las personas, mostrándoles la Libertad de elegir el cómo vivir y el cómo desarrollarse física y espiritualmente, para que sean mas concientes de que viven bajo parametros que no son “analizados” previamente, sino siguen un parametro a ciegas.

Como ya hemos explicado, las Personas viven bajo un Sistema de Programacion Ortodoxa Social, es decir, que todas las formas de pensar, evaluar , catalogar o criticar dependen de un patron que es influido por una corriente de pensamiento muy fuerte y que este tal vez no tenga fundamentos necesarios para ser considerado un dogma.

Ejemplo: En nuestra Sociedad es criticable si una pareja tiene relaciones sexuales antes del matrimonio, o aun mas si tanto hombre o mujer tienen relaciones sexuales con distintas personas o de su mismo genero sexual. Estas ideas prohibitivas son formuladas por la Religión Catolica Apostólica Romana a través de sus Doctrinas, que son parte d la Programación Ortodoxa Social que se nos inculca desde chicos y nos programamos a ello, por tanto para muchos tal vez les cuesta mucho sobrepesando su cargo de conciencia. De la misma forma resulta en varios ambitos los cuales por esta misma Ortodoxia crean diferencias y segregaciones en la misma sociedad, siendo destructivo.

La Heterodoxia postula que aquellas personas que no estan conforme con el sistema o doctrinas, pueden reevaluarlas y eligir qué posturas van acorde con su libertad real, sin ser ello una forma de Libertinaje, que es lo que menos desea un Heterodoxo; el Heterodoxo vive en moderación jamás en excesos.

Así que por esa fecha se plantea una sola actividad consiste en ponernos una banda negra en el brazo derecho y en un circulo violeta dice en el borde interior “Feliz Semana de la Heterodoxia – Si no sabes, pregunta” y el centro va el Logo de la Institucion a la que pertenece uno o de la tendencia que la identifique. ( en el caso actual uso el logo de la Seax Wica ).

Si alguien se detiene y te pregunta “Que es la semana de la Heterodoxia???? ” se le respondera lo que significa la Heterodoxia ( basado en los argumentos planteados) , se le dara ejemplos de como puede dejar de ser un “borrego” más para transmutar a ser mas pensante y libre, promoviendo que analice lo que tiene desde la política hasta porqué toma Coca Cola pasando también que sus sentimientos estan programados bajo una forma por la costumbre mas no por la Razon y luego de ello se menciona que uno pertenece a tal Tendencia, Religion, Tradición u Orden y ellos preguntaran como en el caso del Coven “Y que es WICCA??” (  la institución que hayan puesto de Logo ) y como ya estan perceptivos a escucharte, por la charla previa por captar su atención, podrás explicar debidamente de que se trata y como es la creencia. Simple no?

 
( Un ejemplo de como los miembros del Seax Wica Peru Coven lucen para la celebración )

Con esta actividad logramos un objetivo: La Aceptación ( pues la introducción de como abordas un tema es como te calificarán si sabes o no de lo que hablas ), logramos una Meta : Ser Escuchados de forma libre y con la debida Tolerancia de nuestro receptor y logramos un FIN : La reUnión y la interacción con distintas personas.

Es una actividad muy sana y muy rica que nos ayuda tambien a reflexionar a cada uno que tanto sabemos y aplicamos de lo que predicamos y cómo es que nos observa el resto según nuestra forma de ser, pues hasta ello repercutirá la atención y aceptación de nuestra visión heterodoxa con respecto de la visión de la ortodoxia.

 

( actividad en la via pública, pegando stickers o portando la banda )

Written by : Jano

POR UN NUEVO PARADIGMA POLÍTICO

 

¿EXISTE UNA POLITICA PROPIA DE LA NEW AGE?

 

 

¿Es posible establecer un “nuevo paradigma” en el terreno de la política? ¿qué implica? ¿sobre qué valores puede fundamentarse la política en la Nueva Era? ¿El sistema socio-político actual responde al paradigma mecanicista nacido en el siglo XVIII? ¿Es cuestionable? A estas preguntas pretende responder el siguiente estudio…

 

DE LA CONTESTACION A LA NUEVA ERA

 

 

 

El movimiento norteamericano de la New Age estuvo originalmente ligado a los ambientes contraculturales y estos, a su vez, implicados en la protesta contra la guerra de Vietnam y la lucha por los derechos civiles.

Pero, a principios de los años setenta, Nixon llegó al poder amparado en un único slogan, “vietnamizar” la guerra, esto es, dejarla en manos de los propios indochinos; esto equivalía a retirar el contingente americano. Se dieron pasos en favor de la integración racial de las etnias de color. El casancio por años de militancia socio-política y la represión que afectó a los grupos más radicales (proceso a los “9 de Chicago” y desarticulación de los grupos más radicales) dió como resultado la extinción de la contracultura.

A ello siguió la necesaria reconversión de sus militantes. Desde 1970 era frecuente ver a antiguos contestatarios y radicales de izquierda sumarse a sectas neo-espirituales. El “Templo del Pueblo” del “reverendo” Jim Jones, había nacido en este ambiente, algunos líderes espirituales del “Hare Khrisna” militaron también en los grupos radicales de izquierdas y buena parte de los inspiradores intelectuales -incluido Allen Ginsberg- “espiritualizaron” su mensaje alternativo.

El reflujo de los movimientos sociales y políticos contestatarios tuvo como consecuencia un nuevo planteamiento que ha pasado a ser el “oficial” de la New Age: ya que no es posible transformar el mundo, dado que las resistencias al cambio son demasiado fuertes, preocupémonos solo de cambiar nosotros, en nuestra interioridad, adquirir una nueva perspectiva y una nueva visión y así, tarde o temprano, el mundo cambiará. Poco a poco se irá imponiendo el “nuevo paradigma”, no hará falta cambiar las estructuras porque lo que habremos hecho es cambiar a los hombres que las conducen.

Marilyn Fergusson dedica todo un capítulo de su libro “La conspiración de Acuario” a exponer estas tesis. Las cincuenta páginas que dedica al “Recto Poder”, dejan el sabor amargo de lo que es incompleto y, lo que es peor, ingenuo…

Aun en el supuesto de que el “cambio de conciencia” que prevee la New Age pudiera operarse ¿quedaría asegurada así la transición a nuevas formas de organización política, económica y social? Acaso los mecanismos de poder, con su capacidad cohercitiva y manipuladora, ¿no permanecerían en las mismas manos de quienes son representantes del “viejo paradigma” gracias al cual pueden seguir en una situación privilegiada?

DE LO COYUNTURAL Y LO ESTRUCTURAL

 

 

 

La New Age californiana ha extraído de Luther King lo esencial de su método de acción socio-política y éste, a su vez, lo calcó de Ghandi. Ghandi obtuvo la independencia nacional de un país en régimen colonial que, antes y después, de la independencia mantuvo intacta su sistema económico y en buena medida político, y lo único que ocurrió fue que la administración colonial quedó nacionalizada. Con todo, es inútil olvidar que en el proceso de independencia hindú hubo violencia y víctimas por ambas partes y que, aun hoy, frecuentemente, la India se ve sometida a las peores masacres inter-étnicas, religiosas y fratricidas.

En el caso hindú no hubo cambio alguno de paradigma, solo un proceso de descolonización. Pasar de ser una colonia a una nación independiente es algo relativamente simple: basta con calcar en la dimensión nacional las instituciones que ya existían en la metrópoli. Eso se hizo en la mayor parte de nuevos estados surgidos de la fiebre descolonizadora. El tránsito del “viejo” al “nuevo paradigma” político va más allá de un mero proceso de éste tipo. Un proceso de independencia nacional, un cambio de gobierno, la integración en una organización económica supranacional, una reforma constitucional, son apenas rectificaciones “coyunturales” que nada tienen que ver, en dimensión ni profundidad, con la reforma “estructural”, implícita en un nuevo paradigma político.

LAS COARTADAS IDEOLOGICAS DE LA NEW AGE

 

 

 

Ni la “interiorización” del proceso de cambio, ni el ejercicio de la “resistencia pacífica”, implican necesariamente el triunfo del “nuevo paradigma político”. Por lo demás, un proceso de cambio alternativo, por gradual y reformista que sea, siempre implica unos instantes de crisis: aquel en el que los viejos detentadores del poder y máximos beneficiarios del mismo, deben ceder sus privilegios a las nuevas formas políticas y sociales.

Y es inútil que la New Age intente eludir de manera idealista lo que siempre a lo largo de toda la historia de las ideas políticas y de los movimientos sociales, ha implicado un proceso de cambio alternativo: no hay ni un solo ejemplo en la historia en el que un proceso de este tipo se haya realizado de manera pacífica y expontánea. Y aunque la historia haya evolucionado -¿o quizás involucionado?- el hombre, su protagonista, sigue siendo el mismo. ¿Hay que recordar que nuestras democracias tienen como precedente esa gran masacre que fue la “Revolución Francesa”, al igual que la independencia americana lo estuvo sobre la guerra civil y el cristianismo triunfó al filo de la espada.

Toda posibilidad de cambio se ofrece a un alto precio: cuando un pueblo se enfrenta ante la disyuntiva de asumir un nuevo rumbo o persistir en el vigente, debe preguntarse qué costo está dispuesto a pagar. Porque en ocasiones el costo es demasiado alto y los beneficios no se ven inmediatamente, sino a lo largo de varias generaciones. Y, por lo demás, un cambio alternativo, siempre es un salto al vacío. A este respecto es ilustrativo aquel cuento de Bertol Brecht en el que un Buda se encuentra en una habitación en llamas, cuando estas empiezan a chamuscarle las cejas se asoma a la ventana y pregunta cómo es la vida afuera… quiere asegurarse que el futuro será más tibio que el presente. Así pues la “New Age” debe plantearse esta primera pregunta: si verdaderamente es un movimiento “holístico” como alardea, es decir, un movimiento que pretende abarcar la totalidad de las actividades humanas, ¿desea realizar propuestas políticas? No está claro que la respuesta sea unánime. Dada la diversidad de componentes que intervienen en la “New Age” caben repsuestas para todos los gustos.

¿Qué interés por la política pueden tener aquellos que reciben “mensajes canalizados” de otros mundos? ¿y aquellos otros que dicen que la salvación global viene de fuera, de Maitreya, de un gurú cualquiera o de un espíritu extra-terrestre? ¿o los que solo miran a su interior ante el miedo de ver el rostro del mundo que les rodea? ¿o los buscadores de ángeles?

No; solo unos pocos nombres propios de la “New Age” son conscientes de que el “cambio de paradigma” afectará también a las relaciones políticas. La política es un terreno comprometido: probablemente alguién será escuchado, e incluso nombrado doctor “honoris causa”, si defiende un nuevo tipo de psicología transpersonal o alude a las excelencias de la vida comunitaria en las verdes -y alejadas- praderas de Oregón, pero referirse a un cambio político y constitucional ya es otra cosa. En realidad, buena parte del movimiento “New Age” de aquí y de California, lo único que mira es por hacerse con una parcela del mercado del ocio y la intervención política puede resultar una mala inversión.

No es raro que quienes hoy proponen un cambio radical con seriedad y solidez, no sean, en su mayor parte, “newagers”, sino técnicos y expertos reunidos en foros internacionales; como el “Club de Roma”.

El “Club de Roma” en su último informe, “Los límites del crecimiento” dice en voz alta algo que ningún político se atreve a decir: el sistema socio-político actual está acabado y es suicida permanecer en la misma dirección de manera inercial y sin realizar cambios profundos. Pero estos cambios jamás podrán llegar de unas instituciones públicas cuyos gestores son precisamente los principales beneficiarios de la actual situación. Nadie intenta cambiar aquello que le es beneficioso. ¿Entonces? El pesimismo del Club de Roma es patente.

Así pues es lícito y necesario plantearse una intervención de tipo político. El hecho de que la “New Age” haya nacido en California en donde el stablishment socio-político es incuestionable, no quiere decir que, a este lado del océano, el problema no deba plantearse. Por qué la “New Age” es algo más que una Louise Hay y sus soluciones simplistas, o los mensajes de tal o cual iluminado o unos cursos de autorealización personal por correspondencia, o el extraterrestre de todos los meses. La “New Age” es una posibilidad de cambio. Una alternativa global.

EL VIEJO PARADIGMA MECANICISTA EN LO POLITICO

 

 

 

Ni Frithoj Capra ni Marilyn Fergusson, ni mucho menos David Spangler, todos ellos primeros espadas de la “New Age” en versón americana, rematan al toro del “nuevo paradigma político”. A decir verdad ni siquiera entrar a definir cómo se traducía el paradigma mecanicista en lo político.

Ahí radica lo problemático del análisis. Formado a lo largo del siglo XVIII, el paradigma político actual nació en las logias masónicas norteamericanas, se curtió en la guerra de la independencia y adquirió el rango de ley fundamental en la Declaración de Independencia. Pocas décadas después llegó a Europa, fue ilustrado por los paladines del Enciclopedismo y recibió a Benjamín Franklin como misionero de la nueva idea y su embajador en París. El paradigma se coaguló en tres palabras: Libertad, Igualdad y Fraternidad.

Estas se tradujeron en términos de organización del Estado: no se consideró el poder como una Unidad sino como tres “mecanismos” diferentes; de aquí deriva la teoría de Montesquieu sobre los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial. Cada función se consideraba separada de las otras, al igual que, en la misma época, el hombre y la naturaleza dejaron de ser considerados como una unidad para ser observados en cada una de sus partes, aisladas de las demás.

Así, el conjunto político aparece como una máquina, formada por mecanismos independientes, en una traducción simétrica y perfecta de la concepción mecanicista del cosmos, de la biología o del ser humano que, tanto y tan bien, critican Capra y la Fergusson en sus libros. Pero buscaríamos inútilmente una sola palabra trasladando esa misma crítica a la política, algo que se impone por sí mismo.

EL VIEJO PARADIGMA Y LA LIBERTAD

 

 

 

El paradigma que se impuso hace 250 años en Occidente hace de la “libertad” su ley principal y su gran equívoco. Se tienen en cuenta solamente libertades funcionales y aplicativas, pero se niega cualquier definición o concepción superior de la libertad. Y ese olvido ha pesado como una losa durante esta última etapa de civilización.

Según el actual paradigma político un hombre sometido a unas leyes justas, con unos representantes elegidos justamente, es un hombre libre. Pero, basta meditar un poco para advertir que no es así; ni siquiera el razonamiento anarquista, derivado de una extremización de estos conceptos es más válido. Un náufrago en una isla desierta, sin leyes, sin estructuras de poder, sin jerarquías opresivas, no tiene por qué ser necesariamente un hombre libre. Puede perfectamente ser un tirano de sí mismo, estar sometido a sus bajos instintos y pasiones, a sus pensamientos más aberrantes, y en este caso, su libertad será limitada por su propio ser y naturaleza.

La libertad para el nuevo paradigma se realiza en la capacidad de dominio del hombre sobre sí mismo. Si el miedo o la ira pueden limitar nuestra libertad y nuestra capacidad de opción, será evidente que solo es libre aquel que sea dueño de sí mismo.

Este concepto de libertad es metafísico, válido en el universo de la Unidad, en el mundo de las ideas; pero al descender al terreno de lo físico, de lo cotidiano, lo sometido al reino de la Dualidad, se produce un cambio de perspectiva. No existe una libertad sino dos tipos de libertades, las positivas (reunión, manifestación, expresión) y las negativas (la de matar, robar, etc.). Toda colectividad humana para organizarse y sobrevivir debe limitar estas libertades contingentes. Y esto implica la existencia de Autoridad y Poder.

El “viejo paradigma”, al no entender la noción trascendente y metafísica de libertad, vive en el mundo de la dualidad que solamente puede reglamentarse y regirse mediante más y más leyes. De hecho nuestros parlamentos (europeo, autonómico, estatal, senados, ayuntamientos), dictan día tras día leyes, decretos, circulares, órdenes, que intentan algo que progresivamente se escapa a las instituciones: regular todas las actividades humanas. El viejo paradigma político -mecanicista hasta la médula- piensa que la sociedad se puede ordenar y mantener como un automóvil, acudiendo constantemente al manual del usuario, esto es, a los mecanismos legislativos..

Finalmente, dado que el hombre es considerado solo como consumidor y productor -todo en el mundo moderno gira en torno a la idea de “mercado”-, el viejo paradigma socio-político intenta satisfacer solamente sus necesidades materiales. Pero ¿acaso hemos olvidado que el hombre es un “continuum” de cuerpo, alma y espíritu y que el Estado debe servir a esa totalidad holística y por tanto debe tener un reflejo de esa misma constitución de lo humano? El nuevo paradigma debe superar y completar, en un sentido ascendente, el actual concepto de libertad.

EL BINOMIO IGUALDAD-JERARQUIA

 

 

 

El segundo lema del viejo paradigma es “igualdad”. Desde el punto de vista metafísico la igualdad es algo inexistente. Si dos objetos o personas son completamente iguales, no son dos sino una sola. Si algo es completamente igual a algo es que está desprovisto de lo que en metafísica se llama “principio de razón suficiente”: aquello que da sentido y personalidad a un elemento distinguiéndolo de los demás.

Los Estados modernos han logrado la igualdad en tanto que han masificado y adocenado a sus poblaciones. Las grandes masas anónimas de la modernidad están privadas de “razón suficiente”. Y solo desde este punto de vista se ha realizado el principio igualitario. Al ser tomados los sujetos como “magnitudes iguales” es posible medirlas mediante la aplicación de la ley del número. ¿Y el factor cualitativo? ¿No decía acaso Ghandi que “No son los números lo que cuentan sino la cualidad. Yo no considero necesaria la fuerza de los números en una causa justa”. La actual ordenación socio-política nos puede llevar a la paradoja de que, por virtud de la ley del número, 49 Premios Nóbel quedarían en minoría frente a 51 asesinos psicópatas que, amparados en su mayoría numérica, obtendrían “legitimación”. Lo cuestionable de la ley del número es que, contra más complejo es un problema, menos gente está en condiciones de aportar soluciones.

Somos “relativamente” iguales, no “exactamente” iguales. Pero el sistema socio-político nos considera de esta segunda forma. El mito igualitario aparece en la historia con el cristianismo y el monoteismo. Para los seguidores de Cristo, la igualdad apareció en un estadio teológico: “todos somos iguales ante Dios”. Pero luego, en el viejo paradigma, el concepto descendió al terreno filosófico: todos somos iguales ante la ley. Religión del “desierto”, el cristianismo se enfrentó al politeismo pagano. Este tenía dioses para el clan, para la familia, para la ciudad, para el Estado, existía una relación “comunitaria” del hombre con sus dioses, en tanto que pertenecía a los distintos organismos en los que se estructuraba la sociedad pagana. Pero el monoteismo crea un dios para todos y afirma una vía individual y una esperanza de salvación para cada ser. Lo comunitario desaparece y en su lugar aparece lo individual. El triunfo del mito igualitario sería imposible sin la existencia de dos mil años de mensaje cristiano que estableció lo igualitario en el nivel teológico preparando el camino para que otros lo descendieran al nivel filosófico y, más tarde, al político-social. El propio cristianismo debió defenderse ante el extremismo igualitario; de esa defensa nació el catolicismo.

¿Cuál es la alternativa al igualitarismo? La jerarquía. No hay otra. Ahora bien, aquí es preciso matizar lo que se entiende por jerarquía. Si tenemos siempre presente la noción de libertad metafísica definida anteriormente, el concepto de jerarquía es subyacente. La mayor o menor realización del ideal de libertad, la proximidad o alejamiento a él, establece los distintos niveles de jerarquía. Está claro que ninguna otra jerarquía es admisible, ningún otro principio del mando que no se sustente en la superioridad espiritual de unos sobre otros. ¿Y cómo se reconoce tal superioridad? En una sociedad “normal”, se impone por sí misma. Siempre que ha existido tal orden jerárquico logró establecerse sin violencia. El exiguo número de brahamanes hindúes hubiera podido ser anegado fácilmente por cualquiera otra de las castas, sin embargo logró situarse durante siglos en la cúspide jerárquica. Roma fue solo una pequeña ciuda en medio de un gran imperio. No es el número el que otorga poder, sino la cualidad.

Quien dice jerarquía dice complementareidad y ejemplificación. Los escalones más bajos del sistema jerárquico deben encontrar un ejemplo a seguir y un complemento en los niveles superiores, constituyendo el conjunto una pirámide orgánica y ordenada.

Contrariamente a lo que se entiende hoy por “normal”, en otro tiempo, el poder espiritual y temporal no estuvieron divorciados. Los fundamentos de tal ruptura derivan de la interpretación textual de la palabra crística: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Hasta ese momento el poder espiritual y el poder temporal habían permanecido unidos, aquel justificaba a éste. Nuevamente, gracias al catolicismo y mientras éste tuvo la iniciativa, se superó la disrupción, si bien, ésta no dejó de reaparecer (guelfos contra gibelinos en Italia, templarios contra la monarquía francesa, etc.).

El “viejo paradigma” buscó legitimar el poder, en el “demos” (agregado de individuos iguales) y en la ley del número. La abolición de toda noción de Jerarquía, hizo que, finalmente no existiera más jerarquía que la derivada del dinero. Y en eso está nuestra sociedad con su viejo paradigma político, laico y mecanicista.

Es hora de regresar a un modelo nuevo holístico, derivado de la adaptación de los conceptos Orden, Libertad, Jerarquía, que surgirán de los temas propios de la Era de Acuario. Acuario, la Humanidad, tiene su complementario en Leo, el signo de la Jerarquía, por excelencia. Tal será la concepción del “Recto Poder”.

 

FEMINISMO, TELURISMO Y SATANISMO

.. Reflexione varias horas.. antes de publicar este artículo… oks.. fue escrito antes del cambio de milenio.. pero despues de una charla un toque intensa.. me hizo recordar que tenia este artículo sepultado.. bueno… Para los que me han seguido con los artículos anteriores, este tema demuestra como las personas intentan Re Programar el Sistema Ortodoxo Social, no es malo, pero al menos sepan que no es imposible lograrlo.

Written By : Jano 

 

 

FEMINISMO

El próximo milenio anuncia la hora de la hembra. Pero lo que, en principio, parece justo, adquiere pronto carácteres problemáticos. Entre los años 70 y 90 el feminismo se combinó con el telurismo y el satanismo, dando lugar a un cocktail tan preocupante como explosivo. El punto de arranque del nuevo satanismo, como hemosvisto, es el movimiento contestatario de los años sesenta; éste terminó reconvirtiéndose en el movimiento de la “New Age”. Lo que en el primero fue satanismo puro y duro, en el segundo adquiere formas atenuadas de telurismo. El satanismo siguió existiendo, independientemente del entorno cultural en el que había nacido; a principios de los años setenta, la contestación y el undergound habían desaparecido prácticamente, pero el satanismo logró sobrevivirles.

En ese período -entre 1966 y 1972- confluyen fenómenos de índole muy distinto. Algo parecido había ocurrido a finales del siglo pasado cuando “el Espiritismo, echadas sus raíces en América, colonió Europa con rapidez. En la estela del fracaso de las revoluciones políticas de 1848 se convirtió enseguida en parte de una síntesis “alternativa” en la que estaban el vegetarianismo, el feminismo, la reforma del vestido, la homeopatía y toda la variedad de disidencias sociales y religiosas”. Cámbiese espiritismo con “channeling”, “disidencias sociales” por movimientos de liberación sexual, homeopatía por medicinas alternativas, feminismo por telurismo y se tendrá reproducido el cuadro que compone hoy la “New Age”. Resulta curioso constatar que en el siglo pasado el feminismo cabalgaba sobre doctrinas místicas y sectas masónicas y ocultistas, de la misma forma que cien años después, un sector seguía teniendo la misma inspiración. Eso ocurría con en 1968. En los años siguientes, ese feminismo radical y místico, reconvertido, se transformó en la componente “neopagana” de la New Age e impregnó con su telurismo a la totalidad de éste movimiento. Por curioso que pueda parecer, el satanismo militante, abordó también la temática feminista haciéndola confluir con cierto concepto de brujería y dándole un virage sorprendente. Tal es el recorrido que nos hemos fijado en las páginas siguientes.

LA NATURALEZA DEL TELURISMO

El telurismo es, sin duda, la característica más acusada y reiterativa en toda la “New Age”. La presencia de la mujer en este movimiento es masiva y no solo su presencia, sino la cantidad de temas que remiten a lo femenino, está hasta tal punto saturada que se diría que en el fondo de la Nueva Era lo que existe es una desvalorización de lo viril.

Para Julius Evola, la historia de las religiones podría resumirse en dos grandes líneas de espiritualidad, la que hace del Sol su arquetipo y la que tiene en la Luna su modelo. La primera desemboca en religiones olímpicas, masculinas, viriles y patriarcales; la segunda nos conduce a sistemas en los que lo telúrico, femenino, cambiante y matriarcal están en la base. Evola explica y documenta abundamente la confrontación entre los dos sistemas a lo largo de la historia; la realidad objetiva del choque se percibe en distintos momentos de la historia, uno de los más evidentes y dramáticos fue la lucha de Roma contra Cartago; los adoradores de Apolo y del Júpiter Capitolino no podían entender a aquellos “sudistas” que inclinaban la cabeza ante la “gran diosa” Tanit. Unos quemaban los cuerpos de sus muertos para que al alzarse las llamas sobre la pira el alma del difundo vaya a su residencia solar; los otros los sepultaron en la madre tierra. Claro está que todo sistema religioso a lo largo de la historia ha caído en inevitables sincretismos. Cuando los aqueos y dorios arruinaron los centros de la cultura micénica, no pudieron evitar que algunos temas propios de la religiosidad mediterrénea se incorporaran a su panteón. Con Roma ocurrió otro tanto; y es así como penetraron las diosas femeninas en el mundo clásico, o los temas viriles originarios quedaron alterados. El mito de Apolo, el Sol inmóvil y magestuoso, sereno y estable, encontró en Helios un competidor; era el Sol sometido a la ley de ascensos y descensos que cada noche, agotado, se refugiaba en el seno de la madre tierra para adquirir nuevas fuerzas y renacer al día siguiente. El héroe típicamente indo-europeo, Hércules, es a la postre un héroe antifemenino que se enfrenta y vence a las Amazonas, roba las manzanas custodiadas por las Hespérides, es enemigo de Hera, roba el cinturón de Afrodita, etc.

Podríamos seguir nuestro recorrido por los dos tipos de espiritualidad pero esto nos llevaría más de quinientos folios; tarea inútil por que el barón Julius Evola, aprovechando los trabajos de Bachofen y algún otro, ya la ha sintetizado en su libro “Revuelta contra el mundo moderno” al que remitimos a los interesados. Vayamos directamente a la Nueva Era entendida como la era de la revalorización de lo femenino.

TELURISMO EN LA NEW AGE

La incorporación masiva de la mujer a toda la temática de Nueva Era podía intuirse ya desde el último cuarto del siglo XIX. Fijémonos en la teosofía: la Blavatsky, su sucesora Anni Bessant, su financiadora, la duquesa de Pomar, sus disidentes Alice Ann Bailey que fundaría “Lucis Trust”, Dolores Aschroft-Nowicki que se haría cargo de la escuela “Servidores de la Luz”, Evelin Underhill, introducida en este ambiente a través de la Golden Dawn, Violet Mary Firth, más conocida como “Dion Fortune”, etc.; si hemos elegido estos nombres es por que todos tienen mucho que ver y han influido extraordinariamente en la formación de la “espiritualidad” de los “newagers” y “acuarianos”.

Y en cuando a los movimientos nacidos específicamente en los últimos tiempos, la presencia femenina es tan masiva como influyente: desde Louise Hay y sus consejos para “sanar tu vida”, hasta Marilyn Ferguson o Shirley Mac Laine y sus best-sellers, pasando por Ida Rolf, fundadora del método Rolfing, Eileen Caddy y Dorothy MacLean cofundadoras de la Comunidad de Findhorn, Helen Schucman autora de un “Curso de Milagros”, texto canalizado por una “entidad desconocida”; o una Vicky Wall fundadora de una de las muchas terapias de la Nueva Era -la aurasomaterapia que utiliza tanto terapias del color, que une a la aplicación de estractos de hierbas y aceites- o Bridey Murphy, de verdadero nombre Virginia Tighe, que inició todo el movimiento de regresiones hipnóticas para conocer reencarnaciones anteriores; Lynn Andrews, réplica femenina de Carlos Castaneda, las tres discípulas y herederas de éste y las tres discípulas de éstas abocadas a impartir frenéticamente cursos de “tensigrity” y un largo, muy largo etcétera…

A esto hay que añadir que la mayor parte de técnicas de la “New Age” que han sido teorizadas o creadas por varones encuentran en mujeres a sus mejores difusores. Pero además, más allá de estos datos necesariamente subjetivos y estadísticamente incompletos, es que la espiritualidad global de la Nueva Era es una espiritualidad fundamentalmente femenina.

Es significativo el lugar que ocupan el chamanismo y en animismo entre las técnicas de la Nueva Era: en ambos casos se trata de extraer las fuerzas telúricas, directamente o a través del chamán, para utilizarlas en beneficio propio. Lo “solar” cuando aparece es solo una coreografía adicional, nunca constituye el elemento central de ninguna teoría de la Nueva Era.

El porqué esto es así y no de otra manera tiene su explicación. La temática “new age” tiene su origen inmediato en la “contracultura” de los años 60; especialmente en su formulación californiana. Allí ya estaban presenten movimientos feministas, la mayoría de carácter exclusivamente socio-político; otros veían en las brujas un precedente de su movimiento.

El día de Halloween de 1968 es el punto de partida de un sector radical del movimiento feminista norteamericano: sus siglas deliberadamente significaban “BRUJA”, esto es, WITCH, en inglés: Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell, Conspiración Internacional de Mujeres para el Infierno, nombre poco tranquilizador… su aspecto y acciones lo eran todavía menos.

En la ceremonia de elección de Miss America de 1969 se despojaron en público de sus sujetadores y los quemaron despues de tirar todo tipo de objetos sobre el auditorio y las modelos. Expulsaban de su movimiento a aquellas mujeres que se depilaban las piernas o deseaban manifestar su feminidad cuidando su aspecto físico. No se declaraban colectivamente lesbianas, pero aceptaban que muchas de ellas lo eran; apenas disimulaban su hostilidad hacia el varón. Sus lemas eran: “Teatro, revolución, magia, terror, alegría, ajos, flores, alquimia”; aceptaban su condición de “brujas”: “Las brujas fueron las primeras mujeres liberadas. Si te atreves a mirar dentro de ti y reirte, eres libre y hermosa. Eres una bruja. La rebelión es signo de brujería”.

Cuando remitió el impulso de la contracultura y de los movimientos socio-políticos adicionados, lo único que quedó fue esta componente telúrica, mágica y, evidentemente, brujeril. Esta orientación, fue adquiriendo, progresivamente, a lo largo de los años setenta una coherencia interior cada vez mayor en dos líneas: de un lado la componente chamánico-brujeril-animista, y de otro en lo que se ha dado en llamar “espiritualidad feminista” que une ecología, psicoanálisis, feminismo propiamente dicho y técnicas de autoayuda. Versión “heavy” y “soft” del mismo tema telúrico.

En el momento que los discípulos de Alice Ann Bailey se planteaban dotar a la “nueva religión mundial” de festividades, no se les ocurrió otra cosa que celebrar lo que llaman “Festivales Mayores, en relación con la Luna (…) que producirán un robustecimiento del espíritu de invocación”. Estas tres festividades son “El Festival de Pascua”, festival de Cristo Resucitado, “instructor de toda la humanidad y guía de la jerarquía espiritual”, en la Luna Llena de Primavera. El segundo es el Festival de Wesak, festividad de Buda, el intermediario entre el más alto centro espiritual: Shambala y la Jerarquía; tiene lugar en la Luna Llena de Mayo. El primero es el festival de Occidente, el segundo de Oriente. Queda el festival de la síntesis, el llamado de la Buena Voluntad Mundial, fijado en la Luna Llena de Junio. Las tres festividades forman parte de lo que los discípulos de la Bailey llaman “Acercamiento Espiritual de la Humanidad”, necesario para alcanzar el consenso en la marcha hacia la “nueva religión mundial”. Las otras festividades serán los Festivales Menores celebrados en cada una de las restantes lunas llenas. Si el culto lunar define a la espiritualidad femenina, lo que nos definen los discípulos de A.A.B. es su quintaesencia.

En estas fiestas se medita. A.A.B. decía que “el trabajo de meditación es más eficaz cuando se hace en forma grupal durante la Luna Llena”, “estas reniones de Luna Llena contribuyen a preparar la conciencia humana para el acercamiento de la Jerarquía y la reaparición de Cristo”. Cada mes, la “Escuela Arcana”, una de las tres fundaciones creadas por A.A.B., se reune para la “meditación de la Luna Llena”, a la misma hora y en todo el mundo, reunidos por grupos y según un ritual definido por la propia A.A.B. En la práctica consiste en que el sujeto se sumerja en el grupo de meditadores y realicen una serie de ejercicios de visualización que les hará ver como entra la “luz” en cada uno de ellos, en el grupo, en la Escuela y en la Humanidad. Por Luz entienden un estado de vibración cósmica que emana de la naturaleza íntima de Dios y llega a los hombres cuando estos están dispuestos para recibirla. Recitan, así mismo, un poema creado por A.A.B., “La gran invocación”. Otro tanto hacen los miembros de los “Grupos de Meditación de Buena Voluntad Mundial”, que “al menos una vez por semana tratan de sincronizar sus meditaciones y trabajar los miércoles a las 12 del mediodía. El mediodía del miércoles -el punto medio de la semana- es el punto focal de toda la tarea grupal”.

Todas las referencias lunares son significativas del telurismo de esta corriente que ha pesado extraordinariamente en las formulaciones ocultistas de la Nueva Era. La Luna, evoca la mujer, lo cambiante, la plata, lo que carece de luz propia, aquello cuya luz procede de otro, lo sacerdotal, la mediación; no somos nosotros quienes lo decimos sino la tradición esotérica y exotérica y que hoy sostienen los partidarios de lo que hemos llamado “tercera vía”, basádose en los textos del esoterismo occidental.

LA ECOLOGIA COMO EJEMPLO: “HIPOTESIS GAIA”

Otra corriente de la Nueva Era, la ecología, tiene poco que ver con todo esto, responde a una necesidad objetiva de impedir el deterioro de la biósfera; no hay en ella nada de religioso. Sin embargo, uno de sus linajes, implícitamente tiene mucho de mítico-religioso. Nos referimos a la “hipótesis Gaia”.

Gaía está presente en la Nueva Era como pocos otros temas. Existen librerías Gaia, movimientos Gaia, cursos sobre Gaia, todo parte del libro de James Lovelock, “La hipótesis Gaia”, escrito en 1974. La Tierra, para Lovelock, es un ser vivo. La biósfera y la atmósfera, el mundo viviente y el no-viviente, forman un conjunto indisoluble y autocontrolado, un Todo al que Lovelock llama Gaia. Y como el personaje mitológico, cuando es agredida responde a los ataques de manera devastadora; ayuda, por contrario, a quienes le son fieles. Este planteamiento lo intenta encarrilar por los cauces del pensamiento científico, si bien muchos de sus partidarios tienen veleidades místico religiosas.

Lovelock es muy conocido en los medios ecologistas influenciados por el misticismo edulcorado e ingenuo de la “New Age”. En estos ambientes interesa más la vertiente mística que la científica. Con el tiempo Lovelock ha ido acumulando inquina contra este tipo de gentes y de planteamientos: “Los ecologistas tienen el corazón bien puesto pero la cabeza mal hecha”. Y no duda en denunciar la visión romántica que tienen de la naturaleza: “las vacas producen más residuos y gases que cualquier fábrica”. Considera que el agujero de la capa de ozono es un procedimiento de Gaia para defenderse: gracias a él, Gaia evita que el efecto invernadero provoque una subida de las temperaturas suficiente para deshelar los casquetes polares e inundar las tierras bajas. No cree que sean los aerosoles y los gases CFC los culpables del deterioro del ozono, sino Gaia que ha estimulado la acumulación de algas en los océanos que producen de forma natural ese yodo que, una vez en la naturaleza, encoge la capa de ozono. Gaia, por este y por otros ejemplos que Lovelock comenta, se autorregula; no está dispuesta a perecer y puestos a morir, prefiere que sean los humanos que la amenazan antes que ella.

Por mucho que Lovelock quiera conducirnos por los senderos de la ciencia, es inevitable caer en un planteamiento místico que remite al panorama de la espiritualidad hace ahora 4.000 años, cuando en todo el mundo proliferaron los cultos a la Gran Madre y a las diosas esteatopígicas en las que se veía la fuente de toda vida, el destino de los humanos y el camino de la salvación de los hombres. El “retorno de lo sagrado” que daba título al famoso libro de David Spangler es el retorno a la espiritualidad femenina.

“NEW AGE” ¿UN INICIO O UN FINAL?

Ahora bien, si la Nueva Era es la era de Acuario, éste signo no tiene nada de femenino; es masculino, fijo y aéreo según la tradición astrológica. Para colmo, su complementario es Leo, signo masculino, viril y solar por excelencia. Así que, desde el punto de vista de la ortodoxia astrológica, la “Era de Acuario” no tiene nada que ver con el telurismo, los cultos a la luna, la presencia femenina, hipótesis Gaia, etc. A menos, naturalmente, que la Nueva Era de la que hablan los “newagers” y “acuarianos”, no sea la “Era de Acuario” sino un apéndice terminal de la Era de Piscis, la “última semana” del “gran mes” de Piscis en el cual sus valores (signo femenino y de agua y cuyo opuesto es Virgo, signo femenino por excelencia) se encuentran sumamente atenuados.

Marx decía que si la historia se repite, primero lo hace como drama, luego como parodia. Buena parte de las “prácticas” de la “New Age” tienen algo de paródico, desde la “terapia de la risa” hasta las distintas formas de chamanismo. La espiritualidad de la Nueva Era puede calificarse de “soft” (blanda) pretendendo obtener resultados que escuelas sapienciales de todos los tiempos han alcanzado solo siguiendo una senda espiritual está hecha con esfuerzo, entrega, constancia y rigor. La “New Age” es la era de los vendedores de aparatos de Biofeedback, burbujas de aislamiento sensorial, cachivaches que ofrecen la felicidad espiritual y el éxito sin otro sacrificio que el de la cuenta corriente y meditadores de luna llena. Un poeta sufí decía que quien promete la felicidad sin hablar del rigor, ese es un falso profeta. La “New Age” ha provocado una inflación de falsos profetas.

Y lo que profetizan -sean hombres o mujeres- es una espiritualidad femenina.

Buena parte de lo que hemos visto hasta aquí parece ingenuo y poco inquietante. Ciertamente lo que los discípulos de Alice Ann Bailey proponían -reunirse a meditar en las noches de luna llena- lo hacían también las brujas renacentistas y sus epígonos. La luna llena jamás ha tenido buena prensa, más bien se le ha considerado como un factor de alteración del carácter. Alguna estadística confirma lo que se temía: que en las noches de luna llena existe un crecimiento anómalo de la agresividad. En las salas de urgencia de los hospitales coinciden con esta apreciación. No es raro que otras sectas ocultistas hayan achacado a Buena Voluntad Mundial utilizar técnica “vampíricas” para “robar energía” a los miembros de sus círculos de meditación”… justo lo mismo que ellos acusan a los otros grupos. Pero ciertamente hay un poso inquietante en todo esto.

LA GUINDA EN LA “BIBLIA SATANICA”

Más aun, si fijamos nuestra atención en el sector específicamente satanista, veremos otra variante del mismo tema telúrico: el venusiano, es decir, la mujer “fatal”, como fuerza atractiva y cautivadora del elemento masculina. Sandor LaVey dedicó un capitulo de su “Biblia Satánica” a glosar lo que llamaba la “sexualidad satánica”. En otros escritos posteriores completaba el orden de ideas expuesto en este libro. LaVey publicó un pequeño libro en donde desarrollaba las tesis expuestas en su “Biblia Satánica”. “La Bruja Satánica” es, al decir de su autor, “básicamente un libro de Magia Menor”. Su contenido es decepcionante para quien busca encantamientos y fórmulas mágicas, es apenas un manual de seducción femenina destinado a la norteamericana media. LaVey no engaña, desde el principio se preocupa por establecer su concepto de “bruja”: “La palabra “bruja” se utiliza simplemente porque históricamente cualquier mujer que pudiera hacer que un hombre hiciera lo que ella le pidiera, era acusada de utilizar brujería para manejarlo como un perrito faldero” (…) “Una Bruja Satánica (o Bruja Completa) sabe cómo utilizar sus poderes efectivamente, y eso es lo que en el satanismo se denomina Magia Menor”, una magia al alcance de cualquier norteamericana media: “Una chica gorda y fea no conseguirá nada de los hombres con sólo sonreir y bajarse el escote. Lo más probable es que el tipo vomite de asco. En vez de eso, utiliza tu encanto, tu aire misterioso, así como otras aptitudes que tengas, para alcanzar tus deseos. Los hombres terminarán por sucumbir, así que no dejes de intentar si piensas que no tienes el toque necesario”. La introducción no puede ser más decepcionante, en cuanto a los conjuros son, visiblemente, un acompañamiento dramático necesario para completar el texto, que en el fondo es un pretencioso manual de seducción.

Blanche Barton, describía en un curioso artículo cómo debía ser el “uniforme de la bruja satánica”, dicho artículo, en la práctica, viene a ser un resumen de lo esencial de “La Bruja Satánica”. Al igual que hizo LaVey, su esposa no puede ocultar cierta hostilidad hacia el movimiento feminista. Y no es raro, mientras que las feministas de aquella época quemaban sus sujetadores en público y se negaban a depilarse, Blanche Barton aconsejaba técnicas de seducción tan elementales e ingenuas como una falda o vestido, de buen corte, por encima de las rodillas, telas suaves y pegadas diseñadas para centuar las curvas de la mujer, escotes en forma de V, tacones altos, ropa interior blanca, crema, rosa, panties suaves, medias con costura, ligueros, rojo claro para uñas y labios, sombra de ojos, nada de perfumes fuertes ni joyas excesivas y nada de tatuajes ni piercing, pues como el propio LaVey había dicho “Una mujer debe ser una obra de arte por sí misma, no debería tener arte tatuado en ella”. Blanche Barton lo que nos ha definido en el artículo es a una mujer norteamericana convencional que intenta seducir por todos los medios y agradar al varón.

Por si uno tuviera dudas sobre lo convencional de estas afirmaciones, la “Biblia Satánica” se las disipa. LaVey se ha inspirado en lo esencial de la filosofía de Aleister Crowley “Haz lo que quieras” traducido a su particular forma de ver la vida: “El amor libre significa exactamente eso: libertad de ser fiel a una persona o de satisfacer los deseos sxuales con tantas personas como uno considere necesario para satisfacer sus necesidades particulares”, y más adelante se preocupa por desmentir a todos aquellos que ven en el satanismo algo promiscuo y orgiástico: “El satanismo no alienta la actividad orgiástica o las aventuras extramaritales. El “satanismo erótico” de LaVey es aquel en el que las partes aceptan relaciones libres, sin limitaciones y sin ser presa de inhibiciones de ningún tipo. Seguimos en el terreno de lo convencional. La psicología de LaVey se delata cundo se refiere al “travestimo, sadismo, masoquismo o exhibicionismo” como “desviaciones más importantes”, como haría cualquier sexólogo conservador. Solo que tales “desviaciones” son admisibles siempre y cuando no obliguen a nadie a aceptar algo contra su voluntad. Si el convencionalismo es, más o menos, el primer rasgo de la “sexualidad satánica”, el segundo no es menos significativo. La lectura de los textos de LaVey muestra hasta qué punto sus concepciones de la sexualidad están extraídas de las categorías freudianas. Lo esencial en su concepción es que, sea cual sea la actitud del sujeto, éste no se vea limitado por ningún tipo de represión. La masturbación es defendida por LaVey con la misma fuerza que Crowley logró imponerla como “práctica” en el VIII? grado de la O.T.O.: “Satánicamente hablando es mucho mejor entregarse a una fantasía perfecta que participar con otra persona en una vacua experiencia. Con la masturbación, uno domina plenamente la situación”.

Para quienes pudieran escandalizarse con la “sexualidad satánica”, LaVey les lanza unas frases tranquilizadoras: nada de orgías, nada de sacrificios sexuales, ni aberraciones de ningún tipo, “el satanismo no aprueba la violacion, ni la corrupción de menores, ni la profanación sexual de animales, ni cualquier otra forma de actividad sexual que entrañe la participación de aquellos que no estén dispuestos a acceder a nuestros deseos”.

Todas estas teorías más que serias son significativas de un estado de espíritu que solo puede desarrollarse en la cultura norteamericana en la que el moralismo, el reclamo a la libertad, el merchandising e incluso los hábitos alimenticios que se traducen en tipos físicos concretos y los estereotipos eróticos, están ampliamente arraigados. LaVey, como cualquier autor literario, no pretende otra cosa que vender sus obras; hábilmente, no se dirije a pequeñas minorías atraídas por el culto al diablo, sino a la gran masa de mujeres medias norteamericanas. Vende la idea de transformar a toda mujer americana en “bruja satánica”, capaz de alcanzar cualquier propósito a través de la utilización de sus recursos eróticos. La otra línea de pensamiento de LaVey es vivir una sexualidad carente de represiones e inhibiciones. Ambos temas inducen a meditar.

La “Biblia Satánica” fue escrita en 1969, en aquella época, la “revolución sexual” había iniciado su andadura en EE.UU. y quizás algunas de las afirmaciones de LaVey pudieran representar una novedad o, en cualquier caso, un planteamiento original. Treinta años después, apenas llaman la atención en la medida en que han sido aceptadas por buena parte de la población. Lo cual no quiere decir que sean de sentido común. En el terreno de las inhibiciones LaVey no va mucho más allá de Freud. En el de la sexualidad convencional, los criterios de LaVey coinciden con el sentir mayoritario en la sociedad occidental, ciertamente no por LaVey cuyos libros siguen, a pesar de todo, ignorados por el gran público, sino por que la marcha de la sociedad los ha impuesto como normales. Parece normal que si un sádico y un masoquista tienen relaciones libremente consentidas, no haya en ello nada de reprobable o que la masturbación parezca algo absolutamente banal e inofensivo. A menos que se adopte otro punto de vista.

LaVey, de hecho, no se sitúa por encima de Aleister Crowley, no es su “genial continuador”, sino que presenta rasgos regresivos en relación a su maestro inglés. El “Haz lo que quieras” crowleyano tenía implicaciones muy precisas, sobre todo si se tiene en cuenta su segundo principio “El amor es la ley, el amor sometido a la voluntad”. Julius Evola en dos obras fundamentales aborda esta problemática desde otro punto de vista. Un hombre en una isla desierta, sin leyes, sin normas, sin estructuras de poder, ?sería necesariamente libre? No, si no sabe controlar sus pulsiones e instintos. Luego el problema no es ni la moral, ni las normas sociales, ni las represiones, sino que el problema es uno mismo. Y no se trata tanto de “ser libre” como de “liberarse”, tener capacidad de autocontrol. LaVey en esto calla, su “sexualidad satánica” es apenas un dejarse llevar que no encuentre obstáculos (inhibiciones) y cuyo cauce sea la mutua aceptación de las partes a realizar lo que la otra le solicita. Crowley por el contrario había dicho algo muy diferente -que Evola expresa con más propiedad en sus obras- la sexualidad, como cualquier otra pulsión o actividad humana, debe estar “sometida a la voluntad”. La ausencia de voluntad, el “dejarse llevar” por la propia sexualidad instintiva, nos convierte en títeres de nosotros mismos. Nietzsche, uno de los maestros de pensamiento de LaVey experimentó este problema en sus propias carnes. Tras haber escrito el provocativo “Vas con mujeres, llévate el látigo”, no dudó en fotografiarse tirando un carro en el que estaba subida Lou Andreas Salomé, ella misma manejando un látigo… y, el filósofo del superhombre, no pudo soportar las “calabazas” dadas por Lou Salomé, que se sitúan en el origen de su locura trágica.

POLIGAMIA Y CRISTIANISMO : EL HAREN EVANGELICO

Seguiremos hablando de la Programación Ortodoxa Social, refiriéndonos a ese conflicto moral de las Relaciones Sentimentales Formales, llamado Compromiso o Matrimonio vs. la propuesta Heterodoxa y la Poligamia:

Written by : Jano

Derivado de los términos griegos “poly”, mucho, y “gamein”, casarse, poligamia indica a aquellos varones que conviven con una pluralidad de esposas. Expulsado de Occidente, la poligamia no se ha resignado a desaparecer; una y otra vez, ha reaparecido en Europa y Estados Unidos. Sin embargo su condena es reciente. El Concilio de Trento, lanzó la anatema contra la poligamia en 1563 y solo como respuesta a los polígamos anabaptistas de Münster. Con posterioridad han aparecido disidencias religiosas que toleraron este tipo de convivencia y, por lo demás, en Africa la tarea de los misioneros católicos tiene en la poligamia al principal obstáculo.

ANABAPTISTAS, MORMONES Y AFRICANOS

Martín Lutero fue desbordado en vida por aquellos que no lo consideraban suficientemente radical en su crítica al papado y en su propuesta de retorno a la pureza de los Evangelios. El 21 de enero de 1525 en Zurich, un grupo de exaltados religiosos, hasta ese momento partidarios de Lutero y Zwinglio, se proclamaron en Zurich disidentes en relación a sus maestros; rechazaban la validez del bautismo católico, proponían que los fieles, una vez llegados a la edad adulta, decidieran por sí mismos si deseaban ser bautizados. A partir de ese momento empiezan a llamarse “anabaptistas”; el sello distintivo de esta nueva iglesia consistirá, pues, en la libre opción ante el bautismo.

En 1535 Juan de Leyde y sus anabaptistas proclamaron la poligamia en Münster. En contrapartida establecieron la pena de muerte para los delitos de adulterio, fornicación (entendida aquí como realización del acto sexual con mujer embarazada), y bigamia femenina.

Como movimiento milenarista que era, el anabaptismo gustaba transgredir las leyes sociales; por lo demás, todo el protestantismo combatió la idea católica del celibato. Tres mujeres por cada hombre fue el promedio alcanzado por este experimento polígamo que apenas se pudo prolongar un año, antes que Münster fuera arrasada.

Sin embargo, el mensaje polígamo de los anabaptistas no se perdió del todo. Jhon Milton lo recuperó tras una desgraciada experiencia matrimonial. El poeta autor de “El paraíso perdido”, al igual que los anabaptistas, se apoyó en los textos bíblicos para mostrar como los antiguos patriarcas hebreos practicaban la poligamia. “La práctica de los santos es el mejor intérprete de la ley”, sentenció tras preguntarse “¿Quién puede creer que tantos hombres de carácter santo hayan pecado por ignorancia durante tantos siglos?”.

Para Milton la poligamia fue solo un ejercicio de imaginación, pero la causa encontró en Johan Leyser su mesías; conocido durante el siglo XVII como el “profeta de la poligamia”, escribió varios libros que hoy no pueden sino hacernos sonreir. Para Leyser el hombre era víctima de los vicios de la mujer; ésta se aprovechaba de la monogamia para acentuar su despotismo: “Ella sabe que su víctima no tiene escapatoria”, decía; suponía que con la poligamia los vicios de la mujer decrecerían, especialmente su egolatría y ambición. Por lo demás el poder disponer de varias esposas estimularía la conversión de los paganos y aportaría más riqueza a las familias. Leyser, a pesar de sus razonamientos, no practicó la poligamia; a decir verdad, se mantuvo soltero toda su vida… lo cual no decía mucho en favor de su causa.

Milton, por su parte, jamás se atrevió a publicar en vida sus textos en favor de la poligamia. Solo se difundieron a mediados del siglo XIX, y una nueva secta, derivada de los anabaptistas, los mormones, lo utilizaron -al igual que los textos de Leyser- en beneficio propio.

El 29 de agosto de 1852, la “Iglesia de los Santos del Ultimo Día”, más conocida como -“iglesia mormona”- proclamaban oficialmente la poligamia. Su líder y fundador, Joseph Smith, la practicaba en secreto desde 1829. Smith, añadió 39 esposas a Emma, su primera cónyuge. Su sucesor, Brigham Young casi le igualó, con 27 esposas. Al extenderse la noticia llegaron nuevos fieles desde Alemania e Inglaterra, gracias a ellos los mormones lograron colonizar Utah, Illinois y Montana, Estados donde aún hoy son socialmente hegemónicos (en 1984 el 76% de los cargos electos en Utah eran mormones).

Esto fue la perdición de Smith. Si durante un tiempo, el aislamiento de Utah, permitió la libre práctica de la poligamia, al poco de ser conocida, Smith y su hermano resultaron detenidos y linchados al día siguiente…

En 1890 la Iglesia mormona abandonó oficialmente la poligamia que sigue manteniéndose en las pequeñas comunidades fundamentalistas del Oeste americano.

El experimento supuso una experiencia única en su género en Occidente. Fuera de los círculos mormones no tuvo repercusión en EE.UU. y parece muy difícil que hubiera sido aceptado más allá de los altos muros de esta confesión religiosa. Las convenciones sociales han impregnado profundamente la sociedad occidental que, al menos nominalmente, es monógama. Algo muy diferente de lo que ocurre en Africa.

En 1948, una disidencia rodhesiana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, proclamó su voluntad de “ayudar a los polígamos a entrar en el cielo”. La poligamia es socialmente aceptada y practicada en buena parte del Africa subsahariana. Allí los misioneros de las diferentes iglesias de origen cristiano, la mayoría de las cuales permanece insensible y crítico ante este fenómeno, se disputan una clientela fundamentalmente polígama. Los Adventistas Disidentes, reconocieron que era muy difícil prescindir de la realidad polígama de Africa y casi imposible pedir a los conversos que repudiaran a sus esposas, las cuales, por lo demás, quedaban desprotegidas y rechazadas socialmente.

Algo muy diferente de la actitud de Juan Pablo II en sus viajes pastorales a Africa, durante los cuales nunca pierde ocasión de predicar la imposible monogamia en aquel continente. Durante su visita a Nigeria en 1982 el Santo Padre condenó en bloque la poligamia, el divorcio y el aborto. Su mensaje era ajeno a la realidad socio-cultural africana. En visitas posteriores, exortó a sus obispos a dar, ellos mismos, ejemplo; pero la poligamia no retrocede ni siquiera entre la iglesia católica africana.

EL FUNDAMENTO EVANGELICO DEL MATRIMONIO CATOLICO

El matrimonio fue hasta bien avanzada nuestra era, una simple bendición que recibían los cónyuges de una autoridad superior a ellos, no necesariamente eclesiástica. Fue en el IV Concilio de Letrán -1215- cuando la Iglesia empezó a fijarse en la institución matrimonial. Un siglo después los sacerdotes unían las manos de los esposos como símbolo de su compromiso de vida en común. Nadie pensaba que esa ceremonia fuera a terminar siendo el séptimo y último sacramento.

Las Epístolas de San Pablo constituyeron los fundamentos doctrinales de la actitud de la Iglesia respecto al matrimonio. Para San Pablo el matrimonio es un mal menor, su modelo ideal es la castidad y lo propone en su Primera Epístola a los Corintios: “Bueno es al hombre no tocar mujer” (7: 1) y más adelante “para evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer y cada uno su marido” (7: 3). Lo repite una y otra vez: “¿Estás ligado a la mujer? no busques la separación; ¿estás libre de mujer? No busques mujer” (7: 28), frase sobre la que se apoyará la teoría de la indisolubilidad del matrimonio.

Hasta ese momento se creía en la existencia de una relación entre la experiencia erótica y la mística: para atravesar ésta se consideraba preciso ahorrar y acumular energía sexual, y reconducirla luego del terreno erótico hacia el místico. Esto explica el por qué algunos textos místicos -incluidos los de Santa Teresa dentro del catolicismo- rebosan tanta sensualidad y erotismo sagrado. Estas prácticas eran propias de la casta sacerdotal o de aquellas personas que pedían ser iniciados en alguna escuela o cofradía pagana de misterios, en las que frecuentemente se prescribía la castidad solo en determinados períodos. Los iniciados en Eleusis, en los cultos de Apolo en Delfos o en los misterios pitagóricos, laicos la mayoría, pasaban por un período de castidad anterior a la ceremonia de iniciación; concluida ésta terminaba también su celibato.

Con San Pablo y con el catolicismo, el precepto de la castidad, propio hasta ese momento de la casta sacerdotal, fue extendido a toda la población. En cierto sentido se puede decir que San Pablo “democratizó” el precepto de la castidad, esto es, lo hizo extensivo a todos. En este equívoco reside toda la conflictiva actitud del cristianismo en relación a la sexualidad y el erotismoo, que algunos autores han llamado “odio teológico hacia el sexo”.

Para justificar el “mal menor” del matrimonio San Pablo recurrió a argumentos que eran patrimonio de las escuelas iniciáticas paganas. Definió el matrimonio como un “Misterio”: “dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán dos en una carne. Gran misterio es éste, pero yo lo aplico a Cristo y a la Iglesia” (Efesios, 5:31-32). En estas palabras se reconoce un eco de la doctrina platónica del andrógino, base de toda la erótica clásica; Pablo tiene por cierto que el matrimonio es un “gran Misterio” y considera que la parte masculina corresponde a Cristo y la femenina a la Iglesia; el gran misterio del matrimonio es la unión de Cristo con su Iglesia, no la del hombre con la mujer como sostenía el mundo clásico…

Lo más curioso es que San Pablo no consideraba necesario el celibato para los clérigos. En la Epístola a Tito (1: 5-6) define las características del presbítero: “Que sean irreprochables -les pide- maridos de una mujer”… y repite el mismo mensaje en la Epístola a Timoteo: “Si alguno desea el episcopado, buena obra desea; pero es preciso que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer” (3: 1-3). Manejando frases como estas, los partidarios de abolir el celibato para los curas, encuentran argumentos de peso…

LA POLIGAMIA EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

Los grandes patriarcas bíblicos eran, sin excepción, polígamos. Siempre que alguna secta cristiana ha buscado argumentos para justificar la opción polígama, ha recurrido a la casuística bíblica. “Sara, la mujer de Abram no tenía hijos -se dice en Génesis, 16: 1-3- pero tenía una esclava egipcia de nombre Agar”, así que Sara no dudó en darla por mujer a su propio marido. Las visicitudes polígamas de Jacob, se resuelven en el Capítulo 29 del Génesis y las de su hermano Esaú en el Capítulo 36, 2: “Esaú tomó sus mujeres de entre las hijas de Canán”. Intuimos poligamia entre los Reyes de Israel y en el judaismo ortodoxo hasta el siglo IV de nuestra era, cuando los “doctores de la ley” acordaron reprobarlo.

Ninguno de estos precedentes fueron considerados por la XXIV Sesión del Concilio de Trento (1563) que amplió los puntos de vista de San Bernardo (siglo XIII) sobre el matrimonio. Hasta las ordenanzas de Blois en el 1579, no se consideraba necesaria la presencia de un sacerdote como testigo de la unión entre hombre y mujer; unión que solo a partir de Trento, fue incorporada como séptimo sacramento, indisoluble y sagrado, y esto tras una larga discusión.

LA HIPOTESIS POLIGAMA, AQUI Y AHORA

G.P. Murdock, un sociólogo norteamericano, tras examinar 558 sociedades, llegó a la conclusión que el 24% practicaban la monogamia, el 75% la poligamia y el 1% la poliandria (una mujer para varios esposos). Las cifras son significativos, aun a pesar de que la mayoría de sociedades estudiadas correspondan al Tercer Mundo. En Tailandia, por ejemplo, país famoso por las cualidades amatorias de sus mujeres, la poligamia es tolerada y lo contrario se considera un snobismo de importación.

Sin embargo, en Occidente la poligamia es socialmente rechazada. Dos mil años de catolicismo han arrojado la maldición sobre esta práctica transgresora que periódicamente ha ido reapareciendo, especialmente tras guerras devastadoras y en períodos milenaristas. Al terminar la guerra de los Treinta Años, se autorizó temporalmente la poligamia en Franconia con fines de repoblación.

El periodista Georges Anquetil, en 1920 inspiró en Francia una “Asociacion de Polígamos”. Anquetil, a la vista de la merma de varones a consecuencia de los cuatro años de Primera Guerra Mundial, consideró que la única forma de repoblar rápidamente el país era abolir el Artículo 340 del Código Penal único obstáculo legal para la poligamia. Su asociación no tuvo gran eco, fuera de la prensa satírica.

Por mucho que choque a nuestra mentalidad moderna, la poligamia, allí donde se ha practicado, incluso en Occidente, no ha causado trastornos profundos, sino todo lo contrario. La experiencia mormona así lo indica: difícilmente encontraremos gentes tan afables, higiénicas, aseadas y unidas en sus familias como los mormones y todo induce a pensar que en el pasado, cuando la poligamia era ampliamente practicada por otras sociedades, también fue así.

Claro que esta bondad de la poligamia solo es concebible en una sociedad fuertemente religiosa. El jefe mormón Brighan Yong, a pesar de sus 27 esposas, dormía solo y alardeaba de no necesitar mujer, pero tampoco ninguna de ellas parecía discutir las bondades de la poligamia.

Las mujeres mormonas sustituyeron el ideal romántico por el religioso, se convirtieron en muy independientes, en absoluto sometidas a la tiranía de unos maridos patriarcales. En el siglo XIX, Utah -Estado mormón por excelencia- tuvo una mayoría de mujeres médicos, cuando en otros estados apenas podían integrarse en la vida social.

Entre los mormones existe un eco de lo que alguno ha llamado “odio teológico hacia el sexo”. La poligamia era la forma en la que los líderes mormones restaban importancia a la sexualidad en las relaciones de la pareja. Así pues, el binomio madre-esposo, perdió importancia ante el madre-hijo. La religión actuaba como contrapeso de los posibles excesos. De hecho los mormones llamaban a su práctica “matrimonio celeste”, mientras que consideraban lo que nosotros entendemos por poligamia como algo promiscuo y vicioso.

Muchos mormones jamás consumaron sus matrimonios múltiples, sus fines eran religiosos, no hedonistas, creían en la pre-existencia del alma y consideraban que las almas que estaban a la espera de ser encarnadas debían contar cuanto antes con cuerpos de recién nacidos. En el fondo, la poligamia mormona y la monogamia de San Pablo tenían un común denominador: reducir la sexualidad a la mera procreación, excluyendo el gozo y el hedonismo. Pero se trata de la única coincidencia.

Es sorprendente que la prédica de Cristo desembocara en corrientes tan contradictorias que defendieran el celibato y la poligamia. Alguién debió entender mal el lenguaje del Nazareno…

Ernesto Milà

[Recuadros opcionales fuera de texto]

DONJUANISMO O EL REINO DE LA CANTIDAD

El mito de Don Juan, el “gran burlador”, tiene poco que ver con la poligamia. Don Juan es el hombre que intenta hacer el amor con cuantas mujeres pueda por que es incapaz de comprender el amor de una mujer. Entender a Don Juan supone sumergirse en el “reino de la cantidad”. A pesar de su aspecto hedonista y orgiástico, la imagen de Don Juan tiene un trasfondo dramático: busca, pero no encuentra. El acceso al verdadero amor le permanecerá siempre vedado.

La poligamia implica compartir simultáneamente vida matrimonial con una multiplicidad de esposas; no tiene nada que ver con el adulterio o la “poliginia”, término que, objetivamente excluye relación estable y codificada.

La insolencia iconoclasta de Don Juan tiene su contrapartida en las concepciones místicas y religiosas que encontramos tras las sectas polígamas. Mientras Don Juan busca el verdadero amor en la multiplicidad de formas femeninas, los polígamos, aceptan tal multiplicidad como un servicio al dios único al que quieren servir.

LA POLIGAMIA EN EL HINDUISMO Y EL ISLAM

El Islam admite una forma atenuada de poligamia. Ahora bien, no hay que confundir esta poligamia con la institucíón de los harenes.

La poligamia se basa en varios versículos del Corán: “Podeis esposar a dos o tres o cuatro mujeres que os gusten (…) Pero si temeis no poder ser equitativos, entonces esposad solo a una” (IV, 3). Paralelamente a esta poligamia se recomienda contención y pudor, hasta el punto que la fornicación es uno de los delitos más duramente castigados por la ley coránica: “La fornicación y el fornicador, dadles a cada uno 100 azotes y no tengais compasión por su suerte” (XXIV, 2). Se entiende aquí por “fornicación” -el término árabe “çina”- la relación sexual entre un hombre y una mujer no unidos por el matrimonio. El adulterio -relación sexual con o entre personas unidas a terceros por vínculos matrimoniales- se considera una agravación del delito de fornicación.

El concepto del “harén” tiene un carácter completamente diferente. La palabra “harén” quiere decir en árabe, “sagrado” o “inviolable”. No pueden entrar hombres, salvo los parientes más próximos y no en la totaldiad de las estancias. El “harén” está más próximo del concepto de monacato femenino que de la poligamia. Si comparásemos la institución del “harén” con algún equivalente occidental, forzosamente lo deberíamos hacer con los conventos femeninos.

Existe una similitud entre estos conceptos y los del hinduismo ortodoxo: las castas “serviles” están obligadas a la monogamia (no disponen de merios para mantener varias mujeres), a los comerciantes -“vaishas”- se les permiten dos; la casta guerrera -“kshatryas”- hasta tres y la casta superior de los “brahamanes” se les reconoce el privilegio de cuatro. El lugar donde residen las mujeres, el equivalente al harén, se llama “zanana” y dispone de idéntico carácter sagrado.

EL MAGMA DE LAS SECTAS CRISTIANAS DESTRUCTIVAS

Lo que en la actualidad se conoce como “sectas destructivas”, -aquellas que tienden a desestructurar la personalidad del sujeto- aun cuando no reconocen la poligamia, suelen practicarla, en especial sus líderes. Tal es una de las características de este tipo de sectas: la despersonalización de los sujetos llega hasta el extremo de aceptar los requerimientos del líder sin ningún tipo de resistencia.

El “reverendo” Jim Jones, suicidado junto a casi un millar de sus partidarios en Guyana, estaba aquejado de una neurosis de base sexual. Solía decir en el púlpito que sufría la maldición de tener el pene más grande del mundo, algo que la autopsia posterior desmentiría con creces; tenía derecho a elegir cuantas mujeres de la comunidad deseara para su uso y disfrute… Se sabe como terminó su loca carrera.

Daniel Berg, más conocido como “Moisés David”, inspirador de los “Niños de Dios”, inducía a la prostitución a sus adeptas, siendo él su primer beneficiario. Estaba convencido de ser un “líder sexi” -y así lo escribió en sus folletos-; terminó sus días en Libia facilitando chicas jóvenes a los servicios secretos de Ghadaffi para operaciones de chantage.

En cuanto a las sectas de procedencia hindú, sus gurús, desde Bagawan, hasta Satayananda, pasando por Maharishi y hasta llegar a sus émulos españoles -Raschimura y CEIS- han adoptado idénticas formas de comportamiento.

Mas que poligamia -que implica una estabilidad de las relaciones- estamos ante casos de “poligia” : relación temporal y transitoria de un hombre con sucesivas mujeres